Reflexión del Mensaje de la Santísima Virgen
María Reina de la Paz

Por el Rev. Padre Francisco Verar
(Asesor del Movimiento María Reina de la Paz en Hispanoamérica - Panamá)

Diciembre 2006

“Queridos hijos: también hoy les traigo en brazos a Jesús recién nacido. Él, que es el Rey del cielo y de la tierra, es su paz. Nadie, hijitos, puede dar la paz como Él, que es el Rey de la Paz. Por eso adórenlo en sus corazones, elíjanlo y tendrán la alegría en Él. Él los bendecirá con su bendición de la paz. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!"

 
 

Cuando la Virgen comenzó a aparecer en Medjugorie el 24 de junio de 1981, apareció con el niño Jesús recién nacido en sus brazos, y, desde entonces, cada 25 de diciembre los videntes la siguen viendo igual. Por otro lado, a Jakov quien tiene la aparición sólo una vez al año cada 25 de diciembre, la Virgen le ha prometido que continuará con este don, hasta el fin de su vida en la tierra. Es decir, que el icono por excelencia de María en Medjugorie, representa al niño Jesús recién nacido en brazos. Si en Lourdes la Virgen apareció con un rosario entre sus manos y en Fátima con su Corazón Inmaculado, en Medjugorie aparece con el niño Jesús. Es decir, que la Virgen orienta la espiritualidad de sus hijos en Medjugorie, en este momento, hacia Jesús. Jesús es el centro de cuanto ocurre en Medjugorie. Quien viene a Medjugorie sabe que todo gira en torno suyo. La Virgen no viene a anunciarse a sí misma, sino a conducir nuestros corazones a Cristo. Ella sabe que nosotros no la podemos ver, y por eso nos dice: —«hoy les traigo en brazos a Jesús recién nacido». Como diciéndonos: «estoy aquí en función de él. Él es la razón de mi venida. Él es quien me envía…» Luego, la Madre quiere, que por medio de este mensaje, fijemos nuestra atención en Jesús. Por eso también nos dice: —«El, que es el Rey del cielo y la tierra, es su paz».

Medjugorie es pues, el púlpito de María. Una evangelización permanente de la Reina de la Paz al mundo y a la Iglesia, y este «tiempo de gracia», seguramente, algún día terminará.

Entonces, lo que María busca, desde hace 25 años y seis meses, es que Jesús reine en todos los corazones. La Virgen no está cansada de venir del cielo a la tierra todos los días y ningún discípulo de Cristo se puede cansar de escuchar a la Madre de todos los corazones. La Virgen viene para que Jesús triunfe en el mundo de hoy. El triunfo del Corazón Inmaculado de María es la antesala del Triunfo del Sagrado Corazón de Jesús. No estamos en Fátima a principios de siglos XX. Estamos en Medjugorie al inicio del siglo XXI, en la antesala del Triunfo de los Sagrados Corazones. Lo que la Virgen inició en Fátima lo viene a plenificar a Medjugorie. María quiere, que, en cada uno de nuestros corazones, reine Jesús de una vez para siempre. Luego, el mensaje mensual de este mes, es abrir más las puertas del corazón a Cristo por medio de María.

En el mensaje, también dice la Reina del Cielo: —«Nadie, hijitos, puede dar la paz como Él, que es el Rey de la Paz». María quiere que la Navidad sea la ocasión, para que muchos corazones atribulados, encuentren la paz. Cuando Jesús nació en Belén, los Ángeles anunciaron la paz a los pastores que custodiaban el rebaño. Esos pastores representaban hoy la jerarquía de la Iglesia. A nosotros nos corresponde velar por el rebaño día y noche, sabiendo que hay muchos “lobos” que intentan “devorar” al rebaño y que al mundo le hace falta la verdadera paz; que muchos corderos y ovejas del rebaño no tienen paz. Es entonces cuando la Madre, como la estrella que guió a los Magos, nos dice a todos donde encontrarla: sólo en Jesús. Quien le abre el corazón a Jesús, encuentra la paz verdadera. Y a quienes lo encontramos nos toca llevar a los demás. Por consiguiente, Navidad es también tiempo de evangelización. Como lo hicieron los ángeles en Belén y hoy lo hace la Reina de la Paz.

Jesús es la terapia que todos los corazones necesitan. Sólo cuando Él está presente puede reinar la verdadera paz.

Por último, fijemos la atención en el centro del mensaje que la Reina de la Paz da para este mes: —«Por eso adórenlo en sus corazones, elíjanlo y tendrán la alegría en Él. Él los bendecirá con su bendición de la paz.» Esta parte del mensaje es muy significativa. Esta vez la Virgen no ha dicho que adoremos a Jesús en el Sagrario, sino en el corazón; haciéndonos tomar conciencia que nuestro corazón también es pesebre viviente de Jesús; que cada uno también es santuario de Cristo vivo. «Adorar a Jesús en el corazón» es una expresión que por primera vez utiliza la Reina de la Paz. Mientras traducíamos esta parte del mensaje, buscábamos en mensajes anteriores, para ver si antes la Virgen había hablado de esto, y no lo encontramos. Entonces, esta expresión es clave. Porque el cristiano está habituado a buscar a Jesús siempre en el Sagrario, y eso es cien por ciento correcto. Y de esto ha hablado mucho María en Medjugorie. Sin embargo, no debemos olvidar, que Jesús también está presente en el corazón. San Agustín dijo un día, después de haber descubierto a Cristo dentro de sí: —«Tu estabas más dentro de mí que yo de mí mismo» Y San Pablo escribió: “ya no soy yo quien vive sino es Cristo quien vive en mi”.

La Virgen con el mensaje de este mes, no pretende subestimar la presencia de Jesús en el Sagrario, sino que, además, nos quiere ayudar ha descubrirlo en el propio corazón. Y esta tarea no es fácil. Para algunos puede ser mucho más fácil ir al Sagrario cada día para encontrarse con Jesús, que encontrarlo vivo dentro de él.

Cuando María visitó a Santa Isabel, Isabel percibió que Jesús estaba dentro de ella; en su vientre. Pero mucho antes, la Virgen lo sabía. Muchos cristianos no descubren a Jesús en su alma; en su vida. Celebrar la Navidad es descubrir a Jesús dentro de uno mismo. No sólo en los “nacimientos” que se ven por las calles en estos días.

La Virgen nos recuerda que todos los cristianos somos “Belenes” vivos. Que cada uno se puede encontrar con Jesús por dentro. Y luego, habrá que “adorarlo”. Y la adoración, dice el Catecismo de la Iglesia Católica, es la primera de las cinco formas de la oración cristiana, es «la prosternación del alma delante de Dios», su “humillación”, reconocer su nada, su pequeñez, su minoridad ante el Creador. Esto es hermoso: Ser pequeño delante de Dios dentro de uno mismo.

Para quienes piensan que la Virgen sólo repite sus mensajes, en el mensaje de este 25 de mes encontrarán algo diferente: adorar a Jesús dentro de uno. Y esta “adoración” no es algo de un momento sino de todo el día. La Virgen quiere que cada jornada nuestra transcurra en adoración. Somos pues, santuarios vivientes de Jesús.

 
 
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