Comentario del Mensaje del 25 de Mayo de 2012
desde Medjugorje, Bosnia-Herzegovina y reflexión del P. Francisco Ángel Verar Hernández

Medjugorje Gospa
 

“¡Queridos hijos!: También hoy los invito a la conversión y a la santidad. Dios les quiere dar alegría y paz a través de la oración, pero ustedes hijitos, aún están lejos, apegados a la tierra y a las cosas terrenales. Por eso los invito nuevamente: abran su corazón y su mirada hacia Dios y hacia las cosas de Dios, y la alegría y la paz reinarán en sus corazones. Gracias por haber respondido a mi llamado.”
 
 

El mensaje de este mes se puede tomar como una preparación para el XXXI Aniversario de la primera aparición de la Madre y particularmente, como componente espiritual para vivir su Novena de Reina de la Paz que inicia el 16 de junio. Obsérvese que la Madre comienza diciendo este mes: “¡Queridos hijos!: También hoy los invito a la conversión y a la santidad,” y es sabido que estos dos conceptos están estrechamente relacionados, pero además son diferentes.

La “conversión” es siempre la primera etapa del proceso de transformación interior y la “santidad” es la meta, la cima. Con esta doble llamada la Madre habla, tanto a aquellos que acaban de descubrir sus mensajes, como a aquellos que por años los escuchan y se han detenido, y de esta manera especifica además la razón de su venida; precisamente en este mes que prepara el Aniversario de la Primera Aparición.

Recuérdese que la “conversión” es el primer y fundamental mensaje que la Madre trae a Medjugorie. Es siempre una exhortación continua a cambiar el modo propio de vida -desde y- con la gracia de Dios y el esfuerzo humano. Y es sabido, que quien descubre Medjugorje y no se esfuerza por cambiar su modo de ser, ?según el modelo de Cristo el “Hombre Nuevo” (Ef 2: 15)-, nada entiende, toda vez que la Madre no viene a la tierra a hacer turismo, o realizar signos extraordinarios, sino a invitar a la humanidad a la “conversión”, que teológicamente significa: volver a Dios y vivir según su proyecto de vida hasta alcanzar la santidad. Que no es otra cosa, que encarnar el atributo más íntimo de la Santísima Trinidad: la “divinización” del hombre, o sea: vivir la “plenitud de la vida cristiana y la perfección caridad” (LG 40). Por lo tanto, en este mensaje, la Madre pide a todos sus hijos: no descuidar la conversión personal hasta conquistar en plenitud la santidad. No se puede ser santo a medias, porque el mismo concepto excluye la posibilidad. La santidad es una: la de Dios y lo mismo que manifiesta al hombre que trabaja incansablemente en su conversión


La segunda parte del mensaje dice: “Dios les quiere dar alegría y paz a través de la oración, pero ustedes hijitos, aún están lejos, apegados a la tierra y a las cosas terrenales.” Esta segunda exhortación en el mensaje de este mes, se puede dividir en dos partes: La primera hace referencia a dos gracias especiales que el hombre busca y que además Dios concede: “la alegría y la paz”; y la segunda, alude a una circunstancia que la Madre observa desde el cielo en los discípulos de Su Hijo: “el apego a las cosas terrenales”.

Seguramente no existe en la tierra un ser humano que no busque en su corazón la felicidad y la paz, a menos que no tenga uso de razón o psíquicamente esté enfermo, porque la alegría y la paz son anhelos intrínsecos del hombre, y cuando éste no logra obtenerlos se sentirá fracasado, frustrado y triste. Pero aún, ni con estos sentimientos seguramente, perderá del todo el anhelo de estas aspiraciones; a no ser que tenga pocas horas de vida. Pero aún en tales circunstancias, si el hombre ha aprendido a vivir con Dios, la alegría y la paz nunca se perderán. Y de esta manera la Virgen quiere que cada uno de sus hijos viva en la tierra, y el medio para obtener estas dos realidades señala una vez más la oración. Pero ¿de qué oración se trata?.

La oración es siempre una experiencia de fe, y precisamente de alegría y paz en Dios. San Pablo dice en Romanos 14:17 que “el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia y paz y gozo en el Espíritu Santo” y probablemente lo decía, por lo que él experimentaba en su oración. Y adviértase que Jesús también dice, que al momento de orar hay que “entrar en la habitación y después de cerrar la puerta hablar con el Padre, y el Padre que escucha en lo secreto sabrá recompensar” ( Mt 6:6 ) Pero, ¿de qué recompensa se alude? Justamente: de haber encontrado a Dios y Dios es “justicia y paz y gozo en el Espíritu Santo”.

La gente pierde hoy fácilmente la paz y la alegría del corazón, no tanto por los problemas económicos, sentimentales o los conflictos interiores y familiares, sino porque no oran como deben; porque no experimentan a Dios. Obsérvese que para la Virgen la alegría y la paz verdaderas, tienen su origen y desarrollo sólo en Dios. Luego, ello se conquista cuando el hombre sabe colocarse cada día delante de su Creador. Escribió el Profeta Jeremías: “Cuando encontraba palabras tuyas las devoraba; tus palabras eran mi gozo y la alegría de mi corazón, porque tu nombre fue pronunciado sobre mí, ¡Señor, Dios de los ejércitos” Jr 15:16

El segundo aspecto de la exhortación es que la Madre evidencia el porqué el hombre pierde con facilidad la alegría y la paz: “por el apegado a las cosas terrenales”. Y dice además, que “todavía están lejos”. Y estas palabras no deben desanimar a los cristianos, porque en el fondo lo que busca María es que se vuelva retomar la práctica de la oración. ¿Cómo las cosas terrenales pueden apartar a los creyentes de lo espiritual?

El tema lo desarrolla magistralmente san Pablo en la carta a los Romanos capítulo 8. Dice textualmente que: “los que viven según la carne, desean lo carnal; más los que viven según el espíritu lo espiritual. Pues las tendencias de la carne son muerte; mas las del espíritu, vida y paz, ya que las tendencias de la carne llevan al odio de Dios: no se someten a la Ley de Dios, ni siquiera pueden; así los que viven según la carne, no pueden agradar a Dios.” Rm 8: 5-8. Lo que evidencia San Pablo es que no se puede estar en dos aguas, toda vez que cuando se vive en lo material se deseará las cosas materiales, y por el contrario, cuando se vive lo espiritual se deseará la vida espiritual. Para muchos los mensajes de la Virgen suenan pesados, conservadores, fuera de la realidad contemporánea… pero a la luz de cuanto el Apóstol Pablo subraya, es manera como se está viviendo, de la vida material, de la vida según la carne y es eso lo que impide optar por lo espiritual. Y ténganse en consideración que aquí “carne” no es el equivalente a lascivia sino a lo que es mundano.

La tercera parte del mensaje reza: “Por eso los invito nuevamente: abran su corazón y su mirada hacia Dios y hacia las cosas de Dios, y la alegría y la paz reinarán en sus corazones” Esta tercera exhortación es el preámbulo para ir al encuentro con Dios a través de la oración. Nótese que la Virgen enfatiza que hay que abrir el corazón y la mirada a Dios. Para María abrir el corazón y la mirada a Dios es abandonarse, dejarse poseer por Él, dejarse conquistar de Él. El preludio de la oración es eso: abandono, entrega, donación, rendirse a la gracia. Este ejercicio no es cosa de un día o de un momento en la vida. Cada vez que se ora así se debe proceder antes de proferir palabras a la Trinidad Santísima. Quizá, de las oraciones contemporáneas la que mejor expresa dicha actitud frente al Creador y que puede iluminar cualquier forma de orar, es la del Beato Carlos de Foucauld: “Padre, me pongo en tus manos, haz de mí lo que quieras, sea lo que sea, te doy las gracias. Estoy dispuesto a todo, lo acepto todo, con tal que tu voluntad se cumpla en mí, y en todas tus criaturas. No deseo nada más, Padre. Te confío mi alma, te la doy con todo el amor de que soy capaz, porque te amo. Y necesito darme, ponerme en tus manos sin medida, con una infinita confianza, porque Tú eres mi Padre.”

Oremos:

Oh Jesús: si mi corazón ha permanecido cerrado a Tu Amor por muchos años, en este momento me entrego a él. Que es Sumo Bien. Que es paz, Alegría sin fin. Tu Madre me ha dicho en este mensaje que me quieres abrazar con Tu Amor tierno. Tu Sabes que innumerables veces he rechazado ese amor tierno por mis distracciones, por mi falta de perseverancia en la oración con el corazón. Por eso hoy me hago las paces contigo. Hoy te abro las puertas de mi corazón. Estoy dispuesto.

Tu Madre en este mensaje me ha hecho comprender la diferencia que existe entre la alegría falsa del mundo y la que Tu hoy ofreces a mi corazón y que no es pasajera. Esa es la alegría que quiero experimentar de hoy en adelante. Con esa alegría quiero llenar mi corazón vacío, frustrado, herido, orgulloso… Con esa alegría quiero, ante mis amigos, dar testimonio continuo de Ti. Por eso te pido hoy Jesús, que vengas a mi corazón. Espero en Ti, en Tu amor: quiero que me abraces, estoy dispuesto a experimentar ese don como tantas veces en la tierra lo experimentó María y hoy mi invita a abrirme a Él.
¡Gracias Jesús, gracias María! ¡Ven Espíritu Santo! ¡Ven por Jesús y María! Llena ni corazón vida de tus dones, de tu amor y de Tu Divina Unción.

P. Francisco A. Verar

 
 
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