Reflexión del Mensaje de la Santísima Virgen
María Reina de la Paz

Por el Rev. Padre Jacinto Ladino
(Director Centro María Reina de la Paz - Cúcuta - Colombia)

Septiembre 2006

"¡Queridos hijos! También hoy estoy con ustedes y los invito a todos a una conversión (1) total. Decídanse por Dios (2), hijitos, y encontrarán en Dios la paz que busca su corazón. Imiten la vida de los santos (3), y que ellos sean un ejemplo (4) para ustedes; yo los ayudaré (5) todo el tiempo que el Altísimo me permita estar con ustedes. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!”

(1) Conversión: Rom 12, 2;
(2) Decídanse por Dios: Josué 24 ,15; Ruth, 1, 16;
(3) Imiten la vida de los santos: I Cor. 4,16; I Cor. 11, 1; Filp. 3, 17; Hebr. 6, 12;
(4) Ejemplo para Ustedes: Prov. 8, 32; Prov. 23, 26; Juan 13, 15; I Cor. 4, 6; II Cor. 6, 3;
(5) Los ayudaré: II Crónicas 14, 11; Hebr. 2, 18; Juan 2, 3.

Sobre la conversión

"Recorramos, dice San Clemente Romano, todas las generaciones y aprenderemos cómo el Señor, de generación en generación, «concedió un tiempo de penitencia» a los que deseaban convertirse a él. Jonás anunció a los ninivitas la destrucción de su ciudad, y ellos, arrepentidos de sus pecados, pidieron perdón a Dios y, a fuerza de súplicas, alcanzaron la indulgencia, a pesar de no ser del pueblo elegido. Jonás 3,1-10

Y el mismo Señor de todas las cosas habló también con juramento de la penitencia, diciendo: «Vivo yo» - dice el Señor - «que no me complazco en la muerte del pecador, sino en que se convierta», (Ezequiel 18,23) añadiendo aquella hermosa sentencia: «Arrepentíos, casa de Israel, de vuestra iniquidad; di a los hijos de mi pueblo: Aun cuando vuestros pecados alcanzaren de la tierra al cielo y fueren más rojos que la escarlata y más negros que un manto de piel de cabra; si os convirtierais a mí con toda vuestra alma y me dijerais «Padre», yo os escucharé como a un pueblo santo». ( Is. 1,18) (De san Clemente Romano a los Corintios)

Pero San Pablo dice a los Romanos : “Tú desprecias la inagotable bondad, tolerancia y paciencia de Dios, sin darte cuenta de que es precisamente su bondad la que te está llevando a convertirte a él”. Rom 2:4

Y San Pedro añade: “No es que el Señor se tarde en cumplir su promesa, como algunos suponen, sino que tiene paciencia con ustedes, pues no quiere que nadie muera, sino que todos se vuelvan a Dios”. 2Pe 3:9

 
 
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