Reflexión del Mensaje de la Santísima Virgen
María Reina de la Paz

Por el Rev. Padre Jacinto Ladino
(Director Centro María Reina de la Paz - Cúcuta - Colombia)

Mayo 2005

"¡Queridos hijos! Nuevamente los invito a vivir mis mensajes (1) con humildad. Especialmente den testimonio de ellos, ahora que nos acercamos al aniversario de mis apariciones. Hijitos, sean un signo (2) para aquellos que están lejos de Dios y de su amor. Yo estoy con ustedes (3) y los bendigo a todos con mi bendición maternal. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!"

(1) Vivir mis mensajes: Gen. 41, 55; Lev. 18, 5; Tobías 4, 3-6; Mt. 7, 21, 24-27; Mat. 17,5; Mateo. 21, 28-32; Marcos 3, 35; Luc. 1, 38; 3, 10-14; 10, 25-37; Luc. 6, 47-49; 10, 25-28; Luc. 10, 29-37; Juan 2, 1-11; Juan 2, 5; 4, 34; Sant. 2, 14-20;
(2) Signo: Mat. 24, 14; Luc. 21, 13; Hechos 4, 33;
(3) Estoy con Ustedes : Mat. 28, 20.

 
 

María educadora del Hijo de Dios

“La maternidad de María no se limitó exclusivamente al proceso biológico de la generación, sino que, al igual que sucede en el caso de cualquier otra madre, también contribuyó de forma esencial al crecimiento y desarrollo de su hijo. No sólo es madre la mujer que da a luz un niño, sino también la que lo cría y lo educa; más aún, podemos muy bien decir que la misión de educar es según el plan divino, una prolongación natural de la procreación. María es Theotokos = Madre de Dios, no sólo porque engendró y dio a luz al Hijo de Dios, sino también porque lo acompañó en su crecimiento humano.

Se podría pensar que Jesús, al poseer en sí mismo la plenitud de la divinidad, no tenía necesidad de educadores. Pero el misterio de la Encarnación nos revela que el Hijo de Dios vino al mundo en una condición humana totalmente semejante a la nuestra, excepto en el pecado (cf. Hb 4, 15). Como acontece con todo ser humano, el crecimiento de Jesús, desde su infancia hasta su edad adulta (cf. Lc 2, 40), requirió la acción educativa de sus padres.

Los dones especiales, con los que Dios había colmado a María, la hacían especialmente apta para desempeñar la misión de madre y educadora. En las circunstancias concretas de cada día, Jesús podía encontrar en ella un modelo para seguir e imitar, y un ejemplo de amor perfecto a Dios y a los hermanos”. (cf. Lc 2, 51). S.S.Juan P.II Dic.4/96

 
 
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