Reflexión del Mensaje de la Santísima Virgen María Reina de la Paz

Por el Padre Justo Antonio Lofeudo

Mensaje de 25 Mayo 2010

¡Queridos hijos! Dios les ha dado la gracia de vivir y de custodiar todo el bien que hay en ustedes y alrededor de ustedes, y de alentar a otros a ser mejores y más santos, pero Satanás no duerme, y a través del modernismo los desvía y los conduce por su camino. Por eso, hijitos, en el amor hacia mi Corazón Inmaculado, amen a Dios sobre todas las cosas y vivan Sus Mandamientos. Así su vida tendrá sentido y la paz reinará en la Tierra. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!

 
 

Comentario

Con alegría los invito a todos a vivir mis mensajes alegremente…
     La alegría es la nota relevante de este mensaje, la que hilvana el sentimiento de la Santísima Virgen con su deseo hacia nuestra respuesta: que vivamos también nosotros con alegría sus mensajes.

     En la versión original griega del Evangelio de san Lucas, el saludo del ángel a la doncella de Nazaret sonaba así: “¡Alégrate (regocíjate) llena de gracia!”. El saludo anticipaba la grandísima noticia que le sería dada. Ahora también Ella nos saluda en el signo de la alegría porque sus mensajes son buena noticia, son Evangelio que nos lleva a su Hijo.

     Nuestra Madre expresa su alegría porque el Señor le ha permitido y sigue permitiendo, después de 29 años, manifestarse de este modo tan especial y dirigirnos sus mensajes a nosotros sus hijos.

     Ese gran hombre de Dios, teólogo y conocedor del mundo espiritual, que fue don Divo Barsotti, a propósito de esa capacidad que tiene la Santísima Virgen de estar fuera del tiempo y en la gloria divina pudiendo contemporáneamente estar en la vida de cada uno de sus hijos y sus hijas, decía: “No es que la Virgen aparezca sino que son nuestros ojos que la ven… Las apariciones de la Virgen es el don de una nueva vista, vista en la que se manifiesta lo que habitualmente no aparece, no porque las cosas no sean sino porque nuestra mirada no es capaz de percibir esta luz… La respuesta se puede resumir así: no son nuestros ojos que la ven, es Ella que tiene necesidad de entrar en comunión con nosotros, y no podría ser de otro modo”.

     La Madre de Dios y Madre nuestra siempre está a nuestro lado y siempre acude a nuestro llamado aún cuando no la veamos. 

…los invito a todos a vivir mis mensajes alegremente, sólo así, hijitos, podrán estar más cerca de mi Hijo

     También hay alegría porque la misión de llevar a Jesús es siempre de intenso gozo. Quien ama al Señor (y ¿quién más que su Madre?) arde de deseos de hacerlo conocer y llevar a otros hacia Él, para que lo amen y lo adoren. Y ello siempre implica gran alegría: la del anuncio y la de ver coronada la aspiración cuando quienes estaban lejos se acercan al Señor.

     El Reino de los Cielos, el Reino de Dios, es el Reino de la felicidad. Ser conscientes de ello nos permite vivir los mensajes, vivir el Evangelio como buena, bella y alegre noticia, vivirlos gozosamente, y no como una carga pesada que hay que soportar. Como tantas veces repetía san Pablo, nosotros vivimos en la gracia que nos viene de Cristo Jesús, no bajo el yugo insoportable de la ley. Nuestro deber de amar, a Dios por sobre todas las

cosas y al prójimo, por la gracia del Señor se convierte en un dulcísimo deber. 

Deseo conducirlos a todos únicamente a Él, y en Él encontrarán la verdadera paz y la verdadera alegría del corazón

     La misión de la Santísima Virgen ha sido y es traer a Jesús y llevar a todos a Él. Ella es la llena de gracia porque concibió y dio a luz al autor de la gracia, porque recibió la plenitud de la gracia como para seguirlo hasta el propio sacrificio de la cruz. María Santísima es la Mediadora y Dispensadora de todas las gracias. De Dios las recibe y Ella las dona y Ella conduce siempre a Jesucristo, la fuente de todas las gracias. La Virgen Inmaculada no deja de co-operar (obrar con su Hijo) en grado excelso a la salvación de los hombres. Verdad de fe es que Uno sólo es el Salvador de los hombres, siendo su Madre María la que mejor, más rápido y en manera más segura conduce a su Hijo.

     Jesucristo es nuestra paz, quien nos trae la paz verdadera. “Os dejo la paz, mi paz os doy, no como el mundo la da, Yo os la doy” (Jn 14:27). La paz es el gran bien mesiánico que nos viene de la cruz del Señor. Él es nuestra alegría, nuestro todo.

     La alegría y la paz no vienen de condiciones externas favorables. Mas bien esas pueden ser y muchas veces son adversas. La verdadera paz y la verdadera alegría a la que nos llama la Reina de la Paz, vienen del interior del corazón tocado por la gracia del Señor. Entonces, la condición para recibir paz y alegría es la apertura del corazón a la acción de Dios y por eso el camino, que desde hace 29 años nos viene proponiendo la Reina de la Paz, es seguir sus mensajes. 

A todos los bendigo y los amo con inmenso amor

     ¿Cómo no estar alegres cuando recibimos estas palabras de nuestra Madre del Cielo? Cuando nos sabemos por Ella bendecidos y amados con ese amor suyo incondicional, sin confines.

     Tú, Santísima Madre, nos das las gracias porque respondemos a tu llamado. Y las das sabiendo de nuestras imperfecciones y frecuentes infidelidades en cumplirlos. Nosotros, tus hijos, te respondemos: ¡Gracias, Madre amadísima por manifestarte y mostrarnos todo tu amor! ¡Gracias por todos estos años junto a nosotros!



P. Justo Antonio Lofeudo
www.mensajerosdelareinadelapaz.org 

 
 
 

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