Reflexión del Mensaje de la Santísima Virgen
María Reina de la Paz

Por el Rev. Padre Francisco Verar
(Asesor del Movimiento María Reina de la Paz en Hispanoamérica - Panamá)

Noviembre 2005

"¡Queridos hijos! También hoy los invito: oren, oren, oren hasta que la oración se convierta en vida para ustedes. Hijitos, en este tiempo de manera especial oro ante Dios para que les dé el don de la fe. Sólo en la fe descubrirán el gozo del don de la vida, que Dios les ha dado. Vuestro corazón sentirá gozo al pensar en la eternidad. Yo estoy con ustedes y los amo con tierno amor. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!"

Cuando estamos por finalizar un año civil, y al inicio del tiempo litúrgico del Adviento, la Virgen santísima nuevamente nos ha invitado a la oración. Creo que es importante considerar, antes de reflexionar sobre el último mensaje, que el mensaje más bello de Medjugorie es siempre la presencia de María. Ella, por otra parte, ha asegurado a los videntes que tienen la aparición anual (Ivanka, Jacov y Mirjana) que continuarán con este don hasta el fin de sus vidas en la tierra. Podríamos pensar entonces, que al terminar las apariciones cotidianas para Vicka, Iván y Marija, que aun la siguen viendo todos los días donde estén, que la Virgen continuará apareciéndose, al menos, cada dos meses. Entonces, el gran regalo de Dios para la Iglesia y el mundo, desde Medjugorie, es la presencia de María. ¡Que bello regalo nos da el Señor en un mundo tan secularizado y de cara a la imposición del relativismo contemporaneo!

Creo que con Medjugorie, la Iglesia y el mundo están viviendo una gran oportunidad de renovación espiritual. Tengamos presente que María fue la primera carismática y es Esposa del Espíritu Santo por excelencia. Abrirse a María hoy es abrirse a la renovación de la Iglesia por medio del Espíritu. El Espíritu Santo y María preparan la venida de Jesús. Con palabras del Apocalipsis podríamos rezar: “El Espíritu y la Novia dicen: “¡Ven!”” cf. Ap 22:17

En el mensaje de este mes, nuevamente la Madre nos ha hecho su llamado habitual a la oración. No es la primera vez que oímos de sus labios: “Oren, oren, oren” pero si puede ser para muchos, el inicio de una seria decisión por la oración continua, que es lo que busca María con este llamado.

El mensaje de este mes podría ser la continuación del mes pasado cuando dijo: “Crean, oren y amen para que estén cerca de Dios”. Ahora nos dice: “Oren, oren, oren, hasta que la oración se convierta en vida”. En el fondo, ambos mensajes son lo mismo: La Virgen lo que desea es que nuestros corazones estén siempre cerca de Dios por medio de la oración incesante.

El tiempo de Adviento que comenzamos a celebrar como preparación a la Navidad, es tiempo propicio para acercar, cuanto más sea posible, el corazón a Dios. Sin embargo, la realidad que vive mucha gente es distinta. En muchos países cuando llegan las fiestas de fin de año, en lo que menos se piensa es en la oración, la eucaristía diaria, la Confesión, la adoración silenciosa del santísimo, etc. La Virgen sabe que muchos de sus hijos están inmersos en una sociedad que sofoca el espíritu penitencial del Adviento, y que intenta separarlos del verdadero misterio de la Navidad, con el comercio y trinar de fiestas con sabor neopagano. Por eso, desde ahora, la Madre convoca a sus hijos con la oración incesante. Precisamente, para que por medio de ella nuestros corazones se orienten, como se debe: hacia el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios y su nacimiento entre nosotros.

El tiempo de Adviento que la Iglesia celebra ahora, es un tiempo fuerte de oración y ayuno. Basta recordar el testimonio de santa Clara de Asís y de san Francisco, para quienes este tiempo significaba un ayuno prolongado de cuarenta días a pan y agua. Sin embargo, la sociedad de consumo en la que estamos, sugiere cosas diversas.

La Virgen no quiere que en este tiempo dejemos las iglesias y los grupos de oración vacíos, si no que pensemos en lo que ahora cuenta más para Dios: la oración. En efecto, Ella no ha dicho: “compren, compren, compren hasta que las compras se transformen en vida”, sino: “oren, oren, oren hasta que la oración se convierta en vida”. Entonces, lo más importante no es dar vueltas por la calle para ver que compro para la Navidad sino orar. Habrá algunos que no vean las cosas de esta manera pero la Virgen sabe lo que más nos conviene: Orar, orar, y orar hasta que la oración llegue hacer vida. La Virgen quiere que recuperemos el sentido verdadero del Adviento y de la Navidad a través de la oración incesante.

Por otra parte, debemos recordar que en la aparición del dos de noviembre pasado, cuando la Virgen apareció a Mirjana para orar por los no creyentes apareció bastante triste y acongojada. Dijo Mirjana después de la aparición, le preguntó: “cómo podríamos ayudarla a reparar sus lágrimas”, y la Virgen no dio respuesta alguna. Ahora sabemos lo que podemos hacer: Orar, orar, y orar.

A mi modo de ver, la mejor manera de vivir este mensaje hasta los próximos dos que nos dará en ocasión de la Navidad, es permitiéndole a Dios que, en este tiempo de Adviento, sea Él quien ocupe el primer lugar en nuestras vidas; y no los compromisos sociales que pudiésemos tener. Hay que recordar que estamos frente a una de las fiestas más solemnes e importantes de todo el año: la del nacimiento de Jesús. La Navidad no es la fiesta de las familias, ni la de los niños, aunque podría tener estas matizaciones. Sino la del cumpleaños de Jesús, nuestro salvador. Tan fuerte ha penetrado la sociedad de consumo en occidente que en muchas parroquias y comunidades cristianas ya no se celebra la Misa de nochebuena a media noche, como lo manda el misal romano. Sería bueno recordar a este tenor, que en una ocasión le preguntaron a la Virgen si la misa de Navidad en la parroquia de Medjugorie se podría adelantar a una hora más temprana y Ella respondió: “Que sea celebrada a media noche”; y en Medjugorie desde hace muchos años, antes de la misa de medianoche, se hacen, con todos lo peregrinos presentes, dos horas seguidas de adoración eucarística.

Tengamos presente, que la Navidad no es para pasarla en casa comiendo manjares suculentos, ingiriendo bebidas alcohólicas, bailando, etc., sino para pasarla en la Iglesia adorando a Jesús que nace en cada eucaristía de manos del sacerdote. Probablemente, la Virgen, desde ahora, quiere conducir nuestros corazones hacia la correcta espiritualidad de la Navidad: la de la adoración, cuando dice: “oren, oren, oren hasta que la oración se convierta en vida”. Y por supuesto, que quienes vivieron esa espiritualidad primero, fueron Ella misma y san José. La Virgen le comentó a Jelena de Medjugorie hablándole en una ocasión acerca del misterio de la Navidad, que la noche en que Jesús nació en Belén, después del alumbramiento, Ella y san José pasaron toda la noche en adoración del niño recién nacido. Entonces, será imposible pasar la Navidad en adoración, si nuestro corazón desde ahora, no se orienta a Jesús por medio de la oración incesante.

La Virgen ha dicho que hay que orar “hasta que la oración se convierta en vida”. Esto quiere decir, a mi modo de ver, dos cosas esenciales. Por una parte, que la oración debe hacerse siempre con el corazón y por otra, que el hombre está llamado ha transformarse en oración misma; al estilo Francisco y P. Pío, que eran hombres hechos oración u oración hecha hombres. Entonces, no se trata solamente de orar. Si no de orar con el corazón, de lo contrario, la oración no puede transformarse en vida. La oración puede ser para muchos algo mecánico. Recordemos que muchos, a pesar que oran aparentemente lo “suficiente”, siguen siendo dominados por la tristeza, los miedos, los desánimos, traumas severos, sentimientos de culpas, etc. Y en tal caso, podríamos decir, la oración no se ha transformado en vida. Sin embargo, cuando se ora con el corazón y se persevera en ella, la oración misma se hace vida. Es cuando se cumplen las palabras de Jesús en el evangelio: “Yo he venido para que ustedes tengan vida y la tengan en abundancia” Jn 10:10. La Virgen sabe que mucha gente no tiene deseos de vivir, se sienten desalentados, desanimados, tristes…y por consiguiente, Ella aspira a que todos conquisten la vida verdadera por medio de la oración. Pero, habría que precisar, además, que para María, la oración que debemos hacer, no es sólo para salir de nuestras propias situaciones de muerte, sino que para que también le ayudemos, a realizar su plan de paz y de reconciliación entre los hombres. Cuando dice: “Oren, oren, oren, hasta que la oración se transforme en vida” debemos entender, también, que con nuestras oraciones podamos transformar la vida de los demás.

Y en cuanto a que la misma oración se hace vida, bastaría con precisar que según el evangelio, la oración es siempre un manantial de vida. Quien ora como debe experimenta ese manantial y logra que ese manantial llegue a los demás. A mi modo de ver, el llamado que la Virgen hace para este mes, está en función también de las muchas formas incorrectas de la oración, porque de lo contrario no diría “hasta que la oración se convierta en vida”. Muchos oran para pedir algo y no precisamente porque se sientan enamorados de Dios. Y otros, cuando lo hacen, no saben cómo orar. Ahora, frente a ambas actitudes y otras similares, la Virgen, cómo Maestra de vida interior, sin hacer alusión a las diversas formas de orar o sus diversas expresiones, sencillamente dice, que “hay que orar, hasta que la oración se haga vida en nosotros”. Por lo tanto, el termómetro para saber que hemos orado correctamente, es cuando la oración ha venido a ser parte de nosotros mismos. Algo esencial a nuestra “anatomía”.

En el mensaje también dice: “Hijitos, en este tiempo, de manera especial, yo oro ante Dios para que les dé el don de la fe. Sólo en la fe descubrirán el gozo del don de la vida que Dios les ha regalado; su corazón estará gozoso pensando en la eternidad”. Nuevamente vemos la referencia al mensaje del mes pasado, cuando dijo: “Crean…para que estén cerca de Dios”. Sabemos que desde el principio de las apariciones la fe ha sido uno de los mensajes más importantes de la Virgen. Cabe destacar, que en estos tiempos de Adviento, la Madre está orando para que tengamos más fe y por medio suyo, descubramos el gozo del don de la vida que Dios nos ha dado. Yo pienso que si María ora por esta intención, nosotros no podemos hacer menos.

A cerca de la fe de la que nos habla la Virgen, habría que precisar igualmente, dos cosas: La fe es un don que Dios nos ha regalado en el bautismo y ésta se fortalece y aumenta con nuestras oraciones. Sin fe, podríamos decir, tampoco podríamos vivir el misterio de la Navidad como se debe. El hecho de que María ore para que tengamos fe, no significa en manera alguna que no la tengamos, sino que sus oraciones nos ayudarán para que la tengamos más firme y aumente más. Ello nos hace comprender cuan importante es la fe para María y para nosotros de cara al Misterio de la Navidad ya cerca.

La Virgen para celebrar el misterio de la primera Navidad creyó en las palabras del Arcángel Gabriel y por eso la felicitó Isabel: “Dichosa tú que has creído por que lo que te ha dicho el Señor se cumplirá” Lc 1:45. Cristo se hizo hombre, encarnándose en el vientre de María por medio de su fe, y del mismo modo, para que Jesús se encarne hoy en nosotros, es imprescindible tener una fe firme. Luego la recta que la Madre nos trae para este Adviento son dos: la oración continua hasta que llegue a ser vida y la fe firme. Por otra parte, nos recuerda que está intercediendo por nosotros por este fin.

Gracias Señor Jesús por el don de tu Madre entre nosotros. La Reina de la Paz y del Amor nos enseña a vivir la Navidad como Ella la vivió: en oración y con fe firme en Tu venida a la tierra.

Haznos comprender Jesús que sin oración continua y sin fe firme en tu persona, en tus palabras, no podremos celebrar la Navidad como tu Madre lo espera. Desde ahora nos abrimos a Ti para que renueves nuestra fe en la próxima Navidad. No permitas que el espíritu de consumo nos aparte de lo esencial que debemos vivir estos días.

Oh ven Espíritu Santo y llena nuestros corazones de Ti, como en el primer Pentecostés de Nazaret cuando descendiste en María para engendrar al Hijo de Dios. Ven y desciende en nosotros hoy y dispón nuestro corazón a la llegad de Jesús en esta Navidad.

María Tu eres la Estrella que nos guía a Jesús. Permite que nuestro corazón hoy permanezca abierto a Él y a Ti por medio de nuestra oración incesante, amén.

 
 
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