Reflexión del Mensaje de la Santísima Virgen
María Reina de la Paz

Por el Fr. Jozo Zovko

Septiembre 2007

“¡Queridos hijos! También hoy los invito a todos a que sus corazones ardan con el amor más intenso posible hacia el Crucificado; y no olviden que por amor a ustedes dio su vida para que ustedes se salvaran. Hijitos, mediten y oren para que su corazón se abra al amor de Dios. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!”

 
 

Mis queridos hermanos y hermanas,

¡Que mensaje tan simple y concreto! ¿Cómo deberíamos abrirnos al Amor de Dios? ¿Cómo deberíamos abrir nuestros corazones y nuestras almas? ¿Cómo deberíamos abrir nuestras vidas para vivir libremente en ellas el amor al Crucificado y a Su Amor?

Nuestra Señora nos dice simplemente que a través de la meditación y la oración podremos lograr abrir y dirigir nuestros corazones al amor. Si el Amor del Crucificado no atrae a un cristiano, entonces no existe ninguna cosa más poderosa que pueda atraerlo. Si un cristiano no reacciona al amor manifestado en la Cruz, entonces ni siquiera Dios tiene una oportunidad para mover ese corazón de piedra que permanece cerrado. Resulta evidente con este mensaje que no amamos al Señor Crucificado. Vivimos como si El no hubiese muerto por nosotros – como si no me importara que El murió por mí. Esa ceguera ha revelado su gran poder al separar tantos corazones y almas de Jesús y de su Amor. ¿Cómo sucede esto? Cuando una persona abandona la oración en su familia se comporta como si nada hubiese pasado. Nos olvidamos que el día en que uno abandona o descuida la oración, da el primer paso hacia el ateísmo práctico y no creyente. Una persona que no ora, no queda inmersa en la Misericordia y en el Amor de Dios. El siente que no tiene tiempo y siente que eso no le es beneficioso, porque le falta la experiencia fundamental que se recibe en la oración, la de saber que Dios está vivo – que nos encontramos con El y estamos cerca de El cuando oramos. En la oración, una persona se apoya completamente en Dios y cree en El. Se encomienda a Dios sin miedo, una persona que ora con el corazón, mediante la oración, queda inmersa en una nueva experiencia de cercanía de Dios, y eso es la meditación. Esa persona siente continuamente la necesidad de despojarse de la vestimenta del hombre viejo y maldito, y revestirse de un nuevo yo creado a la imagen de Dios.

La imagen de mi Dios es el amor. El rostro que El nos revela es el del Amor. Y es por causa de este Amor irresistible que yo contemplo y medito acerca de la Cruz y del Amor Crucificado en Ella. El atrayente poder de la Cruz es incomparable a cualquier otra cosa. El poder de la Cruz atrae cada vez más y más al que medita y ora. Ese poder atrae al que escucha con atención Su Palabra en su corazón y responde a El con la oración, permitiendo que el Amor le hable y se revele a Sí Mismo para que uno pueda experimentarlo. Es por eso que la oración ante la Cruz da origen a un amor irresistible. Y es ese el amor que desea igualarse completamente e identificarse con el que uno ama. Cuando San Francisco de Asís llegó a conocer al Cristo Crucificado, el exclamó: “¡Tú eres mi Dios y mi todo!” No deseo amar nada más que a Ti y por Ti es que no existe cosa alguna que yo no pueda amar. Luego de pasar días y noches ante el Crucificado, San Francisco se transformó en Su imagen – la imagen viviente del Señor. El le hablaba continuamente a los hermanos acerca del Amor Crucificado: “El Amor no es amado”. Una persona ha sido creada para orar y sólo es feliz cuando ora. Una persona ha sido creada para amar y sólo es feliz cuando ama.

Existen tantas personas que no son felices porque no respondieron con amor al amor, y no respondieron a la bondad con oración y agradecimiento. Es por eso que el hombre no logra realizarse y se siente frustrado, un fracasado, innecesario y superfluo – porque no ha hecho nada en su vida que permanezca para siempre – y lo que permanece para siempre es el amor. Debemos ponernos de rodillas y orar para que el amor habite en nosotros y que nosotros seamos sus testigos. ¿Cómo vamos a encender el fuego? ¿Cómo vamos a hacer para que ese fuego arda? Eso es posible solamente con la llama eterna que es la Cruz.

Recuerdo que era domingo por la mañana cuando me dirigía desde la casa parroquial a la iglesia en Medjugorje. Fue una escena inolvidable. Estaban todos arrodillados delante de la Cruz en el Monte de la Cruz. Yo también caí de rodillas. Me saltaron las lágrimas. Vi el Monte de la Cruz cubierto con un velo blanco de luz, delante del cuál estaba la Reina de la Paz que nos decía: “Queridos hijos, contemplen la Cruz de Mi Hijo, Su Pasión, Sus Llagas y oren ante la Cruz. Aprendan de El.” Luego la Cruz en el Monte de la Cruz se hizo nuevamente visible y desde allí surgió el mensaje “MIR” (Paz). El don de la paz es el fruto de la Cruz y del Amor de Dios. El hombre se reconcilia con Dios. Puede volver al Padre nuevamente porque la Cruz es un puente para que retornemos a El. Contemplando la Cruz, escuchamos intensamente la palabra de Yahvé: “Los he redimido, ustedes son míos. Los he llamado por su nombre y ustedes me pertenecen. Ustedes son preciosos ante mis ojos y los amo… He grabado su nombre en la palma de Mi Mano.” (Cfr. Is 43) A partir de ese acontecimiento, comenzamos la Veneración de la Cruz cada viernes, ante la Cruz. Millones han aprendido eso, pero nuestro amor se ha enfriado. Nuestra llama está en peligro de ser extinguida por los vientos y las tormentas de los tiempos que vivimos. No podemos estar sin ese don y ese signo. Sería más fácil para un marinero entrar en el puerto sin un faro o para un piloto aterrizar sin la torre de control, que para un Cristiano vivir con un amor extinguido hacia el Crucificado, ese amor – ese don y signo de gracia: el Señor Crucificado – no puede ser extinguido o arrancado de raíz del corazón de los hombres, del corazón de los padres y de las familias.

La Madre nuevamente nos llama a que nuestros corazones ardan de amor por ese amor crucificado y divino. No hay signo más grande bajo los Cielos que el de la cruz y no hay amor más grande que dar la vida por los otros. Mientras meditamos este mensaje nuestros corazones nos dicen: “La Cruz me atrae y me fortalece. Amo a mi Señor Crucificado. Cuando oro, estoy seguro de que mi Dios me ama. Ya no me siento infeliz o un hijo pródigo preso en tanta esclavitud. Mi Dios me libera y siento tanto agradecimiento hacia El. Me siento feliz y lleno de gratitud por su gran amor por mí y por su sacrificio por mí. Solamente mi Jesús me dice que murió en la Cruz por mí, porque El me ama. Mi corazón reconoce esa dimensión espiritual y ese amor, y por tanto, responde al amor. Todos nuestros Mártires y Santos han hecho eso. Ellos han puesto a Dios en el primer lugar – antes que ellos mismos y antes que su egoísmo.”

Mediante la oración, se disuelven todas las cadenas de la esclavitud junto con todas las ataduras que no son de El. No puedo tener éxito sin la oración y la meditación. Pero tengo una necesidad irresistible de triunfar. Deseo responder al Amor más grande con amor, purificándolo mediante la meditación y escuchando la Palabra de Dios diariamente.

Queridos hermanos y hermanas, este mensaje es un llamado para nosotros a entrar en la esencia de nuestro ser y de nuestra vocación. No les escribo esto como si fuesen unos desconocidos, sino como los que fueron llamados desde el principio para orar y para amar a Jesús Crucificado. Gracias porque realizarán con mayor fervor el Apostolado del “altar familiar”. En este altar pongan la Cruz en que se encuentra nuestro Maestro Crucificado, a Su Madre, la Reina de la Paz, la Biblia, el Rosario y agua bendita. Que nuestro altar familiar sea verdaderamente un lugar de encuentro con el Amor del Señor.

Este mes oraremos por las siguientes intenciones:

  1. Para que cada una de nuestras familias tenga un Crucifijo en un lugar visible. Para que cada uno de nuestros miembros llegue a amar el Camino de la Cruz y el Amor Crucificado. Por la conversión de todos aquellos que son responsables de haberse puesto en contra de la Cruz; especialmente en los colegios y hospitales.
  2. Por todos los jóvenes que llevan puesta la Cruz por seguir la moda o por otras razones, y especialmente por aquellos que apoyan la cruz satánica y promueven una poderosa campaña en contra del Amor Crucificado y de su Cruz.
  3. Por todos aquellos que están enfermos y desvalidos, y por todos los que están pasando pruebas – para que puedan llevar su cruz y aceptarla como lo hizo Jesús – con amor, abandonándose en las manos del Padre. Para que todos los enfermos y afligidos lleguen a conocer la grandeza de su propia Cruz, la que, por el poder de Jesús, ayuda a todos.

Oh Santísima Cruz, te veneramos y te amamos porque llevaste al fruto más amado – Jesús – por quien somos todos salvados. Te adoramos oh Cristo y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz has redimido al mundo. Queridos míos, mientras medito esto y les escribo, estoy pensando en cada uno de ustedes y orando para que todos nosotros respondamos intensamente al más grande Amor.

Con saludos fraternales, muy sinceramente suyo,

Fr. Jozo Zovko o.f.m.
Siroki Brijeg, 27.09.2007

 
 
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