Mensaje de María Reina de la Paz del 25 de noviembre de 2009
 y
Reflexión del P. Francisco Ángel Verar Hernández

«Queridos hijos: En este tiempo de gracia, los invito a todos a renovar la oración en sus familias. Prepárense con alegría para la venida de Jesús. Hijitos, que sus corazones sean puros y acogedores, para que el amor y el calor comiencen a fluir a través de ustedes, en cada corazón que está lejos de Su amor. Hijitos, sean mis manos extendidas, manos de amor para todos aquellos que se han perdido, que no tienen más fe ni esperanza. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!»

Una constante en el corazón de la Madre al presentar sus hermosos mensajes, es recordarle a sus hijos que la Iglesia está viviendo, a través de sus apariciones diarias, un especial «tiempo de gracia». Pero de tal afirmación sería temerario concluir, que al finalizar las mismas, comenzarán las pruebas o los castigos. Porque la Madre ha hecho sentir, en varias ocasiones, a través de sus mensajes, que el futuro de la humanidad aun es incierto y en tal caso, lo que pueda ocurrir, depende de la respuesta.

            Por otra parte, adviértase que los videntes no cesan de repetir que —«la Virgen ha pedido oraciones incesantes por un “plan especial” que Dios tiene, a través suyo, para toda la humanidad». Se considera, pues, que si Dios tiene un plan especial para los tiempos actuales, de la respuesta que se le brinde, a la llamada que la Virgen hace, dependerá también el futuro. Entonces, la expresión «tiempo de gracia» no se debe interpretar como un tiempo opuesto a «tiempo de prueba», sino en sentido positivo, el cual busca enfatizar la particular bendición de la presencia prolongada de María con la que Dios en estos momentos socorre, especialmente, a la humanidad. Luego, en este mes, la Madre vuelve a recordar esta gracia: es un don eximio que aun esté con nosotros. Se recuerda, que, aunque por lo general cada mes presenta dos mensajes, las apariciones, sin embargo, son diarias a tres de los seis videntes que desde el inicio la veían. Y ninguno de ellos, puede decir, por cuánto tiempo más continuará viéndola.

            Seguramente, cuando muchos devotos de la Virgen se encuentren con el mensaje de este mes, que invita a renovar la oración en familia, al darse cuenta que han abandonado la oración familiar podrán sacar nuevas fuerzas para retomar el empeño. Pero otros —lo más probable—, buscarán las mismas razones de siempre para justificar el por qué su familia no puede responder a esta llamada.

            Verdaderamente, es una pena que muchas familias católicas hayan perdido el sentido y el gusto de rezar juntos. Teológicamente son muchas las razones que se podrían argumentar del por qué es necesario orar en familia. No obstante, en la mayoría de los casos de las familias que no oran no es porque no están convencidas de que sea necesario sino porque prevalecen los motivos egoístas que dan paso a sustituir la oración por otras actividades como el estudio, la televisión, el internet, las cenas, el trabajo, las reuniones sociales, las diversiones, el deporte…. ¿Y por qué razones? Sencillamente: porque Dios no ocupa siempre el primer lugar en el hogar. Téngase en cuenta que una cosa es creer en Él o estar convencido que Él es el ser más amado y otra, llegar a expresarle ese amor en familia por medio de la oración.

            Por ende, la llamada que la Virgen hace se transforma en un verdadero desafío de donde parece razonable, que sin una verdadera conversión del corazón sería imposible hacer que la oración se transforme en vida y la vida en oración familiar.

            Se recuerda, pese a todo, al juzgar por el ejemplo, que el Señor nos dio con sus palabras y su vida, que la oración en familia es insustituible por cualquiera otra actividad, inclusive por la misma participación en Misa. De hecho, la Virgen pudo decir: «los invito a todos a renovar la participación en Misa en sus familias», siendo la Eucaristía más importante. Sin embargo, dijo: «los invito a todos a renovar la oración en sus familias» Y no es, porque una cosa suprima la otra sino porque ambas son necesarias. Difícilmente una familia que ore dejará de asistir a Misa, porque la oración misma los conducirá a todos a la eucaristía, pero fácilmente las familias que no oran pueden dejar de asistir a Misa. «Porque sin oración —ha dicho María en otra ocasión— no se entiende lo que es la Misa».

            Además, la oración no debe ser una ocupación paralela a otras actividades, y menos aun, una especie de apéndice de las responsabilidades prioritarias. No. Por el contrario, la oración en familia —no se olvide—: es el fundamento verdadero de la unión de quienes conviven bajo un mismo techo. Es como el aire para los pulmones o la sangre para las venas. Ténganse en cuenta que sin oración no puede existir el verdadero y más puro amor porque el amor verdadero sólo puede ser fruto de la oración. Como también el perdón, la reconciliación, la comprensión, la armonía, la paz, la fe… Considérese, por otra parte, que no tiene el mismo significado ante Dios que cada miembro de una familia ore por cuenta propia, a que, por el contrario, juntos se reúnan para elevar su plegaria a la Santísima Trinidad. Es cierto que el Señor dijo: «Tu cuando vayas a orar entra en tu cuarto y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre que está allá, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará» Mt 6:6. Pero también enfatizó: «Les aseguro también que si dos de ustedes se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos. Por que don están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos». Mt 18:19-20. Por consiguiente, la oración personal no suprime la oración familiar y la oración familiar no suprime la oración individual sino que la supone.

            A este punto, conviene recordar, que al inicio de las manifestaciones marianas la Madre mencionó además que «el demonio había comenzado a perder su poder y que, por lo mismo, estaba más agresivo que nunca», mencionó en aquella ocasión: «crea divisiones entre los sacerdotes, divide la familia, crea obsesiones y asesinatos…» y dijo: «ustedes deben protegerse, sobre todo, con la oración comunitaria». Entonces, en el mensaje de este mes, la Madre recuerda lo que al inicio de sus apariciones ya había mencionado: que es necesario orar en familia para recibir la bendición de Dios y ser protegido de la insidias del enemigo que «ronda como león rugiente, buscando a quien devorar» 1 Pe 5:8. Dijo la Madre también en una ocasión: «que el rosario esté siempre en sus manos como signo a satanás de que ustedes me pertenecen».

            El mensaje también advierte: «Prepárense con alegría para la venida de Jesús». De donde se deduce, parece obvio, que esta frase del mensaje guarda relación con lo anterior. Es decir, que la Madre espera que la celebración de la Navidad se prepare por medio de la oración en familia. Conviene tener presente, entonces, no ceder a los engaños del materialismo consumista de esta época y reflexionar en que el Adviento que ahora inicia, es tiempo predominantemente de oración. Ideal sería que se aproveche como es debido ante Dios para rezar diariamente en familia el santo rosario y que además juntos, cada domingo del Adviento, se hagan oraciones especiales ante la corona de cirios o bien, junto al pesebre. Que además se guarden días especiales de ayuno, y particularmente, que no se deje de hacer la Novena de Navidad. También se podría incluir en familia la visita al Santísimo Sacramento y realizar alguna peregrinación a algún Santuario donde se lucren indulgencias. Se recuerda, que el Papa Benedicto XVI en conjunto con la penitenciaría Apostólica, dispuso que el Primer Jueves de cada mes, durante el presente Año Sacerdotal, se pueda lucrar la indulgencia plenaria —siempre con las debidas disposiciones— cuando se ora por la santificación de los sacerdotes.

            La tercera parte del mensaje también es importante, la Virgen dice: «Hijitos, que sus corazones sean puros y acogedores, para que el amor y el calor comiencen a fluir a través de ustedes, en cada corazón que está lejos de Su amor.» La familia que se mantiene en oración será una familia rica en amor. La Madre sabe que el amor crece y madura por la oración. Quien más ora más amor tiene en su corazón y quien menos ora, menos amor tendrá. El amor viene por la oración porque orar es siempre un ejercicio del corazón que sabe centrarse en el amor, se trata siempre de encontrarse cara a cara con el Amor, «porque Dios es Amor» 1Jn 4: 8. María quiere incendiar el mundo con amor y por lo mismo, nos invita frecuentemente a orar. El amor no es algo que se pueda aprender en la escuela, la universidad o por medio de libros o cursos y mucho menos en películas o en la vida diaria… El verdadero amor sólo se puede aprender a los pies de Jesús, en oración contemplativa frente al crucificado que dio su vida por la humanidad: «porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna» Jn 3:16. Entonces se podría afirmar, que la verdadera razón por la que muchos hogares se derrumban es por no haber alimentado como se debió el amor por medio de la oración. El matrimonio no se fundamenta en la atracción física, en las  buenas intenciones de los enamorados, los acuerdos galanes o la estabilidad económica sino en Dios. Porque Dios es el autor del amor y es Él quien lo hace crecer y madurar. Recuérdese que «Dios es Amor» 1Jn 4:8.

            María quiere que las familias que se consagran a Ella se identifiquen de las demás por su manera de amar, y no tanto por una especial devoción o pietismo; y sólo hay un medio para lograrlo: la oración con el corazón. Téngase en cuenta que Medjugorie no es un nuevo movimiento sino una llamada seria a la oración; y sobre cuando se hace con el corazón, no a la fuerza ni por hábito. Es la expresión acertada de la oración que puede colmar el corazón de amor. Por eso dice el mensaje: «Hijitos, que sus corazones sean puros y acogedores, para que el amor y el calor comiencen a fluir a través de ustedes, en cada corazón que está lejos de su amor». Obsérvese, que es el que ora como debe, quien es capaz de irradiar amor y acercar a Dios a los que están lejos de Él.

            El mensaje de este mes de noviembre, como vemos, también está en estrecha relación con el del mes anterior, cuando la Madre dijo, entre otras cosas: «Oren, ayunen y testimonien alegremente su fe, hijitos y que su corazón esté siempre colmado con la oración».

            La cuarta parte del mensaje también es significativa, la Virgen mencionó: «Hijitos, sean mis manos extendidas, manos de amor para todos aquellos que se han perdido, que no tienen más fe ni esperanza.» Es sabido que la Virgen incesantemente ha pedido que el día dos de cada mes, se tengan encuentros especiales de oración «por quienes no experimentan el amor de Dios en sus corazones». Pues bien, la última parte del mensaje de noviembre tiene que ver con esta realidad. Nótese, que precisamente en occidente, uno de los actuales «signos de los tiempos» es el afianzamiento y la expansión del ateísmo. Por ejemplo, en el pasado mes de febrero el periódico el País de España escribía: «los no creyentes se organizan para frenar la beligerancia de las religiones y su poder en el Estado. Sus campañas publicitarias reciben generosas donaciones y aumenta la demanda de apostasía». Prueba de ello —subrayaba el cotidiano—, las campañas propagandísticas contra la fe que se han venido desarrollando en algunos países de Europa. Por otra parte, en el pasado mes de mayo también se llegó a publicar en Colombia —nación por siglos predominantemente católica—, el primer manual de ateísmo, escrito por 16 autores que hacen gala de su incredulidad. Anteriormente, se había publicado en Francia (en el 2005) un «Tratado de Ateología», del filósofo Michel Onfray y en el Reino Unido la obra «El espejismo de Dios», del etólogo británico Richard Dawkins. Obras similares estaban circulando en Italia, y otros países de Europa, como: «Por qué no podemos ser cristianos, y menos aún católicos» del matemático italiano Piergiorgio Odifreddi; o «Dios está en el cerebro» de Alper Matthew, uno de los fundadores de la «neuroteología»; o «El fin de la fe» de Sam Harris. Al igual, no deja de llamar la atención, que muchos de los libros que acometen contra la religión, se convierten rápidamente en superventas y en verdaderos best seller, como el Código Da Vinci. Obsérvese, pues que frente a esta sentida realidad, ya María por años nos ha estado previniendo y ha invitado a todos a volver a Dios y pedido oraciones especiales y penitencia «por quienes no han experimentado el amor de Dios en sus corazones»; sin llamarles ateos y sin juzgarlos.

            En el mensaje de noviembre, particularmente cuando la Iglesia se dispone a preparar con el Adviento la Solemnidad de la cercanía de Dios a su pueblo, a través del misterio de la Navidad, la Madre nos dice: «sean mis manos extendidas, manos de amor para todos aquellos que se han perdido, que no tienen más fe ni esperanza». En práctica, ello significaría: acercarse a quienes no experimentan al amor de Dios y brindarle amistad, comprensión, calor… para atraerlos por el amor al Amor. Se recuerda que María «quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad» 1Tm 2:4. Se debe cooperar con Ella antes que sea demasiado tarde. ¡Sea alabado Jesucristo!

 
 
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