Reflexión del Mensaje de la Santísima Virgen
María Reina de la Paz

Por el Rev. Padre Francisco Verar
(Asesor del Movimiento María Reina de la Paz en Hispanoamérica - Panamá)

Noviembre 2007

“¡Queridos hijos!: Cuando hoy celebran a Cristo Rey de todo lo creado, deseo que Él sea el Rey de sus vidas. Solamente a través de la entrega, hijitos, pueden comprender el don del sacrificio de Jesús en la cruz por cada uno de ustedes. Hijitos, dediquen tiempo a Dios para que Él los transforme y los llene con Su gracia, de tal manera que ustedes sean gracia para los demás. Yo soy para ustedes, hijitos, un don de gracia de amor que proviene de Dios para este mundo sin paz. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!”

 
 

Mientras que la Iglesia universal celebraba la Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo, María su Madre y Madre de la Iglesia, nos daba un hermoso mensaje en relación a esta fiesta litúrgica. Esto evidencia una vez más, que María está con la Iglesia y no viene a crear un “magisterio” paralelo. Por el contrario, viene a guiarnos para que obedezcamos a la Iglesia. Cuando la Virgen comenzó a aparecerse en Medjugorie, dijo: −“Hagan todo lo que la Iglesia les dice”. Y en este último mensaje nos dice: −“…Cuando hoy celebran a Cristo Rey de todo lo creado…”. Entonces, la Iglesia de la tierra celebra la universalidad del reinado de Jesús, y la Virgen en el cielo festeja con nosotros y nos habla. Nos pide que no nos quedemos solamente en la liturgia, sino que cuanto profesamos con los labios, lo vivamos primero en el corazón. Es decir, que Jesús reine en nuestras vidas. Esto quiere María.

Ahora, debemos preguntarnos, −¿reina Jesús en nuestros corazones? Si la respuesta es negativa, entonces podríamos pensar, cómo hacer para que reine. Y en caso tal, este sería el gran reto para este mes. Claro que no es nada sencillo cumplir con este encargo. No es fácil lograr que Jesús reine en cada uno de nosotros, como quiere Su Madre: las 24 horas en el corazón. Pero si queremos lograrlo, ante todo, cada uno debe preguntarse: −“¿Cuáles son los obstáculos que tengo para que Jesús reine en mi vida?”.

Yo diría, que para responder a esta pregunta, debemos tener presente que hay sólo dos tipos de reinados: uno que esclaviza y otro que libera. No existen otros. Y saber, que el único que libera, es el reinado de Jesús. El otro, tiraniza. En muchos corazones reina la droga, el alcohol, el sexo, la vanidad, el orgullo, el rencor,  los juegos de azar, el dinero, el prestigio, personas de carne y hueso, las ideologías, el placer, el hedonismo, etc. Y la Virgen desea que sea sólo Jesús quien reine; quien domine el corazón del hombre.

Su mensaje, es una invitación a realizarnos un serio examen de conciencia, siendo éste propicio, ya que finaliza el año litúrgico, al mismo tiempo que hemos cantado: ¡Jesús es Rey!

La Virgen no quiere que nos quedemos solamente en la emoción del sentimiento… quiere que el reinado de Jesús sea real. Por eso nos dice: −“…deseo que Él sea el Rey de sus vidas…”. Entonces, debemos preguntarnos: “cuál de los dos reinados vive en nuestro corazón: ¿el de Jesús o el del mundo? ¿El que libera o el que esclaviza? Y la respuesta es fácil de hallar. Basta que cada uno se pregunte, si se siente libre o si se siente esclavo. Si se siente libre interiormente, esto podrá ser un signo evidente de que es Jesús quien reina. Si por el contrario, siente que algo o alguien fuera de Dios lo domina interiormente, entonces será un esclavo y consecuentemente reinará el pecado. Y la Virgen nos da una razón para entender por qué sólo Jesús debe reinar en nuestro interior: su entrega en la cruz por nuestros pecados.

No obstante, los 2000 años de cristianismo que han trascurrido, aún, muchos continúan sin entender que es Jesús quien debe reinar en el corazón. Porque Jesús es el único que dio su la vida para reconciliar la humanidad con Dios. Y consideremos además, que Su reinado comienza en la cruz; en su entrega de amor por todos. Solamente desde la “entrega” se puede comprender el amor de Jesús por la humanidad; dice la Virgen.

El evangelio del domingo de Jesucristo Rey del universo, nos recordaba sus últimas palabras en la cruz y su último dolor por nuestros pecados. Este evangelio, es el mejor icono de su amor por la humanidad, y Su Madre nos lo recordó en su mensaje: −“Solamente a través de la entrega, hijitos, pueden comprender el don del sacrificio de Jesús en la cruz por cada uno de ustedes”. Porque la Virgen quiere, que desde el icono de la crucifixión, su Hijo reine en todos los corazones. Es decir, todos debemos llevar a Jesús crucificado en el corazón. En el mundo de la cibernética que estamos viviendo, de la TV por cable, de la invasión de los “spot” publicitarios… del emerger de esta “cultura de la imagen”,  María quiere que el icono de su Hijo crucificado sea quien domine el corazón.

Dijo la Virgen cierto día: −“Tomen ustedes un crucifijo en sus manos y pídanle a Jesús que sane las heridas que llevan por sus pecados y los pecados de sus padres”. Ella quiere, evidentemente, que la crucifixión sea la imagen por antonomasia en el corazón del creyente, y que los ojos del cristiano se claven, metafóricamente hablando, en el crucificado. Por lo tanto, hay que contemplar a Jesús crucificado y el crucifijo debe volver a los hogares de donde ha sido desterrado. Nuestra Madre quiere que tomemos la cruz; que no sea un adorno más, sino que sea algo vivo del corazón. Si no se contempla la cruz, Jesús no puede reinar en el corazón. Su reino no es de este mundo, porque no se origina aquí, pero sí para este mundo y emerge de la cruz.

Otro día dijo la Virgen: −“…desde la cruz, Jesús les concede gracias particulares”. Por consiguiente, rechazar la cruz, equivaldría a rechazar gracias especiales que el Señor nos concede desde la contemplación de la crucifixión.

También dice Nuestra Señora: −“Hijitos, dediquen tiempo a Dios para que Él los transforme y los llene con Su gracia”. Sin que María hable explícitamente de la oración, sabemos que para poder responder a este llamado, la oración es imprescindible. En el mensaje del 2 de noviembre pasado, la Virgen dijo: −“Oren, oren, oren, ayunen y esperen”. Entonces, la primera forma de “dedicar tiempo a Dios”, lo será,  por medio de la oración. En un mundo de tanta “actividad”, que fácilmente se traduce en “activismo”, el mensaje viene como “anillo al dedo” en preparación a la séptima Navidad del nuevo milenio.

 La Madre no quiere que los regalos, ni las fiestas de fin de año, ni las compras… u otras actividades que podamos realizar, nos alejen de la espiritualidad propia del tiempo de Adviento. Y “dedicar tiempo a Dios”, también implica: participar de la Santa Misa frecuentemente, hacer la Novena de Navidad −una de las principales del año−, preparar una buena Confesión en orden a la Navidad −y propia del tiempo fuerte del Adviento. También conlleva a “ayunar”. No para comer más en Navidad o cuidar la línea, sino para hacer penitencia por nuestros pecados y los del mundo entero; para interceder por la paz y la conversión de las almas que no conocen el amor de Dios. Recordemos que en el origen del Adviento, tanto el ayuno como la oración, marcaban fuertemente la espiritualidad de este tiempo. Se comía lo habitual sólo los domingos, aunque a muchos les suene exagerado. Lamentablemente, la sociedad de consumo nos impone cada día más la “cultura del comer”, de las recetas, de los restaurantes, de los postres, etc.  Y terminamos dejando el ayuno de lado. Si vamos más a Misa, meditamos más la Palabra de Dios, ayunamos, oramos con el corazón y nos confesamos…  Jesús reinará en nosotros y seremos, por consiguiente, “gracia” para los demás.

Medjugorie es un llamado de Dios a la “conversión”. La Virgen nos llama en el mensaje, a ser “gracia” para los demás. Es decir, a comunicar la “gracia” de Dios con nuestras vidas. Como María, cuando visitó a su prima santa Isabel. Dice la Biblia, que −“Isabel al escuchar el saludo de María quedó llena del Espíritu Santo”. Isabel recibió el Espíritu Santo de Dios, gracias al saludo de María, y todos sabemos que María llevaba en su vientre a Jesús. Si los cristianos llevamos a Jesús en el corazón, también los demás podrán recibir el Espíritu Santo. El problema es que hoy no se quiere orar, ayunar, hacer penitencia, adorar el Santísimo, pasar media hora cada día con la Biblia entre las manos. Se prefiere el internet, el deporte, el trabajo, pasar horas en el casino, en el salón de belleza, frente al televisor, en otras cosas… Así, no puede haber conversión. Sin oración continua con el corazón, no hay santidad. Dios, aunque quiera y lo pueda hacer, no transformará corazones si no se dedica tiempo a Él.

Al final del mensaje, la Virgen nos recuerda lo que tantas veces nos ha dicho: −“Yo soy para ustedes, hijitos, un don de gracia de amor que proviene de Dios para este mundo sin paz”. Esta parte del mensaje, es importantísima. No dice: −“Medjugorie es un don de gracia de amor”, sino: −“Yo soy para ustedes un don de gracia de amor”. Porque en el mensaje, Ella quiere que muchos corazones la conozcan y otros la reconozcan. Primero: como un “don de gracia de amor que proviene de Dios” y luego, como intercesora de paz en Medjugorie para la humanidad. Veamos…

María, desde su gloriosa Asunción a los cielos, ha sido creada por el mismo Dios: “Don de gracia de amor”. Este título no es nuevo. Podríamos decir que ante todo es bíblico, porque cuando el Ángel Gabriel se le aparece en Nazaret, le dice: −“Alégrate, llena de gracia” y sabemos, cómo ese don, se hizo todo “amor” hacia Jesucristo y luego a todos los demás. María es eso: “Don de gracia de amor”. Pero, en su doble significado: porque Dios la hizo gracia de amor, y por su virtud conquistada, se hizo de gracia de amor para Él y para el prójimo. Y hoy, ese don de amor se manifiesta de un modo especial en Medjugorie. Por eso también dirá en el mensaje: −“don de gracia de amor que proviene de Dios para este mundo sin paz”.
María nos está trayendo la paz de parte de Dios desde hace 26 años y 5 meses, y quiere que recordemos que está con nosotros porque Dios la envía. Luego, abrirle el corazón y acoger sus mensajes, es acoger un don especial de Dios para estos tiempos.

“¡Gracias Señor por el regalo de María entre nosotros! ¡Gracias por sus palabras, por su Don de amor! Hoy quiero renovar mi entrega a Ti a través de sus purísimas manos y su purísimo Corazón. ¡Quiero que María sea una verdadera Madre para mi corazón egoísta, caprichoso, esclavo del placer, hedonista! ¡Quiero que Tú reines en mi corazón por medio suyo! ¡Quiero conquistar de una vez para siempre el Paraíso y que María me ayude, a que Tu palabra sea el centro de mi corazón!

Jesús: separa mi corazón de lo que no te pertenece. ¡Que yo pueda arrojar todos los miedos y los obstáculos que aún tengo y que me impiden vivir la verdadera libertad interior!

 ¡Quiero, ahora que comienza el Adviento, darte a Ti el primer lugar en mi vida y prepararme, para que en esta Navidad pueda renacer a una vida nueva; como renacieron los pastores que te adoraron en el pesebre de Belén!

¡Jesús: también yo te adoro desde ahora mismo, porque estás presente en el sagrario, en la hostia santa! ¡Jesús, quiero hacer de la próxima Navidad y de todas las que vendrán, la “fiesta de la adoración, a Ti por excelencia”! No permitas que el activismo, el consumo o el hedonismo, separen mi corazón de lo primero, que como creyente, cuenta para Ti: mi conversión.

 
 
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