Reflexión del Mensaje de la Santísima Virgen
María Reina de la Paz

Por el Rev. Padre Francisco Verar
(Asesor del Movimiento María Reina de la Paz en Hispanoamérica - Panamá)

Enero 2006

"¡Queridos hijos! También hoy los invito a ser portadores del Evangelio en sus familias. Hijitos, no olviden leer la Sagrada Escritura. Pónganla en un lugar visible y testimonien con su vida que creen y viven la Palabra de Dios. Yo estoy cerca de ustedes con mi amor, e intercedo ante mi Hijo por cada uno de ustedes. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!"

En el primer mensaje del día 25 de mes, la Virgen nos exhorta a la centralidad de la Palabra de Dios en la vida espiritual de cada uno de su hijos. Recordemos que este mensaje lo recibimos, cuando la Iglesia, por otra parte, celebra la fiesta de la conversión de San Pablo, el más grande escritor de la Sagrada Escritura. A quien le debemos el mayor número de libros de la Biblia y que seguramente, por lo mismo, después de Jesús, se ha constituido en el más grande evangelizador de todos los tiempos.

La Virgen también quiere que cada uno de sus hijos se transforme en evangelizadores con el testimonio de su propia vida a ejemplo de san Pablo. Por otra parte, debemos considerar que María santísima, después de Jesús, se ha hecho en la historia –lo que Jesús espera de cada uno de sus discípulos- evangelio viviente. Consideremos, que cuando la Virgen dio este mensaje de invitación a ser evangelios vivientes, el Papa Benedicto XVI publica su primera encíclica y en Ella se expresa de María en los siguientes términos: “El Magníficat –un retrato de su alma, por decirlo así- está completamente tejido por los hilos tomados de la Sagrada Escritura, de la Palabra de Dios. Así se pone de relieve que la Palabra de Dios es verdaderamente su propia casa, de la cual sale y entra con toda naturalidad. Habla y piensa con la Palabra de Dios; la Palabra de Dios se convierte en palabra suya, y su palabra nace de la Palabra de Dios. Así se pone de manifiesto, además, que sus pensamientos están en sintonía con el pensamiento de Dios, que su querer es un querer de Dios. Al estar íntimamente penetrada por la Palabra de Dios, puede convertirse en madre de la Palabra encarnada” DCE 41. Entonces, María es el mejor espejo de nuestra encarnación de la Palabra de Dios.

En el mensaje de este mes la Virgen dice: “Queridos hijos: también hoy los invito a ser portadores del Evangelio en sus familias”. En realidad es un reto: después de tantos años de apariciones diarias y tantos mensajes, la Madre espera que sus palabras den fruto en sus discípulos. Portar el Evangelio con la vida no es fácil pero tampoco imposible. Cuando la Madre nos pide que llevemos el evangelio a casa, no nos está pidiendo que compremos varios ejemplares del Nuevo Testamento para que los distribuyamos en la familia, sino para que la vida de cada uno de los que siguen sus mensajes, se haga evangelio viviente. Entonces, la pregunta que a continuación pudiera venir sería: ¿Cómo llegar a encarnar la Palabra de Dios de manera que los que vivan en una misma casa lean el testimonio de vida?. A nuestro modo de ver ese es el reto de la conversión. Sin ella es imposible ser testigo de Cristo en el mundo, y el mayor obstáculo que la gente podrá tener para su conversión es pensar que ya están convertidos. Pienso que no puede haber una verdadera respuesta de conversión sin la gracia de Dios, pero tampoco sin la decisión del hombre.

Hay gente que piensa que todo lo hace es correcto. Que no tienen grandes ni pequeños pecados y que en tal caso, las imperfecciones que cometen son comunes a los demás fieles que practican la fe cristiana. En tal caso, la conversión es imposible. Si no hay humildad jamás se encontrará el pecado. Creo que cuando alguien piensa que no tiene pecado y lo mismo, cuando no saben hacer el debido examen de conciencia antes de confesarse, debería preguntarle a los que conviven con él “cuales son sus pecados e imperfecciones” y seguramente encontrará bastante de que pedirle perdón a Dios.

El pecado es una realidad que pocos quieren confrontar. De un lado están algunos que piensan que no tienen pecado porque hacen lo que “la mayoría hace”, no obstante su estado de ofensa a Dios, y por otra, están los que piensan que no tienen pecado porque “no hacen lo que la mayoría”. Es decir: van a la iglesia, oran, ofrecen sacrificios, hacen obras de caridad, ejercen algún apostolado en la Iglesia, no roban, no tienen rencor en su corazón, no tienen problemas de adulterio, drogas, alcoholismo, etc. Sin embargo, nunca se preguntan si “aman a los demás como Jesús lo hizo”; “si son tan humildes como Jesús”; “si en todo cumplen la voluntad de Dios como Jesús lo hizo, al punto de perder su propia vida para que los demás la tengan en abundancia”.

Yo pienso que si el hombre no encuentra el pecado para combatirlo, si no es conciente de las propias tentaciones de satanás que tiene y de cómo lo tienta el mundo, jamás podrá llevar el evangelio a su familia. Por algo la Virgen, cuando comenzó a aparecer en Medjugorie dijo: que el mensaje más importante que Ella traía era la conversión. Creo que un verdadero hijo de María no se conoce por que reza muchos rosarios, por que ayuna, porque va a Mendjugorie... sino por que vence en sí mismo el pecado. La Virgen quiere que todos seamos evangelio viviente y esa decisión personal comienza y se desarrolla en uno mismo: al interno. María quiere que trabajemos “de adentro hacia afuera”. Que comencemos en el corazón. La conversión en el sentido Bíblico en un cambio de vida, de costumbres, de hábitos, de sentimientos, de actitudes... pero sobre todo, es dirigir el corazón hacia Dios en Jesucristo por el Espíritu Santo. Y todo comienza por la decisión personal. Portar el evangelio a las familias es una invitación a la conversión. La Virgen quiere que quien vea a sus hijos vea a Su Hijo vivo. Y esto se inicia en el hogar. Ya lo dijo Jesús: “Ustedes son la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y se pone debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así su luz delante de los hombres, para que vean su buenas obras y glorifiquen a su Padre que está en los cielos”, Mt 5:14-16.

Seguramente, el hecho que la Virgen este mes haya invitado a llevar el evangelio a casa, obedece a que muchos de sus hijos han descuidado este aspecto de la pastoral familiar: de ir primero “ad intra” antes que “ad extra”. En suma: todo comienza en la familia.

Muchos seguramente oran para que cambien algunos de la familia: maridos, hijos, esposas, padres… pero pasan por alto que quienes deben cambiar primero son ellos mismos. Jesús dirá: “Cómo es que ves la paja que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu ojo? ¿O cómo vas a decir a tu hermano: "Deja que te saque la paja del ojo", teniendo una viga en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la paja del ojo de tu hermano”, Mt 7:3-5 y también: “¿Podrá un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el mismo hoyo? No está el discípulo por encima del maestro. Todo el que esté bien formado, será como su maestro”, Lc 6:39. Entonces, no defraudemos a María y tomemos en serio la decisión por la conversión.

En el mensaje la Virgen también dice: “No olviden, hijitos, leer la Sagrada Escritura”. Obviamente, del mensaje se deduce que algunos de sus hijos han descuidado la lectura de la Biblia. Recordemos que todo lo que la Virgen pide en Medjugorie se resume en 5 o 6 mensajes fundamentales, los cuales van siempre unidos: Quien ora, también procura ir a Misa, si es posible todo los días y se confiesan una vez al mes; ayuna a pan y agua miércoles y viernes, participa de algún grupo de oración y lee diariamente, para hacerla vida, la Palabra de Dios. No se puede tomar lo que a juicio personal comporta menos sacrificio o lo que es menos complicado hacer. Se deben poner en práctica todos los mensajes de la Virgen.

En cuanto a la lectura la Biblia cada día, ella en sí comporta una escuela de santidad insustituible Cuando la Virgen nos pide que leamos la Biblia está pensando en nuestra santidad

En cada página de la Biblia Dios nos habla y a través de ese mensaje, igualmente, podemos hablarle. La Virgen nos ha recomendado muchas veces leer la Palabra de Dios. Ahora nuevamente nos lo pide. Recordemos que su mensaje se practica en tres dimensiones: debemos leer la Biblia personalmente cada día para orar con ella y a través de ella; debemos además leer la Biblia en el grupo de oración y debemos acoger la Palabra cuando se proclama en la celebración de la eucaristía. Leer la Sagrada Escritura para un cristiano no es una obligación ni siquiera un deber. Es aceptar y vivir el lenguaje del amor del Dios que nos ha dado la vida, nos ha salvado y nos redimido. Una persona que ama a otra desea escuchar su palabra, escuchar su voz, conocer sus sentimientos por medio de su palabra. Cuando el corazón ama a Dios igualmente anhela escuchar su Palabra, escuchar su voz. San Francisco de Asís decía que la Biblia es la Boca de Dios y san Agustín que desconocer la Biblia es desconocer a Dios. Luego, la Virgen no quiere que seamos ignorantes sino entendidos en la voluntad de Dios.

En el mensaje también dice: “Pónganla, en un lugar visible y testimonien con su vida que ustedes creen y viven la Palabra de Dios”. La Madre quiere que cada familia confeccione su altar familiar. Muchas familias cristianas reservan un espacio del hogar para un bar, para la computadora, para la televisión, etc. Y se ignora que el lugar más importante y sagrado es el ángulo donde la familia se pueda reunir, al menos, un día a la semana para orar juntos. La Virgen quiere que los padres oren juntos con sus hijos y que le den buenos consejos. Que sean ejemplo de virtud. Ella ha dicho que si los padres no oran con sus hijos fácilmente se encaminarán hacia el ateísmo. Entonces, no basta que reciban los sacramentos, que asistan a colegios católicos, que debes en cuando vayan a Misa. La fe crece y se fortalece con la oración y la lectura de la Palabra de Dios en el hogar. El altar familiar debe estar al centro de todo para que estimule a la familia a orar. Luego, la misma lectura de la Biblia y la oración hará que cada miembro del hogar testimonie con su vida la fe en Cristo vivo. La Virgen dice: “Testimonien que ustedes creen y viven la Palabra de Dios”. Sin una meditación asidua de la Escritura este testimonio no será posible. Medjugorie es una invitación también, a descubrir los tesoros escondidos de la Palabra de Dios.

Al final la Virgen dice: “Yo les estoy cerca con mi amor e intercedo delante de mi Hijo por cada uno de ustedes”. Palabras similares las ha dicho muchas veces. Seguramente porque sabe que sus hijos necesitan escucharlas porque se desaniman antes las pruebas, dificultades y sufrimientos. Mucha gente piensa que ni María ni Jesús les escuchan cuando oran porque no ven respuesta a sus problemas y peticiones. Entonces, como Madre, Ella ahora aclara las cosas y nos hace ver que la realidad es otra. Una buena madre jamás se ausenta de sus hijos y siempre se presenta solícita a las necesidades de sus allegados. María nos recuerda una vez más que ninguna Madre en el mundo es como Ella. En efecto, ¿Qué madre está siempre cerca de sus hijos con todo su amor aunque sus hijos le fallen, le desobedezcan, le sean infieles? ¿Qué madre en el mundo intercede ante el trono de Dios, como efectivamente lo hace María?. Como Ella no hay dos. María además de ser madre de Cristo es madre de toda la humanidad. Así lo quizo Dios. Por eso los antiguos la llamaron la Omnipotencia suplicante. Sus oraciones, sus súplicas por sus hijos son únicas. ¿Qué nos queda? Sólo arrojarnos a sus brazos para recibir todo su amor y agradecer su intercesión. ¡Sea alabado Jesucristo!

 
 
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