Reflexión del Mensaje de la Santísima Virgen
María Reina de la Paz

Por el Padre Justo Antonio Lofeudo

Enero 2006

"¡Queridos hijos! También hoy los invito a ser portadores del Evangelio en sus familias. Hijitos, no olviden leer la Sagrada Escritura. Pónganla en un lugar visible y testimonien con su vida que creen y viven la Palabra de Dios. Yo estoy cerca de ustedes con mi amor, e intercedo ante mi Hijo por cada uno de ustedes. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!"

 
 

Uno de los principales mensajes de Medjugorje es el que se refiere a la lectura de la Biblia. Ya desde el comienzo, junto al pedido de oración diaria y del ayuno (dos veces a la semana: miércoles y viernes), la Santísima Virgen ha llamado a la lectura diaria de la Biblia. Al menos, decía, un pasaje del Evangelio y, como signo y también como recordatorio de la presencia y centralidad de la Sagrada Escritura en la vida del cristiano, invitaba a poner la Biblia en un lugar visible de la casa, junto a la cruz y a imágenes bendecidas. Un lugar que debería ser el ámbito de reunión para la oración y para la lectura y escucha de la Palabra, para toda la familia. Era la propuesta de la dedicación de un espacio, además de un tiempo, totalmente a Dios en el núcleo del hogar.

Si por una parte, debemos recordar que la Santísima Virgen, respetando la libertad de cada uno, siempre invita y no fuerza a nadie a hacer lo que pide, y por eso no debemos entonces nosotros tampoco forzar a nadie a cumplir con el mensaje; por la otra es necesario reconocer que las familias se disgregan porque cada uno pretende vivir su realidad singular y al no darle entrada a Dios en la vida se termina por no tener ni espacio ni tiempo para ninguna persona. Es cuando se pierde el diálogo, cuando no existen ni guías ni normas a seguir porque no se reconoce autoridad a los padres, cuando se rompe la unión y la comunicación y quedan solamente dramas individuales que suelen transformarse en pequeñas y grandes tragedias.
Ante esta situación tan generalizada, la Reina de la Paz vuelve en este mensaje a proponernos recomenzar. ¿ De dónde? O más bien, ¿ de quién? De quién es sensible a la voz de la Santísima Virgen y ha decidido seguir sus mensajes en su vida cotidiana. Ése es quien, lo pide la Madre de Dios, debe ser el portador del Evangelio entre los suyos, el que lleve al ámbito familiar la buena noticia de Dios hecho hombre, muerto por nuestros pecados y resucitado, que tiende la mano a cada uno y que a cada uno llama a la proximidad de la amistad, a la misma intimidad, al conocimiento y la experiencia del amor. Ese debe ser quien lleve, en su testimonio de vida, a Jesús Resucitado, vencedor del pecado y de todo mal y de toda muerte. Debe ser quien lleve a la salvación a los suyos en Cristo Salvador.

Para lograrlo, la Santísima Virgen vuelve a invitarnos a realizar gestos concretos como poner la Biblia en un lugar visible, es decir, a entronizar a Dios en su Palabra en nuestro hogar. Palabra viva y eficaz, creadora y siempre nueva que habla a cada uno de un modo diferente y siempre verdadero. Palabra que deberá ser leída y escuchada, respetada, amada, custodiada, atesorada en el corazón y deberá encarnarse y crecer en la realidad de cada creyente.

El Magisterio de la Iglesia nos recuerda que el autor de la Sagrada Escritura es el Espíritu Santo y en el mismo Espíritu debe ser leída e interpretada junto a toda la Iglesia. El Santo Padre recomienda la lectio divina. Los pasos fundamentales al leer un pasaje, por ejemplo, del Evangelio son las respuestas a las siguientes preguntas: 1) ¿Qué dice? Significa saber objetivamente a qué se refiere el pasaje. 2) ¿Qué me dice? Es la interiorización de la Palabra encontrando el eco que ella produce en mí y de qué modo me interpela. 3) ¿Qué le digo? ¿Cuál es mi respuesta a tal interpelación. Porque la Palabra de Dios no es declamada sino proclamada y vivida en testimonio de la vida de la fe, dice la Madre de Dios que ser “portador del Evangelio” es ser alguien que “cree y vive” lo que lee dando “testimonio de vida” de su fe.

Cuando, entonces, creemos en lo que leemos y vivimos lo que creemos seremos coherentes y creíbles, y aún sin palabras seremos capaces de invitar a quienes estén alejados de Dios al encuentro con Quién transforma e ilumina toda vida.

Ante las dificultades y los peligros por los que debemos atravesar, la Santísima Virgen no deja de repetir nos que Ella está cerca de nosotros con su amor y que intercede por cada uno de nosotros. Esta certeza que viene de sus palabras reafirmantes nos da nuevas fuerzas para mantenernos en la fe, para que nuestra esperanza no decaiga y no venga a menos nuestro amor, y podamos así vivir los mensajes que su Corazón nos va dictando.

P. Justo Antonio Lofeudo mslbs
www.MensajerosdelaReinadelaPaz.org

 
 
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