Reflexión del Mensaje de la Santísima Virgen
María Reina de la Paz

Por el Rev. Padre Jacinto Ladino
(Director Centro María Reina de la Paz - Cúcuta - Colombia)

Agosto 2007

"¡Queridos hijos! También hoy los invito a la conversión. (1) Hijitos, que su vida sea un reflejo de la bondad de Dios (2) y no del odio ni de la infidelidad. Oren, hijitos, para que la oración se convierta en vida (3) para ustedes. Así podrán descubrir en su vida la paz y la alegría que Dios da (4) a aquellos que tienen el corazón abierto a Su amor . Y ustedes, que están lejos de la misericordia de Dios (5), conviértanse para que Dios no desatienda sus oraciones y no sea tarde para ustedes (6). Por eso, en este tiempo de gracia, conviértanse y pongan a Dios en el primer lugar en su vida (7). ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!"

(1) Conversión: Mat. 3, 8; Marc. 1, 4; Luc. 3, 3-8; Luc. 15, 7; Hech. 26,20;
(2) Reflejo de la bondad de Dios: Rom. 3, 3-4;
(3) Se convierta en vida: Juan 4, 34;
(4) Que Dios da: Juan 14, 27;
(5) Lejos de la misericordia de Dios: Rom. 13, 13; I Cor. 6-10; Gal.5 ,21;
(6) No sea tarde: Mal. 3, 19; Mat. 24, 36-38, 50; Mat. 25, 13; Mar. 13, 32; Luc. 17, 24-30;
(7) Primer lugar: Mat. 22, 37; Marc. 12,30; Luc. 10,27;

 
 

"¿Es usted Jesús ?"

Un grupo de vendedores fue a una convención de ventas. Todos le habían prometido a sus esposas que llegarían a tiempo para cenar el viernes por la noche. Sin embargo, la convención terminó un poco tarde, y llegaron retrasados al aeropuerto. Entraron todos con sus boletos y portafolios, corriendo por los pasillos. De repente, y sin quererlo, uno de los vendedores tropezó con una mesa que tenía una canasta de manzanas. Las manzanas salieron volando por todas partes. Sin detenerse, ni voltear para atrás, los vendedores siguieron corriendo, y apenas alcanzaron a subirse al avión. Todos menos uno.

Este se detuvo, respiró hondo, y experimentó un sentimiento de compasión por la dueña del puesto de manzanas. Le dijo a sus amigos que siguieran sin él y le pidió a uno de ellos que al llegar llamara a su esposa y le explicara que iba a llegar en un vuelo más tarde. Luego regresó al Terminal y se encontró con todas las manzanas tiradas por el suelo. Su sorpresa fue enorme, al darse cuenta de que la dueña del puesto era una niña ciega. La encontró llorando, con enormes lágrimas corriendo por sus mejillas. Tanteaba el piso, tratando, en vano, de recoger las manzanas que no veía, mientras la multitud pasaba, vertiginosa, sin detenerse, sin importarle su desdicha.

El hombre se arrodilló con ella, juntó las manzanas, las metió a la canasta y le ayudó a montar el puesto nuevamente. Mientras lo hacía, se dio cuenta de que muchas se habían golpeado y estaban magulladas. Las tomó y las puso en otra canasta. Cuando terminó, sacó su cartera y le dijo a la niña: "Toma, por favor, estos cien dólares por el daño que hicimos. ¿Estás bien?". Ella, llorando, asintió con la cabeza. El continuó diciéndole: "Espero no haber arruinado tu día". Mientras se alejaba , la niña le gritó: "Señor..."

El se detuvo y volteó a mirar esos ojos ciegos. Ella continuó: "¿Es usted Jesús...?" Él se paró en seco y dio varias vueltas, antes de dirigirse a abordar otro vuelo, con esa pregunta quemándole y vibrando en su alma:

“Ser nosotros como Jesús,¡reflejar la bondad de Dios en nuestra vida!, nos pide la Reina de la paz . He aquí todo un programa de vida que nunca llegaremos a realizar a cabalidad. Tarea por cierto bien comprometedora pero para cuya ejecución contamos desde luego con la ayuda amorosa y solícita de tan experta pedagoga. Ella nos quiere ayudar a cumplir esa apasionante tarea: reflejar la bondad de Dios, mostrar con nuestra vida el rostro misericordioso de Dios a los hombres más necesitados de nuestro mundo.

 
 
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