Reflexión del Mensaje de la Santísima Virgen
María Reina de la Paz

Por el Rev. Padre Jacinto Ladino
(Director Centro María Reina de la Paz - Cúcuta - Colombia)

Mayo 2006

“¡Queridos hijos! También hoy los invito a poner en práctica y a vivir los mensajes que les doy. Decídanse por la santidad (1), hijitos, y piensen en el paraíso (2). Sólo así tendrán paz (3) en vuestros corazones, la cual nadie podrá destruir. La paz es el don que Dios les da en la oración.(4) Hijitos, busquen y trabajen con todas sus fuerzas para que la paz triunfe (5) en vuestros corazones y en el mundo.¡Gracias por haber respondido a mi llamado!”

(1) Santidad: Ex.19,6; Lev. 11, 44-45; 19, 2; 20, 26; Rom: 1,7; I Tes. 4,3;
(2) Paraíso: Sap. 5, 15; Luc. 16, 19s; Filp. 3,14; Sant. 1, 12; Mat. 5, 12; I Cor .2 ,;9
(3) Paz: Isaías 48, 22; Sal 119, 165; Juan 14, 27;
(4) En la oración: Luc. 24, 36; Juan 14, 27;
(5) La paz triunfe: Mat. 5, 9.

Reina de la Paz...

(A continuación un brevísimo resumen de cuanto la Reina nos ha estado pidiendo en estos 25 años )

¡Paz, paz y solo paz! Debe reinar la paz entre el hombre y Dios y entre los hombres.
Soy la Reina de la Paz y vengo a llevarlos a Jesús. Abandónense totalmente a El y no teman nada. Dejen que Yo los guíe hasta Dios.
Oren y ayunen por la paz del mundo, por la paz en sus corazones, en sus familias, en su tierra. No dejen de orar.
Oro con ustedes y por ustedes, pero necesito sus oraciones. Oren con el corazón. Por eso perdonen, reconcíliense. Toda oración que viene del corazón es agradable a Dios.
En la oración está la salvación. Oren hasta que la oración se vuelva alegría. Recen el Rosario, cada día, solos, o en grupos, en familia. Dios le ha dado tanto poder al Rosario! No hay situaciones por difíciles que parezcan que no se resuelvan con la oración.
¡Conviértanse! ¡Regresen a Dios! Mi llamado a la conversión es urgente. Arrepiéntanse! Confiesen al sacerdote todos sus pecados. Hagan una confesión al menos una vez al mes.
Asistan y vivan la Misa. Allí Jesús se da en sacrificio de amor por ustedes. Allí esta su Pasión y Resurrección.
El es Dios y es el camino hacia el Padre. Ábranle sus corazones. Confíen en El.
Adoren a Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar.
Pidan todos los días los dones del Espíritu Santo.
Lean la Biblia. Lean San Mateo, cap. 6 vers. 24 al 34.
¡ Oren, oren, oren!
¡Gracias por responder a mi llamado!...

La paz, don de Dios

4. La paz no es sólo un equilibrio superficial entre intereses materiales divergentes -como si se tratara de cantidad, de técnica- sino, más bien, en su realidad profunda, un bien de tipo esencialmente humano -de los sujetos humanos- y, por consiguiente, de naturaleza racional y moral, fruto de la verdad y la virtud. Ella resulta del dinamismo de las voluntades libres, guiadas por la razón hacia el bien común a alcanzar en la verdad, la justicia y el amor. Este orden racional y moral se apoya precisamente en la decisión de la conciencia de los seres humanos de buscar la armonía en sus relaciones mutuas, respetando la justicia en todos y, por consiguiente, los derechos humanos fundamentales inherentes a toda persona. No se ve cómo este orden moral podría prescindir de Dios, fuente primera del ser, verdad esencial y bien supremo.

Ya, en este sentido, la paz procede de Dios, como fundamento; ella es un don de Dios. Apropiándose de las riquezas y recursos del universo explotados por el ingenio humano -por esta causa han surgido a menudo los conflictos- "el hombre se encuentra ante el hecho de la principal donación por parte de la naturaleza y, en definitiva, por parte del Creador" (Encíclica Laborem exercens, n. 12). Dios no es sólo el que entrega la creación a la humanidad para administrarla y desarrollarla solidariamente de forma que esté al servicio de todos los hombres sin discriminación alguna; El es también el que graba en la conciencia del hombre las leyes que le obligan a respetar, de diversos modos, la vida y la persona de su prójimo, creado como él a imagen y semejanza de Dios, hasta el punto de que Dios es el garante de estos derechos humanos fundamentales. Sí, Dios es la fuente de la paz; Él llama a la paz, la garantiza y la da como fruto de la "justicia".

Más aún, Él ayuda interiormente a los hombres a realizarla o a volver a encontrarla. En efecto, el hombre, en su existencia limitada y sujeta al error y al mal, está a la búsqueda del bien de la paz, como a ciegas, con muchas dificultades. Sus facultades están oscurecidas por apariencias de verdad, atraídas por falsos bienes y desviadas por instintos irracionales y egoístas. De ahí, la necesidad para él de abrirse a la luz trascendente de Dios que se proyecta en su vida, la purifica del error y la libera de sus pasiones agresivas. Dios no está lejos del corazón del hombre que le reza y trata de practicar la justicia; en continuo diálogo con él, en la libertad, le presenta el bien de la paz como la plenitud de la comunión de vida con Dios y los hermanos. En la Biblia la palabra "paz" se encuentra sin cesar asociada a la idea de bienestar, armonía, dicha, seguridad, concordia, salvación, justicia, como el bien por excelencia que Dios -"el Señor de la paz" (2 Tes. 3, 16)- da ya y promete en abundancia: "Voy a derramar... la paz como río" (Is. 66, 12).

Don de Dios confiado a los hombres

5. Si la paz es un don, el hombre jamás está dispensado de su responsabilidad de buscarla y de esforzarse por establecerla a través de esfuerzos personales y comunitarios a lo largo de la historia. El don divino de la paz es, pues, siempre a la vez una conquista y realización humana, porque es propuesto al hombre para ser recibido libremente y puesto en práctica progresivamente con su voluntad creadora. Por otra parte, la Providencia, en su amor por el hombre, no lo abandona nunca, sino que lo empuja o conduce misteriosamente, aun en las horas más oscuras de la historia, por el camino de la paz. Las dificultades, decepciones y tragedias del pasado y del presente deben ser consideradas como lecciones providenciales, de las cuales pertenece a los hombres sacar la cordura necesaria para abrir nuevas vías, más racionales y valientes, con el fin de construir la paz. La referencia a la verdad de Dios da al hombre el ideal y las energías necesarias para sobrellevar las situaciones de injusticia, para librarse de ideologías de poder y dominio, para emprender un camino de verdadera fraternidad universal.

 
 
Imprimir esta pagina