Reflexión del Mensaje de la Santísima Virgen
María Reina de la Paz

Por el Rev. Padre Jacinto Ladino
(Director Centro María Reina de la Paz - Cúcuta - Colombia)

Febrero 2005

“¡Queridos hijos! Hoy los invito a que sean mis manos extendidas en este mundo que pone a Dios en último lugar (1). Ustedes, hijitos, pongan a Dios en el primer lugar en vuestra vida (2). Dios los bendecirá y les dará fuerza para testimoniar (3) al Dios del amor y de la paz. Yo estoy con ustedes e intercedo (4) por todos ustedes. Hijitos, no olviden que los amo(5) con amor tierno. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!”

(1) Manos extendidas: Mt. 10, 40-42; Luc. 9, 48; Jn. 13, 20;
(2) Primer lugar: Dt 6, 5; Mt 10, 37; Mt 22, 37; Mc 12, 30; Lc 10, 27;
(3) Para testimoniar: Marc 4, 21; Juan 13, 15; I Pe 2, 21-25; I Cor. 4, 6; Filp. 3,17;
(4) Intercedo: Juan 2, 1-5;
(5) Los amo: Mateo 7, 11; Juan 3, 16; Juan 13, 1; Gal. 2, 20; 1 Juan 4, 10; Apoc. 3,19.

 
 

La generosidad

 ¿Cómo podremos contribuir aunque sólo fuese en un miligramo a la curación de un medio social desgarrado y enfermo por tantos males y desdichas? ¿Será acaso que hemos olvidado que vivimos en una relación con los demás, que aunque a veces nos parezca innecesaria, nos hace ser lo que somos? ¿Qué ha pasado con la generosidad? Veo en nuestra actual sociedad como, de manera inconsciente, colocamos la comodidad, el dinero y la imagen como los valores supremos dentro de las virtudes que todo ciudadano moderno debe de tener. ¿Y la generosidad, dónde queda? Esa capacidad dentro del corazón humano que nos despierta la necesidad de ayudar a los demás, de entregar parte de nuestro tiempo a causas nobles, de desprendernos de algunas cosas que atesoramos, pero que nunca usamos. ¿Será que nuestra madre cultura nos está convenciendo de la importancia de la egolatría como medio de figurar más en el teatro social?

En esta época nuestra, que exalta como valores supremos la comodidad, el éxito personal y la riqueza material, la generosidad parece ser lo único que verdaderamente vale la pena en esta vida. El egocentrismo nos lleva a la infelicidad, aunque la sociedad actual nos quiera persuadir de lo contrario. Cuando la atención se vuelca hacia el “Yo”, se acaba haciendo un doble daño: a los demás mientras se les pasa por encima, y a uno mismo, porque a la postre se queda solo.

Pero ¿Qué es la generosidad?
Una persona generosa se distingue por:
- La disposición natural e incondicional que tiene para ayudar a los demás sin hacer distinciones.
- Resolver las situaciones que afectan a las personas en la medida de sus posibilidades, o buscar los medios para lograrlo.
- La discreción y sencillez con la que actúa, apareciendo y desapareciendo en el momento oportuno.
El vivir con la conciencia de entrega a los demás, nos ayuda a descubrir lo útiles que podemos ser en la vida de nuestros semejantes, alcanzado la verdadera alegría y la íntima satisfacción del deber cumplido con nuestro interior.

Practicando la generosidad en silencio, sin reflectores y sin anuncios en los medios sociales, es la nica manera de que, no perdiendo su esencia, nos proporcione paz interior.

 
 
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