Reflexión del Mensaje de la Santísima Virgen
María Reina de la Paz

Por el Rev. Padre Jacinto Ladino
(Director Centro María Reina de la Paz - Cúcuta - Colombia)

Mayo 25, 2011

¡Queridos hijos! Mi oración hoy es para todos ustedes (1)que buscan la gracia de la conversión(2).
Llaman a la puerta de mi Corazón, pero sin esperanza ni oración, en el pecado, y sin el sacramento de la Reconciliación con Dios. (3)
Abandonen el pecado (4) y decídanse, hijitos, por la santidad. (5)
Solamente así (6) puedo ayudarlos y escuchar sus oraciones e interceder (7)ante el Altísimo. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!”

  1. Oración para todos :2° Crónicas  7,13-14
  2. Gracia de la conversión: Ezequiel 16,59-63
  3. Reconciliación con Dios :Rom.5,10-11; Juan 20,23
  4. Abandonen el pecado:Col.3,5-11
  5. La santidad :Lev.11,44-45;Amós 5,14-15;Deut.14,2 ;Rom.12,1-2,9 ;Filp.4,8-9;1Pe.1,13-23;
  6. Solamente así :2 Cron.7,14
  7. Interceder:Gen.18,23-32 ;Ester,10.3

Reconcíliense con Dios

No es ningún secreto que, mientras las filas de quienes acuden a comulgar han crecido, la fila de quienes acuden a confesarse es cada vez más corta. Sin embargo, la crisis espiritual de nuestra época -la pérdida del sentido del pecado- no podrá superarse a menos que nuestro pueblo católico redescubra el alivio de hacer una "buena confesión".

Aumentar las oportunidades de que uno se acerque al sacramento, podría ayudar. La experiencia de los sacerdotes que escuchan confesiones diariamente  demuestra que las personas acuden a confesarse cuando la confesión está realmente a su alcance. Durante la Cuaresma, nuestras parroquias, en efecto, programan servicios especiales de penitencia, en los que los fieles pueden participar en el Rito de la Reconciliación con confesiones y absolución individuales.

En las palabras del Papa Benedicto XVI, la Cuaresma es "una época privilegiada de peregrinación interior hacia Aquel que es la fuente de la misericordia". La Cuaresma es fructífera si nos ayuda a salir de nosotros mismos para que podamos abrirnos -con abandono confiado- al abrazo misericordioso de nuestro amoroso Padre. Este "abrazo misericordioso" se ofrece a cada católico que, con la disposición apropiada y con el firme propósito de la enmienda, se acerca al Sacramento de la Penitencia. La recepción provechosa de este sacramento también puede ayudarnos a abrirnos a los demás en sus necesidades: por haber experimentado la misericordia de Dios, podemos aprender a ser misericordiosos.

Si buscamos la santidad, entonces -tal como el Papa Juan Pablo II nos recordó- "sería una contradicción que nos conformáramos con una vida de mediocridad marcada por una ética minimalista y una religiosidad superficial". La Penitencia ha sido llamada "el segundo bautismo", pues sigue siendo "la manera ordinaria de obtener el perdón y la remisión de los pecados mortales cometidos después del bautismo".

San Pablo nos dice: " Nos presentamos, pues, como embajadores de Cristo, como si Dios mismo les exhortara por nuestra boca. En nombre de Cristo les rogamos: ¡déjense reconciliar con Dios! 2ª Corintios 5, ". El nos pide una reconciliación personal, pero, hablando como un embajador de Cristo, también nos exhorta a que nos reconciliemos con Dios, como él dijo, "por medio de nosotros", es decir, por medio de los representantes de la Iglesia a los que Cristo les dio el poder de perdonar los pecados.
La queja de nuestra Madre es muy angustiosa pero veraz: “Ustedes llaman a la puerta de mi Corazón, pero sin esperanza ni oración, en el pecado, y sin el sacramento de la Reconciliación con Dios”
                                                                        

+Thomas Wenski   Arzobispo de Miami.

 
 

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