Mensaje de la Virgen María Reina de la Paz del 25 de enero del 2011,
Medjugorje, Bosnia Herzegovina
y reflexión del P. Francisco Á. Verar

"Queridos hijos, también hoy estoy con ustedes y los miro y los bendigo, y no pierdo la esperanza de que este mundo cambie para bien y la paz reine en los corazones de los hombres. La alegría reinará en el mundo porque se han abierto a mi llamada y al amor de Dios. El Espíritu Santo está cambiando a una multitud que ha dicho sí. Por eso deseo decirles: ¡gracias por haber respondido a mi llamada! "

En la primera parte de este bello mensaje la Madre dice: "también hoy estoy con ustedes y los miro y los bendigo". La expresión "también hoy estoy con ustedes", recuerda la gracia de la presencia extraordinaria de la Virgen a lo largo del tiempo que aparece en Medjugorje. Se recuerda que el próximo 25 de junio se cumplirán 30 años de este maravilloso don. La Virgen todavía no ha dicho por cuánto tiempo más continuará apareciéndose, y por lo que se sabe, los videntes no han cometido la imprudencia de volvérselo a preguntar; cómo contrariamente lo hicieron al inicio. Y desde luego, que quienes aún tienen el privilegio de verla todos los días (Ivan, Vicka y Marija) no tienen apuro alguno de que se marche. Por otro lado, Jacov, Ivanka y Mirjana, que tienen la aparición anual, aseguran que la Madre les ha dicho que "continuarán con este don hasta el fin de sus vidas en la tierra." Entonces, cuando la "Gospa" dice: "también hoy estoy con ustedes" es como si estuviera diciendo: "aprovechen que aún estoy diariamente entre ustedes y aún les estoy hablando cada 25 de mes"; "aún el Altísimo me permite visitarlos y hablarles"; "aprovechen este tiempo"; "ábranse a esta gracia"; "no desprecien mi visita."

También el mensaje dice: "los miro y los bendigo". Se recuerda que el mensaje del 25 de cada mes lo recibe sólo la vidente Marija, aunque Vicka e Ivan tengan también la aparición al mismo tiempo. Por lo que se debe observar que el uso del plural evidencia la apreciación universal: "los miro y los bendigo". Muchos peregrinos que han gozado el privilegio de estar cerca de los videntes cuando la Madre aparece, aseguran que aún sin verla, experimentan en profundidad la mirada suya. Pero téngase en consideración que cuando la Madre dice: "los miro y los bendigo", no espera que todos los cristianos vayan a Medjugorje con el fin de experimentar su mirada, sino más bien está invitando a que se abran a la mirada que ya les ha dirigido y que de igual modo: se abran a la bendición ya les ha otorgado donde actualmente viven y trabajan. Por tanto, el mensaje es una invitación a confiar en María, a tener "esperanza" en su intercesión y a caminar siempre bajo su mirada y amor.

La segunda parte del mensaje dice: "no pierdo la esperanza de que este mundo cambie para bien y la paz reine en los corazones de los hombres". Como la gran mayoría de los mensajes de Nuestra Señora, también este se distingue por el optimismo. La Virgen cree en un mundo mejor que juntos podemos construir: en lugar de una transformación a través de una purificación dolorosa de la humanidad la Madre recuerda que no ha venido a anunciar tragedias sino a ayudarnos a prevenirlas. Por consiguiente, el futuro es incierto. Recuérdese una vez más: todo depende de nosotros. Nada está escrito. El futuro está por verse, se juega debido a nuestras oraciones y sacrificios y al empeño que podamos darle a la conversión.
 
Por otro lado, nótese que el mensaje de este 25 de enero de 2011 coincide (como todos los años) con la clausura de la semana de oración por la unidad de los cristianos, y se da en ocasión de la Memoria litúrgica de la conversión de san Pablo. Repárese, que el gran Apóstol de los gentiles trabajó infatigablemente en la transformación de su entorno con la predicación, sus escritos y su testimonio de vida y logró así que una inmensa multitud de gentiles y judíos abrazaran la fe en Jesús. Ahora la Madre espera lo mismo de nosotros. Por lo que nadie debe tener una visión pesimista del futuro y ningún hijo de María debe dejarse arrastrar por el pesimismo que infunden los medios de comunicación social y ciertas corrientes apocalípticas foráneas. Sencillamente, porque la Virgen cree y espera en un mundo nuevo transformado por el amor; y nosotros no podemos ir por otra dirección. ¡Ojalá el mensaje de la Virgen ayude a frenar el pesimismo que occidente avista en el devenir de la humanidad marcada por innumerables desdichas y yerros! Recuérdese que también en Fátima la Madre enfatizó: "al final mi Corazón Inmaculado triunfará."
 
En el mensaje de este mes también María menciona: "La alegría reinará en el mundo porque se han abierto a mi llamada y al amor de Dios". Esta expresión obedece al fruto que se experimenta cuando se trabaja la conversión con seriedad porque Dios es alegría, paz y amor, y quien vive en Él no tendrá dificultad jamás para vivir alegremente y en paz. Pero por otro lado, esta parte del mensaje también es una invitación a abrirse al amor de Dios y a las exhortaciones de la Madre. María está invitando una vez más a confiar en Ella y al inmenso amor de Dios que es el lo que transforma los corazones. Por lo tanto, hay ver más allá de los intensos nubarrones que han herido el corazón humano y abrirse de nuevo al proyecto de amor que Dios tiene para la humanidad: Dios nunca dejará de amar al hombre por muchos errores que haya cometido.
 
 La última parte del mensaje es el colofón de todo: "El Espíritu Santo está cambiando a una multitud que ha dicho sí. Por eso deseo decirles: ¡gracias por haber respondido a mi llamada!". La Madre desde el cielo, ve la respuesta de muchos que no se han quedado en un sentimentalismo estéril y de una equivocada mariana que no asimila la espiritualidad profunda que proyecta los mensajes. La Madre ve y lee el interior de las almas y percibe cuanto el Espíritu Santo está haciendo en muchos que han respondido a los mensajes, y por la misma razón vuelve a agradecer las respuestas a sus llamadas. Es como si dijera: "ustedes que han respondido no se detengan, sigan adelante, necesito aún sus oraciones y sacrificios; ayúdenme a transformar la humanidad"; "no dejen de orar, de ayunar de poner a Jesús en el primer lugar de sus corazones". Por tanto, en este mensaje a diferencia de otros la Virgen no pide mucho, más bien agradece a sus hijos que han dicho "SÍ" y que están trabajando por el bien de las almas a fin de acelerar el triunfo de Su Corazón Inmaculado.

Oremos:

Santa Madre de Dios, una vez más me abro a tu inmenso amor. Tú me has llamado a colaborar contigo por la paz y la salvación de las almas. Hoy me dices de nuevo: "¡Gracias por haber respondido a mi llamada!" Yo sin embargo Te digo: "¡gracias por haberme elegido a mí para ayudarte en este plan de salvación que traes a la humanidad!" Tú eres Mi Madre. Te acojo una vez más como la Reina de mi corazón. ¡Para poder seguir colaborando contigo sé que debo experimentar continuamente cuanto me amas! Tú sabes que los hijos que más responden a sus madres son aquellos que más experimentan su amor. Por eso hoy quiero una vez más experimentar el Tuyo. Aquí estoy Madre delante de Ti. Sé que hoy una vez más diriges Tu mirada tierna y compasiva a mi corazón y me bendices. No quiero poner más barreras entre Tú y yo. Jesús, Tu Divino Hijo se abrió totalmente a Tu amor dándome ejemplo. Por eso también hoy yo me abro a Ti.

Dulce y tierno Corazón de María visita mi alma. Quédate en mi y ayúdame a decir una vez más "SÍ"; quiero seguir colaborando contigo y con tu Divino Hijo. Por eso estoy una vez más delante de Ti y de mi Único salvador Jesús.

Pongo también delante de Ti y de Jesús quienes viven y trabajan conmigo.

Jesús: pon tus manos benditas y sanadoras sobre todos ellos.

Los coloco a todos en las delicias de Tu Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María.

Jesús: haz que en todos los corazones de la humanidad reinen el bien y la paz. Derriba las divisiones del odio, los celos, las discordias, las envidas y los rencores. Enséñanos una vez más a amar como Tú nos amaste, hasta el suplicio de la Cruz.

Jesús: haz que en mi corazón triunfe el amor. Por eso te entrego todas mis frustraciones, amarguras, decepciones... todas las heridas emocionales que ido acumulando a lo largo de mi vida: porque quiero tener un corazón nuevo delante de Ti y de Tu Madre Santísima. Por eso mismo hoy perdono de corazón a todos lo que a lo largo de mi vida me han herido: a mi padre, mi madre, a todos mis familiares. A mi cónyuge, mis compañeros, a mis amigos y a todos los hermanos de las diferentes parroquias y comunidades en las que he participado. A los sacerdotes, diáconos y todos los ministros de tu palabra que me han podido herir con sus actitudes y comportamientos.

Señor, ahora te pido que entres a mi corazón con Tu Divino Espíritu y me des un nuevo corazón al inicio de este nuevo año. ¡Gracias María por Tu intercesión, Tus palabras y Tu bendición maternal!

 
 
Imprimir esta pagina