Reflexión del Mensaje de la Santísima Virgen
María Reina de la Paz

Por el Rev. Ljubo Kurtovic
(Centro de Información de Medjugorje)

Agosto 2005

APROVECHEN CADA MOMENTO

"¡Queridos hijos! También hoy los invito a vivir mis mensajes. Dios les ha concedido este tiempo como un tiempo de gracia. Por eso, hijitos, aprovechen cada momento y oren, oren, oren. Yo los bendigo a todos e intercedo ante el Altísimo por cada uno de ustedes. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!"

 
 

En sus mensajes anteriores la Virgen nos ha dicho: “Vivan mis mensajes; abran sus corazones a mis mensajes; vivan mis mensajes en humildad y amor; con gran alegría los llamo a vivir mis mensajes; oro para que el Espíritu Santo los ayude y aumente vuestra fe a fin de que acepten aún más los mensajes que les doy aquí, en este lugar santo; vivan mis mensajes y pongan en la vida cada palabra que les doy, que estas palabras sean preciosas para ustedes porque vienen del Cielo. Conmigo, hijitos, ustedes están seguros, deseo conducirlos a todos por el camino de la santidad.’ Ese es el objetivo de las apariciones y de la presencia de la Virgen, y de cada palabra suya que nos dirige con amor.

“Dios les ha concedido este tiempo como un tiempo de gracia’ – nos dice María. Hemos recibido todo de Dios como un don: la vida, el tiempo, la eternidad. A menudo sentimos que el tiempo se nos escapa, que lo hemos malgastado inútilmente. La gente dice a menudo: no tengo tiempo. Y por eso muchos están estresados, tensos, nerviosos y se sienten vacíos. El hombre seguramente encuentra tiempo para lo que le gusta. Nos engañamos a nosotros mismos cuando decimos que no tenemos tiempo. El no tener tiempo para Dios es un signo de que no tenemos fe, corazón ni amor, no sólo hacia Dios sino hacia nosotros mismos. Aquel que se estima a sí mismo verdaderamente, encontrará tiempo para Dios, para la oración, para el encuentro consigo mismo y con Dios.

Nos preguntamos: ¿por qué debemos vivir esta vida extraña con todas sus dificultades y aflicciones, pecados y fracasos, antes de que se nos abran las puertas de la eternidad? Si Dios es amor, y si es tan bueno, ¿por qué no nos ha dado todo de una vez? ¿Por qué debe transcurrir tanto tiempo antes de alcanzar la meta? Dios nos ha creado imperfectos no para dificultarnos la vida, sino para permitir que participemos en su propia vida trinitaria. Dios desea que no sólo recibamos de El, sino que aprendamos a dar. El amor es dar y recibir.

Dios vive fuera del tiempo, en un eterno presente, en la beatitud en que nada le falta. De esa beatitud viene a nosotros la Virgen María en este tiempo nuestro, para ayudarnos a que lleguemos al lugar en que está Ella. Dios no nos hizo perfectos, pero nos dio potencialidades que nosotros debemos desarrollar. Dios nos ha dado el libre albedrío por medio del cual lo podemos rechazar o aceptar.

El sentido del tiempo está en el hecho de que nos sirve para progresar y crecer. El tiempo en que vivimos puede convertirse en un tiempo de gracia si elegimos y escuchamos a María que nos habla. Es nuestra oportunidad para poder crecer. Al igual que María, también San Pablo advierte a los Efesios y a nosotros: “Cuiden mucho su conducta y no procedan como necios, sino como personas sensatas que saben aprovechar bien el momento presente, porque estos tiempos son malos. No sean insensatos, ¡sino traten de saber cuál es la Voluntad del Señor!’ (Ef 5, 16-17). San Pablo escribe a los Colosenses lo siguiente: “Compórtense con sensatez en sus relaciones con los que no creen, aprovechando el tiempo presente’ (Col 4,5). No deberíamos perder el tiempo porque es valioso y limitado. Utilizarlo sensatamente y cuidarlo significa aprovecharlo. Cada vez que renunciamos al egoísmo y nos decidimos por el amor, estamos trabajando a fin de transformar nuestro tiempo en eternidad, en una vida perdurable. El amor es lo único imperecedero y nos protege de la descomposición. Solamente el tiempo transcurrido en oración es un tiempo que ha sido aprovechado. Unicamente el tiempo dedicado con amor a Dios y a la gente es un tiempo salvaguardado y aprovechado. Ayudemos a la Virgen María para que desde ya nos lleve hacia la eternidad.

Fr. Ljubo Kurtovic
Medjugorje, 26.08.2005

 
 
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