Reflexión del Mensaje de la Santísima Virgen
María Reina de la Paz

Por el Rev. Padre Francisco Verar
(Asesor del Movimiento María Reina de la Paz en Hispanoamérica - Panamá)

Julio 2005

“¡Queridos hijos! También hoy los invito a llenar su jornada diaria con pequeñas y fervorosas oraciones. Cuando oran su corazón está abierto y Dios los ama con amor particular y les regala gracias especiales. Por lo tanto, utilicen este tiempo de gracia y dedíquenlo a Dios; ¡ahora más que nunca! Hagan novenas de ayuno y de renuncias para que Satanás se aleje de ustedes y la gracia permanecerá alrededor de ustedes. Yo les estoy cerca e intercedo por cada uno de ustedes. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!”

Luego de las celebraciones del 24º aniversario de la primera aparición de la santísima Virgen en Medjugorie, nos viene este hermoso mensaje con el cual podríamos ver, como el inicio del tiempo de preparación del próximo aniversario, cuando cumpliremos las bodas de plata de este gran evento mariano. La Virgen dice: “Queridos hijos: También hoy los invito a llenar su jornada diaria con pequeñas y fervorosas oraciones.” Todos conocemos en la tradición de la Iglesia la importancia que tienen las jaculatorias. Son pequeñas oraciones fervorosas que nos ayudan a vivir durante el día en la presencia de Dios repitiéndolas mentalmente; las denominadas oraciones de “flecha o lanza” dirigidas a Dios. De ahí su significado etimológico en latín.

La Virgen desde el principio de sus apariciones, además de pedirnos rezar cada día, al menos, tres partes del Rosario, recomendó también, “llenar los espacios pequeños de la jornada cotidiana con pequeñas y fervorosas oraciones”, y más adelante dijo: “Queridos hijos: que la oración sea la vida de ustedes”.

En la Iglesia conocemos muchas de esas jaculatorias que la Virgen nos pide rezar durante el día. Algunas de ellas están tomadas de los Salmos, de la Biblia en general o del mismo Evangelio. Otras, en cambio, las conocemos a razón de revelaciones privadas como en el caso da la Medalla Milagrosa (¡oh María sin pecado concebida…!) del Sagrado Corazón de Jesús o de la Divina Misericordia (¡Jesús en ti confío!). Lo importante es considerar que en este mes, la Madre nos pide que llenemos los espacios de nuestra jornada diaria con jaculatorias; además de los momentos principales de la oración cotidiana: media hora en la mañana y media hora en la tarde.

En relación a las jaculatorias que podemos rezar durante el día, recordemos que la Virgen no impone alguna en particular. Sólo nos recomienda que “se llene la jornada diaria con pequeñas y fervorosas oraciones”, lo que supone, que conocemos muchas de ellas como prolongación o preparación de la celebración de la santa Misa y para llenar los espacios de la jornada cotidiana. Cada cual, pues, buscará las jaculatorias de su preferencia para rezarlas durante el día. La Virgen lo que desea es que nuestro corazón viva siempre unido a Dios y la oración sea la cadena de amor que lo ata a su creador.

También dice en su mensaje de este mes: “Cuando oran su corazón está abierto y Dios los ama con amor particular y les regala gracias especiales”. La oración para María es la llave que abre el corazón del hombre a Dios. Muchos pueden tener la intención de abrir el corazón a Dios pero sin oración es imposible. Cuando el hombre se decide a orar es cuando el corazón se abre. Una cosa trae como consecuencia la otra. No hay apertura del corazón si el hombre no comienza a dirigir su mente y sus sentimientos cada día a Dios. El Catecismo de la Iglesia Católica atinadamente, hablando de la oración, dice: “Que la oración es la elevación del alma a Dios o la petición de los bienes convenientes”. Entonces es importante orar para que el corazón se abra a Dios. La apertura del corazón a Dios la da la oración misma. El hombre que no ora tendrá dificultad para abrir su corazón a Dios. Pero el que ora tiene siempre la puerta abierta. Y cuando esto ocurre, la Virgen dice nos dice que “Dios los ama con amor particular y nos regala gracias especiales”. No porque el amor de Dios hacia nosotros esté condicionado por nuestra oración, sino por que la oración misma nos descubre su inmenso amor. Cuando el hombre ora es cuando es capas de experimentar el amor de Dios. Dios mismo le amará de un modo especial como recompensa de su búsqueda.

Dios que nos creo, sabe las dificultades modernas que tenemos los humanos para comunicarnos con Él. Y sabe que con frecuencia, podemos estar más en sintonía con el mundo que con Él. Y es lógico, que en un mundo donde hay tantas distracciones, Dios tenga mayor preferencia para mostrar Su amor especial, hacia a aquellos que le buscan con más empeño a través de la oración.

También dice la Virgen que Dios nos “regala gracias especiales”. Esto coincide con el evangelio, cuando Cristo nos dice que “hay que orar hasta que la puerta se abra”. Que el que busca recibe y quien llama se le abre”. Quien más ora, por consiguiente, más gracias especiales recibirá de Dios. La Virgen decía en una ocasión: “ustedes quieren recibir gracias especiales pero no quieren orar y si no oran, aunque les quiera ayudar, no les puedo conceder las gracias que necesitan” Entonces, las gracias especiales vienen de la oración misma. Cuando el hombre ora, experimenta la gracia de Dios, experimenta su paz, su amor, su alegría… en otras palabras se transforma en Él. El hombre se “diviniza” cada vez más. La mayor gracia que Dios nos puede conceder es que Él mismo viva en nosotros por medio de la oración. Entonces no hará falta nada más.

También en el mensaje la Virgen dice: “Por lo tanto, utilicen este tiempo de gracia y dedíquenlo a Dios, ahora más que nunca. Hagan novenas de ayuno y de renuncias para que Satanás se aleje de ustedes y la gracia permanecerá alrededor de ustedes”. Quizá sea esta la parte más importante del mensaje. La Virgen nos está pidiendo una respuesta determinante de santidad. Habla en primer lugar de utilizar este “tiempo de gracia”. Ya sabemos que cuando habla de “este tiempo de gracia” es el tiempo que trascurre de sus apariciones diarias en Medjugorie. Lo que venga después dependerá de la respuesta a sus mensajes. Por consiguiente, hay que ver el presente como un tiempo de misericordia, de amor y de una privilegiada “hora de María” frente a tantos desaciertos de la humanidad. Y esta hora de María es también la de “sus hijos” porque la Madre sin sus hijos no puede lograr la paz y salvación de las almas que espera. María quiere que la ayudemos en esta hora particular de la historia. Quiere interceder por la humanidad, quizá como nunca antes en la historia y por ello, nos suplica, insistentemente, que la ayudemos con nuestras oraciones y sacrificios. Quiere que de un modo especial, este tiempo este dedicado a Dios, como nunca antes. Seguramente la Virgen ve mejor que nosotros el peligro que nos acecha. Todos escuchamos amenazas de terrorismos, guerras, de uniones de homosexuales en matrimonios con adopción de niños, de legalización del aborto, eutanasia, de “divorcio express”, (como en España) pero todo eso no es más que una sombra de lo que está ocurriendo en el corazón del hombre con funestas consecuencias para la humanidad. Y lo peor, las consecuencias nefastas que puedan venir. La Virgen como madre está preocupada por nosotros y una vez más nos suplica que la ayudemos. ¿Cómo? Viviendo sus mensajes. Especialmente el de la oración con el corazón para que el corazón permanezca abierto a Dios y luego comenzar ayunar y hacer renuncias específicas a lo que pueda estar apegado el corazón.

En el mensaje de este mes hay una modalidad especial que la Virgen menciona: “Hagan novenas de ayuno y de renuncias para que Satanás se aleje de ustedes y la gracia permanecerá alrededor de ustedes”. Ya sabemos que cuando la Virgen ha hablado del ayuno no ha impuesto alguna forma particular. Sólo ha especificado que el mejor ayuno es el ayuno a pan y agua. Es decir: sustituir las tres habituales comidas del día por sólo pan y agua. Y si ahora nos pide que hagamos novenas de ayuno, es de suponer que alguno podrá responder con novenas de ayuno a pan y agua. Para quienes escucharon el mensaje de la Virgen el 14 de agosto de 1984 cuando pidió ayunar todos los miércoles y viernes a pan y agua, ahora nos les será difícil ayunar a pan y agua nueve días. Pero para quienes escuchan hablar de ayuno por vez primera y para aquellos que nunca lo han hecho, les será prácticamente imposible ayunar nueve días. Recordemos que la Virgen es una buena Maestra y que poco a poco está trabajando en el corazón de sus hijos con una bella y eficaz pedagogía de santidad desde hace 24 años. Ayunar nueve días de seguido no es difícil cuando se ha tenido el entrenamiento por varios años y cuando se ha estado orando tres veces al día la corona del Rosario. Pero para quien el ayuno no es más que una carga tendrá dificultad en poner en práctica este mensaje.

Conviene recordarle a aquellos que no están habituados al ayuno, que la madre no espera que hagan de salida nueve días. Para ellos, la novena podría ser solamente de renuncias. Pero para quien ya ayuna con frecuencia, podría lanzarse a los nueve días. En este caso, podría ingerir durante el día, algún alimento complementario para tener las calorías necesarias para a fin de responder a las obligaciones de estado

También hay que considerar, que la Virgen mencionó que la mejor forma de ayunar es siempre evitando el pecado, y es de suponer, que ofrecer una novena de ayuno en la práctica, conllevaría renunciar al pecado por ese tiempo. Como vemos, hay variadas formas de cumplir con este mensaje.

Ahora es importante considerar la razón del porqué la Virgen nos pide que ayunemos y renunciemos a algo que nos agrada por nueve días: para que Satanás se aleje de nosotros. Me parece que esto es importante destacarlo: el hecho que la Virgen nos hace tomar conciencia de la influencia de Satanás que todos podamos tener, y que no basta las oraciones de liberación, la confesión, la eucaristía y las demás oraciones que hagamos para que Satanás se aleje de nosotros. La Virgen, en este mensaje, insiste que para reprender a Satanás es necesario ayunar y practicar las renuncias. Entonces el mensaje de este mes es un ejercicio de discernimiento para que todos profundicemos en como el maligno no está atacando y que un arma poderosa contra el es el ayuno prolongado. En este caso conviene considerar que el ayuno no nos hace daño. En tal caso, el daño nos lo pudiéramos hacer nosotros de no ayunar. En un tiempo donde nos vemos saturados de información y publicidad del “buen comer” la Virgen promueve la “cultura del ayuno y de las renuncias”.

También dice: “Yo les estoy cerca e intercedo por cada uno de ustedes. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!”. Esta última parte del mensaje también es bella. La cercanía de la persona de María y su agradecimiento por poner en práctica su mensaje, nos estimulan para llevar a la práctica cuanto nos pide. La Madre no sólo nos educa sino que además, con da el regalo de su presencia cercana el cual es gracia para vivir los mensajes. Ahora nos toca responder confiando que María nos sostiene en sus brazos maternales.

 
 
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