Reflexión del Mensaje de la Santísima Virgen María Reina de la Paz

Por el Padre Justo Antonio Lofeudo

Julio 2007

"iQueridos hijos! Hoy, en el dia del Patrono de su parroquia, los invito a imitar Ia vida de los santos. Que ellos sean ejemplo y estimulo para Ia vida de santidad. Que Ia oración sea como el aire que respiran, y no una carga. Hijitos, Dios les descubrirá su amor, y ustedes experimentarán el gozo de ser amados mios. Dios los bendecirá y les dará gracias en abundancia. iGracias por haber respondido a mi Ilamado!"

 
 

El 25 de Julio es el día en el que Ia Iglesia celebra Ia fiesta del Apóstol Santiago el Mayor a quien está dedicada Ia iglesia parroquial de Medjugorje. Es por ello que la Santisima Virgen dice que ese día 25, en que ha dado su mensaje, es el del patrono de la parroquia. Al mismo tiempo nos está recordando lo que duo al comienzo de sus apariciones: que sus mensajes van dirigidos en primer lugar a la parroquia y luego al mundo.

Santiago, hijo de Zebedeo, hermano de Juan, conocido como el Mayor, ya que habla entre los apóstoles otro del mismo nombre (el Menor, autor de la epistola), fue el primero de los apóstoles en entregar su vida como mártir, apenas una decena de años después de la muerte del Señor. Imitar la vida de los santos como pide La Madre de Dios en este mensaje es imitar sus virtudes heroicas y el testimonio que dieron de Cristo, de la verdad.

“Queridos hijos" declara Santisima Virgen en su mensaje del 25 de noviembre del 97 "los estoy guiando en este tiempo de gracia para que se vuelvan conscientes de su vocación cristiana. Los santos martires morían dando testimonio: ‘soy cristiano y amo a Dios sobre todas las cosas’ Hijtitos, hoy también los invito a regocijarse y a ser cristianos llenos de gozo..."

El significado original de la palabra “mártir” (martyr) es el de “testigo”, fue con el correr del tiempo que se la identificó con “aquel que da testimonio de Cristo hasta el derramamiento de su sangre”. A aquellos que sufren persecuciones y tribulaciones sin llegar a dar el testimonio de su sangre se los llama “confesores de la fe”.

Nuestra Madre vincula el testimonio, aún el testimonio que se da hasta el extremo del martirio, con la alegría. La alegría acompaña y es parte de la fuerza que Dios da para poder ser sus testigos ante un mundo hostil y enemigo de Dios. Imitar la vida de los santos es seguir el camino de perfección que ellos han debido transitar. Los santos no nacen santos sino que van recorriendo un camino, que en algunos es breve pero en otros es largo y tortuoso.

Cuando leemos en la Sagrada Escritura que Santiago, Junto con su hermano Juan, pedían para sí los puestos más importantes buscando una gloria humana (no hablan aun comprendido cómo era ese Reino que anunciaba el Maestro) (Mt 20:2Oss) o cuando querían él y su hermano, que cayese fuego del cielo para aniquilar a aquellos samaritanos que no los recibían (Lc 9:54) o cuando con los otros discípulos huyó en el momento de la cruz (Mc 14:50), y luego sabemos hasta qué grado de heroicidad confesó el Nombre de Cristo, vemos entonces que tuvo que recorrer un largo y estrecho camino para llegar a la gloria de la santidad y alcanzar nada menos que la palma del martirio.

¿Cómo logró Santiago, cómo logran los santos alcanzar la santidad? Dejando que Cristo viva en ellos, abandonándose con total confianza y recibiendo la fuerza de lo alto, el Espíritu Santo que es Espíritu de santidad.

Recordemos las palabras que el Señor les dirigió a Santiago y a todos los que serían sus enviados, antes de su Ascension: “No os vayáis de Jerusalén, sino aguardad la Promesa del Padre... el Espíritu Santo (Hch 1:4). Vosotros permaneced en la ciudad hasta que seaís revestidos de poder desde lo alto (Lc 24:49)”. Sabemos, además, que esa espera fue en oración (cf Hch 1:12). El Espíritu -que hizo de aquellos discípulos apóstoles, es decir enviados a los confines de la tierra para proclamar la Buena Noticia y ser testigos del Resucitado- vino entonces y viene siempre por la oración (Cfr Lc 11:13).

El 25 de mayo del 2003, Ia Reina de Ia Paz invitaba a la oración pidiendo especialmente al Espíritu Santo, para poder orar con el corazón. A través de esa oración, la del corazón que viene por el Espíritu, nuestros corazones se convierten a Dios y cuando nosotros somos tocados por esa gran gracia extraordinaria, podemos volvernos testigos, aón silenciosos, y suscitar en otros el cambio profundo de vida que Ileva a Ia salvación.

Es por eso mismo que, una vez más, nuestra Madre del Cielo insiste en la importancia de Ia oración. La oración es insustituible. No bastan las obras de caridad y misericordia por grandes que parezcan si no hay oración porque acaban siendo obras humanas. La oración es insustituible e indispensable, como lo es el aire para respirar. Así como nuestro cuerpo no puede vivir sin respirar así tampoco el alma vive sin la oración. Sin oración languidece y muere espiritualmente. La oración llena la vida, más aún es vida.

Por la oración viene la luz. Es la iluminación divina que nos revela nuestra verdadera identidad, nuestra misión y el llamado personal de Dios. “Hijitos, crean que con la oración sencilla se puede obrar milagros. Por medio de la oración ustedes abren el corazón a Dios y El obra milagros en sus vidas. Al obsentar los frutos, el corazón de ustedes se llena de gozo y de gratitud hacia Dios por todo lo que El hace en sus vidas y, a través de ustedes, en los demás” (25 de octubre de 2002).

Por sobre todo, por la oración descubrimos que Dios nos ama, que Dios es amor, que somos los bienamados de Dios y de la Virgen Santísima. Por eso mismo, porque descubrimos ese amor que nos llena de inefable gozo, en uno de sus mensajes, la Reina de la Paz nos exhortaba a orar, orar y orar hasta que la oración se vuelva alegría. Y en otro nos decía: “en la oración conocerán el gozo más sublime”(28 de marzo de 1985).

Es la oración la que nos cambia, puesto que cuando viene de un corazón que anhela ser cada vez mejor, agradar y ser más cercano a Dios, El bendice a esa alma con toda clase de bendiciones espirituales en los cielos. Y de la abundancia de su gracia daremos testimonio de su amor como han hecho todos los santos.

P. Justo Antonio Lofeudo mslbs
www.MensajerosdelaReinadelaPaz.org

Santiago es el ünico nombre que ya contiene la palabra santo en si mismo, por lo que es una rebundancia decir San Santiago. En efecto, Santiago viene de Sant’ iago o jaco. El nombre es Jacobo o sea que San Jacobo se volvió Santiago, y este nombre es el mismo que Diego y Jaime.
¡Bendito, Alabado y Adorado sea Jesucristo en el Santísimo Sacramento del altar!

 
 
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