Reflexión del Mensaje de la Santísima Virgen
María Reina de la Paz

Por el Rev. Padre Jacinto Ladino
(Director Centro María Reina de la Paz - Cúcuta - Colombia)

Noviembre 2005

“¡Queridos hijos! También hoy los invito: oren, oren, oren (1) hasta que la oración se les convierta en vida (2). Hijitos, en este tiempo de manera especial oro ante Dios para que les dé el don de la fe (3). Sólo en la fe descubrirán el gozo del don de la vida que Dios les ha dado (4). Vuestro corazón sentirá gozo al pensar en la eternidad (5). Yo estoy con ustedes y los amo con tierno amor. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!”

(1) Oren,oren,oren: Dan.6,11-16 ;Mat.14,22-23; Mat.26,36-46 ;Luc.6,12; Luc.18,1-8 ;
(2) En vida: Gen.18,16-33; Exodo, 32, 11-13; 33 ,11; Núm.12, 1-15; II Crónicas 7, 12-15; Job 11,13-19; Luc. 2, 41-43; 4,16; Luc.18, 1- 8; 21, 36; 22, 40; Mat. 6, 5.9-13; Mt 10, 37; Mat. 14, 23; Mt 22, 37; Mat. 26 ,41; Mc. 1 ,35; 6, 46; Jn. 13, 15; Hechos 1, 14; 2, 42; Hech.6, 4; 10 , 9;
(3) El don de la fe: Jn 16, 24; Marc.9, 24;
(4) Don de la vida: Gen.2, 7;
(5) Pensar en la eternidad: Jn 17, 3; I Tim.6, 11-13; I Jn 1,1-2 ;

Asunción de la Virgen María
«De pie a tu derecha, Señor, está la Reina»

La liturgia nos presenta la resplandeciente imagen de la Virgen elevada al cielo en la integridad del alma y del cuerpo. En el esplendor de la gloria celestial brilla la Mujer que, en virtud de su humildad, se hizo grande ante el Altísimo hasta el punto de que todas las generaciones la llaman bienaventurada (cf. Lc 1, 48). Ahora se halla como Reina al lado de su Hijo, en la felicidad eterna del paraíso y desde las alturas contempla a sus hijos. Con esta consoladora certeza, nos dirigimos a ella y la invocamos pidiéndole por sus hijos: por la Iglesia y por la humanidad entera, para que todos, imitándola en el fiel seguimiento de Cristo, lleguen a la patria definitiva del cielo. En ella, elevada al cielo, se nos manifiesta el destino eterno que nos espera más allá del misterio de la muerte: un destino de felicidad plena en la gloria divina. Esta perspectiva sobrenatural sostiene nuestra peregrinación diaria. María es nuestra Maestra de vida. Contemplándola, comprendemos mejor el valor relativo de las grandezas terrenas y el pleno sentido de nuestra vocación cristiana. Como Madre solícita de todos sostiene el esfuerzo de los creyentes y los estimula a perseverar en el empeño. Pienso aquí, de manera muy especial, en los jóvenes, que son quienes más expuestos están a los atractivos y a las tentaciones de mitos efímeros y de falsos maestros.
María, Mujer vestida de sol, ante los inevitables sufrimientos y las dificultades de cada día, ayúdanos a tener fija nuestra mirada en Cristo. Ayúdanos a no tener miedo de seguirlo hasta el fondo, incluso cuando nos parece que la cruz pesa demasiado. Haz que comprendamos que ésta es la única senda que lleva a la cumbre de la salvación eterna. Y desde el cielo, donde resplandeces como Reina y Madre de misericordia, vela por cada uno de tus hijos.Guíalos a amar, adorar y servir a Jesús, el fruto bendito de tu vientre, ¡oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María! (15 de agosto de 1997 S.S. Juan Pablo II )

 
 
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