Mensaje de la santísima Virgen María Reina de la Paz del 25 de mayo de 2011
y reflexión del P. Francisco Ángel Verar Hernandez

Medjugorje Gospa
 

“¡Queridos hijos! Mi oración hoy es para todos ustedes que buscan la gracia de la conversión. Llaman a la puerta de mi Corazón, pero sin esperanza ni oración, en el pecado, y sin el sacramento de la Reconciliación con Dios. Abandonen el pecado y decídanse, hijitos, por la santidad. Solamente así puedo ayudarlos y escuchar vuestras oraciones e interceder ante el Altísimo. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!”

 
 

Al inicio de la reflexión del mensaje de este mes, se debe tener presente que dentro de cuatro semanas se cumplen los 30 años de la primera visita que la Madre de Dios hizo a Medjugorje. Se puede considerar además, que en el lapso de este tiempo, es común observar que el mismo día de los Aniversarios, o bien antes, la Madre ha hecho referencia a esa memorable fecha. Por consiguiente, es conveniente tomar como dato dichos elementos al momento de reflexionar este nuevo mensaje.

La exhortación comienza diciendo: “¡Queridos hijos! Mi oración hoy es para todos ustedes que buscan la gracia de la conversión”. Se subraya que por lo general, cuando la Madre aparece y están los peregrinos presentes, Ella ora con sus brazos extendidos sobre todos; especialmente por los enfermos, las familias y los sacerdotes. Pero en esta ocasión, el mensaje comienza destacando que en este tiempo −previo al Aniversario de las Apariciones−, María ora por quienes buscan diligentemente la gracia de la conversión. Apréciese que cuando dice “mi oración hoy es para todos ustedes”, no se debe tomar la frase en forma literal como si sólo estuviera orando el 25 de mayo  −y los demás días no−  por quienes buscan la gracia de la conversión. El sentido es otro. La Madre en el mensaje quiere expresar que en este tiempo, y en especial al aparecer delante de los peregrinos, permanece orando por aquellos hijos que buscan la gracia de la conversión.

Porque para María eso es lo primero. Si un peregrino va a Medjugorje o lee acerca de las actuales apariciones de la Madre, y no tiene deseo de convertirse, ha perdido su tiempo.

Para María todo cuanto pide en Medjugorje se resume en la conversión de las almas. Sin embargo, muchos no sienten la necesidad de cambiar de vida, se conforman con lo que son, y por lo tanto la Madre presenta a la Trinidad Santísima la intención de la conversión. Si María ora por este fin es porque es una urgencia pastoral para los tiempos que se viven. Por consiguiente, quien se esfuerza en vivir la espiritualidad de Medjugorje debe procurar trabajar incansablemente con María en la Pastoral de la Conversión.

La Pastoral de la Conversión, se podría afirmar, fue la principal opción pastoral de los profetas en el Antiguo Testamento. Otro tanto se podría afirmar de Juan el Bautista o del mismo Jesús de Nazaret. Cuando el Señor predicaba buscaba siempre la conversión de sus interlocutores, y lo mismo ahora, dos mil años después, piensa María. La Virgen quiere que todos sus hijos se conviertan, que cambien de vida. Que pongan a Dios en el primer lugar de su corazón. Y la conversión es siempre una gracia que Dios da a quien quiera convertirse.

En el camino de la conversión de cada ser humano Dios va por delante. Lo que quiere decir que Él primero ha llamado a la puerta del corazón del hombre para que éste le corresponda.

Convertirse significa ante todo: abrirle la puerta del corazón a Dios para Dios entre en él. María ora por esta intención. Recuérdese que cuando la Virgen permanece orando por esta intención, al mismo tiempo, espera que los corazones se abran a Dios. Esa es la razón de su oración.

Todos contamos pues, con la oraciones de la Virgen: para que Dios entre a nuestras vidas y podamos convertirnos. Y cuando Dios visita el corazón del hombre, inmediatamente, el hombre experimenta su miseria, su debilidad, su fragilidad…percibe su pequeñez frente a la Omnipotencia divina. Este el segundo paso de la conversión: cuando el hombre reconoce su pecado y logra pedirle perdón a Dios por haberle fayado.

En la segunda parte del mensaje la Madre dice: “Llaman a la puerta de mi Corazón, pero sin esperanza ni oración, en el pecado, y sin el sacramento de la Reconciliación con Dios.” Esto lo dice la Madre porque muchos se acercan a Ella sin haberle permitido a Dios entrar primero en el corazón. Es un error muy grande en la vida espiritual acercarse a Dios o la Virgen, buscando sólo cosas materiales, sin buscar antes el cambio de vida. Ya lo dijo Jesús: “busquen primero el Reino de Dios y todo lo demás les vendrá por añadidura” (Mt 6:34), sin embargo, en la práctica, la gente invierte la frase: buscan primero las añadiduras para buscar ocuparse luego del Reino de Dios. ¡Gravísimo error!
La Madre, después de treinta años de estar hablando, quiere que sus hijos vivan el evangelio. Que no se queden sólo en palabras. Para María, Medjugorje significa una urgente llamada a la conversión. La conversión es la gran opción pastoral de María en este lugar santo. Por tanto, para vivir la espiritualidad de Medjugorje hay que tomar en serio esta invitación o mejor: la gran Invitación. ¿Cómo? Se ha afirmado que lo primero para lograr este objetivo es permitiéndole a Dios entrar primero en el corazón. Y cuando Dios entra en el corazón, entonces se puede renunciar al pecado. Para Zaqueo no fue difícil renunciar a sus bienes materiales, y ayudar a los pobres, porque primero Jesús había entrado en su corazón. Adviértase, que antes de entrar Jesús a la casa de Zaqueo primero había entrado en su corazón. Y lo mismo ha ocurrido en la vida de los santos: le dieron primero a Dios la posibilidad de entrar en ellos. Francisco de Asís ante el crucifijo de San Damián escuchó una voz que le decía: “ve y repara mi casa que amenaza derrumbarse”. Entendió al inicio que lo que Jesús le pedía era reparar la capillas que estaban deterioradas en Asís, luego se dio cuenta que lo que debía reparar era su alma y de esta manera para repararía la Iglesia.

Entonces optó sólo por Dios por medio de su oración y el ayuno. Así Dios entró en el corazón de Francisco y de esta reparó la Iglesia: reparando primero su vida. En Francisco el Evangelio se hizo carne y la carne se hizo evangelio. Si Dios no entra en el corazón del Hombre el hombre el hombre no puede cambiar. Por eso ora María por esta intención.

Apréciese que el mensaje de este mes inicia diciendo: “¡Queridos hijos! Mi oración hoy es para todos ustedes que buscan la gracia de la conversión.”

María ora para que la gracia de Dios penetre en el corazón y cuando la gracia de Dios penetra es fácil lo demás, y por lo mismo, también debemos imitar el ejemplo de María: orar por los pecadores. En efecto, Ella ha pedido muchas veces esta intención. Como también lo pidió en Lourdes: durante dieciocho apariciones seguidas le decía a Bernardita Soubirous: “Reza el rosario por la conversión de los pecadores” y le pidió también que hiciera penitencia por la misma intención. Entonces, cuando la Virgen ora por esto ahora en Medjugorje,  se debe responder a la llamada y permitirle a Dios entrar en el corazón. Y una forma concreta de hacerlo es acercándose al Sacramento de la Reconciliación. El Sacramento de la Reconciliación es un verdadero encuentro con Dios, con Jesús, con el Espíritu Santo. La Madre ha dicho en Medjugorje al respecto: “Queridos hijos: no existe en la tierra una sola persona que no tenga necesidad de confesarse, al menos, una vez al mes” También ha dicho: “No se confiesen por rutina, la conversión debe ser en ustedes un estímulo para avanzar en su vida espiritual”. También ha dicho que “la Confesión es medicina para la Iglesia de occidente.” Entonces, la Confesión sacramental es un aspecto esencial de la espiritualidad de Medjugorje.

También en el mensaje la Virgen dice: “Abandonen el pecado y decídanse, hijitos, por la santidad.” Quizá es la parte más importante del mensaje de este mes. Cuando la Madre dice “abandonen el pecado” no se refiere solamente a ir a confesarse. Porque muchas almas se confiesan y no abandonan el pecado. Lo que la Virgen quiere es que se termine con ser esclavo del pecado. Muchas almas se confiesan y no hacen nada para acabar con el apego desordenado a los vicios porque saben que por medio de la confesión podrán recibir siempre la absolución. Un día dijo la Virgen: “no se confiesen para seguir siendo los mismos” y también dijo, que “la preparación para la confesión no debe hacerse con cinco minutos antes sino durante todo un día.” Es porque la Confesión sacramental siempre es una decisión definitiva de la conversión, lo que no significa que no se volverá a ofender a Dio sino que cada vez que alguien se confiesa lo debe hacer como se debe, con el corazón y con el debido examen de conciencia.  

Recuérdese que la Madre en el mensaje también dice: “decídanse por la santidad”. Lo que hace pensar que muchas almas se confiesan sin haberse decidido por ser santo. En realidad, parece incongruente buscar la confesión sin tener en cuenta la llamada a la santidad.

Pero ocurre: la gente se confiesa sin el deseo de ser santo.

La santidad también es un don de Dios: pero recuérdese que también es una decisión personal. Dios no puede hacer santo a alguien que no lo desee. Por eso la Madre dice: “decídanse por la santidad” y podría agregar: “entonces Dios los hará santos”. Pero eso se hace imprescindible afirmar lo que al principio se esta reflexión se acotó: nadie que no tenga a Dios en su corazón podrá decidirse por ser santo. Por ende, se le debe invitar a hacer su morada en el corazón frágil del hombre pecador.

Decidirse por la santidad es lo mismo que darle a Dios el primer lugar en la vida, y sin oración es imposible. Porque lo que abre la puerta del hombre a Dios es la oración y sobre todo la oración con el corazón.

Al final del mensaje la Virgen dice: “Solamente así puedo ayudarlos y escuchar vuestras oraciones e interceder ante el Altísimo.” Se recuerda que como Madre María quiere ayudar en todo momento a sus hijos. Pero −como afirma el mensaje−, esta ayuda está condicionada a la respuesta del hombre a la santidad. Es decir: entre más santa es una persona, más gracia recibirá de María, porque Dios es justo. Y no puede conceder igual número de gracias en todos sus hijos si unos responden más que otros. María nos recuerda este principio. Al respecto un día dijo la Virgen: “queridos hijos: ustedes quieren recibir gracias a través de mí pero no quieren orar. Por lo tanto aunque quisiera concedérselas no puedo hacerlo porque no oran lo suficiente. Por eso oren, oren, oren.” Y en el mensaje de este mes dice algo más, dice: “Abandonen el pecado y decídanse, hijitos, por la santidad. Solamente así puedo ayudarlos y escuchar vuestras oraciones e interceder ante el Altísimo.” Entonces, para poder recibir gracias especiales por medio de la intercesión de la Virgen no sólo hay que orar frecuentemente sino que además hay que abandonar el pecado y decidirse por la santidad. Y la santidad hay que vivirla todos los días, de lo contrario no hay verdadera virtud, porque la virtud que sólo se queda en apariencia no es verdadera conversión.

La Madre no trae a Medjugorje devociones nuevas, sino que ha venido esta vez a incendiar el mundo con la santidad de Dios. Después de treinta años de dar espera respuestas generosas de santidad. Lamentablemente, en el lapso  todo este tiempo muchos no han comprendido el propósito de la venida de la Virgen. ¡Ojalá por medio del mensaje de este mes se asimile mejor porque aún aparece en Medjugorje!

Oremos:
Señor, una vez más Te damos gracias por la visita de María. Ella como Reina de la Paz quiere presentarte el mayor número de almas convertidas. Señor hoy Te quiero dar la oportunidad que entres a mi pobre corazón: sólo de esta manera podré convertirme y podré abandonar para siempre el pecado que tanto Te ofende. Señor hoy mismo renuncio a todas las cosas que me separan de Ti: pensamientos, acciones, palabras, gestos, apregos… Hoy quiero ponerte en el primer lugar de mi corazón. Estoy dispuesto a iniciar una vida nueva con María, la Reina de la Paz, la Reina del amor y de la conversión de las almas.

Jesús: acepta mi corazón hecho pedazos por el pecado que habita en mi, por la falta de la recepción de los sacramentos. El demonio me ha entretenido con muchas cosas para que no haga una buena confesión, para que no me acerque a la confesión sacramental a través de la cual Tu quieres limpiar mi corazón. ¡Señor: hazme comprender que está en juego la salvación de mi alma!

Hoy quiero iniciar Jesús una vida nueva. María me ha invitado una vez más a decidirme por la santidad. ¡Ese día por fin ha llegado! Hoy me decido por esa llamada: quiero ser santo para vivir agradándote: para adornar tu Iglesia y trabajar más diligentemente por la salvación de las almas. ¡Señor, hazme tomar conciencia de la responsabilidad que tengo ante la Iglesia como discípulo tuyo! Sé que la santidad no es imposible en mi vida: hoy mismo inicio una vida nueva, por eso Te abro las puertas de mi corazón de par en par, sin algún tipo de reservas.

¡Gracias María porque Tu oras hoy al Altísimo por mi conversión. No quiero que esas oraciones caigan en saco roto. ¡Gracias por ayudarme a convertirme María! En este momento oro por mi conversión, para renunciar para siempre al pecado. Hoy mismo comienzo una vida nueva. Tú me da das la oportunidad de hacerlo.

¡Gracias Señor…! Padrenuestro que estás en los cielos… Dios te salve María….

 
 

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