Mensajes de la Virgen María Reina de la Paz
del 25 de Febrero de 2010
Medjugorje, Bosnia Herzegovina y reflexión del P. Francisco Angel Verar

«Queridos hijos: en este tiempo especial en que procuran estar lo más cerca posible de mi Hijo, de Su sufrimiento, pero también de Su amor con que lo sobrellevó, deseo decirles que estoy con ustedes. Los ayudaré a vencer los errores y las tentaciones con mi gracia. Les enseñaré lo que es el amor, el amor que borra todos los pecados y los hace perfectos; el amor que les da la paz de Mi Hijo ahora y siempre. Que la paz esté con ustedes y en ustedes, porque yo soy la Reina de la Paz. ¡Gracias!»

La presencia de María en Medjugorje siempre es la principal gracia de estas apariciones que aun están en curso. El mensaje de este 2 de marzo está en relación con el del 25 de febrero pasado. La Madre recuerda que la cuaresma, para todos los cristianos, es un especial «tiempo de gracia». Y por lo mismo hay que aprovecharla al máximo.

En el mensaje, la Virgen que acompañó a Su Hijo en la subida al calvario, recuerda que un aspecto fundamental de este tiempo litúrgico, es estar lo más cerca posible de Jesús y de Su sufrimiento a causa de los pecados de la humanidad. Sin hacer necesariamente referencia a ciertos ejercicios de piedad, es sabido que en la espiritualidad propia de este tiempo, prevalece, además de la participación frecuente en la eucaristía: el ejercicio del Vía Crucis, la meditación  de la Pasión del Señor y la oración de recogimiento centrada en los últimos días que Jesús vivió en la tierra. La Madre espera que sus hijos no se desconecten de este misterio de amor, que cada año se conmemora en cuaresma y que se celebra en plenitud en la Pascua.

También la Madre en el mensaje dice: «Yo estoy con ustedes». Un aspecto importante de los mensajes de la Virgen en Medjugorje es que con frecuencia se subraya su cercanía a todos. Quizá con esto la Virgen desea suscitar la confianza de sus hijos en su intercesión materna, en su amor y las gracias que se puedan recibir cuando se le abre el corazón. Por ello también habría que ver Medjugorje como una invitación del cielo a descubrir la función que desempeña María, no sólo en la historia de la salvación, sino en la vida personal de cada creyente. Se recuerda que el Concilio Vaticano II afirmó en la Constitución sobre la Iglesia, que María «ocupa, después de Cristo, el lugar más alto y a la vez el más cercano a nosotros» (LG 54), siendo así que es el miembro más eminente y singular de la Iglesia del Señor (LG 53). Y en Medjugorje la Virgen con sus mensajes profundiza esta verdad.

 En el mensaje de este 2 de mes la Madre cuando menciona: «deseo decirles que estoy con ustedes», está proponiendo confiar en Ella como intercesora de todas las gracias. Espera que por medio de sus mensajes sus hijos le entreguen sus preocupaciones, miedos, inseguridades, problemas, angustias… Es como si dijera: «estoy aquí para ayudarles», «confíen en mí que soy su Madre.» Entonces, la cuaresma también se puede ver, a los ojos de María, como un tiempo especial para descubrir su lugar en la vida del creyente. Se recuerda que María fue la criatura  que más de cerca vivió los misterios de la vida de Cristo y por consiguiente, quien más puede colaborar para  meditarlos e interiorizarlos.

En el mensaje de Virgen dice: «Los ayudaré a vencer los errores y las tentaciones con mi gracia.» El cristiano que toma en serio el camino de la conversión también será  consciente de sus miserias. Pero debe considerar que en el combate contra el pecado y las imperfecciones de cada día no está sólo. Además de contar con la gracia de Dios que se recibe por la oración y los sacramentos, también María camina con él. La Madre recuerda en el mensaje que intercede siempre para que sus hijos puedan vencer el pecado. Con esta exhortación mensaje toma en consideración que la conversión es siempre lo primero.

La tercera parte del mensaje también es significativa. La Virgen dice: «Les enseñaré lo que es el amor, el amor que borra todos los pecados y los hace perfectos; el amor que les da la paz de Mi Hijo ahora y siempre.» Quien sigue de cerca los acontecimientos de Medjugorje, no tarda en descubrir que Medjugorje es una gran escuela de espiritualidad. La Virgen se ha quedado 29 años para educar a sus hijos en la virtud. No sabemos por cuanto tiempo más permanecerá, pero aunque pronto se pueda retirar, lo cierto es que ya subsiste un gran patrimonio de espiritualidad comparable al de las grandes escuelas de la tradición de la Iglesia católica. Y a la luz de esta maravillosa escuela, aparece una real pedagogía materna hacia la santidad. De esta manera se debe interpretar la tercera parte del mensaje. María afirma que personalmente se ocupa de enseñar a sus hijos lo que es el amor. Y como se sabe, el amor es lo esencial en la vida de Jesús y, por ende, en la vida de cada creyente. Entonces, caminar con María, abrirle corazón, acogerla cada día como Madre, significa aprender a amar. Porque Ella se ocupa de este apostolado en el corazón de sus hijos. Se evidencia en el mensaje que el amor resume todo el programa que María trae a la humanidad en esta hora particular de la historia. Se hace memoria que al inicio de las apariciones la Virgen dijo: «He venido a la tierra a enseñarles a amar, yo soy la Maestra.» Y ahora después de 29 años, lo vuelve a recordar. La escuela de la Madre en Medjugorje, fundamentalmente, es una escuela de amor. El amor es la virtud más sobresaliente del discipulado de María. Y por medio de la vivencia del amor, María espera que sus hijos transformen el mundo con la santidad de sus vidas.

 La vivencia del amor es fundamental, no sólo para dar testimonio en el mundo de la resurrección de Jesús sino para reparar el mal que con el pecado ha herido el Corazón de Dios. Todo pecado como acto desobediencia hiere a Dios y por consiguiente merece reparación. María en el mensaje ofrece una forma eficaz de reparación por medio del amor que recuerda cuando le dijo Jesús a Simón el fariseo luego que una pecadora enjugara sus pies con sus lágrimas: «Por eso te digo que quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor.» Lc 7:47. Luego el amor borra los pecados y aunque la Virgen no la haya dicho, una forma concreta de manifestar a amor a Jesús y por medio de una buena confesión.

María también enfatiza en el mensaje que cuando se vive el amor, Jesús brinda su paz. La paz del corazón es fruto del amor y no lo contrario. Para tener paz en el corazón hay que decidirse por el amor- Por esta misma razón Jesús ante los improperios que recibió nunca perdió su paz porque en su corazón reinó el amor. María advierte que el Señor, sin distinción de personas, está dispuesto a brindar su paz ahora y siempre. Pero la condición es amar.

Al final del mensaje la Madre desea la paz a todos. En esta ocasión ha utilizado parte de la fórmula que se encuentra en el misal y que se escucha en cada eucaristía: «Que la paz esté con ustedes y en ustedes». Significa que refuerza una vez más la llamada al amor, porque el fruto del amor es la paz del corazón. La paz reina en el corazón cuando se toma la decisión de amar. Se vive en paz cuando se opta por el amor. María de nuevo  enfatiza además que está entre todos como la Reina de la Paz y ha dicho en relación a ello, que para que la paz reine en el mundo primero debe reinar en el corazón, luego en las familias y de allí irradiarla al mundo entero. ¡Feliz Pascua de Resurrección 2010!

 
 
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