Comentario del Mensaje del 25 de Marzo de 2012
desde Medjugorje, Bosnia-Herzegovina y reflexión del P. Francisco Ángel Verar Hernández

Medjugorje Gospa
 

“¡Queridos hijos! También hoy, con alegría, deseo darles mi bendición maternal e invitarlos a la oración. Que la oración se convierta en necesidad para ustedes, para que cada día crezcan más en santidad. Trabajen más en su conversión, porque están lejos hijitos. ¡Gracias por haber respondido a mi llamada!”
 
 

Medjugorje es un lugar de gracia, lo ha dejado sentir muchas veces la Madre de Dios y lo afirma el sensus fidelium (el sentir de los fieles) de 31 años de apariciones diarias. No obstante, aún muchos católicos no han descubierto este manantial de gracia de la Iglesia del siglo XXI. Un día dijo la Virgen: “Si quieren entender porqué estoy tanto tiempo con ustedes oren, y por medio de la oración, Dios les hará ver la verdadera razón de mi venida”. Por consiguiente, es por medio de la oración como se puede comprender y asimilar la presencia extraordinaria de la Virgen. Y la llamada continua a la oración es el mensaje más recurrente de esta mariofanía.

1. María da su bendición para poder orar.

El mensaje para este mes de Pascua nos dice: “¡Queridos hijos! También hoy, con alegría, deseo darles mi bendición maternal e invitarlos a la oración. Obsérvese bien que, antes que la Madre invite a orar, primero otorga su bendición. Y ello, porque la bendición de la Virgen se transforma en gracia para poder responder a la oración, para poder abrir el corazón. Por lo que no es errado pensar, que hasta el mismo Jesús en Nazaret, muchas veces antes de orar, recibiría de María su bendición.
Toda vez que en aquel entonces los padres y madres bendecían frecuentemente a sus hijos. También en el evangelio se lee que Jesús abrazaba y bendecía a los niños, a los enfermos, a sus discípulos…y, ¿para qué es la bendición? En el origen etimológico Bendecir —de ahí bendición— deriva del latín benedicere: un verbo compuesto de bene dicere, que significa decir bien, y que dentro del latín clásico se utilizó en esta forma. Sin embargo, la palabra ahora tiene un significado más profundo. La bendición es “una invocación dirigida a Dios para obtener de su misericordia los auxilios y gracias oportunos sobre las personas que se consagran a él o sobre cuántos utilicen los objetos reservados al culto, a fin de que su acción sea digna de los santos misterios y fructífera para cuantos participan en los mismos” (cf. Praenotanda, Bendicional).
Por lo tanto, al bendecir María a sus hijos, en este mensaje, está implorando la gracia de Dios sobre todos, y esa gracia debe transformarse en gracia para saber orar y perseverar en la oración. Entonces antes de orar, todos los fieles pueden pedir a la Madre su bendición y seguramente con esa ayuda, las cosas serán diferentes para entrar en comunión con la Trinidad Santísima como se debe.


2. La oración va unida a la conversión
También el mensaje dice:“Deseo invitarlos a la oración. Que la oración se convierta en necesidad para ustedes.” Y, ¿cuándo la oración se transforma en necesidad para alguien? La respuesta parece obvia: cuando una persona no puede vivir sin oración. Por eso la Virgen dice:“Trabajen más en su conversión, porque están lejos hijitos.”
Recuérdese, entonces, que la vida de oración está en correspondencia con la conversión y la conversión depende de la oración. Porque cuando el ser humano toma con responsabilidad la oración también trabaja simultáneamente en su conversión y cuando trabaja seriamente en su conversión también dedica más tiempo a la oración. Entonces, no se pueden separar la una de la otra: hay que orar y hay que convertirse, y convirtiéndose es como el ser humano aprende a orar. Y obsérvese por lo demás, que este mensaje la Madre lo da al final de la cuaresma, como queriéndonos decir: “no piensen que porque termina la cuaresma hora deben abandonar la oración y la conversión.” “No”. “Oren y conviértanse también en Pascua.” Entonces, en lugar de racionalizar porqué la Madre vuelve a insistir en el tema, lo que sí debemos hacer todos es profundizar en la importancia que tiene la oración y la conversión en Pascua.
Se puede pensar que la Pascua fue la llamada más profunda a la oración que Jesús hizo a los discípulos, porque después de aparecérseles varias veces, la única forma que les quedaba para comunicarse después de la Ascensión con Él, era por medio de la oración y la propia conversión. No había más. Si ellos dejaban de orar dejaban de experimentar la Resurrección de Jesús. Y lo mismo ocurre con el cristiano hoy. El cristiano que no ora deja de experimentar que Jesús está vivo. La mente poco a poco lo puede llevar por caminos equivocados, y hasta podrá pensar que lo que había experimentado por la fe era imaginación, engaño, equivocación.
Por consiguiente, sin oración y conversión no hay fe. El año que el Papa Benedicto XVI proclama sobre la fe, es un tiempo precioso para que el Espíritu Santo despierte en todos una gran sed de oración y conversión. Porque sin oración y conversión permanente no hay fe. Muchos, quienes hoy se consideran ateos o agnósticos lo son, no porque no escucharon hablar de Dios, sino porque dejaron de orar y dejaron de convertirse. Sin la oración y conversión no puede haber experiencia de Dios.


3. La oración que se hace necesidad en el corazón.

Ahora, se centra la atención en la frase: “Que la oración se convierta en necesidad para ustedes”. Considérese quela palabra “necesidad” proviene del latín “necessitas”, que a su vez viene de “necesse”. Necesse deriva del prefijo“ne” quesignifica “no” y del verbo “cedere” que significa “parar”.
Literalmente significa: “no parar” de hacer algo y por lo mismo se hará inevitable. Además, el concepto “necesidad” refleja dos ideas: la falta de algo o de alguien, usualmente indispensable para la vida, y la razón irresistible de alguna acción. Cuando la oración se transforma en necesidad para el alma es porque se ha hecho ya irresistible, algo que no se puede detener, que es indispensable para la vida, que hay suficiente motivación para no dejar de practicarla nunca. Y el único sentimiento en el corazón que puede determinar persistentemente dicha acción es el del amor. Por ello se afirma, que es sólo cuando el corazón vive enamorado de Dios cuando podrá sentir que la oración ha pasado a ser necesidad.
Es frecuente escuchar de los jóvenes, cuando están enamorados, expresiones como: “no puedo vivir sin tal persona”; “es ya parte de mi vida”; “pienso todo el día en ella”. En tales casos, la relación se ha vuelto una necesidad del corazón, una necesidad para la vida. Sin embargo, no es frecuente escuchar a los cristianos decir: “no puedo vivir sin Dios”; “Dios es parte de mi vida”; “pienso en Él todo el día y no sé qué haría yo sin Él”. No. Con Dios las cosas son diferentes. Dios en la vida ordinaria no siempre cuenta, no es imprescindible. Muchos pueden vivir perfectamente sin Él. Para muchos Dios no es una necesidad afectiva, no es una necesidad espiritual. El ser humano siente muchas veces que no puede vivir sin una persona pero no siente que no puede vivir sin Dios.
La humanidad ha aprendido a vivir sin Él, o bien, ya Dios no es tan fundamental en la vida cotidiana. Y la Madre quiere acabar con eso. Porque sabe que la vida plena en la tierra está sólo en Dios. Y sólo cuando Él permanece en el corazón se puede amar más y servir más a la humanidad, toda vez que Dios es Amor, y es el Amor mismo. Y sólo hay una vía para llegar a Él que es la oración.
Cuando la Madre dice: “Que la oración se convierta en necesidad para ustedes”, está diciendo: “vivan enamorados de Dios”. “Ténganlo presente siempre en sus corazones por medio de la oración.”

4. Orar para crecer cada día más en la santidad.
Fuera del ejemplo de algunos mártires de los primeros siglos, no se conoce en la Iglesia casos de fieles que hayan llegado al ejercicio heroico de las virtudes, prescindiendo de la vida de oración. Cuando la oración se hace una necesidad para el alma, cuando no se puede vivir sin ella, es cuando se crece en la santidad. La santidad no es recompensa de Dios por haber orado lo suficiente, sino más bien: “divinización” del ser humano.
El hombre mientras más ora más se eleva a Dios, más vive Dios en su corazón y en todo su ser, más se transforma en Él. 2 Corintios 3:18 dice: “Y nosotros todos, con el rostro descubierto, reflejamos, como en un espejo, la gloria del Señor, nos vamos transformando en esa misma imagen, cada vez más gloriosos. Así es como actúa el Señor, que es Espíritu.” Luego,no hay otro camino para escalar la santidad que permaneciendo cada día en la presencia amorosa del Señor. Y recuérdese que la oración es un don que Dios otorga a quien más persevera en ella. Por lo tanto, no hay que preocuparse mucho si se sabe orar o no, toda vez que es Dios mismo quien le enseña a alma a orar. Las almas que no saben orar como se debe, es porque no han orado lo suficiente.
El Catecismo de la Iglesia Católica recuerda que son tres la expresiones de la oración: la vocal, la meditación (oración mental) y la contemplación, y las tres ?señala el Catecismo?, “tienen un rasgo fundamental: el recogimiento del corazón” CIC 2699. Por tanto, cuando el corazón se recoge es cuando ora. La Virgen llama esto: “orar con el corazón”. Entonces, son dos cosas que hay que considerar para llegar a la santidad por medio de la oración: constancia y recogimiento infuso. Si se ora de vez en cuando, es imposible llegar a la santidad. La disciplina, como valor, debe ser encausada hacia la oración. Lo que se traduce por sacar cada día el tiempo para permanecer en la presencia amorosa de la Santísima Trinidad. Cuando el hombre sabe orar percibe en su interior que Dios mismo es quien ora en él. Porque en realidad, no se requiere de tanto esfuerzo para saber orar sino de constancia. Y para empezar, no se debe orar menos de una hora cada día; fuera del rezo del rosario o de Liturgia de las Horas; fuera de la Lectio Divina.
La Madre quiere que cada uno de sus hijos desarrolle más la oración personal. Se trata más que todo de permanecer en el Amado amándolo. Aquello de que “Él me mira y yo lo miro”. La Madre en un mensaje reciente dijo: “ustedes hablan mucho pero oran poco”, porque sabe que cualquiera que se lo proponga, podría dedicarse más a la oración. Obsérvese, que María quiere transformar la humanidad por medio de la oración, y por lo mismo, continuamente vuele sobre el tema.
En cuanto al recogimiento del corazón u orar con el corazón conviene recordar que la Madre dijo una vez: “No oren con los labios sin saber lo que dicen. Oren con el corazón”. Entonces hay diferencia entre la oración mecánica y aquella que brota del corazón. Y se debe aclarar quela oración con el corazón no se opone a la oración con los labios, puesto que se puede orar con ellos y con el corazón a la vez. Sin embargo, sí se puede orar con el corazón sin llegar a mover los labios. Y ¿cómo definir la oración con el corazón?
a) Se aclara que la oración con el corazón ?como ha dicho la Madre? no es algo que se pueda aprender por medio de libros o conferencias sino que cada cual la aprende directamente de Dios, porque la oración con el corazón es un don suyo. Por lo tanto, se aprende a orar con el corazón orando frecuentemente.
b) La oración del corazón es la oración que el Espíritu Santo realiza en el alma. La Escritura dice: “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues no sabemos orar como conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles”.Rm 8, 26. Entonces, para orar con el corazón hay que abrirse al Espíritu Santo, el Maestro por excelencia de la oración. Y para abrirse al Espíritu Santo hay que purificar el alma del pecado y del apego desordenado a los placeres y a las cosas materiales. Muchas almas tienen problema para orar con el corazón porque viven una vida doble. El Papa Benedicto XVI llama a esto especie de “esquizofrenia espiritual.”
c) La oración con el corazón está centrada en Dios. Es decir, hay que vencer las distracciones y orar con todo el ser. La Madre recomienda el ayuno para liberar el corazón y la mente de las distracciones.
d) Para orar con el corazón hay que amar mientras se ora. La oración fundamentalmente, es un ejercicio del corazón y no de los labios o de la mente. Es el corazón el centro del amor y es el corazón el centro de la experiencia de Dios. La mejor oración será siempre la que más amor tenga.


5. Trabajar más en la conversión.
En el mensaje de este mes la Madre también ha dicho:“Trabajen más en su conversión, porque están lejos hijitos.” Y si la Madre habla de esta manera es porque desde el cielo ve, que la inmensa mayoría de sus hijos, aún no han alcanzado la santidad. Y trabajar más en la conversión es tomar la santidad con seriedad y responsabilidad. Para trabajar más en la conversión ?siguiendo los consejos de la “Gospa”?, hay que meditar más la Biblia, hay que orar más con el corazón; no abandonar el ayuno y demás prácticas de penitencia; confesarse frecuentemente y asistir a Misa. También hay que tener un buen padre espiritual.
Y recuérdese que también la santidad es un don de Dios, es Él quien santifica a su pueblo. Y los medios que tiene a disposición son los mismos que la Madre recuerda. Por ende, no se trata de hacer nuevas cosas sino de tomar con seriedad lo que ya es sabido. Obsérvese que si la Madre dice: “trabajen más por la conversión” está pidiendo que se tome con responsabilidad lo que Ella enseña; que se tome con seriedad el Evangelio de Jesús, que no se pierda tiempo y que se dé más espacio a la vida espiritual.

Oremos:

Oh Jesús: si mi corazón ha permanecido cerrado a Tu Amor por muchos años, en este momento me entrego a él. Que es Sumo Bien. Que es paz, Alegría sin fin. Tu Madre me ha dicho en este mensaje que me quieres abrazar con Tu Amor tierno. Tu Sabes que innumerables veces he rechazado ese amor tierno por mis distracciones, por mi falta de perseverancia en la oración con el corazón. Por eso hoy me hago las paces contigo. Hoy te abro las puertas de mi corazón. Estoy dispuesto.

Tu Madre en este mensaje me ha hecho comprender la diferencia que existe entre la alegría falsa del mundo y la que Tu hoy ofreces a mi corazón y que no es pasajera. Esa es la alegría que quiero experimentar de hoy en adelante. Con esa alegría quiero llenar mi corazón vacío, frustrado, herido, orgulloso… Con esa alegría quiero, ante mis amigos, dar testimonio continuo de Ti. Por eso te pido hoy Jesús, que vengas a mi corazón. Espero en Ti, en Tu amor: quiero que me abraces, estoy dispuesto a experimentar ese don como tantas veces en la tierra lo experimentó María y hoy mi invita a abrirme a Él.
¡Gracias Jesús, gracias María! ¡Ven Espíritu Santo! ¡Ven por Jesús y María! Llena ni corazón vida de tus dones, de tu amor y de Tu Divina Unción.

P. Francisco A. Verar

 
 
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