Reflexión del Mensaje de la Santísima Virgen María Reina de la Paz

Por el Padre Justo Antonio Lofeudo

Mensaje del 25 Abril 2010

Queridos hijos! En este tiempo, cuando de manera especial oran y buscan mi intercesión, los invito, hijitos, a orar para que a través de sus oraciones, yo pueda ayudar a que muchos corazones más se abran a mis mensajes. Oren por mis intenciones. Yo estoy con ustedes e intercedo ante Mi Hijo por cada uno de ustedes. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado! 

 
 

Comentario

En este tiempo, cuando de manera especial oran y buscan mi intercesión, los invito, hijitos, a orar para que a través de sus oraciones, yo pueda ayudar a que muchos corazones más se abran a mis mensajes
          Éste, sin lugar a dudas, es tiempo de grandes pruebas para toda la Iglesia y también para cada uno de nosotros como hijos de la Iglesia que sufren ante los feroces ataques que buscan embestir y mancillar su santidad. 
          Junto a la dureza de los tiempos que nos toca vivir, comunitariamente y también en lo personal, se nos presenta la misericordia de Dios en la presencia de la Santísima Virgen por medio de sus apariciones. 
          Conocedores de esta presencia tan cercana y maternal es que nos dirigimos en oración a la Madre de Dios buscando su intercesión. 
          Espontáneamente acudimos a la Santísima Virgen, presentándole nuestras intenciones, porque sabemos que podemos confiar en nuestra Madre y que su intercesión es poderosa porque es también la Madre del Señor. Las intenciones que le presentamos son necesidades espirituales y materiales, propias o de otras personas por las que pedimos. 
          Nuestra Madre todo esto lo sabe, escucha nuestros ruegos, los acepta en la medida que son aceptables y los presenta al Señor de quien recibe las gracias para sus hijos. Hasta aquí es, digamos, el contenido normal de nuestra relación filial y orante con nuestra Madre del Cielo. Ahora, la Santísima Virgen nos pide dar un paso más. Lo hace apelando a nuestra generosidad de hijos que la escuchan y que quieren seguirla, para que recemos por otros, a quienes no conocemos pero Ella sí conoce. Quiere que nuestras oraciones sean por los que tienen cerrado el corazón al llamado de este tiempo de misericordia, que se manifiesta en las apariciones y los mensajes de la Reina de la Paz en Medjugorje. 
          Nuestras oraciones, por estas intenciones particulares, dirigidas a la Madre de Dios harán que pueda Ella ayudar a esas personas alejadas de la divina gracia.

En este punto, invito a detenernos un momento porque ya en esta parte del mensaje hay varias verdades implícitas que merecen destacarse. 
          La primera es la figura preeminente de la Santísima Virgen en la obra de la Redención, dispuesta por el Altísimo desde su Inmaculada Concepción. Ella es la Mujer elegida desde la eternidad, antes del mismo pecado de nuestros padres, para unirse en seguimiento al Salvador. Creada Inmaculada en mérito a la Redención que Jesucristo llevará a cabo, obediente en todo a Dios, atesorando en su corazón cada momento de la vida de su Hijo, será finalmente al pie de la cruz, cuando Jesucristo cumple la obra de salvación de todos los hombres, que María de Nazaret, unido íntimamente su sacrificio al de su Hijo, perfeccionará su misión corredentora.  
          Luego, este mensaje nos dice que en la historia de la salvación, cada uno de nosotros tiene también una cierta misión, o sea que no debemos ser meros espectadores del drama salvífico sino que cada uno podrá dar o hacer algo para el bien espiritual y el destino de eternidad de los demás. Si bien es muy cierto, como lo acaba de recordar el Santo Padre, que "el sacerdote continúa la obra de Redención en la tierra", ello no excluye que todos los demás cristianos sean instrumentos de salvación por medio de sus ejemplos de vida, oraciones y ofrecimientos. De un modo directo o indirecto todos somos solidarios, puesto que la salvación no es aventura meramente personal. 
         A través del mensaje también se nos hace evidente que nuestra contribución a la salvación de otros se realiza junto a la Madre de Dios y que Ella, en esto, necesita de nosotros. Nuestras, pobres pero indispensables, oraciones unidas a las suyas, poderosas, permitirán a la Virgen ayudar a que otros accedan a la gracia. La gracia, que supera todo mal, se manifiesta ahora en la atención y acatamiento a estos mensajes celestiales, medio ciertamente no único pero sí privilegiado que Dios ha elegido en estos tiempos para rescatar a la humanidad doliente y rebelde. 
          Este mensaje nos dice algo más: por cuanto gratuita sea la gracia que Dios nos da a través de la Virgen hay una parte que nos compete hacer a nosotros para que la gracia actúe y esa es la de aceptarla. Por eso, la gracia es al mismo tiempo don y conquista. 
          La Madre de Dios interviene con nuestras oraciones (debemos subrayar que es "con nuestras oraciones") para que los que están alejados de Dios, que lo ignoran, lo rechazan, lo desprecian, puedan aceptar estos mensajes y así abrirse al conocimiento de Dios, amarlo y salvarse.
          Luego, como explicitando lo dicho, agrega: 

Oren por mis intenciones. Yo estoy con ustedes e intercedo ante Mi Hijo por cada uno de ustedes
          Podemos estar muy seguros que las suyas son intenciones de salvación de sus hijos y que todos nosotros estamos incluidos en ellas.
          La mirada atenta y la intercesión de nuestra Madre y Señora nos debe dar siempre la confianza de su cercanía.
          Cuando somos conscientes de que la Reina de la Paz está con nosotros, intercediendo por cada uno, logramos escuchar la voz de sus mensajes.
          Y ahora, ¿qué esperamos para unirnos a la Reina de todo lo Creado y obedecerla para que otros, por Jesucristo, sean salvados? Empecemos ya a rezar nuestros rosarios y a ofrecer Misas y sacrificios personales por las intenciones de la Santísima Virgen. Ella nos lo agradece bendiciéndonos.

P. Justo Antonio Lofeudo
www.mensajerosdelareinadelapaz.org 

 
 
 

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