Reflexión del Mensaje de la Santísima Virgen María Reina de la Paz

Por el Padre Justo Antonio Lofeudo

Octubre 2008

"¡Queridos hijos! De manera especial los llamo a todos ustedes para que oren por mis intenciones a fin de que por medio de sus oraciones se detenga el plan de Satanás sobre esta Tierra, que cada día está más lejos de Dios, y en lugar de Dios se pone a sí mismo y destruye todo lo que es hermoso y bueno en el alma de cada uno de ustedes. Por eso hijitos, ármense con la oración y el ayuno para que sean conscientes de cuánto Dios los ama y puedan hacer la voluntad de Dios. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!"

 
 

“De manera especial los llamo a todos ustedes para que oren por mis intenciones a fin de que por medio de sus oraciones se detenga el plan de Satanás ...”

La mayoría de las personas, informadas por periódicos y otros medios, advierten que algo muy grave está aconteciendo en el mundo de las finanzas y de la economía con serias consecuencias sociales, que puede desembocar en una catástrofe sin precedentes históricos. Esa mayoría, sin embargo, suele desconocer lo que calla la prensa y que en cambio nos llega por capilaridad: la gran persecución a los cristianos en Irak, Irán y muchos otros países musulmanes, la caza feroz contra familias cristianas a quienes se está matando, procurando el exterminio del cristianismo en la India, por medio de hinduistas y en Sri Lanka a manos de budistas. Miles y miles de muertos y éxodos en Asia y en África. Otras violentas persecuciones ya se han asomado en América Latina. Quizás, por acostumbrados a tanta mala noticia, en la resignación muchos olviden todos los ataques a que hoy están sometidas las personas que quieren vivir la fe verdadera e intentan mantener la moral cristiana en este mundo. Y aún cuando todo esto se sepa, la Santísima Virgen ve más allá aún y sabe muchísimo más que nosotros, en rigor lo sabe todo. Sabe que lo que estamos viendo y sabiendo es parte de un plan de exterminio y aniquilación que conduce el mismo Demonio. Un plan en pleno desarrollo que pretende llegar a su fin: la total destrucción de la humanidad. Por ello, en este llamado hay una urgencia adicional y por eso mismo nos pide, especialmente, que recemos por sus intenciones. Rezar por sus intenciones significa postergar las propias por urgentes que ellas sean. Nada más ni nada menos. Todos tenemos nuestras propias necesidades y personas que piden nuestra intercesión. Pues, ahora debemos relegarlas y concentrarnos en pedir y ofrecer por las intenciones de nuestra Madre. Este mensaje es francamente perentorio.

Lo que vemos, lo que experimentamos nos hace preguntar: ¿Cómo no pensar que estamos en el corazón de las profecías, que ante nosotros se está cumpliendo lo que nos es revelado por las Escrituras? ¿Cómo no ver que el diluvio de apostasía y de mal supera a la propia naturaleza humana?

Refiriéndose al misterio del mal y luego abordando específicamente la mayor necesidad de la Iglesia, que es defenderse contra Satanás, el Papa Pablo VI recordaba que el pecado, que surge como perversión de la libertad del hombre, es la causa profunda de la muerte (por el pecado entró la muerte en el mundo) porque es separación de Dios (que es la Vida) y-agregaba- que es efecto de una causa interviniente en nuestras vidas y en el mundo: el Demonio. Y, ya tratando más específicamente acerca del Enemigo, decía: “El mal no es sólo una deficiencia, sino una eficiencia, un ser vivo, espiritual, pervertido y pervertidor. Terrible realidad. Misteriosa y terrificante”.

Advertía luego el Santo Padre que quien niegue reconocer esta realidad o quien lo toma como un principio en sí mismo y autonomía de Dios o quien lo concibe como un concepto o personificación fantástica, está fuera de la enseñanza de la Biblia y de la enseñanza de la Iglesia (Del discurso de Pablo VI del 15/11/72).

A Satanás también se lo conoce en la Biblia como la antigua Serpiente o como el Dragón. Hoy el Dragón está vomitando de sus fauces como un río de agua, detrás de la Mujer, para arrastrarla con su corriente, pero la tierra viene en auxilio de la Mujer; abre la tierra su boca y traga el río vomitado por las fauces del Dragón (Cf. Ap 12:15-16). A la Mujer del Apocalipsis la tradición la ha identificado con la Iglesia pero también se la personifica en la Santísima Virgen. Por tanto, ese pasaje puede ser interpretado –a la luz de este presente- como que Satanás siembra el caos y los hijos de la Santísima Virgen responden a su llamado con sus oraciones y sacrificios para absorber el mal. La Mujer está enfrentando a la Serpiente en batalla decisiva y llama a los suyos, a su linaje para la lucha frontal. Su linaje es ese talón que aplasta la cabeza de la pérfida Serpiente (Cf. Gn 3:15).

¿Por qué el mensaje es perentorio? Porque si nuestra Santísima Madre nos está convocando especialmenteno es tan sólo porque lo que ya se viene desarrollando sino más bien por lo que está por venir, porque el Enemigo está por descerrajar un gran golpe cuando menos se lo piensa ni espera. No sería de extrañarnos que golpeara contra la Iglesia y contra la fuente de gracias que es Medjugorje. Por tanto, debemos tomar muy seriamente este mensaje y esforzarnos por cumplirlo.

Por cierto, la gravedad de la situación no ha de medirse por las consecuencias que empiezan a avizorarse sino, en parte, por las causas que están produciendo los devastadores efectos. Las causas principales son, en los países cristianos, el alejamiento, cada vez mayor, de Dios y en el resto las derivaciones demoníacas de fanatismos religiosos o filosóficos. Sin embargo, por debajo de todas las causas esencialmente hay un causante y éste es Satanás. Por esta razón la Santísima Virgen habla de Satanás y de su plan.

Satanás es el homicida desde el principio, enemigo de Dios y de los hombres. Precisamente, “satanás” significa “enemigo, adversario”. En él no hay verdad, es el padre de la mentira. Es el que quiere -en su loco y alucinante orgullo- ponerse en el lugar de Dios, ser como Dios. Incita al hombre a la rebelión y por su envidia y odio quiere destruir la humanidad. Es enemigo de todo lo bello, de todo lo bueno, es decir de todo lo santo. San Pedro exhortaba a los cristianos a ser sobrios, a estar alerta y a permanecer firmes en la fe ante las asechanzas del demonio, que ronda como león rugiente buscando a quien devorar (Cf. 1P 5:8-9).

Jesucristo es el Camino, la Verdad y la Vida. Satanás es la Perdición, la Mentira y la Muerte. Él ataca todo lo que es santo y fuente de santidad, de ahí su furia arremetedora contra las familias y contra la vida consagrada a Dios. Dios hizo al hombre de barro, pero lo hizo a su imagen y semejanza. Satanás destruye la imagen divina en el hombre volviéndolo sucio barro.

Somos testigos, sobre todo en los últimos años, de la frenética velocidad del despliegue de este plan satánico para acabar contra las familias. Comenzó y continúa quebrando hogares, rompiendo la unión entre marido y mujer al mismo tiempo que fue y va contra la juventud para rebelarla a sus padres y maestros y pervirtiéndola con la droga y el sexo. Ha convencido a muchas mujeres que son libres si se deshacen de sus hijos cuando les plazca y que los hijos no son tales cuando se los gesta sino un apéndice de sus cuerpos, de quienes se puede disponer a voluntad. Ha conquistado legisladores y jueces en todo el mundo para que aseguren que el aborto no sólo no es un delito sino un derecho. Ha corrompido el lenguaje para disfrazar la muerte y a los abortos los hace llamar “interrupción voluntaria del embarazo” y parecidos eufemismos para la muerte de ancianos, enfermos y de niños que vienen al mundo con minusvalías físicas. Ahora, mediante la enseñanza pública, va contra los más pequeños con una pervertida educación sexual en las escuelas. La tragedia es la total indefensión de la familia ante la legislación de los estados que, por sus gobernantes, se han vuelto instrumentos de ese plan.

Si bien su modo de obrar ordinario es a través de las tentaciones, disfrazando lo malo de bueno y apetecible –y para ello cuenta con el arma eficaz de la moda, la publicidad, el cine, la TV e Internet-, en estos tiempos ofusca además los corazones y las mentes con la confusión y el caos. Su primer propósito es separar al hombre de Dios, su Creador y Salvador. Como sólo la Iglesia es la voz que se alza denunciando el mal y trayendo luz en medio de la confusión, su cometido inmediato es acallar a la Iglesia empezando a querer relegar la religión al ámbito privado para que no se pueda pronunciar públicamente. Por eso, ahora su objetivo primordial es la misma Iglesia. Y la ataca desde afuera a través de todo tipo de literatura y de otros medios y la ataca, también, desde dentro. No se puede ignorar ese ataque interno a la Iglesia de Cristo, donde siembra confusión, incertidumbre, insatisfacción, enfrentamientos, divisiones. Y actúa en todos los frentes minando, por un lado, la fe con argumentos de apariencia teológica, pero que no son otra cosa que perversa doctrina y falsa teología; mientras en los consagrados provoca acedia, tristeza, mundanización y consecuente alejamiento de la vida de oración.

A menos que no seamos iluminados por la verdadera fe y por una vida espiritual hecha de constante adoración y oración perseverante no llegará a percibirse la intervención demoníaca en la Iglesia y en el mundo.

Satanás está zarandeando a muchos, los está cribando. Y allí está Pedro, el Papa, para cumplir con el mandato de Cristo de confirmar a sus hermanos en la fe.

En estos tiempos de oscuridad y gran confusión el Santo Padre es, más que nunca, guía luminoso. Y, porque lo es, se trata de acallarlo, ignorarlo, ridiculizarlo. El Señor, que prometió no abandonar a los suyos, ha enviado para estos tiempos a su Madre. Por eso, aquí está la Madre de Dios y Madre de la Iglesia para asistirla, para alertarnos, para denunciar el error, para conducirnos por el recto camino y enderezar lo que está torcido, para reparar y alentarnos y darnos la seguridad de su cercanía protectora, para –en fin- conducir la batalla. Por ello, no es posible desmerecer o despreciar su venida entre nosotros alegando que no agrega nada a la Revelación. Es que no se trata de revelaciones sino de algo fundamental para este tiempo y es la guerra que Satanás está cometiendo para acabar con la humanidad, mientras Ella, Madre de Dios, se opone con todas sus fuerzas: su poderosa intercesión y nuestras oraciones y sacrificios intercesores y reparadores.

La guerra no es ya contra la jerarquía o contra aquel o este movimiento eclesial sino contra el mismo Cordero. Satanás está desgarrando un ataque furibundo desviando del camino a muchos buenos sacerdotes y fieles, mostrándoles un bien inmediato en el que preocuparse en cambio de la misión esencial que es llevar a Cristo al mundo. Logra que se banalice lo sagrado y que se use el santo nombre del Señor como pretexto de ideologías y herejías al servicio del demonio. Mientras el mundo, persiguiendo el solo placer, rechaza la cruz, la perversión herética niega la cruz como instrumento de salvación y a la Eucaristía como verdadero alimento para el espíritu y sacramento salvífico. En lugar de vida espiritual se tienen planteos materialistas, psicologistas y utilitaristas. En tanto se desprecian los sacramentos como medios de santificación y salvación se sostiene que la religión debe servir para solucionar problemas temporales. Como en tiempos de Jesús, se busca sólo el pan que sació el hambre de miles, pero cuando se trata del pan bajado del cielo todos abandonan al Señor dejándolo solo. Se disuade a los cristianos del sacrificio. No se debe hablar de sacrificios ni de ofensas a Dios, ni de pecado, ni de castigo, ni de Infierno, ni de Satanás, ni siquiera de Purgatorio porque todo eso puede herir la sensibilidad de las personas y ahuyentar a los fieles. Hay que -se dice- atraer con la miel y no espantar con la hiel. Todos esas aparentes buenas intenciones son en realidad inspiradas por el espíritu del mal y de muerte. El objetivo es acallar a la verdad, así Satanás tiene el camino libre para seducir, confundir, asesinar.

Aunque esté empeñado el Demonio en socavar el edificio de la Iglesia hasta producir su total derrumbe, ciertamente no lo logrará porque “las puertas del Infierno no prevalecerán sobre ella”. Sin embargo, en su feroz intento está causando un gran daño y una gran confusión entre los creyentes. Críticas y dudas a la fe católica, relativización de la verdad que niega el dogma, banalización del misterio, degradación de la liturgia, falsas divisiones entre fe e historia y entre fe y razón, rebelión al Magisterio y contestación a la jerarquía son algunas de las acciones diabólicas que ha venido intensificando últimamente. Sobre todo desde la finalización del Concilio Vaticano II, hasta el punto de que algunos creyeran que a partir del Concilio había nacido una nueva Iglesia. De aquí los esfuerzos de los Papas Benedicto XVl y de Juan Pablo II para poner las cosas en su debido lugar, recuperando, por una parte, la belleza y el misterio litúrgico que hace a la esencia de la fe y respondiendo a los ataques con la sana doctrina a través de encíclicas y otros documentos y libros y de los Concilios sobre la Eucaristía y, actualmente, sobre la Palabra.

La Iglesia es del Cielo y de la tierra, es militante y triunfante. La Iglesia no termina aquí sino que aquí comienza, echa su raíz para elevarse a las alturas. Viene de lo Alto y a lo Alto va. Por eso, y porque las medidas son contestadas y no recibidas, porque la acción del Demonio es intensa y cada vez más furibunda, el Cielo viene en auxilio de la tierra y viene en la persona de María Santísima. Viene a que la oigamos y -a quienes la oímos- hagamos lo que Ella nos pide en este mismo momento.

“Por eso hijitos, ármense con la oración y el ayuno para que sean conscientes de cuánto Dios los ama y puedan hacer la voluntad de Dios”

La oración y el ayuno son al mismo tiempo armas defensivas y de ataque en este combate. La Santísima Virgen nos pide que oremos con Ella y por sus intenciones. Cuando rezamos el Santo Rosario es a Ella a quien oramos y con Ella nos adherimos al designio del Padre, que envía a su Hijo para salvar a todos los hombres (Cf. CIC 2679).

Siempre nos pide rezar con el corazón. Orar con el corazón es orar elevando el alma a Dios. Es hablar con Dios desde lo más profundo de un corazón reconciliado, purificado, humilde y contrito.

El corazón es la morada más oculta donde sólo Dios y nuestra Madre tienen acceso.

La Santísima Virgen llama al encuentro de la oración porque es la Enviada -del Dios que llama- y nosotros debemos responder. Responder intercediendo por las intenciones de la Santísima Virgen es responder a la misericordia de Dios.

La oración y el ayuno(1) son el camino que nos abre a la comprensión del misterio del amor de Dios por nosotros y también nos otorga la luz para conocer la voluntad de Dios y la fuerza para cumplirla en nuestras vidas.

El pedido de la Reina de la Paz es el de despojarnos de nosotros mismos, puesto que al orar sólo por sus intenciones excluimos nuestras necesidades espirituales, y al ayunar nos abstenemos de alimentos y de otras cosas materiales para reducirnos a lo esencial.

Queridos hermanos, seamos conscientes de la urgencia de este llamado que nuestra Madre María Santísima nos hace. Recemos con todo el corazón y en toda ocasión por sus intenciones. Ofrezcamos los sacrificios de las Misas por sus intenciones y también nuestros pequeños sacrificios. Oremos y ayunemos. Oremos y ayunemos dando nuestra cuota de sacrificio ofrecido a Ella, para conocer aún más el amor de Dios que se está manifestando en este mismo mensaje y en cada momento de este tiempo de gracia y de nuestra vida, y así podamos, por la gracia que Él nos dé, hacer su perfecta y santa voluntad de salvación nuestra y a través de nosotros.

(1) Una vez más conviene recordarlo: el ayuno que se nos pide es a pan y agua, los miércoles y viernes. Quienes por razones de salud no pueden hacerlo estrictamente a pan y agua siempre podrán privarse de alimentos y bebidas a los que están apegados o acostumbrados.

P. Justo Antonio Lofeudo mslbs
www.MensajerosdelaReinadelaPaz.org

 
 
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