Reflexión del Mensaje de la Santísima Virgen
María Reina de la Paz

Por el Fr. Jozo Zovko

Agosto 2006

"Queridos hijos, también hoy los invito: oren, oren, oren. Solamente en la oración estarán, cerca de mí y de mi Hijo, y se darán cuenta de cuán breve es esta vida. En su corazón nacerá el deseo del Cielo; la alegría reinará en su corazón y la oración fluirá como un río. En sus palabras habrá solamente agradecimiento a Dios por haberlos creado, y el deseo de la santidad llegará a ser realidad en ustedes. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!"

 
 

¡Queridos míos!

Me siento feliz de poder meditar con ustedes un mensaje más de la Virgen. Me siento feliz también porque lo hemos escuchado y comprendido en el espíritu con que la Reina de la Paz desea transmitirlo. Este mensaje en primer lugar se refiere a todos nosotros. Es decir, el llamado a la oración es algo que no podemos ni debemos olvidar. Ese llamado es nuestro programa, que desde un comienzo es enfatizado por la Reina de la Paz. El es importante como la luz que ilumina las cosas a fin de que podamos verlas con nuestros ojos. Las cosas existen, pero no las vemos sin la luz. Una vida iluminada por la oración es reconocible. Una cruz iluminada por la oración es una gracia. Un problema iluminado por la oración tiene solución. Siempre se encuentra una salida.

Lo más importante en la experiencia de la oración, es la experiencia de la cercanía de Dios y de la Virgen María. La oración nos lleva a un ambiente maravilloso en el cual el alma respira la presencia llena de gracia de Dios. No hay nada tan necesario para nuestra salud, nuestro equilibrio del alma y del cuerpo, nuestra paz, como la oración y la experiencia de la cercanía de Dios y de la cercanía de la Virgen María. Eso es debido a que la oración es nuestra fuerza, nuestra naturaleza cristiana, nuestra llamada, nuestro camino – y eso es, ¡el camino de la santidad! Sin embargo, nuestros problemas más frecuentes están vinculados a la rutina, que abarcan también lo que es santo. Abrir la Biblia o tomar el rosario, hacer el signo de la Cruz o bendecir los alimentos, se han convertido en una rutina y ya no sentimos la verdadera fuerza presente en la Biblia, la gracia que es real en el Rosario. La Reina de la Paz no me permite que la oración se convierta en rutina, costumbre o alguna suerte de obligación. ¡Ella desea que la oración lleve a una vida fecunda y de gracia! Porque, solamente en oración y a través de la oración nos acercamos a Jesús y a la Virgen. Los maravillosos frutos de la oración son: la cercanía con Dios y la seguridad de sentirse protegidos de todo mal. La oración me hace estar consciente de que el poder de mi enemigo ha sido detenido por Su fuerza. Consciente de que el talón de la Virgen aplasta la cabeza del Mal – me siento seguro en Su cercanía. Los malos espíritus y sus sirvientes tales como: los brujos, adivinos, astrólogos, seudo profetas y similares no me perturban porque estoy cerca de Dios. Esa fuerza positiva de la gracia de la cercanía de Dios, me hace sentir feliz, equilibrado, seguro. Por tanto, todo está en la oración y todo se consigue con la oración.

La oración nos acerca a la Madre. La Madre es nuestro consuelo. La seguridad en el camino. Ella es poderosa y nos ama, por eso no nos abandona, no se olvida de nosotros, no permite que nos perdamos. Cuando oramos, sentimos que toda nuestra vida está inmersa en la oración, y sentimos poderosamente la gracia de la presencia y de la proximidad de la Virgen. La oración se nos presenta como el camino más corto hacia la felicidad, la paz y la salvación, y se demuestra como el aspecto más fecundo de nuestra vida. La Virgen nos conduce a Jesús por medio de la oración – ¡y en esa unión encontramos la plenitud! Desde ese océano fluye un río de gozo, de paz plena y de toda bendición.

En este tiempo cuando tantos han olvidado que tienen alma y que son responsables de su vida (como lo enseñó sabiamente la Madre en el mensaje del mes pasado), la Virgen nos recuerda nuevamente que “Solamente en la oración estarán cerca de mí y de mi Hijo, y se darán cuenta de cuán breve es esta vida.” Los antiguos sabios dirían: es como cruzar un puente. Y en ese puente nadie construye una casa. No es su finalidad.
La vida terrenal ha sido motivo de abuso en muchas familias y corazones. Algunos la utilizan sólo para el goce o como un pasatiempo. Otros han destruido su vida con el egoísmo y la han hecho estéril. Algunos han hecho de su vida y de sus falsas carreras, castillos de arena, que se destruyen seguramente en cada tempestad o pruebas.
Sin oración y la gracia de Dios no podemos conocer el valor de esta vida terrenal, en la que construimos nuestra eternidad. Por eso la Madre nos invita a que desde ya comencemos a orar, porque del hoy y del ahora – depende la vida eterna que tendremos.

El deseo del Cielo y de la eternidad no es un deseo vacío cualquiera, ni una torre fantástica en las nubes, sino que una realidad que está fundada en nuestra naturaleza – ser inmortal, vivir feliz eternamente. Esa fe y gracia se apoya en nuestra naturaleza que ha sido creada a imagen de Dios. Dios es inmortal y eterno y yo deseo estar con El en esa vida divina que me ha sido donada. Ese deseo es fruto de una oración profunda y de una unión mística con Dios, a quien adoro, amo, en quien creo y a quien sigo.

La alegría que llena el corazón y mi alma, no es producida por valores materiales o intelectuales, sino Dios es el único que me puede llenar de satisfacción y felicidad. Nuestro corazón está intranquilo hasta encontrar descanso en Ti, decía San Agustín. Esa verdad es siempre valedera para cada corazón y en todo tiempo, y también para mi corazón, y en mi tiempo y para mis contemporáneos. Si me siento feliz y si mi alegría es Dios y está en Dios, entonces mi corazón se convierte verdaderamente en una fuente de canto, alabanza, oración, glorificación y de honoración de mi Señor. Esa es la realidad que el mundo sin oración jamás podrá comprender. Esa es nuestra realidad, esa es nuestra más grande riqueza.

Este mes oraremos por las siguientes intenciones:

  1. Por todas nuestras familias cristianas que han sido llamadas por su Sacramento a renovar diariamente el rezo del Rosario y la lectura de la Sagrada Escritura en sus hogares.
  2. Por nuestra comunidad de oración a fin de que se compenetre más profundamente en la fuerza de la oración y que se comprometa más en el apostolado de la oración con quienes no oran.
  3. Por todos los enfermos y aquejados por diversas dependencias, para que busquen la única medicina que actúa y sana milagrosamente, la oración con el corazón.

Queridos míos, mientras lean estos pensamientos, decidan cada día durante este mes leer atentamente el mensaje. Podrán reconocer su profundidad y sabiduría. Permanezcan en breve silencio y meditación. Los saludo a todos y oro por todos y cada ayuno y sacrificio mío incluye a cada uno de ustedes. Perseveren en el camino al cual han sido llamados y elegidos.

Los saluda afectuosamente,
Fr. Jozo Zovko O.F.M
31.08.2006, Siroki Brijeg

 
 
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