Reflexión del Mensaje de la Santísima Virgen
María Reina de la Paz

Por el Rev. Padre Jacinto Ladino
(Director Centro María Reina de la Paz - Cúcuta - Colombia)

Septiembre 2007

“Queridos hijos: también hoy los invito a todos a que sus corazones ardan (1), con el amor más intenso posible, hacia el Crucificado; y no olviden que por amor a ustedes dio su vida (2) para que ustedes se salvaran. Hijitos, mediten y oren (3) para que su corazón se abra al amor (4) de Dios. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!”

(1) Sus corazones ardan: Juan 21, 15;
(2) Por amor a Uds.: Gal. 2, 20;
(3) Oren: Luc. 18, 1; 21, 36; Hech. 1, 8;
(4) Se abra al amor: Apoc. 3, 20

 
 

S.S. J.P. II y el crucifijo

"En la cruz de Jesucristo se encuentra la revelación suprema del amor de Dios”

1.“Invito a todo el pueblo cristiano a fijar la mirada en el rostro de Cristo crucificado y resucitado, y a profundizar el misterio de dolor y amor del que nace y se renueva constantemente la Iglesia-comunión como icono vivo de la santísima Trinidad.

2. En la cruz de Cristo encontramos la fuente genuina de la salvación, la revelación suprema del amor de Dios y la raíz profunda de la comunión con Dios y entre nosotros. En la agonía de Jesús en la cruz, que parece el momento de la victoria de las tinieblas y del mal, en realidad se realiza el triunfo de Cristo a través de su amor obediente al Padre y solidario con los hombres, prisioneros del pecado. A este propósito, en la citada carta apostólica escribí: «El grito de Jesús en la cruz (...) no delata la angustia de un desesperado, sino la oración del Hijo que ofrece su vida al Padre por amor para la salvación de todos. Mientras se identifica con nuestro pecado, "abandonado" por el Padre, él se "abandona" en las manos del Padre» (Novo milenio ineunte).

De la contemplación del rostro de Cristo crucificado y abandonado derivan importantes consecuencias que llevan a vivir a fondo el gran misterio de la comunión contenido y revelado en él: «Si verdaderamente hemos contemplado el rostro de Cristo (...) -escribí en la citada carta apostólica Novo millennio ineunte-, nuestra programación pastoral se inspirará en el "mandamiento nuevo" que él nos dio: "Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros" (Jn 13, 34)» (n. 42). ( J.P.II,Febr.14/2001 )

 
 
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