Reflexión del Mensaje de la Santísima Virgen
María Reina de la Paz

Por el Rev. Padre Francisco Angel Verar Hernández
(Asesor del Movimiento María Reina de la Paz en Hispanoamérica - Panamá)

Abril 2006

"¡Queridos hijos!: También hoy los invito a tener más confianza en mí y en mi Hijo. Él ha vencido con su muerte y resurrección y los invita, para que a través de mí, ustedes sean parte de su alegría. Hijitos, ustedes no ven a Dios, pero si oran sentirán su cercanía. Yo estoy con ustedes e intercedo ante Dios por cada uno de ustedes. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!"

En el mensaje de este mes, la Virgen nuevamente adaptándose a la liturgia, nos invita a vivir fervorosamente el tiempo litúrgico presente. Nos estuvimos preparando durante la cuaresma para vivir a plenitud la pascua y como expresión de la misma, también la Fiesta de la Misericordia Divina. Y propio, dos días después de celebrarse ésta, la Virgen enfatizó lo esencial de la Misericordia Divina en su mensaje mensual: "¡Queridos hijos!: También hoy los invito a tener más confianza en mí y en mi Hijo". Es como si la Madre de Dios quisiera recordarnos la importancia del mensaje de Jesús misericordioso, tan necesario al hombre moderno, que muchas veces no suele encontrar en medio de sus faenas espacio y tiempo para Dios. Y por ende, pierde frecuentemente la confianza en el Creador.

La Madre de Dios quiere que este mes crezcamos en la "confianza" hacia Ella y hacia Su Hijo Jesús. La etimología de la palabra "confianza" viene del latín "fiducia", que a la vez viene de "fidere", que traducido al español sería: "tener fe", que también se puede traducir con los verbos "creer" y "esperar". En otras palabras, cuando la Virgen nos dice que "hoy nos invita a tener más confianza en Ella y en Su Hijo" nos está diciendo que debemos tener más fe en Ella y en Su Hijo. Que debemos creer y esperar más de ambos. Y este mensaje es muy importante, sobre todo cuando la gente se desanima en la oración; cuando piensan, —bajo la sola razón humana— que Dios no les "escucha"; que Dios se ha "olvidado" de ellos. Entonces, el mensaje es una llamada a perseverar en la fe y a redescubrir el poder de la oración, a redescubrir además, la intercesión permanente de Jesús y de María en nuestras vidas. El mensaje es una invitación a la fe. Particularmente ahora, cuando en la liturgia profundizamos y celebramos con gozo, la resurrección Jesús.

La Virgen quiere que tengamos bien presente que Su Hijo está vivo; que para Dios no hay nada imposible; que la oración y la perseverancia en la fe lo conquistan todo.

Por otra parte, mucha gente se desanima ante las pruebas, los problemas y las dificultades comunes y extraordinarias de la vida. Por eso María en el mensaje nos dice: "Mi Hijo ha vencido con su muerte y resurrección y los invita, para que a través de mí, ustedes sean parte de su alegría". Es como si digiera: "no se dejen llevar por la sola razón: aquí estamos mi Hijo y Yo para ayudarles. A pesar de sus pruebas pueden ser felices si confían en nosotros". Entonces, si nos abrimos al mensaje de la Virgen encontraremos la solución para las aflicciones, los problemas, las dificultades, etc.

Conviene destacar además que la Virgen no nos soluciona los problemas, sino, más bien, nos enseña a encontrar nosotros la solución. Y la solución comienza por medio de la fe. Todo es posible para quien cree y espera. Para quien se fía de Dios. Cuando la Virgen les propuso a los jóvenes organizar el primer grupo de oración en Medjugorie según sus indicaciones, lo primero que recomendó, en las primeras reuniones, fue: que se meditara durante varias semanas las palabras de Jesús tomadas del evangelio de Mateo que rezan: "Nadie puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No pueden servir a Dios y al Dinero. Por eso les digo: No anden preocupados por su vida, que comerán, ni por su propio cuerpo, con qué se vestirán…" (Mt 6:24-34) El pasaje es bien conocido, y en él Jesús, al inicio de su ministerio público, invita a todos sus discípulos a la confianza absoluta en la providencia divina. Si la Virgen recomendaba que se meditara este texto era porque quería, que desde el inicio, que todos los miembros del grupo de oración crecieran en la escuela del abandono, en la confianza en Dios. De lo contrario, tendrían problemas para orar. Y lo mismo puede ocurrir en otros cristianos: cuando no hay confianza en Dios, no se puede orar como se debe. La confianza en Dios precede la oración y no viceversa. Para orar con el corazón hay que creer, hay que esperar, hay que tener fe. La oración se apoya en la fe, en la esperanza, en el abandono. Por eso la Virgen en el mensaje de este mes no nos dice al inicio: oren y tendrán confianza en mí. Si no más bien: hoy los invito a tener más confianza en mí y en mi Hijo. Y luego nos dice: oren y sentirán la cercanía de nosotros. Entonces: si no hay confianza en Dios, no puede haber oración. La confianza es requisito indispensable para la oración.

En el mensaje también dice: "Él ha vencido con su muerte y resurrección y los invita, para que a través de mí, ustedes sean parte de su alegría". Cuando la Virgen dice que Jesús ha vencido con su muerte y resurrección, no sólo proclama la fuerza salvadora del misterio pascual de Su Hijo, sino también, nos recuerda que sólo por medio de ella, tendremos la fuerza necesaria para vencer todas las pruebas y dificultades sufridas en la vida. Se trata entonces, de renovar siempre la fe por medio del misterio de la muerte y resurrección de Jesús. A ejemplo de los santos. Ya san Pablo había escrito: "Estoy crucificado con Cristo; y ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí. Esta vida en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mi" (Gál 2:20). Entonces, si no asumimos en nuestra vida la pasión, muerte y resurrección de Jesús, si no nos configuramos concientemente a su misterio pascual, vana es nuestra fe. No hay victoria. Porque el poder de Dios se manifestó y se continuará manifestándose en todas las criaturas hasta la consumación de los siglos por medio de la muerte y resurrección de Jesús. Ese es nuestro trofeo, nuestro escudo, nuestra bandera, nuestra identidad.

La Virgen nos está orientando —precisamente en estos tiempos en que la Iglesia de Cristo está siendo atacada como nunca por la prensa, el cine y la televisión— a que el centro de nuestra atención, meditación y recogimiento sea Jesús muerto y resucitado por nuestros pecados y que igualmente alegremos Su Corazón. Esta parte del mensaje es muy importante: darle alegría a Jesús. Como cristianos sabemos que ello significaría acoger su evangelio, renunciar al pecado y reparar las heridas de Su corazón por medio de la oración y penitencias frecuentes.

También hemos recibido el mensaje que la Virgen da en ocasión de su "Jornada mensual de oración por los no creyentes". El mensaje a través de Mirjana Soldo de este 2 de mayo de 2006 fue: "Queridos hijos: vengo a ustedes como Madre; vengo con el corazón colmado de amor hacia ustedes. Purifiquen su corazón de todo aquello que les impide recibirme y, de esta manera, podrán conocer mi amor y el de mi Hijo. Mi Corazón desea vencer y triunfar por medio de ustedes. Los invito a esto."

En el mensaje, como otras tantas veces, la Virgen nos recuerda cuanto nos ama: "Queridos hijos: vengo a ustedes como Madre; vengo con el corazón colmado de amor hacia ustedes". Es otra forma de invitarnos a tener más confianza en Ella, tomando conciencia de Su amor y que Su Corazón siempre está rebozando de afecto tierno materno para cada uno de sus hijos.

En el mensaje no dice, que ama más a quienes se comportan mejor o a quienes practican más su fe. Dice sencillamente: "vengo a ustedes como Madre y vengo con el corazón colmado de amor hacia ustedes". La Madre no hace acepción de sus hijos. No exageraríamos al decir que la Virgen en cierta manera está enamorada de nosotros, porque ha dicho que: Su Corazón está colmado de amor hacia nosotros y sabemos que sólo cuando el corazón está enamorado, es cuando rebosa de amor. Sin embargo, hay que evidenciar, que el amor que la Virgen nos tiene, aún es más intenso y más puro que el amor que cualquiera de sus hijos haya experimentado en la tierra. La Virgen nos ama con un amor de Madre que viene y vive en el cielo, precisamente donde se vive la plenitud del amor santo de Dios. Y recordemos que sólo cuando se le dedica tiempo y calidad a la oración como se debe, en esa medida de experimenta ese bello y santo amor.

En el mensaje también dice: "Purifiquen su corazón de todo aquello que les impide recibirme". Creo que estas palabras siempre hay que tenerlas bien presente: la necesidad de la purificación del corazón para recibir a Jesús y a María en nuestros corazones. Sabemos que esa purificación significa dos formas de liberación: la liberación del pecado, y la liberación del activismo que fácilmente hace caer en la aridez y tibieza espiritual. La Virgen no nos está presentando "condiciones" para que la podamos experimentar a Ella sino más bien nos advierte de los peligros a los que estamos sujetos y que pueden afectar nuestra vida interior. Cuando nos dice: purifiquen su corazón, nos exhorta a cultivar la debida custodia de los sentidos y a limpiar lo que obstaculiza la experiencia de la fe. No se puede estar en dos aguas. O somos de Dios o somos del mundo.

Entonces: ¿Cómo purificar el corazón? El remedio es primero el arrepentimiento de nuestros pecados por medio de un atento examen de conciencia. Buscar al sacerdote con el propósito de no volver a pecar más. Hacer una buena confesión, reparar y comenzar una vivir vida nueva. Sin embargo, esto sólo, no basta porque pueden haber otros "obstáculos" además del pecado, que merecen una debida atenta purificación del corazón. Como hemos mencionado, se trata también de limpiar el corazón del “mundo” del activismo. Cuando, Dios no es el centro de todo lo que hacemos, también merece una purificación el corazón. En este caso, también hay que hacer un examen de conciencia para renunciar a tantas cosas superfluas que separan el corazón de Dios. Se trata de purificar la mente, los sentimientos, acciones, etc. donde Dios no es al centro. A mi modo de ver, comporta la renuncia interior como la Virgen lo pedía en el mensaje del mes pasado. Renunciar a todo lo que no viene de Dios y optar por darle Él el primer lugar en nuestras vidas. Sin miedo, sin prejuicios, etc. Y eso no es algo sólo de un momento si no de todos los días. Se trata de tomar en serio el combate espiritual para salir vencedores. La Virgen dice que cuando se purifica el corazón podemos experimentar Su amor y el de Su Hijo. La Virgen quiere la fe en nosotros venza y triunfe frente a todas la batallas. Se trata entonces de una decisión personal. Eso sí con la ayuda de María y del Espíritu Santo. Sea alabado Jesucristo!

 
 
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