Comentario del Mensaje del 25 de Julio de 2013
desde Medjugorje, Bosnia-Herzegovina y reflexión del P. Francisco Ángel Verar Hernández

Medjugorje Gospa
 

“¡Queridos hijos! Con alegría en el corazón, a todos los invito a vivir su fe y a testimoniarla con el corazón y el ejemplo en todas sus manifestaciones. Hijitos, decídanse por estar lejos del pecado y de las tentaciones, y que en vuestros corazones estén la alegría y el amor por la santidad. Yo, hijitos, los amo y los acompaño con mi intercesión ante el Altísimo. Gracias por haber respondido a mi llamado.”

 
 

Al momento están presentes en Medjugorje todos los videntes. Vicka, Marija e Iván siguen con las apariciones diarias a las 18:40, Ivanka una vez al año el 25 de junio a razón del Aniversario; Jakov el 25 de diciembre y Mirjana tiene la aparición anual el 18 de marzo y el 2 de cada mes en ocasión de la “oración por quienes no experimentan el amor de Dios en sus corazones”. Asimismo, Iván tiene apariciones extraordinarias con los peregrinos en la Colina o en la Cruz Azul, los lunes o los viernes. La vidente Marija continúa recibiendo el mensaje el 25 de cada mes. Igualmente, este año se desarrolla el Festival Internacional de la Juventud del 2 al 6 de agosto.

1. Vivir la fe y testimoniarla con el corazón.

El mensaje que la Madre nos da para este mes, comienza con las palabras: “Queridos hijos, con alegría en el corazón...”. Obsérvese, que en lugar de decir como en otras ocasiones: “Queridos hijos, también hoy los invito…” ha dicho este mes: “con alegría en el corazón”. Probablemente el cambio en la expresión se deba, a que la Virgen quiere subrayar este mes, el estado de felicidad permanente que disfruta en el Paraíso, y con ello —pese a las dificultades que sus hijos puedan padecer—, a invita a todos a compartir en algo esa felicidad y vean el futuro con optimismo.

Luego dice: “a todos los invito a vivir su fe y a testimoniarla con el corazón y el ejemplo en todas sus manifestaciones”. En nuestra opinión, es este el corazón de la nueva llamada. Recuérdese que estamos celebrando el Año eclesial de la fe y tan sólo unos días antes que la Madre hiciera esta nueva llamada, el Papa Francisco publicó su primera Encíclica precisamente sobre la fe. De hecho, como se ha afirmado, es el único documento Pontificio redactado a cuatro manos, es decir, fruto del magisterio de 2 Papas. Y con la llamada que la Madre hace, se crea un vínculo con lo que el Pontífice solicita. De esta manera, el mensaje de la Madre constituye una especie de síntesis de cuanto el Papa Francisco ha escrito y ha solicitado a la Iglesia. Se percibe una vez más, que la Madre se adapta a la llamada de la Iglesia; característico elemento de los mensajes de Medjugorje.

La Virgen ha dicho: “a todos los invito a vivir su fe y a testimoniarla con el corazón y el ejemplo en todas sus manifestaciones”. Recuérdese que el contenido fundamental de la fe de la Iglesia Católica se expone en los 12 artículos del Credo, y si la Madre pide vivir la fe, es obvio que solicita que se conozca la doctrina de la Iglesia Católica expuesta en el Catecismo universal, porque de lo contrario sería imposible vivir lo que no se conoce. También al inicio del Año, la misma Iglesia nos motivó a conocer esta fe y a asistir, al menos, a tres lecciones del Catecismo de la Iglesia a fin de lucrar —con las condiciones habituales—, la Indulgencia Plenaria. Por lo tanto, no se debe dejar pasar este Año sin acoger la invitación que la Iglesia y Su Madre nos hacen. Obsérvese que es el mismo Espíritu que hace la misma llamada por 2 vías distintas. ¡Ahora sólo queda responder! Y el primero paso, como se ha afirmado, es conocer la fe por medio del estudio del Catecismo universal. Es probable que la Virgen también destaque esta llamada, frente a la imposición sutil materialista y hedonista que domina el mundo actual. Por lo que es imperativo que en toda circunstancia y ocasión, en todas las expresiones posibles, la fe cristiana católica sea vivida y testimoniada con el corazón. Y para poner en práctica la tarea, también es necesario conocerse así mismo a fin de aceptar los desafíos que en todas las circunstancias la fe es sometida a prueba: el hogar, los centros educativos, la recreación y el deporte, las relaciones afectivas y laborales… En suma, en cada acontecimiento y lugar.

2. Alejarse del pecado y de las tentaciones.

También la Virgen dice en el mensaje: “Hijitos, decídanse por estar lejos del pecado y de las tentaciones, y que en vuestros corazones estén la alegría y el amor por la santidad”. En la exhortación de este mes, la Madre recuerda, además, que para poder cumplir con la llamada del testimonio de la fe, es necesario permanecer “lejos del pecado y de las tentaciones”, toda vez que el pecado esclaviza al hombre y le imposibilita vivir en plenitud la fe. La persona que no rompe con las ataduras del mal, se convierte en piedra de obstáculo para sí mismo y para los demás. Por consiguiente, cabría formular la pregunta: ¿qué se necesita para que una persona se “aleje del pecado y de las tentaciones”? Todo indica que hay que comenzar conformando la conciencia a la voluntad de Dios, en lugar de conformarla al mundo. Porque en muchos, la conciencia no le advertirá la gravedad de sus actos cuando de suyo son, intrínseca y objetivamente, deshonestos. Entonces, “alejarse del pecado y de las tentaciones”, significa: afinar la conciencia y conocer la Palabra de Dios, para que sea ella el indicador de dirección, la que juzgue y determine cuanto ofende y transgrede la Ley de Dios. Obsérvese que ya el Papa Pablo VI mencionó en cierta ocasión que “el gran pecado del mundo de hoy es haber perdido la conciencia del pecado”. Entonces, cuando la Virgen dice: “aléjense del pecado y de las tentaciones” invita a sus hijos a que se interesen en sus actos y descubran lo que de ellos ofendan a Dios.

Por otro lado, no se olvide, que también para “alejarse del pecado y de las tentaciones” es necesario experimentar el amor de Dios y abrirle el corazón a Jesucristo. Simón Pedro, por ejemplo, se dio cuenta que era un pecador cuando vio sus redes repletas de los peces que había sacado a la orden de Jesús. Zaqueo reconoció su miseria cuando percibió la mirada que el Señor le dirigió mientras lo invitaba a descender del árbol para hospedarse en su casa. La pecadora pública le pidió perdón a Jesús al tocarle sus pies y bañárselos con sus lágrimas. Las palabras de la Virgen: “aléjense del pecado y de las tentaciones” son también una invitación a experimentar el amor de Dios y encontrarse con Jesucristo.

3. En vuestros corazones estén la alegría y el amor por la santidad.

La tercera parte del mensaje es muy importante: explica la razón del porqué la Virgen invita a sus hijos a “alejarse del pecado y de las tentaciones” y esclarece, una vez más, la razón de las apariciones de Medjugorje, porque todo obedece a la santidad. Quien después de 32 años de visitas celestiales continuas no ha tomado con seriedad la santidad en su vida, no ha entendido en nada el mensaje de María al mundo. Y téngase en cuenta, por lo demás, que esta llamada no es nueva, porque es la misma que Jesús pidió en su ministerio público a sus discípulos, y si se quiere ir más lejos, es lo que Yahvé pidió a Israel en el desierto cuando estableció la Alianza con su pueblo.

La llamada, o mejor dicho, la decisión por la santidad según el mensaje de este mes, hay que responderla con alegría y amor, no por obligación, imposición o coacción; no como algo pesado e insoportable de vivir, sino con el corazón, con entusiasmo. Con la expresión de “con alegría y con amor” la Madre advierte a sus hijos que la santidad es posible para todos y que no es difícil de vivir. Solo queda abrazarla y decidirse por ella.

4. Amor incondicional e intercesión materna.

Al final del mensaje la Virgen dice: “Yo, hijitos, los amo y los acompaño con mi intercesión ante el Altísimo.” Especifica primero que su amor materno acompaña incondicionalmente a sus hijos y de esta manera, sugiere que se le abra la puerta del corazón de par en par. Porque quien puede experimentar el amor de María es quien se rinde a él. Menciona también: “los acompaño con mi intercesión ante el Altísimo.” Es una manera de decir: “no están solos, no olviden que estoy con ustedes…yo no los dejo nunca”. Entonces, por medio de la intercesión de María, a nadie le debe ser difícil vivir la santidad. Bastaría sólo la decisión personal. No defraudemos a la Madre.

P. Francisco A. Verar

 
 
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