Reflexión del Mensaje de la Santísima Virgen
María Reina de la Paz

Por el Rev. Padre Francisco Verar
(Asesor del Movimiento María Reina de la Paz en Hispanoamérica - Panamá)

Agosto 2009

"¡Queridos hijos! Hoy los invito nuevamente a la conversión. Hijitos, ustedes no son suficientemente santos y no irradian santidad a los demás, por eso oren, oren, oren y trabajen en la conversión personal para que sean signos del amor de Dios para los demás. Yo estoy con ustedes y los guío hacia la eternidad que cada corazón debe anhelar. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!"

 
 

En el mensaje de este mes, la Virgen nuevamente nos invita a la conversión. Recordemos que la conversión es siempre el más urgente y el más importante mensaje que la Virgen nos presenta en Medjugorje, y que, Medjugorje en sí, es un programa de conversión, una pedagogía materna de María que busca transformar la vida de cuantos se abren a la gracia de Dios. Todo se resume en eso. Si se reza el rosario, si se cultiva una especial devoción a la Madre de Dios suscitada por su presencia prolongada en Medjugorje, a razón de estos 28 años, pero se ignora el cambio de vida, no se entiende lo que es Medjugorje; el porqué María se aparece.

La Virgen ha dicho de otra vez: «¡Queridos hijos! Hoy los invito nuevamente a la conversión». Entonces, cada cual debe pensar cómo responder a ese llamado y si ha tomado en serio la conversión evangélica. Recordemos que sin la conversión evangélica no podemos ser auténticos discípulos de Jesús. La conversión no nos la impone la Virgen, no es algo nuevo. Es el principal llamado que el Señor hizo a sus discípulos. Tengamos en cuenta que cuando Jesús comenzó a predicar, sus primeras palabras fueron una exhortación al cambio de vida: «Conviértanse, porque el Reino de los Cielos ha llegado» Mt 4:17. Y en resumen, también podemos agregar, que la conversión es el fin último de cuanto Jesús enseñó. Entonces, todo el evangelio es un gran llamado a cambiar de vida para abrazar la “novedad” del Reino. Convertirse, pues, es responder a Jesús, abrirse a Él.

Además, podemos tener presente, que la palabra conversión traduce del griego bíblico dos términos: metanoein —que se puede traducir por arrepentimiento— y epistréfein —que se puede traducir por cambio de rumbo, cambio de dirección. La conversión abarca, pues, ambas cosas: arrepentimiento de los pecados y dirigir el corazón hacia Dios, ponerlo a Él en el centro de todo. ¡Eso quiere la Virgen! Quiere que Dios ocupe el primer lugar en nuestro corazón y que reine siempre su voluntad en nosotros; como decimos cada vez que rezamos el Padre nuestro. La Madre quiere que nuestros corazones sean dirigidos por Dios y que apartemos de nuestra vida cuanto le pueda ofender. Y para cumplir con eso hay que examinar debidamente la conciencia cada día y acudir como se debe al sacramento de la Reconciliación. Muchos acuden al sacramento de la confesión sin sacar el debido provecho de él. Y este año especial dedicado a los sacerdotes, es una buena oportunidad para reencontrarse con los beneficios de este sacramento, y tener presente, que, de seguirse las debidas disposiciones el Primer Jueves de cada mes —como ha determinado la Santa Sede—, se puede lucrar la Indulgencia Plenaria. Entonces María, una vez más, nos pide que no descuidemos lo esencial en el seguimiento de Jesús: cambiar de vida, dirigirnos siempre a Dios y renunciar al pecado para ser testigos suyos en el mundo. Por eso la Madre dice: «Hijitos, ustedes no son suficientemente santos y no irradian santidad a los demás». Entonces debemos pensar en el reto de ser santos y llevar con nuestra vida el ejemplo de virtud a los demás. Si la Virgen lo pide es porque Ella sabe que se puede. Podemos calcular a cuantos puede llegar esta exhortación de María. Sin embargo, puede ser muy difícil imaginarnos cuantos responderán con seriedad al llamado a la santidad. Recordemos que la Virgen quiere que cada uno que la escucha sea en realidad santo. Pero sin trabajar en el corazón es imposible la tarea. Ahora, ¿Cómo se puede asumir con seriedad el compromiso a la santidad al que la Virgen nos invita? En el mensaje, Ella puntualiza dos cosas: la oración continua y trabajar en la conversión.

En relación a la oración continua recordemos, que en el mensaje anterior la Madre mencionó: «Queridos hijos que este tiempo sea tiempo de oración». Y, en el mensaje de este mes, dijo algo parecido: «Oren, oren, oren». En el fondo es un mismo llamado con dos expresiones diversas. La Virgen pudo también este mes, decir: «este tiempo es tiempo de oración». Sin embargo, dijo: «Oren, oren, oren». Considérese que es un mismo llamado dicho con expresiones diversas. ¿Por qué? La respuesta es simple: para convencernos de orar. Si no lo asimilamos de un modo podríamos entenderlo de otro. Lo que importa es responder, que se saque el tiempo para estar cada día con Dios y que la oración sea un verdadero diálogo de amor con Él. ¡Lo que puede resultar sorprendente es, que con tantos llamados que la Madre ha hecho al respecto y haberlo escuchado de maneras diversas, aun muchos no quieran asumir el compromiso!

Cuando la Virgen llama a la oración está pidiendo: rezar el rosario (tres partes cada día), la meditación cotidiana de la Palabra de Dios, la adoración a Jesús Sacramentado, la participación en el grupo de oración, la oración en familia, repetir jaculatorias durante la jornada y sobre todo tener el corazón abierto a Dios. Además, se debe considerar, que la oración es siempre un compromiso por cambiar de vida, por ser cada día mejor a fin de irradiar la santidad. Por lo que hay que tomar en serio trabajar en el propio corazón.

En el mensaje hay una parte que también conviene destacar «para que sean signos del amor de Dios para los demás». Y esta frase se puede enlazar con el mensaje del 14 de agosto de este año en la Colina de las Apariciones, cuando mencionó: «Queridos hijos que un río de amor brote de sus corazones» Entonces, la santidad no es otra cosa, que ser testigos del amor de Dios en el mundo sin llegar a ofenderlo con el pecado.

En el mensaje la Madre al final dice: «Yo estoy con ustedes y los guío hacia la eternidad que cada corazón debe anhelar» La presencia a la que se refiere la Virgen es una presencia eclesial en tres dimensiones. Por una parte se debe entender que como Madre de la Iglesia, intercede desde el cielo por cada uno de sus hijos, que está presente en toda la Iglesia universal. Pero, por otra parte, también debe entenderse que debido a sus apariciones diarias en Medjugorje está de una manera privilegiada en esta Hora particular de la historia. Y por último, también debe entenderse que está cerca de quien más la invoque, de quien más la ame, de quien más le rece, de quien más le abra el corazón. Al decirnos la Virgen «Yo estoy con ustedes», no está invitando también a acogerla y a aceptarla como Madre y Abogada nuestra.

Al final nos recuerda que una de la razones del porque está con nosotros es para guiarnos hacia la eternidad. Esa frase es muy específica.  También en otros mensajes ha dicho que nos conduce la salvación o hacia la vida eterna. En fin, la Madre quiere que cada uno de sus hijos, al concluir su vida terrena, pase de inmediato a disfrutar la recompensa eterna. Luego, María es un recurso seguro para la salvación. Razón por la cual también se le llama «Puerta del Cielo».

¡Sean alabados los Sagrados Corazones de Jesús y de María Reina de la Paz!

 
 
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