Reflexión del Mensaje de la Santísima Virgen María Reina de la Paz

Por el Padre Justo Antonio Lofeudo

Enero 2007

"¡Queridos hijos! Pongan la Sagrada Escritura en un lugar visible en su familia y léanla. Así conocerán la oración con el corazón y sus pensamientos estarán en Dios. No olviden que son pasajeros como una flor de campo, que se ve de lejos, pero desaparece en un instante. Hijitos, dondequiera que vayan, dejen un signo de bondad y amor, y Dios los bendecirá con la abundancia de su bendición. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!"

 
 

La Santísima Virgen piensa en la familia al pedir poner la Palabra de Dios en lugar visible para leerla. En otros términos, a la familia le pide que se acerque a la Palabra. Para aproximarse a la Palabra de Dios es necesario tomar distancia del mundo que –en el mejor de los casos- distrae y que, sobre todo, corrompe el espíritu. Tener la Biblia en un sitio de honor, visible, accesible, supone poder leerla en familia y ello implica poner a Dios en el centro de la vida familiar, desplazando, al mismo tiempo, todo lo que nos aparta de Él y que hoy, lamentable y trágicamente, no viene sólo de afuera sino que está metido en el propio hogar.

Los hogares son bombardeados por la degradación moral manifiesta en las costumbres que se le proponen por todos los medios. ¡Cuántas vulgaridades y obscenidades, cuánta impudicia y violencia llegan a los hogares por medio de la TV y de Internet, de periódicos y revistas! Y ante ese diluvio de degradación y de ofensas a Dios y a la dignidad humana, las personas pasan de víctimas a ser cómplices pasivos que no saben defenderse y que se muestran incapaces de detener el aluvión que los arrastra y los hunde.

Muchas cosas se han ido tolerando porque “todos lo hacen” o porque se prefiere el mal menor del “y bueno, con tal que no se drogue, etc.”
Las cosas no se llaman más por su nombre sino que se usan mentirosos eufemismos para disfrazar el pecado y tapar la podredumbre. Mientras tanto, el mal en la cotidianeidad, que lo transforma en normal, sigue su obra de pervertir la mente y el corazón de los pequeños y, por cierto, de los adultos también.

La conciencia de los niños y de los jóvenes adolescentes es deformada por la violencia, y las estadísticas muestran cómo esa deformación se convierte a su vez en violencia por ellos cometida.
El cine y la televisión, los programas de dibujos animados, los video games, los video clips, los sitios de Internet, en nombre de la diversión y el esparcimiento -pero en verdad sirviendo a los poderes de las tinieblas- exaltan la violencia, vulgarizan la sexualidad e inducen a todo tipo de perversiones.

Ante toda esa avalancha de atropellos y ataques la familia está desprotegida. Muchos padres desesperanzados, muchas personas de buena voluntad vencidas por esta realidad, han claudicado en una triste resignación. Otros aún se preguntan ¿Cómo se combate todo ese mal que nos rodea y que penetra en nosotros de mil maneras? La respuesta a unos y otros la da nuestra Madre del Cielo: no desesperar, el camino es el del regreso a Dios, es entronizarlo en los hogares, a través de la lectura atenta de la Sagrada Escritura con la oración del corazón que surge de la misma Palabra de Dios.

No lo olvidemos, la Santísima Madre nos pide reaccionar no con cartas indignadas de lectores ni con manifestaciones de ningún tipo (aunque no esté mal hacerlo) sino con la Biblia y la oración.

Plantar la Sagrada Escritura en medio de la casa es alojar la Palabra que sana, que está viva y que es eficaz porque hace lo que dice. Es atesorar la belleza con que resplandece la verdad y el amor. Quien desaloja el mal que se disfraza de entretenimiento –porque aunque se filtrara todo lo degradante y venenoso quedaría todavía la distracción de lo esencial, la ocupación de un tiempo que pudiendo ser provechoso pasará sin dejar rastro- por la Sagrada Escritura, está cambiando mal por bien, desgracia por gracia y bendición, vulnerabilidad, daños y heridas por protección, y muerte por vida.

En estos días el Papa ha expresado sus deseos para que los cristianos redescubran en sus vidas la importancia de la Palabra de Dios. Decía que se debe tener especial veneración y obediencia a la Escritura para que sea recibida la urgente llamada a la comunión con Cristo. Exhortaba a cada cristiano y también a las comunidades, entre las que incluía la familia, a redescubrir la Palabra de Dios y su mensaje, y a favorecer siempre más el contacto con la Palabra de Dios en la meditación y en la oración.

Hoy nuestra Madre del Cielo, en total sintonía con el Vicario de su Hijo, también vincula, en este mensaje, a la Sagrada Escritura con la oración. Orar con la Biblia, orar desde la Biblia, esto es lo que creo se nos quiere significar en este mensaje por orar con el corazón como consecuencia de la lectura bíblica. Se trata, por ejemplo, de escoger un pasaje del Evangelio y buscar las resonancias de la Palabra en nosotros para responder a la Palabra viva que nos interpela, para dejar que haga en nosotros su camino fecundo y crezca y brote en alabanzas a Dios y en obras de amor.

Como nos lo recuerda la Carta a los Hebreos, la Palabra de Dios ilumina nuestro camino en la peregrinación terrena hacia el pleno cumplimiento del Reino de Dios.
Es urgente cambiar las palabras que llevan a la muerte por aquella que nos da la vida. Sólo Jesucristo tiene palabras de vida.

La familia debe replegarse al hogar y reforzar las puertas, las vigas de la casa, con la oración de sus miembros que forman juntos la Iglesia doméstica. “Donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”, nos asegura el Señor (Mt 18:20).

Debe la familia asentarse sobre los cimientos inamovibles de la Sagrada Escritura, porque en ella está presente Dios que nos habla.
Cuando vivimos en la Palabra, cuando nos nutrimos de ella, vivimos en presencia de Dios y nuestras obras, por pequeñas que sean a los ojos del mundo, empiezan a cobrar trascendencia y a dejar huella porque son inspiradas en el amor de Dios.

La Reina de la Paz quiere que seamos conscientes de lo efímero de nuestra vida en la tierra, que pasa y puede pasar sin dejar rastro alguno. Nos invita a alzar la vista al cielo, a la vida que nos espera pero que depende de cómo hayamos vivido el peregrinar en este mundo. Por eso, a continuación de recordarnos que estamos de paso por la tierra -como una flor del campo, que es concreta y visible como lo somos nosotros, pero que es breve su existencia- nos exhorta a que dejemos la impronta del amor y hagamos el bien por donde pasemos. Eso y sólo eso es lo que nos hemos de llevar a la otra vida: lo que dimos, todo aquello que nos hemos desprendido con amor y por amor.

La Iglesia, igual que Israel, desde siempre ha rezado con los salmos. Por eso y porque el mensaje de hoy nos llama a la lectura de la Sagrada Escritura y a la oración, es ahora oportuno meditar sobre la fragilidad y la brevedad de la vida, que se acorta y hasta puede aniquilarse por el pecado, y con el salmista orar diciendo:

“Señor, Tú sumerges a los hombres en un sueño,
a la mañana son hierba que brota:
brota y florece por la mañana,
por la tarde está mustia y se seca…

…Vivimos setenta años,
ochenta con buena salud,
mas son casi todos fatiga y vanidad
pasan presto y nosotros volamos…

…Enséñanos a contar nuestros días
…Sácianos de tu amor por la mañana...
...¡La benevolencia del Señor esté con nosotros!” (Salmo 90)

La benevolencia para quienes escuchan y viven los mensajes de la Reina de la Paz, se manifiesta en la abundancia de la bendición de Dios.

P. Justo Antonio Lofeudo mslbs
www.MensajerosdelaReinadelaPaz.org

 
 
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