Reflexión del Mensaje de la Santísima Virgen
María Reina de la Paz

Por el Fr. Jozo Zovko

Noviembre 2006

"Queridos hijos, también hoy los invito: oren, oren, oren. Hijitos, cuando oran están cerca de Dios y Él les da el deseo de eternidad. Este es un tiempo, en que pueden hablar más de Dios y hacer más por Dios. Por eso no se resistan, sino permitan, hijitos, que Él los guíe, cambie y entre en su vida. No olviden que son viajeros en camino hacia la eternidad. Por eso, hijitos, permitan que Dios los conduzca como un pastor a su rebaño. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!"

 
 

¡Queridos hermanos y hermanas!

Este mensaje me impresionó como una epístola pastoral especial dirigida a nosotros como a nuestra familia que ora y a toda la Iglesia. Para nosotros es muy importante el llamado a la perseverancia en la oración. El cristiano que deja de orar se hunde en un océano de desesperación y en un profundo sin sentido. Por el contrario, el cristiano que ora crece en esperanza y en un deseo cada vez más profundo de vida eterna e inmortal. El cristiano no se atemoriza ante el fenómeno de la muerte, porque “La vida no se quita, sino que se transforma”, así rezamos en el Prefacio de la Misa de Difuntos. A través de la oración el cristiano entra en la paz y en la vida inmortal de Dios. La fe que está vinculada a la oración es fuente inagotable de esperanza y alegría.

Otro elemento que reconozco en el mensaje es un llamado a un apostolado más grande. Solamente quien ama a Dios puede hablar más de El. Puede hacerlo sólo aquel que ora, consciente de que diariamente recibe de El todas las gracias. Y todas esas gracias lo animan a la alabanza y al agradecimiento. Nosotros no hemos sido elegidos y llamados a hacer propaganda de Dios y de la fe, de la Iglesia, sino hacer por amor cada vez más y más.

Estos días, en el aeropuerto de Bari, antes de entrar al avión, una joven policía me dijo:
“Señor, ¿puedo revisar su maleta?”
“¡Cómo no!” Abro mi maleta y ella toma una Medalla Milagrosa plastificada de la Virgen María.
“Esto es un rosario”, me dijo.
“No, señorita, esta es la Medalla Milagrosa de la Bienaventurada Virgen María.” Saqué el Rosario del bolsillo y le dije: “Este es el rosario.”
“No sé nada acerca de eso.”
“¿Es Ud. cristiana?”
“Naturalmente. En verdad, no he sido educada…” Se quedó confundida, y yo triste.

Cuánta ignorancia y desconocimiento de Dios y de la Iglesia encontramos hoy en día. Cuánto desconocimiento de los valores fundamentales de nuestra fe diariamente nos muestran las encuestas periodísticas. Sentimos cómo la familia ha fracasado, cómo la escuela ha fracasado, la Iglesia, la comunidad parroquial.

Es evidente que todos hablamos y testimoniamos muy poco con la práctica de una vida cristiana a nuestros hijos, a nuestra descendencia. Por consiguiente, hemos hecho muy poco por Dios y la fe, por la Iglesia y la cultura cristiana.

Nos encontramos en el Adviento. ¡Cuánto esfuerzo invertirán los comerciantes para atraer la atención a sus escaparates, a sus productos! Cuántos cristianos acudirán y recorrerán febrilmente los negocios y escaparates para comprar regalos para la Navidad. ¡Cuántos esfuerzos invertirán para comprar el mejor traje de Navidad y para preparar el banquete de Navidad! Veo todo eso como una resistencia al Dios que viene, que la Santísima Virgen nos trae. Y golpeará a todas las puertas también con este mensaje. Después de dos mil años, nuestras ciudades son Belenes modernos en que no hay lugar para la Madre y el Niño. Tantos se quedarán sin los Sacramentos, sin Misas del Alba en el Adviento y oraciones en familia, sin una verdadera preparación para la Navidad.

Nuestra comunidad tiene un llamado piadoso especial de hacer más, enseñar e impulsar más a todos aquellos que se resisten a Dios. Estamos en camino y por eso debemos reconocer los signos en el camino. Tales signos son nuestros santos, nuestras festividades. La soberbia cierra al hombre y ni siquiera permite a Dios guiarlo. Encontramos a tantos que se sienten frustrados, angustiados, simplemente infelices y desilusionados. Creen más en las obras humanas y en la ciencia, que en Dios y la Iglesia. Todo eso muestra que muchos de los que encontramos en el camino de la vida no están informados y se sienten desalentados.

Los padres hablan muy poco acerca de Dios, el sacerdote habla muy poco en sus catequesis y homilías acerca de Dios, y cada vez más lo hace acerca de temas sociales o de otra índole. Pocos catequistas hablan acerca de Dios, alguien a quien le rezan muy poco. Hablan poco de Dios también los medios de comunicación cristianos, dando más espacio a todo excepto a la educación en la fe.

Es muy hermosa la parábola de Jesús: Yo soy el buen Pastor, y ustedes son mi rebaño. Esa hermosa imagen de quien se esfuerza y sacrifica, que no trabaja por un salario, sin por amor. Que nunca se convierte en un asalariado. No pierde nunca su rebaño. Conoce los pastizales y los peligros. Siempre está vigilando. Por tanto, permitir que me guíe es humildad y amor, confianza y seguridad. Todos nuestros proyectos sin El nos han llevado a la desilusión.

Este es un tiempo de gracia. Está de pie ante la puerta y golpea. Abramos la puerta a Sus mensajes. Ellos son el camino más corto hacia Dios y Su Hijo.

Este mes oraremos por las siguientes intenciones:

  1. Por el Santo Padre Benedicto y su misión, especialmente la de unir a los cristianos, y para asegurar un mínimo de condiciones para los cristianos en los países musulmanes y paganos.
  2. Por los padres y catequistas, sacerdotes y profesores, a fin de que durante el Adviento preparen los niños para la Navidad y el encuentro con el Dios vivo.
  3. Por todos aquellos que tienen, para que puedan aprender a ayudar a los pobres. Por todos los pobres, para que el Señor les dé consuelo y lo necesario para celebrar dignamente la Navidad.

Queridos míos,
Hagamos más y con más corazón todo lo que nos pide la Reina de la Paz. Oro por todos ustedes y cada día los encomiendo al Señor.

Los saluda afectuosamente,
Fr. Jozo Zovko O.F.M
29.11.2006, Siroki Brijeg

 
 
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