Reflexión del Mensaje de la Santísima Virgen
María Reina de la Paz

Por el Padre Justo Antonio Lofeudo

Marzo 2006

"¡Ánimo hijitos! He decidido conducirlos por el camino de la santidad. Renuncien al pecado y emprendan el camino de la salvación, camino que mi Hijo ha elegido. A través de cada una de vuestras tribulaciones y padecimientos, Dios les mostrará el camino de la alegría. Por eso, hijitos, oren. Estamos cerca de ustedes con nuestro amor. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!"

 
 

Este mensaje llama a nuestra atención porque comienza de un modo diferente al usual. Recuerda la frase de Jesús a sus apóstoles: “En el mundo tendréis tribulación. Pero ¡ánimo!: yo he vencido al mundo” (Jn 16:33b). El mensaje parece indicar también “no se desalienten, no se descorazonen ni se dejen abatir porque la santidad es posible, porque amar de verdad es posible y yo los estoy guiando en este camino, que es el camino de santidad, el camino del amor”. Es el camino que el Señor ha elegido para nosotros y el camino que Él mismo ha recorrido. Es duro, ciertamente, por eso nos alienta, pero también dulce y sellado por la paz que sólo Dios puede dar.

“Tomad sobre vosotros mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera”, dice el Señor (Mt 11:29-30).

El término “yugo” tiene el sentido bíblico de la imposición de la Ley. El yugo de Jesucristo es la Ley del amor, es el soportar –como hizo él- el mal por amor y amando, respondiendo al mal con el bien. Jesucristo cargó sobre sí todo el pecado del mundo y todos los padecimientos que vienen del mal en la total mansedumbre y humildad de corazón. Es el Siervo doliente de Yahvé, que asume nuestros pecados para redimirnos (Cf Is 42;53) y que pide lo sigamos en el camino de la cruz, es decir, en el de soportar sufrimientos causados por el mal ajeno y también por el propio porque el peso terrible y aplastante ya ha sido soportado por el Señor en el Gólgota. Es Jesucristo quien, Víctima inocente por su sacrificio voluntario en la cruz, alivia nuestros sufrimientos, restaura nuestras heridas, vuelve soportable la tribulación. “Venid a mí todos los que estáis fatigados y oprimidos que yo os daré descanso” (Mt 11:28), no deja de repetirnos.

Y esto es lo que el mensaje nos dice a continuación: “A través de cada una de vuestras tribulaciones y padecimientos, Dios les mostrará el camino de la alegría”, admitiendo que hay y habrán tribulaciones y padecimientos, pero también alegría íntima en el alma, ese gozo interior que vuelve dulce el sufrimiento. La Virgen no es alarmista pero tampoco esconde la realidad. Hay y habrá mayores tribulaciones y sufrimientos en el mundo en que vivimos. (*)

Pero, este camino se hace orando. Orando y despojándose en confiado abandono a Dios para ver muy bien por dónde va el camino y para dejarse conducir por María. Orando para que el Espíritu Santo nos dé la fortaleza necesaria para continuar caminando. Orando para que el Señor vaya desbrozando el sendero, aplanándolo y volviéndolo soportable. Orando para poder entregar cada dificultad, cada problema, cada padecimiento y así quitarle toda amargura y por gracia de Dios convertir el dolor en motivo de inefable gozo. Orando para poder despojarnos de nosotros mismos, de nuestras seguridades, de nuestro egoísmo, de nuestros miedos y así lograr abandonarnos confiadamente a Dios de las manos de María. Orando para abrir nuestra inteligencia, nuestro corazón y así reconocer los signos de los tiempos (*) y –a través de ellos- reconocer quién nos viene a visitar. Orando para recibir del Espíritu Santo la fortaleza y la moción de hacer lo que se deba hacer.

Y cuando nos sintamos desfallecer pensemos que el Señor Jesús y su Madre nos aman, que nos envuelven con su amor y que sus ojos están puestos sobre nosotros para que nada verdaderamente malo nos ocurra. Pero, claro está, esa cercanía sólo será posible experimentarla por medio de la oración y en ese silencio contemplativo y adorante que se vuelve Palabra y que nos vuelve a invitar: “Venid a mí todos los que estáis fatigados y oprimidos que yo os daré descanso”.

(*) Ver mensaje a Mirjana del 18 de marzo 2006 y comentario.

P. Justo Antonio Lofeudo mslbs
www.MensajerosdelaReinadelaPaz.org

 
 
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