Reflexión del Mensaje de la Santísima Virgen
María Reina de la Paz

Por el Rev. Padre Jacinto Ladino
(Director Centro María Reina de la Paz - Cúcuta - Colombia)

Enero 2009

“¡Queridos hijos! También hoy los invito a la oración (1). Que la oración sea como la semilla que pondrán en mi Corazón (2), y que yo entregaré a mi Hijo Jesús (3) por ustedes, por la salvación de sus almas. Deseo, hijitos, que cada uno de ustedes se enamore de la vida eterna (4), que es su futuro, y que todas las cosas terrenales les sean de ayuda para que se acerquen a Dios Creador (5); Yo estoy tanto tiempo con ustedes porque están en el camino equivocado (6). Solamente con mi ayuda, hijitos, podrán abrir los ojos (7). Hay muchos que al vivir mis mensajes comprenden que están en el camino de la santidad hacia la eternidad.(8) ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!

(1) También hoy: Luc. 18, 1-8;
(2) Semilla en mi corazón: Mrc. 4, 8; Luc. 8, 8;
(3) Entregaré a mi Hijo: Juan 2, 3;
(4) Se enamore: Cantar de… 2, 16; 6 ,3;
(5) Les sean ayuda: Prov. 30, 8-9; Luc. 12, 15-21; I Cor. 7, 31; Filp  3, 19;
(6) Camino equivocado: Mat. 23, 37; Luc. 13, 34;
(7) Abrir los ojos: Luc. 18, 41;
(8) Camino de la santidad: Luc. 10, 33-37.

 
 

Alguien me dijo  un día: “Dudo de  las  apariciones de Medjugorje, ¡Los mensajes son tan repetitivos!” Como respuesta, le pregunté: “Cuando usted era pequeño, ¿cuántas veces su madre le repitió: ‘No te metas el dedo en la nariz!’? “En verdad…me dijo: ¡muchas veces!” ¿Y cuándo dejó de decírselo?” “¡Cuando dejé de hacerlo!” “Es así… ¡cuando comencemos a orar, no tendrá más necesidad de repetírnoslo!”   

No hay fórmulas mágicas, ni secretos ocultos que nos expliquen cómo enamorarnos de Dios. Jesús, además de ser Dios, es un ser humano, con  corazón humano y nos relacionamos con Él, como con cualquier ser humano: con el contacto físico, con el trato diario, con largas conversaciones sobre nuestras inquietudes, conociendo a su familia, entrando en su círculo de amigos, visitándole a menudo en casa, ofreciéndole nuestro apoyo en todos sus problemas, bromeando con Él…
Forjamos nuestra amistad con Dios igual que lo haríamos con otra persona. Es tan fácil.

Pero ¿cómo nos desenamoramos de Dios?
Si cada vez que nos llama para que vayamos a verle a “su casa” le dejamos plantado;
Si cuando nos pregunta cómo estamos, cómo nos sentimos, no le contestamos;
Si nos pide ayuda, le decimos que no;
Si le hacemos daño, si lo ofendemos, y encima no nos disculpamos;
Si nunca escuchamos sus consejos; si no hacemos lo que nos dice; sino todo lo contrario.

Rompemos nuestra relación con Dios igual que lo haríamos con cualquier otra persona.

 
 
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