Reflexión del Mensaje de la Santísima Virgen
María Reina de la Paz

Por el Rev. Padre Francisco Verar
(Asesor del Movimiento María Reina de la Paz en Hispanoamérica - Panamá)

Octubre 2005

"¡Hijitos, crean, oren y amen, y Dios estará cerca de ustedes. El les dará las gracias que le pidan. Yo soy un don para ustedes porque Dios me permite día a día estar con ustedes y amarlos a cada uno con un amor inconmensurable. Por eso, hijitos, en oración y humildad abran sus corazones y sean testigos de mi presencia. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!"

Ante todo, debemos precisar que la Virgen inicia el mensaje de este mes en forma diferente. Habitualmente nos dice: “Queridos hijos: Hoy...”. Y en esta ocasión, sin embargo, comienza con la expresión “hijitos”. Lo cual evoca más ternura y dulzura. Quizá es también una advertencia ya que cambia el tono de dirigirse a nosotros. Seguramente, de esta manera, quiere llamar la atención a sus hijos. Luego, en lugar de decir “hoy los invito...” pasa de inmediato al mensaje. Y esto también es indicativo. Porque nos hace pensar que el mensaje nos es solamente para el mes. En tal caso, podría resumir los anteriores, presentándonos además, un hermoso programa espiritual en forma de síntesis.

Recordemos, por otra parte, que este mensaje se da en ocasión del mes del rosario y cuando con un esperanzador sínodo, la Iglesia concluye el Año de la Eucaristía en el día mundial de la misiones.

La Virgen dice: “Hijitos: Crean, oren y amen y Dios estará cerca de ustedes”.

En realidad, para que Dios esté cerca de nosotros, no debemos ni creer, ni orar, ni amar. Porque Dios es un buen Padre y para estar cerca de nosotros no son necesarios estos actos de piedad. Dios es amor y es omnipresente. Está en todas partes y siempre pendiente de cada una de nuestras necesidades. Seguramente, ¡mucho más de lo que la gente se imagina! Un buen padre, que vela por sus hijos, no espera que sus hijos le invoquen y acudan a Él para ayudarles. En tal caso, Él proveerá de forma anticipada y nunca dejará de acompañarlos providentemente. Entonces, el mensaje de la Virgen, no vendría ha contradecir lo que ya Su Hijo nos enseñó en el evangelio cuando dice, efectivamente, que “el Padre del cielo sabe de que cosas tenemos necesidad”. Entonces: ¿En qué sentido la Virgen nos puede decir: “Hijitos: Crean, oren y amen y Dios estará cerca de ustedes”?

A mi modo de ver: es a partir del afecto que el corazón del hombre experimenta, acerca de la presencia de Dios, cuando ejercita esos tres actos de piedad. Es decir, si el hombre se abre a la fe, cree, ora y ama, el corazón, indudablemente, se sentirá más cerca de Dios. El hombre que más cree, más ora y más ama, más experimenta a Dios. Y el que menos cree, menos ora y menos ama, menos lo experimenta. No porque la presencia de Dios en el hombre esté condicionada de la fe, la oración y el amor, sino, porque el corazón se siente “cerca” de Dios cuando cree cuando ora y cuando ama. Y la Virgen quiere que sus hijos se sientan siempre cerca de su Padre. Es como cuando un enamorado quiere que su pareja se “sienta” cerca de él, aunque físicamente no lo esté.

Dios está muy cerca de nosotros y muchos no lo sienten cercano porque no oran, no aman y no creen.

Lo que la Virgen desea, es que el creyente experimente lo que ante Dios es siempre una realidad: Que Dios siempre está cerca de sus hijos. Entonces, el sentimiento de la presencia de Dios en el corazón depende del ejercicio de la fe. El hombre es lo que vive, lo que hace. Ya había escrito san Pablo casi dos mil años atrás: “que el hombre que vive en la carne desea lo carnal y quien vive en el Espíritu desea lo espiritual”. Y Jesús dijo que “la carne no sirve de nada”. Y que: “mis palabras son espíritu y son vida”. Quien escoge el mundo deseará lo que el mundo le ofrece y quien elija a Dios, y le dé, como dice la Virgen el “primer lugar en su vida” deseará lo que Dios le ofrece. El hombre es lo que vive. Por eso dice María: “Hijitos: Crean, oren y amen, y Dios estará cerca de ustedes”. Es como si dijera: “de esta manera lo sentirán, se darán cuenta que vive en ustedes”.

Hay gente que quiere experimentar a Dios y no oran lo suficiente. No aman. No tienen fe. La Virgen como madre sabe lo agitado que está el mundo en el que vivimos y es conciente del activismo en el que han caído muchos de sus hijos. Cuando una buena madre se da cuenta de los errores de sus hijos les habla con ternura y le advierte donde están las faltas. Eso es lo que hace María con nosotros.

Además, este mensaje, es como una síntesis de los anteriores. Viene como conclusión de un ciclo de “llamados”. Propio cuando concluye el “Año de la Eucaristía”. Veamos en él las “proposiciones” de la Virgen para vivir cuanto la Iglesia nos ha enseñado en este Año: Creer, orar y amar para vivir la eucaristía. Es todo un programa de vida. Es un secreto espiritual para que muchos recuperen el “primer amor” con el Señor. Para que renueven el fuego de la presencia viva de Dios en sus almas. Los tres verbos son inseparables y vienen a ser como las coordenadas principales de la vida espiritual de un hijo de María. Las tres coordenadas, por lo demás, que la misma Biblia subraya de la vida espiritual de María en la tierra: mujer por antonomasia de fe, de oración y de amor.

La Virgen también dice en el mensaje: “Él les dará las gracias que ustedes buscan”. Esta parte del mensaje también es muy importante. Porque Dios es justo y sabe recompensar a quien más se esfuerza en buscarle. La vida de los santos lo corroboran. Si no fuera si, no tendría algún mérito esforzarse en la vida espiritual y no tendría sentido lo que ya Jesús afirmó cuando dijo: “que el reino de los cielos lo arrebatan los valientes”. Y que “la puerta que conduce a la salvación es angosta y son pocos los que entran por ella”.

Muchos quieren recibir gracias especiales pero no quieren moverse. En la historia de la Iglesia hay casos de santos que llegaron hasta resucitar muertos, como san Antonio de Padua y san Martín de Porres. Y lo hicieron porque eran almas que oraban mucho, hacían penitencia, tenían una gran fe sobre todo, amaban a Dios y al prójimo.

La Virgen dijo en un mensaje: “ustedes quieren recibir gracias pero no quieren orar y por lo tanto, aunque quisiera, no los puedo ayudar porque no quieren moverse”. Entonces, es sencillo: más gracias recibe quien más cree, más ora y más ama. El problema es que estamos en un mundo materializado y el hombre se transforma, sin darse cuenta, en lo que el mundo le ofrece; aunque tenga sus convicciones cristianas. Por eso la presencia de la Virgen es un gran Don. Viene a corregir las cosas. En efecto, Ella ha dicho: “Yo soy un Don para ustedes porque Dios me permite día a día estar con ustedes y a amarlos a cada uno con amor infinito”.

María reconoce en el cielo que el amor que Ella tiene para nosotros es un don que ha recibido de Dios para nosotros. Creo que también nosotros debemos reconocerlo.

Con María apareciéndose todos los días en Medjugorie por 24 años y 4 meses, la Iglesia tiene una gran oportunidad para renovarse. Para evitar los males que el mismo hombre ha preparado con su indiferencia hacia Dios. Por otra parte, en el mensaje de este mes, la Virgen vuelve a utilizar una expresión hermosísima que en mensajes anteriores ya había puntualizado: “Yo los amo a cada uno con un amor infinito”. A mi modo de ver, esto significa dos cosas: que el amor del paraíso que Ella tiene para nosotros es infinito. La eternidad no termina. Las almas que gozan de la visión beatífica de Dios aman por la eternidad. Como Él. Por otra parte, la Virgen espera que sus hijos no se conformen pensando que ya han experimentado todo Su amor. En otras palabras, nos está invitando a acercarnos más a Ella. Recordemos como en un mensaje dijo: “Queridos hijos: ¡si ustedes supieran cuanto los amo llorarían de alegría!”

Por último dice: “Por eso, hijitos, en oración y humildad abran sus corazones y sean testigos de mi presencia”. Esta última parte, también es importante. Es un “envío”. A no quedarnos solamente en la devoción piadosa de María, sin ser sus testigos en el mundo. La Virgen quiere que la ayudemos a salvar almas. Ella dijo en una ocasión: “No pido nada para mi misma sino por la salvación de ustedes”. Luego, ayudemos a María ayudándonos a nosotros mismos. Cuando en “oración y humildad” abrimos el corazón a Dios y a su amor. Sólo de esta manera podremos ser verdaderos testigos del plan que María trae al mundo. La “evangelización” comienza por uno mismo.

Hoy día con facilidad los jóvenes aprenden a utilizar un nuevo programa de computadoras. Los niños aprenden los juegos de video. Muchos profesionales se esmeran en adquirir más títulos... y sin embargo, podríamos decir, el hombre se aleja cada vez más de Dios. Basta ver las leyes que está haciendo en perjuicio de la humanidad cuando legaliza el aborto, con el divorcio express, el matrimonio de homosexuales, etc. Como ha dicho la Virgen: “el hombre vive como si Dios no existiera”. Y en el fondo, porque no ha aprendido a abrirle el corazón a Dios. Muchos no saben mandar en su corazón.

Una vez leí que cuando uno de los tres astronautas norteamericanos fueron a la luna, uno de ellos cuando se vio en el espacio, comentó irónicamente que “no había visto el cielo”. Y por consiguiente, Dios no existía. Yo reflexione de inmediato y pensé: “a veces puede ser más fácil aprender a conducir una nave al espacio y llegar hasta luna, que a prender a dirigir el corazón hacia Dios”. El punto está, que para el hombre moderno, aprender a manejar un cohete espacial tendría más mérito que experimentar a Dios en el corazón. Pero para Dios no es así.

“¡Qué difícil”, dijo Jesús, “es que un rico entre al reino de los cielos!” No por ser rico, seguramente, porque Jesús tenía amigos ricos, sino por no abrir el corazón a Dios a causa de las riquezas. Y eso se aplicaría además hoy: a causa del trabajo, a causa de los estudios, a causa de las diversiones, etc.

Entonces, pensemos en lo que más cuenta para Dios y busquemos primero Su reino y todas las demás cosas nos vendrán por añadidura.

¡Sea alabado Jesucristo!

 
 
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