Reflexión del Mensaje de la Santísima Virgen
María Reina de la Paz

Por el Rev. Padre Francisco Verar
(Asesor del Movimiento María Reina de la Paz en Hispanoamérica - Panamá)

Septiembre 2006

"Queridos hijos: También hoy estoy con ustedes y los invito a todos a una conversión total. Decídanse por Dios, hijitos, y encontrarán en Dios la paz que busca su corazón. Imiten la vida de los santos, y que ellos sean un ejemplo para ustedes; yo los alentaré todo el tiempo que el Altísimo me permita estar con ustedes. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!"

Es significativo que tengamos presente, que el mensaje más importante que la Virgen da en Medjugorie es siempre la conversión; que dicho sea de paso, es lo más difícil. Porque cuando se habla de conversión, además de dejar el pecado, la Virgen nos invita a dirigir el corazón hacia Dios.

En el Nuevo Testamento escrito en griego, tenemos dos palabras que traducen al español el vocablo «conversión». La primera es «metanoein» y la segunda «epistréfein». La primera expresa un cambio de espíritu, es decir: arrepentimiento, mientras que la segunda manifiesta un cambio de dirección, o sea: dirigirse a Dios. Entonces, cuando en la Biblia se habla de conversión se habla de un arrepentimiento por haber ofendido a Dios mientras el corazón se dirige a Él. Si hay arrepentimiento y el corazón no se dirige a Dios, no hay conversión. Como puede ocurrir, por ejemplo, en la culpa del paciente que maneja un psicólogo o psiquiatra. Por otro lado, si el corazón se dirige a Dios, sin arrepentirse por haber pecado, tampoco se puede dar la conversión. Como puede ocurrir con el pietismo; propio de los fariseos hipócritas que pensaban que su corazón estaba sano delante de Dios, cuando en realidad, vivían sumergidos en el pecado. Entonces, cuando la Virgen nos invita a la conversión no quiere que nuestra vida transcurra en la culpa sin que busquemos el perdón de los pecados. Y por otra lado, no quiere que seamos como los fariseos hipócritas que vivían pensando que no tenían pecado disfrazando su relación con Dios con largas oraciones, ayunos y diezmos. Convertirse significa, entonces: —«Dirigir el corazón a Dios, con el convencimiento sincero de haberle ofendido por los pecados cometidos —que supone arrepentimiento, dolor y reparación— con el firme propósito de no pecar más». Y la Madre quiere, conjuntamente, que nuestra conversión sea «total». Y esto ¿que quiere decir? A nuestro modo de ver conllevaría tres actitudes fundamentales: La primera se refiere a un acto de la voluntad; la segunda a un rompimiento con toda clase de pecados: mortales y veniales; y la tercera, a la opción radical por la virtud.

En cuanto a la primera actitud, es menester recordar que de nuestra voluntad depende todo. En otras ocasiones la Virgen ha dicho que —«debemos orar para que Dios nos de una firme voluntad». Seguramente, cuando lo pidió estaba pensando en nuestra conversión. Sin la voluntad personal es imposible dirigir el corazón a Dios y es imposible renunciar al pecado. Mucha gente en el mundo tendrá el deseo de cambiar de vida y de poner a Dios en el primer lugar de su corazón, pero si no tienen voluntad firme todo quedará en palabras. Y la Virgen no quiere palabras sino hechos. Ya lo dijo Homero en la Iliada: —«Las palabras conmueven pero el ejemplo arrastra». Quizá, en algunos habría que comenzar el proceso de conversión, pidiendo en la oración continua, el don de la «firme voluntad».

En cuanto a la segunda actitud, habrá que hacer un buen examen de conciencia porque sin el examen de conciencia no puede haber arrepentimiento. Y el examen de conciencia debe hacerse ante las palabras y vida de Nuestro Señor Jesucristo. Jesucristo es nuestra norma de vida, no lo que enseña el mundo. Si nuestra mente y corazón no están dirigidos a Él jamás sabremos de qué convertirnos. El Catecismo de la Iglesia Católica recomienda, antes de cada Confesión, hacer el examen de conciencia a la luz de la Palabra de Dios. Y dice, que «los textos más adaptados a este respecto, se encuentran en la catequesis moral de los evangelios y de las Cartas de los Apóstoles». En concreto, menciona el Sermón de la montaña (Mt 5-7) y los textos de Romanos 12-15; 1 de Corintios 12-13, Gálatas 5 y Efesios 4-6 (cf. CIC 1454). Quien desea convertirse debe tomar estos textos con seriedad y tomar la firme decisión de vivir como Jesús enseñó. Por otro lado, recordemos que es en la Confesión donde en realidad se vive la conversión. La Virgen ha dicho: —«no existe en la tierra una sola persona que no tenga necesidad de confesarse, al menos, una vez al mes».

En cuanto a la tercera actitud, es obvio que además de renunciar al pecado, hay que abrazar la virtud. Por que si se renuncia al pecado con una voluntad firme y no se abraza la virtud, tampoco puede haber verdadera conversión, ya que la santidad depende del ejercicio de la virtud. Entonces, habrá que conocer y asimilar debidamente las virtudes teologales de la fe, esperanza y caridad, y las morales de justicia, fortaleza, templaza y prudencia. Y la Virgen no ha venido a complicarnos la vida, si no a ayudarnos a vivir nuestra vocación universal a la santidad. Por ello nos invita también a imitar la vida de los santos. Un hijo de María Reina de la Paz —además de la Biblia— debe tener siempre como libro de cabecera la vida de los santos de manera que les sirva de ejemplo su vida. En ellos se cumplió plenamente la voluntad de Dios.

También la Virgen ha dicho en el mensaje de este 25 de septiembre: —«decídanse por Dios y encontrarán la paz que su corazón busca». Esto es interesante porque la paz del corazón no depende de la salud, de evitar problemas, de la solvencia económica, de las diversiones que se realicen, del descanso, o, inclusive, de la salud física… sino de la relación que cada uno pueda tener con Dios. Esto lo ha repetido la Virgen muchas veces y este mes nos lo vuelve a recordar. La Virgen sabe como Madre, que la paz verdadera depende de la conversión a Dios. Por eso dice: —«decídanse por Dios y encontrarán la paz que su corazón busca». Entonces, debemos acercarnos a Dios y buscar que los demás se acerquen a Él ya que Él es la fuente de la vida, es la paz del alma, es la verdadera salud. Más que cualquier técnica, la verdadera paz está sólo en Dios. Un día dijo la Virgen acerca de las técnicas de meditaciones orientales: —«¿por qué le llaman ustedes meditaciones cuando son obras puramente humanas? La verdadera meditación es un encuentro con Jesús salvador. En Él encontrarán la alegría y la paz.»

Por último, debemos recordar, que la conversión también es una disposición diaria y permanente del corazón. No es algo que se viva en un sólo momento de forma mecánica, porque todos los días tenemos que luchar contra el pecado y todos lo días tenemos que poner a Dios en primer lugar en nuestro corazón. También todos los días tenemos que ejercer la virtud. Es así como se vive la conversión completa que la Virgen desea de nosotros. Y sin oración continua esto es imposible. Optar por la conversión es decidirse, además, por la oración, y decidirse por la oración significa convertirse.

También la Virgen en el mensaje de este 25 mencionó: —«Imiten la vida de los santos, y que ellos sean un ejemplo para ustedes». Esta frase es fundamental en el mensaje y podemos ver en ella una preparación para la solemnidad de todos los Santos que celebraremos el próximo primero de noviembre. Muchas veces en sus mensaje, la Virgen ha invitado a los fieles a imitar la vida de los santos. María desea que todos sus hijos abracen la santidad teniendo a los santos de modelo. Ellos, no sólo son intercesores ante Dios. También son nuestros modelos de vida. Tengamos presente que uno de los motivos de la venida de la Virgen es el de conducir a sus hijos a la santidad.

También en el mensaje mencionó: —«Yo los alentaré todo el tiempo que el Altísimo me permita estar con ustedes.» Esta frase es muy significativa porque la ha repetido dos veces seguidas en el pasado mes de septiembre. ¿Qué puede significar? Por un lado: que debemos tomar conciencia de la importancia de su venida a la tierra en esta hora particular de la historia. Consideremos, no obstante los 25 años de apariciones diarias que transcurren, aun muchos corazones en la Iglesia no se han abierto a la venida de la Virgen y estas apariciones, como María ha dicho: —«son las últimas para la humanidad». Luego, la Madre una vez más, nos recuerda la importancia de su visita. Ella continúa con nosotros alentándonos a la conversión porque es un don de Dios su presencia en este lugar. La Virgen resume en una palabra, la razón de su venida: «alentar»; expresión que en el original croata también se puede traducir por: animar, motivar, incitar… ¡Medjugorie, entonces, representa una gran esperanza para la humanidad! La Virgen está ejerciendo aquí un apostolado único, y como nunca se dio en la historia. Medjugorie es una relectura atenta de María del evangelio de Su Hijo. Es una actualización de cuanto Cristo enseñó, de cara a los tiempos modernos.

Por otra parte, en la última frase del mensaje, la Virgen nos pone en alerta para que no descuidemos la vivencia de cuanto nos está diciendo porque el tiempo de su presencia en incierto: ¡sólo Dios lo sabe! Y quizá, de cuanto nos ha dicho en este mensaje, esto es lo más trascendente: «yo los alentaré todo el tiempo que el Altísimo me permita estar con ustedes». Entonces, seamos dóciles a María, acogiendo cada una de sus palabras con amor para que den fruto en nuestros corazones y ese fruto permanezca.

¡Sea alabado Jesucristo!

 
 
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