Reflexión del Mensaje de la Santísima Virgen
María Reina de la Paz

Por el Fr. Jozo Zovko

Julio 2007

"Queridos Hijos: Hoy, en el día del patrono de su parroquia, los invito a imitar la vida de los Santos. Que ellos sean ejemplo y estímulo para la vida de santidad. Que la oración sea como el aire que respiran y no una carga. Hijitos, Dios les descubrirá su Amor y ustedes experimentarán el gozo de ser amados míos. Dios los bendecirá y les dará gracias en abundancia. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!”

 
 

Queridos hermanos y hermanas:

Muy frecuentemente, Nuestra Señora, señala la vida de los santos, los cuales han dejado una marca imborrable en la historia de la Iglesia. Los Santos son personas para todos los tiempos. Ellos han mostrado con sus vidas, el amor a Dios y al prójimo, siempre de una manera nueva y excepcional.

La vida de un Santo es un árbol que da fruto, cuya belleza y valor no pasarán. Así también como hay huertos abandonados, estériles y sin cultivar, también hay personas pobres que invierten muy poco o nada en sus vidas, en sus familias o en su fe. Los Santos son aquellos que deciden vivir de acuerdo a los Evangelios, guiados por el Espíritu Santo.

Ese asombroso clima de gracia nos ha dado a los Santos – los grandes atletas espirituales – otorgándoselos a la Iglesia para todos los tiempos. Los Santos son aquellos que tuvieron una meta en sus vidas y pusieron el máximo esfuerzo para realizarlo. A través de los tiempos, la Iglesia ha tenido a los Santos como prueba de que Dios vive con Su gente. Viviendo con estos profetas, llegamos a conocer la Bondad de Dios y a vivir Su cercanía. Conocer a un Santo, significa ver a Jesús en acción. Conocer a un Santo, significa descubrir la belleza de la fe y descubrir el poder de la Santidad. Los Santos son el Evangelio Viviente, y esto es verdaderamente, la única elección para todas las generaciones.

Conocer a un Santo es su tiempo, es siempre una nueva inspiración, como lo expresaba San Agustín en estas palabras dirigidas a él mismo y a cada uno de nosotros: “¿Agustín, si tantos otros pudieron llevar a cabo la Santidad y ser testigos; porqué tú no puedes?”

Sí, yo también puedo diariamente renunciar más y más a mí mismo y a mi egoísmo, y testimoniar el Evangelio y así llevar a otros más cerca de Jesús. Sí, yo también puedo aprender a ayunar los miércoles y viernes y de este modo puedo liberarme de malos hábitos y abrir mi corazón al amor. Sí, puedo rezar con el corazón, con mi familia, con mi comunidad y con la Iglesia. Sí, con una mayor solidaridad y amor puedo participar en los planes de Nuestra Señora, aquellos que Ella revela en Medjugorje desde hace ya 26 años y un mes.

Frecuentemente, tenemos ante nuestros ojos la vida y el camino recorrido por San José durante su vida. El entendió que había sido elegido por Dios y por eso estaba abierto a la inspiración del Espíritu Santo. Jamás puso su pensamiento o deseo antes que el plan de Dios. Hoy en día, es importante decidirse a aceptar el llamado de Dios y responder a él humildemente.

Los Santos, con sus vidas elevan la dignidad del hombre al máximo nivel – al nivel de Hijos de Dios.

Por esta razón, cada Santo es una gran “hoja de papel” en la cual el Señor escribe Su nombre y pone en evidencia Su Amor. Cada Santo deja un mensaje en su tiempo. Los Santos no viven su vida para la escena o para recibir el aplauso de su generación. Al contrario, ellos son constructores humildes y pacientes de un nuevo mundo – el mundo de Cristo.

Cuando dentro de una nación o una determinada época no hay Santos, el mundo entra en crisis y la oscuridad cae sobre toda esa generación, porque la voz que otorga la seguridad no es escuchada. En esas circunstancias, las voces de los Santos, que son un eco de la voz de Dios y un signo de Su Presencia entre nosotros, no son escuchadas. Sin los Santos, el mundo estaría en un estado de caos y falta de esperanza. Sin los Santos, la humanidad estaría desorientada como una gran ciudad sin semáforos. Nuestra Señora nos llama a encontrar nuestros ejemplos y la medida de nuestra actividad y amor, en los Santos – en nuestras vidas, en nuestras familias y nuestros lugares de trabajo.

Negar a los Santos o borrarlos de la vida de la Iglesia es negar a Dios, quién ama y salva al hombre creado a su propia imagen. Estamos llamados a honrar e imitar a los Santos, que han mostrado un coraje excepcional como testigos de Cristo. Los necesitamos porque ellos nos ayudan en el camino de nuestra vida. Necesitamos a los Santos para encontrar las respuestas a las preguntas más profundas de nuestra existencia. Sus vidas son como la más bella música que Dios le dio a la humanidad. Somos bendecidos cuando honramos a los Santos porque ellos nos inspiran para no flaquear en el camino de nuestra vida.

Queridos Hermanos y Hermanas;
Respondamos a este mensaje de Nuestra Señora.

Ayudemos a los demás a descubrir el regalo de la oración, que es como un tesoro precioso en nuestro corazón.
Este mes oraremos por las siguientes intenciones:

  1. Por el Santo Padre, el Papa Benedicto XVI, que permaneció durante una hora en oración frente a la imagen de la Reina de la Paz. Su secretario dio testimonio de que él estaba tan conmovido que su rostro se transformó. Que la Reina de la Paz lo proteja con Su manto.
  2. Por todos los seres espirituales que cada vez menos oran, encaminándose hacia sus apostolados sin oración. Que ellos vuelvan a la fuente de la cual los Santos bebían, que vuelvan a la oración.
  3. Por vuestra comunidad orante para que sea educada y eduque a otros en la oración. Por que vuestro ejemplo sea santo.
    Queridos Hermanos y Hermanas, oro por todos ustedes y los saludo cálidamente. Que la Reina de la Paz los bendiga y los ayude y así, día a día, aceptemos y vivamos Su llamado maternal con más amor aún.

Muy sinceramente suyo,
Fr. Jozo Zovko, O.F.M.
26 - 07 - 2007

 
 
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