Reflexión del Mensaje de la Santísima Virgen
María Reina de la Paz

Por el Fr. Jozo Zovko

Octubre 2006

"¡Queridos hijos! Hoy el Señor me ha permitido que les diga nuevamente que viven en un tiempo de gracia. No están conscientes, hijitos, de que Dios les da una gran oportunidad para que se conviertan y vivan en paz y amor. Ustedes están demasiado ciegos y atados a las cosas terrenales, y piensan en la vida terrenal. Dios me ha enviado para que los conduzca hacia la vida eterna. Yo, hijitos, no estoy cansada, aunque veo sus corazones apesadumbrados y cansados para todo lo que es gracia y don. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!"

 
 

¡Queridos hermanos y hermanas, estimados seguidores de los mensajes de la Reina de la Paz!
Me atrevo a meditar contigo estas palabras que hoy nos han sido dirigidas.

En primer lugar, reconozco en estas palabras de la Reina de la Paz una gran advertencia a todos: la Virgen no viene por su cuenta o eludiendo a Dios y su plan, sino con Su permiso. Ella enfatiza nuevamente que este tiempo en que vivimos es un tiempo de gracia. Es un tiempo que nos fue dado. Nosotros tenemos la gracia de vivir estos veinticinco años y cuatro meses con la Virgen y la Madre en comunidad familiar. Además, es una gran gracia el hecho de que la Iglesia se ha comprometido a orar desde todas partes del mundo, en oración con la Madre del Señor en Medjugorje. La presencia de la Virgen se manifiesta en los frutos que son innumerables e inmensurables. La Virgen dice que este tiempo de gracia es ¡una oportunidad para nuestra conversión, para cambiar mi vida! Un tiempo en que puedo conocer esta gracia de paz y de amor, y emplearla en mi vida. Sí, precisamente toda esa gracia nos ha sido dada para que podamos vivir en paz y amor.

Esos son dones divinos destinados a cada hombre. Cualquiera los puede perder fácilmente, y especialmente hoy en día en que existen escuelas de publicidad que enseñan a manipular con el hombre a través del video, la imagen y la palabra. Somos testigos de cómo hoy es fácil arrancar al hombre de Dios y desviarlo del camino cristiano y evangélico. El mensaje de hoy nos advierte que este es un tiempo de gracia. Que es un tiempo en que tenemos la oportunidad de convertir, cambiar y ennoblecer nuestra vida y la vida de nuestra familia. En contra de este don y gracia, se ofrecen y promueven contenidos totalmente discordantes y negativos, programas de televisión, periódicos y revistas diarias y semanales que promueven el placer y un hedonismo ciego, el cual genera el culto del cuerpo y del placer corporal, y promueven además ejemplos negativos elevándolos y enalteciéndolos como un ideal, representándolos como una carrera profesional exitosa o una vida enriquecedora.

Vivimos en un tiempo en que es muy difícil exteriorizar los principios cristianos en la vida cotidiana. Si analizamos los programas de televisión, las películas, los programas de información y de educación, en ese medio tan poderoso, percibimos que ostentan principalmente contenidos que son contrarios a la concepción cristiana evangélica de la sociedad y de la familia. La violencia, el egoísmo ciego impregnado de inmoralidad, son los contenidos primordiales de las películas y de las series de televisión. Nos educan para que seamos consumidores empedernidos. Vivimos como si Dios no existiera. Vivimos y asumimos la moral del comercio y del mercado. Todo se puede vender, incluso el propio cuerpo. De esa forma, el secularismo más oscuro y el materialismo más ruin reina en nuestro espacio espiritual. Eso se transmite a nuestra vida cotidiana. Es suficiente presenciar en una boda de hoy a la gente que usa vestimentas impúdicas y se comporta indecorosamente.

La Reina de la Paz ante la verdad de la familia y del individuo destruidos dice: “Ustedes están demasiado ciegos y atados a las cosas terrenales, y piensan en la vida terrenal.” Se siente que el medio en que vive nuestra generación es pagano y surge por causa del espíritu del consumismo – el espíritu del placer. Por tanto, todo me es permitido si me lleva al placer. Esa regla consumista motiva hoy en día a la familia y a los niños. No hay gente libre que pueda pasar ante los escaparates y agradecer al Señor como el sabio eremita: “Recorrí mi ciudad y vi mucho y muchas cosas hermosas. Gracias por todo. Todo eso sirve al hombre, pero te agradezco especialmente porque me diste la gracia de poder vivir sin todo lo que he visto en esos escaparates.”

Esa libertad interior no existe más en el corazón de los padres ni de los hijos. Estamos atados ciegamente a algún producto nuevo, a una nueva oferta, etc.

El renombrado anglicano inglés convertido, John Henry Newman, en una ocasión recibió a un colega a quien advirtió que no se decidía radicalmente por Dios. Le escribió en un papel el nombre de Dios. ¿Ves lo que dice? Sí. Dice Dios. Posteriormente cubrió el nombre con una moneda de plata. ¿Lo ves ahora? No. Veo solamente la moneda. Ves, he aquí lo que impide tu conversión. Estás atado solamente al dinero. Él te ha aprisionado. Ese amigo suyo se llevó esa enseñanza como una brasa que no lo dejaba en paz. Por fin, decidió dejar esa dependencia de lo material y aceptar a Jesús.

Sabemos cómo Bartimeo en Jericó fue sanado de su ceguera. Comenzó a gritar y a decir: “Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí.” Jesús al escuchar sus ruegos se detuvo y le preguntó: “¿Qué quieres que haga por ti?” El ciego le contestó: “Maestro, que pueda ver.” Al punto recobró la vista y siguió a Jesús en el camino. Hoy encontramos tantos ejemplos negativos: adictos, violentos, lujuriosos, familias destruidas, suicidas, etc. ¿Cómo ellos perdieron la luz, la fuerza, el propósito, el camino, la gracia? La Reina de la Paz lo dice claramente: sirviendo a la cosas, siendo esclavos de los placeres, poniendo todo en un lugar preferente antes que Dios.

Al ciego su bastón no le da ni le devuelve la vista, sino que revela solamente su condición a los demás: he aquí aquel que no ve. Por eso, ayuden a ese hombre que no ve. El los necesita. Ayúdenlo a cruzar la calle. También entre nosotros viven adictos y ciegos que no ven a Dios y a su gracia. Que no ven en su vida cotidiana el camino de la paz, del amor, de la libertad interior, de la santidad y de la bondad. Ayúdame, me dice el alcohólico enfermo con su ceguera, el blasfemo con su soberbia, el adicto con su adicción. ¿Quiénes son hoy en día esos ciegos? La Madre nos dice que somos nosotros, los que no hemos dado resueltamente el paso hacia la vida eterna e inmortal.

Nuestros corazones están apesadumbrados por causa de los pecados recalcitrantes que se manifiestan ya en nuestros hijos, que no tienen sentimientos ni inspiración para hacer algo bueno y hermoso por el prójimo. Estamos cansados de los reportajes diarios acerca de violencias y de asesinatos aun dentro del ámbito familiar. Todos esos son signos de que estamos atados a los placeres del mundo. Nos hemos hecho insensibles a la gracia y a los dones de Dios. La Virgen no se cansa y desea enseñarnos y conducirnos a una total conversión. Este es el tiempo de la gracia, ahora es el tiempo de nuestra renovación.

¡Escuchemos a la Madre! Este mes oraremos por las siguientes intenciones:

  1. Por todos los adictos a cualquier vicio. Por todos aquellos cuya ley más grande es el poseer y el placer. Por todos aquellos que desean convertir también el domingo como un día de ganancia material, buscando que el comercio trabaje los domingos.
  2. Por todos los jóvenes que no ven un modelo en sus padres. Que puedan conocer que en Dios pueden encontrar el amor y la paz. Por las conversión de los jóvenes que se alejaron de Jesús, de la Misa, de la oración, y finalmente de la Iglesia.
  3. Por todos los sacerdotes, los religiosos y religiosas, por los padres y los educadores a fin de que nuestro corazón no se vuelva ciego. Que Dios nos otorgue el don de la fe, del amor y de la paz, de tal forma que demos un buen ejemplo a los jóvenes.

Queridos hermanos y hermanas,
Tantos pensamientos y palabras brotan de mi corazón al transmitir este gran mensaje como una advertencia a fin de que no consideremos Medjugorje y los mensajes como un juego de palabras, sino como un camino que no debemos sustituirlo con otro, porque, en verdad, no hay otro camino. Seamos totalmente de la Virgen y pongámonos totalmente al servicio de Ella.
Oro por cada uno de ustedes y saludo a cada uno de todo corazón y agradezco toda respuesta positiva vuestra.

Los saluda afectuosamente,
Fr. Jozo Zovko O.F.M
03.11.2006, Siroki Brijeg

 
 
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