Reflexión del Mensaje de la Santísima Virgen
María Reina de la Paz

Por el Rev. Padre Francisco Verar
(Asesor del Movimiento María Reina de la Paz en Hispanoamérica - Panamá)

Diciembre 2007

"¡Queridos hijos! Con gran alegría les traigo al Rey de la Paz para que El los bendiga con su bendición. Adórenlo y dediquen tiempo al Creador, quien su corazón anhela. No olviden que están de paso en esta tierra y que las cosas les pueden dar pequeñas alegrías, en cambio, por medio de Mi Hijo se les regala la vida eterna. Por eso estoy con ustedes, para conducirlos hacia lo que su corazón anhela. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!"

 
 

El primer mensaje nos vino por medio de Jakov. Como sabemos, Jakov tuvo su última aparición diaria el 12 de septiembre de 1998. En aquella ocasión, la Virgen le reveló el 10° secreto y le manifestó, que a partir de entonces, tendría la aparición sólo una vez al año, hasta el término de su vida en la tierra, en ocasión de la Navidad. Desde entonces, Jakov ve a la Virgen con el Niño Jesús recién nacido en sus brazos, cada 25 de diciembre. Este año, la aparición fue a las 14:29 y duró 6 minutos. En este especial encuentro, la Virgen le transmitió el siguiente mensaje:

“Queridos hijos: Hoy los invito de manera especial a abrirse a Dios, y que hoy, cada uno de sus corazones, se convierta en el lugar del Nacimiento de Jesús. Hijitos, deseo conducirlos a las alegrías de vuestra vida, todo este tiempo en que Dios permite que esté con ustedes. Hijitos, la única alegría verdadera de su vida es Dios. Por eso, queridos hijos, no busquen la felicidad en las cosas terrenales, sino abran sus corazones y acepten a Dios. Hijitos, todo pasa, sólo Dios permanece en vuestro corazón. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!”

Recordemos que en el mensaje, la Virgen no se dirige únicamente a Jakov, sino a todos sus hijos. Es una exhortación a la conversión y una invitación a poner a Dios en el primer lugar del corazón. La Virgen dice: “Queridos hijos: Hoy los invito de manera especial a abrirse a Dios, y que hoy, cada uno de sus corazones, se convierta en el lugar del Nacimiento de Jesús.” La Madre espera que el corazón del creyente, sea hoy el pesebre viviente, donde Ella pueda recostar a Su Hijo. Entonces, para María, la Navidad no es otra cosa que darle la oportunidad a Jesús de hacerse presente en el corazón. ¿Cómo? Abriéndole las puertas sin ningún tipo de reserva. Y a mayor disposición, mayores gracias se reciben. María sabe que sus hijos no reciben mayores gracias porque no abren suficientemente el corazón. Y aunque parezca paradójico, muchos cristianos no saben cómo hacer para abrir más su corazón a Jesús. Lo cual hace pensar, que para muchos, Jesús es un gran desconocido. La Navidad, es por lo tanto, la fiesta del doble Nacimiento de Jesús: por un lado su Nacimiento en Belén hace 2007 años y a su vez, su nacimiento hoy en nuestros corazones. La Virgen está con nosotros, para ayudarnos a que esto se haga realidad.

También nos dice: …“Hijitos, deseo conducirlos a las alegrías de vuestra vida, todo este tiempo en que Dios permite que esté con ustedes”. Ésta parte del mensaje es muy importante, ya que resume lo que Nuestra Madre nos viene diciendo desde hace 26 años y 6 meses. Seguramente, para María y para el resto del cielo, esta es la aparición más importante de todas, no sólo porque ha sido la más larga, sino también porque es una de las últimas que recibiremos. Y a su vez, María pone énfasis a uno de los objetivos de su prolongada presencia: conducirnos a la alegría de nuestra vida. Pero no hacia cualquier alegría, sino hacia la verdadera, aquella que sólo Dios da con su presencia en el corazón del justo.

También nos dice: “Por eso, queridos hijos, no busquen la felicidad en las cosas terrenales, sino abran sus corazones y acepten a Dios.” Nuestra Señora nos recuerda,  que sólo en Dios está la plenitud de la vida. Esta parte del mensaje, contrasta con la manera materialista en que muchos celebraban la Navidad. La sociedad contemporánea tiende a hacer de las cosas terrenas el objeto de su felicidad. Pero para poder encontrar a Dios como fuente y meta de la verdadera alegría, hay que abrirle el corazón. Creo que lo que la Virgen pide no es difícil. Lo difícil, es creer en sus palabras. Aceptarlas. Son palabras parecidas a las que el mismo Cristo hizo referencia cuando dijo: “busquen el Reino de Dios y todo lo demás les vendrá por añadidura”. El Reino de Dios no es algo relativo o subordinado a los bienes terrenales. El Reino de Dios, es la plenitud de la Vida. Es el Tesoro escondido, la Perla de gran valor.

El mensaje de la Virgen de este mes es un nuevo reto. No tanto a morir a lo que el mundo nos ofrece, sino a redescubrir el Reino de Dios entre nosotros; dentro de nosotros. Esto es posible cuando se le abre el corazón a Dios. Y el medio por excelencia para hacerlo, es a través de la oración, aunque la Virgen no la haya mencionado expresamente en esta ocasión, pero lo supone. Porque ha repetido insistentemente por 26 años: “oren, oren, oren”.

En el mensaje, la Virgen dice “acepten a Dios”. Da a pensar que muchos corazones lo rechazan o no se atreven a acogerlo. El verbo aceptar, indica también admitir, acoger…La Virgen quiere que Dios no sea un concepto más, sino una realidad viva, existencial, que lo admitamos, que lo acojamos en el corazón, que le permitamos entrar. Recordemos que la Madre tiene un encuentro de oración mensual con Mirjana, para orar por esta intención: por quienes no conocen el amor de Dios. Medjugorie es una invitación para la humanidad a la conversión a Dios. Cuando la Virgen comenzó a aparecerse dijo: “He venido para decirles que Dios existe, que en Él está la plenitud de la vida”. También mencionó que el mayor pecado del hombre moderno es la indiferencia a Dios. Y ahora, después de 26 años y medio nos vuelve a repetir: “acepten a Dios”, y en el otro mensaje: Dediquen tiempo al Creador”.

La última parte del mensaje es interesante. La Virgen dice: “…todo pasa, sólo Dios permanece en vuestro corazón.” Es una invitación a pensar en la vida eterna y a la vez recuerda que la vida eterna no es algo ajeno a este mundo. No importa cuánto hagamos, quiénes seamos o dónde estemos, todos podríamos “permanecer en Dios”. Una  vez dijo la Virgen que todos podíamos comenzar a vivir la vida del Paraíso desde la tierra, y en esta Navidad nos lo recuerda cuando dice: “…todo pasa, sólo Dios permanece en vuestro corazón.” Es decir: sólo la presencia de Dios es la que se puede cultivar, todo lo demás es pasajero.

Tres horas después, la Madre profundizó las palabras de este m“Queridos hijos: con gran alegría les traigo al Rey de la Paz para que Él los bendiga con su bendición. Adórenlo y dediquen tiempo al Creador, quien su corazón anhela. No olviden que están de paso en esta tierra y que las cosas les pueden dar pequeñas alegrías, en cambio, por medio de mi Hijo, se les regala la vida eterna. Por eso estoy con ustedes, para conducirlos hacia lo que su corazón anhela. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!”ensaje, en su aparición cotidiana a la vidente Marija, diciéndonos:
Mientras la Virgen hablaba, volvió a aparecerse con el Niño Jesús recién nacido, exhortándonos a recibir Su bendición. No es que Jesús traiga una bendición diferente a la de Su Madre, sino que Ella espera que Jesús sea el centro de nuestra vida y que la Navidad sea la Fiesta de Jesús.

Con este mensaje, nos invita a adorar y a dedicarle tiempo a Jesús. Sin hacer referencia a ello, sabemos que a Jesús se le puede adorar de muchas maneras: en el pesebre, en el corazón… pero la forma más adecuada, es en la eucaristía. También, la Virgen vuelve a recordarnos que la Navidad es la Fiesta de adoración por excelencia. Recordemos que cuando los pastores llegaron al Pesebre, adoraron a Jesús y lo mismo hicieron los magos que venían de oriente. También María y José le adoraron, acompañados de una legión de ángeles. Busquemos a Jesús, pues, en la eucaristía en estos días y adorémosle con el corazón. Con un corazón puro y limpio, como el de aquellos que se hicieron presente en el establo de Belén. Jesús busca esos corazones hoy. Y por medio de la adoración, nos colma de felicidad de todo cuanto el corazón anhela.  No permitamos que la Madre vuelva a llorar porque muchos corazones permanecen cerrados a Su Hijo. Seamos más bien como los pastores de Belén, que encontraron en Jesús la respuesta a todas sus aspiraciones y expectativas. ¡Sea alabado Jesucristo!

 
 
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