Reflexión del Mensaje de la Santísima Virgen
María Reina de la Paz

Por el Rev. Padre Jacinto Ladino
(Director Centro María Reina de la Paz - Cúcuta - Colombia)

Junio 2005

"¡Queridos hijos! Hoy les agradezco (1) por cada sacrificio (2) que han ofrecido por mis intenciones. (3) Hijitos, los invito a ser mis apóstoles de paz (4) y de amor (5) en sus familias y en el mundo. Oren para que el Espíritu Santo los ilumine (6) y los guíe por el camino de la santidad. Yo estoy con ustedes (7) y los bendigo a todos con mi bendición maternal. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!"

(1) Les agradezco: Salmo 9, 2; 118, 21; 138, 1; Jn 11, 41;
(2) Cada sacrificio: Rom. 12, 1-2; Filp. 4, 10-20;
(3) Mis intenciones: Mat. 6, 8;
(4) Apóstoles de la paz: Is. 52, 7; Nahum. 2, 1; Mat. 5, 9; Rom. 12, 14-21; 14, 13-21; I Cor. 7, 15; II Cor. 13, 11; Efes. 4, 1-6; Col. 3, 15; I Tes. 5, 13; Salm. 34, 15; Heb. 12, 14; I Pe. 3, 11;
(5) Amor: I Pe. 1, 22-25; 3, 8-12;
(6) Ilumine: Baruc 1, 11-12;
(7) Estoy con Ustedes: Deut. 31, 23; Jos. 1, 5; Jueces 6, 16; I Reyes 11, 38; Salm. 91, 14-15; Mat. 28, 20; Luc. 22, 27.

 
 

El sufrimiento de María y el nuestro según SS Juan P.II

"... En esta hora, para nosotros difícil y de intranquilidad, no podemos hacer menos que dirigir con filial devoción nuestra mente a la Virgen María, la cual siempre vive y actúa como Madre en el misterio de Cristo y de la Iglesia, y repetir las dulces palabras "Totus Tuus" que hace veinte años escribimos en nuestro corazón y en nuestro escudo, en el momento de nuestra Ordenación episcopal...".(S.S.Juan P.II Discurso inaugural de su Pontificado )

El divino Redentor quiere penetrar en el ánimo de todo paciente a través del corazón de su Madre Santísima, primicia y vértice de todos los redimidos. Como continuación de la maternidad que por obra del Espíritu Santo le había dado la vida, Cristo moribundo confirió a la siempre Virgen María una nueva maternidad-espiritual y universal- hacia todos los hombres, a fin de que cada uno, en la peregrinación de la fe, quedara, junto con María, estrechamente unido a Él hasta la cruz, y cada sufrimiento, regenerado con la fuerza de esta cruz, se convirtiera, desde la debilidad del hombre, en fuerza de Dios. (Salvifici doloris Nº 26

 
 
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