Reflexión del Mensaje de la Santísima Virgen
María Reina de la Paz

Por el Rev. Padre Francisco Verar
(Asesor del Movimiento María Reina de la Paz en Hispanoamérica - Panamá)

Noviembre 2006

“Queridos hijos, también hoy los invito: oren, oren, oren. Hijitos, cuando or! an están cerca de Dios y Él les da el deseo de eternidad. Este es un tiempo, en que pueden hablar más de Dios y hacer más por Dios. Por eso no se resistan, sino permitan, hijitos, que Él los guíe, cambie y entre en su vida. No olviden que son viajeros en camino hacia la eternidad. Por eso, hijitos, permitan que Dios los conduzca como un pastor a su rebaño. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!"

 
 

Una vez más, la Madre nos invita a la oración. Y como católicos sabemos que dentro de poco, entraremos en el tiempo litúrgico del Adviento; que se caracteriza, precisamente, por un tiempo intenso de oración y penitencia en preparación a la Na! vidad. La Virgen sabe que sus hijos, en este momento, est&aacu! te;n suj etos a muchas distracciones que los pueden desviar del verdadero sentido del Adviento y de la Navidad. Y, por otra parte, sabe que el mundo necesita ahora, urgentemente, nuestras oraciones. Todos sabemos que la paz sigue amenazada en oriente medio y la Virgen ha dicho que —«las guerras pueden ser suspendidas por la oración y el ayuno». Si aún hay brotes de violencia en oriente medio es porque hace falta más oración por Israel, Líbano e Irak. Recordemos, pués, durante este mes, el nuevo encargo de Nuestra Señora: —«Orar, orar, orar». Orar, hasta que la oración nos acerque a Dios y por medio de ella, Dios mismo nos haga desear la eternidad.

Ahora, fijémonos en estos dos con! ceptos: el de acercarnos a Dios por medio de la oración y que por la misma oración Dios nos conceda el deseo de eternidad.

Cuando la Virgen nos dice que por medio de la oración «estamos cerca de Dios», nos presenta la oración como un medio único y eficaz para llegar hasta su morada. Es cierto que Dios habita también en el corazón del hombre. Sin embargo, su morada es el Paraíso allí está «su trono de gloria». Y sólo hay una manera de llegar a él cada día: la oración. Quien más ora, más elevará su alma hasta las alturas donde Dios reside. Quien menos lo hace, más distanciará de Él su corazón. El Catecismo de la Iglesia Católica define la oración «como la elevación del alma a Dios o la petición a Él de los bienes convenientes». Orar pues, es una elevación del alma hacia las moradas de Dios. Y cuando eso ocurre Dios, como corolario, desciende a las profundidades del corazón humano. Se dona como una recíproca interacción. Dios se dona al corazón que le busca. He allí que la «Gospa» en el mensaje de este 25 de mes menciona: que si oramos Dios nos da el deseo de la eternidad. Es, porque Dios es eterno. Y quien lo experimenta, con razón experimentará la eternidad.

En el mensaje la Virgen repite tres veces —«oren, oren, oren». Seguramente, porque quiere despertar una vez m! ás la atención de sus hijos. Intenta sacudir nuevamente nuestras conciencias. Quiere que todas las almas la escuchen y que respondan a su invitación urgente por la paz. En particular: para que se realice un plan especial que Dios ha puesto en sus manos de cara a los tiempos que estamos viviendo.

El triple llamado de la Virgen a la oración nos recuerda que todos debemos tener vida de oración. No se trata tanto de orar, sino de desarrollar la vida de oración que es distinto. La Virgen pidió en 1983 tres horas diarias de oración. Esas tres horas conllevan: tres partes del rosario cada día, la participación en la Misa y media hora de meditación de la Palabra de Dios. Pero más adelante la Virgen dijo: queridos hijos: la oración d! ebe ser la vida de ustedes. Y de esta manera, rebasó el! l&iacut e;mite de las tres horas diarias, invitándonos a orar todo el día. Y dijo, que hasta los espacios más pequeños del día deben llenarse con las jaculatorias. De allí adelante, entonces, de vez en cuando repite: oren, oren, oren. Para recordarnos la vida de oración. Orar en forma continua, lo que nadie lo debe separar de sus ocupaciones habituales por que la Virgen no espera a que todos entren en un convento, sino a que la vida se transforme, como hemos dicho en oración. Y esta oración debe procurarse intercambiando las tres expresiones de la oración que el Magisterio nos enseña: la vocal, la meditación y la contemplativa. De lo contrario se puede correr el riesgo de caer en la monotonía y no tener espacios para que Dios hable en el “silencio del corazón”.

En el mensaje la Virgen también dice: Este es un tiempo, en que pueden hablar más de Dios y hacer más por Dios. En la segunda parte del mensaje la Virgen exhorta a la evangelización y a las obras. Temas frecuentes también en los mensajes de Nuestra Señora. Pero en esta ocasión lo asocia a su venida a la tierra. Es decir, que el tiempo de gracia que estamos viviendo es también tiempo de evangelización. Tiempo para hablar al mundo de Dios. La devoción a María Reina de la Paz no se queda en el sentimentalismo estéril, por el contrario conlleva un compromiso de anunciar el evangelio a todos y a realizar obras concretas de caridad. Pero seguramente, quienes hayan alcanzado vida de oración lo harán eficazmente.

La tercera parte del mensaje, probablemente, sea la más significativa: —«Por eso no se resistan, sino permitan, hijitos, que Él los guíe, cambie y entre en su vida. No olviden que son viajeros en camino hacia la eternidad. Por eso, hijitos, permitan que Dios los conduzca como un pastor a su rebaño. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!» Para trabajar por Dios, para evangelizar y hacer obras concretas por Él, definitivamente, lo primero sería entregarle el corazón. La Virgen sabe, que el mayor obstáculo para que la gente trabaje por Dios es la falta de conversión y por ello, una vez más, nos invita a cambiar de vida. Dice: —«No se resistan». Recordemos como en el mensaje del dos de noviembre mencionaba: —«No cierren los ojos ante la verdad,! hijos míos. Su tiempo es breve. No permitan que en ustedes reinen los engaños. El camino al cual deseo conducirles es el camino de la paz y del amor». Ahora nos dice: «no se resistan, sino permitan, hijitos, que Él los guíe, cambie y entre en su vida.» En el fondo es un mismo mensaje: La Madre quiere que Dios gobierne nuestras vidas. Solo de esta manera podemos trabajar por Él. Y para que no pongamos resistencia a su acción en nosotros en la última parte del mensaje utiliza tres conceptos relacionados: —«Permitan que Él los GUÍE, CAMBIE y ENTRE en su vida» Lo opuesto a la resistencia y a la conversión, entonces, es permitirle a Dios GUIAR, CAMBIAR Y ENTRAR. Y en ese orden.

GUIAR
Hay gente que piensa que por su pecado o indiferencia a Dios, Él permanece lejos o enojado de ellos. Seguramente, ofendido y herido sí. Pero enojado y lejano jamás. Jamás Dios deja de amar a sus hijos, por muy grave que sean sus pecados. Entonces, la conversión comienza cuando uno se deja GUIAR por Dios. Cuando el hombre se da cuenta que su Padre está cerca de él, que nunca le ha abandonado, y aunque le haya ofendido, permanece fiel GUIANDO su corazón hacia el bien. Permitirle a Dios GUIAR el corazón es no poner resistencia a la Verdad, a la Salvación, a la Vida. Luego vendría el segundo paso.

CAMBIAR
Cuando el hombre toma conciencia que es Dios quien le guía de una manera misteriosa, y lo reconoce como su Padre lleno de amor, entonces puede CAMBIAR. Porque cambiará con su ayuda. No cambia sólo, ni cambia para las cosas terrenales. Cambia para Él. Cambia para la verdadera Vida. Cambia para la Verdad, para el Bien, para el Amor. CAMBIAR es ponerse en marcha con Dios y hacia Dios ayudado de Él. Es reconocer la pequeñez de la criatura frente a la inmensidad del Creador. Es humillarse ante su omnipotencia. Como la actitud de María ante el Anuncio del Arcángel Gabriel. Luego viene el tercer paso.

ENTRAR
Es cuando Dios puede tomar plena posesión del alma de sus hijos. En el mensaje de este mes la Virgen dice: —«permítanle a Dios ENTRAR en su vida». Es lo mismo que decir: que tome plena posesión de sus corazones. Es allí donde comienza en realidad el proceso de conversión. Cuando el hombre le permite a Dios ENTRAR. Dolorosamente en muchos corazones Dios no pasa de “rondar el castillo”. Permanece en el pórtico, en la antesala, y en realidad Dios quiere tomar plena posesión del corazón de sus hijos. ¿Con qué fin? Para colmarlos de paz, de amor, de felicidad, de alegría, de fe, de esperanza…en fin… para hacerles experimentar desde ! ahora lo que será el Paraíso. La Virgen dice: «No olviden que son viajeros en camino hacia la eternidad. Por eso, hijitos, permitan que Dios los conduzca como un pastor a su rebaño.»

¡Sea alabado Jesucristo!

 
 
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