Reflexión del Mensaje de la Santísima Virgen
María Reina de la Paz

Por el Rev. Padre Jacinto Ladino
(Director Centro María Reina de la Paz - Cúcuta - Colombia)

Enero 2005

"¡Queridos hijos! En este tiempo de gracia nuevamente los invito a la oración. Oren, hijitos, por la unidad de los cristianos (1) a fin de que todos sean un solo corazón (2). La unidad será realidad entre ustedes cuanto más oren y perdonen (3). No olviden: el amor vencerá solamente si oran (4) y su corazón se abrirá ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!"

(1) Unidad de los cristianos: Hechos 2, 44-47; 4, 34;
(2) Un solo corazón: Jn 17, 11, 21-23; I Cor. 1, 10-16; 1 Cor. 3, 1-4; 1 Cor. 12, 4-11; 1 Cor. 12, 12-30;
(3) Perdonen: Col. 3, 12-15; Rom. 13, 8-10; Mat. 6, 14-15; Mat. 18, 21-35;
(4) Solamente si oran: Mat. 18, 15-20;

 
 

Iglesia, oración y Espíritu Santo

El soplo de la vida divina, el Espíritu Santo, en su manera más simple y común, se manifiesta y se hace sentir en la oración. Es hermoso y saludable pensar que, en cualquier lugar del mundo donde se ora, allí está el Espíritu Santo, soplo vital de la oración. Es hermoso y saludable reconocer que si la oración está difundida en todo el orbe, en el pasado, en el presente y en el futuro, de igual modo está extendida la presencia y la acción del Espíritu Santo, que " alienta " la oración en el corazón del hombre en toda la inmensa gama de las mas diversas situaciones y de las condiciones , ya favorables, ya adversas a la vida espiritual y religiosa. Muchas veces, bajo la acción del Espíritu, la oración brota del corazón del hombre no obstante las prohibiciones y persecuciones, e incluso las proclamaciones oficiales sobre el carácter arreligioso o incluso ateo de la vida pûblica. (JUAN P.II Y MARIA en la “Dominum et vivificantem” N° 65 )

“En medios de los problemas, de las desilusiones y esperanzas, de las deserciones y retornos de nuestra época, la Iglesia permanece fiel al misterio de su nacimiento. Si es un hecho histórico que la Iglesia del Cenáculo el día de Pentecostés, se puede decir en cierto modo que nunca lo ha dejado. Espiritualmente el acontecimiento de Pentecostés no pertenece sólo al pasado: la Iglesia, está siempre en el Cenáculo que lleva en su corazón. La Iglesia persevera en la oración, como los Apóstoles junto a María, Madre de Cristo, y junto a aquellos que constituían en Jerusalén el primer germen de la comunidad cristiana y aguardaban, en oración la venida del Espíritu Santo”.(Dominum et vivificantem 66)

 
 
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