Reflexión del Mensaje de la Santísima Virgen
María Reina de la Paz

Por el Fr. Jozo Zovko

Abril 2007

"Queridos hijos: También hoy los invito de nuevo a la conversión. ¡Abran sus corazones! Mientras estoy con ustedes, este es un tiempo de gracia; aprovéchenlo. Digan: “este es el tiempo para mi alma”. Yo estoy con ustedes y los amo con un amor inconmensurable. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!”

 
 

Mi querida familia de oración:

En este breve mensaje, se puede leer una importante intención, de hecho, el objetivo que el hombre debe alcanzar en su vida terrenal. La conversión es un proceso diario que ocurre en nuestros pensamientos, en nuestra relación con Dios y con el prójimo, según su vocación y el ambiente que lo rodea. A menudo consideramos que cuando el Evangelio y la Iglesia, y finalmente la Reina de la Paz nos llaman a la conversión, debemos mejorar nuestra relación con Dios, con la fe. Jesús no separa nunca el amor a Dios del amor al hombre, al prójimo. Así en su parábola del buen Samaritano, pone el acento en el prójimo que era totalmente desconocido y que había sido herido por criminales desconocidos. Ayudar como el buen Samaritano es el llamado y el estímulo dirigido a todos: “Hazlo tu también”.

Convertirse significa renunciar cada día a los propios límites estrechos y crecer en la fe, en el amor, imitando a Jesús. A menudo estamos enceguecidos por nuestros proyectos, por nuestros deseos y queremos realizarlos a toda costa. Si ese nuestro plan egoísta lo ponemos en armonía con la voluntad de Dios y con el espíritu de Jesús que es reconocible en el Evangelio, entonces debemos retroceder rápidamente y renunciar a la propia voluntad, a sí mismo, y en cambio aceptar la voluntad de Dios. Eso es lo más difícil. Eso se llama morir a sí mismo y a la propia voluntad. La conversión es un camino de humildad. Es la verdad acerca de nosotros y de nuestro llamado a servir a Dios y a los más pequeños. San Francisco nos lo ilustra en esa victoria cuando descendió del caballo y abrazó al leproso a pesar de que olía mal. El destacó que después de ese acontecimiento todo se transformó en alegría y dulzura.

Cuántas veces nosotros tomamos del Evangelio y de los mensajes lo que nos agrada y lo que confirma nuestra voluntad y egoísmo. Nos da miedo decir como la Virgen: ¡Aquí estoy, Señor! Nuestro FIAT es tan importante en el proceso de nuestra conversión y de una cada vez más profunda incorporación en el misterio de la unidad mística con Dios. Cuando siento el amor de Dios, ese verdadero enamoramiento en Jesús y Su Palabra, Sus Sacramentos y Su Iglesia, entonces nada puede hacer que vacile en mi fe o que me separe de Su amor. La Adoración ante el Santísimo Sacramento del Altar se convierte en una alegría inmensa y una alabanza que satisface mi corazón y mi alma. Me alimenta y me fortalece, me ayuda y me levanta. El rezo del Rosario no se convierte en un peso o un motivo de tedio, sino la experiencia más placentera de mi alma. Siento la oración como una bocanada de aire fresco. Ese oxígeno que respira mi alma atraviesa todo mi ser. Purifica mis pensamientos, mis sentimientos malvados o el mal que he visto, que ha podido entrar por mis ojos o los pensamientos que han entrado en mi corazón. Mi alma ora y de esa forma respira eliminando todo lo malo y tóxico de su interior. En la oración me limpio y purifico completamente. Bendecido e inspirado para responder a cada inspiración del Espíritu Santo que condujo mi oración y me inspiró a imitar a la Madre y a Jesús, a mis Santos, los héroes de mi Iglesia. La conversión es toda la actividad de mi alma y de mi vida armonizada con la voluntad de Dios.

La Reina de la Paz resalta de nuevo la importancia del corazón abierto. Recuerda la parábola del sembrador y de la semilla. Cuando la semilla cae sobra la roca, en medio de los espinos o junto al camino no puede dar algún fruto. La semilla busca la tierra buena, fértil, cultivada. En tal tierra cada semilla da frutos. El Maestro me enseña que una persona puede tener el corazón de piedra, o lleno de espinos, que con cada gesto o palabra apuñala y deja una herida. La piedra es tan fría y tan pesada. Mi conversión es cultivar mi corazón y sembrarlo permanentemente con la semilla noble de la gracia y de la virtud. Tener el corazón abierto es un don y una condición para escuchar a Dios y sentir al prójimo.

 
“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo.” Ap 3,20 Jesús tiene tiempo, El llama a la puerta y espera. El no es un violento. El hombre es quien necesita regresar a sí mismo para escuchar, reconocer y abrirse al Señor, y así poder cenar junto con El. En esa cena, en esa unidad y amor acontece nuestro Emaús, el encuentro con el Señor y su reconocimiento. Después que lo reconocen en la partición del pan, los discípulos se llenan de alegría y se convierten en testigos incansables. Necesito estar en mi casa. Necesito emprender el camino hacia mi casa y El, sin duda, nos hará compañía.

Tener el corazón abierto significa superar todo temor y duda, y decir resueltamente: “Quédate con nosotros Señor, que se hace tarde” En verdad, este es un tiempo de gracias especiales. Estos veintiséis años de la presencia de la Virgen entre nosotros es un tiempo de grandes conversiones y de grandes frutos. Se encuentra en preparación un libro, en que serán recopilados algunos de los más importantes frutos de Medjugorje, como lo son los signos de las gracias especiales otorgadas, del tiempo y de la intervención en numerosas vidas humanas. En estos días fue bautizada una joven profesora, hija de un conocido comunista y ateo húngaro. Es decir, después de una visita al Podbrdo, ella conoce a Dios, a la Iglesia, la bendición de la fe y la hermosura de la unidad en la Iglesia como Sacramento de salvación. Hace tiempo que yo no veía a una persona tan feliz, que transformaba sus lágrimas y el agua bautismal en un baño de gracia y de un nuevo nacimiento. “Ahora sé quién soy y a quién pertenezco”, exclamó con alegría la nueva bautizada.

Este tiempo de gracia, este tiempo con la Virgen es un tiempo que la Madre nos ha regalado, para enseñarnos a amar y a orar, para enseñarnos a ser obedientes a Dios. Nos sentimos felices porque hemos respondido inmediatamente a Su llamado. ¡Sí este es el tiempo para mi alma! Cuando llego a la cima del Monte de las Apariciones y cuando como un profeta miro al cielo abierto y escucho la voz de la Madre, es el tiempo para mi alma. Cuando te duela la cabeza por causa del esfuerzo y del ayuno, di a tu corazón: “No temas. Este es el tiempo para mi alma.” Cuando apagues la televisión o apartes de ti una revista que te perturba, di a tu corazón: “Este es el tiempo para mi alma.” Cuando abras la Biblia o escuches al Señor como lo hizo Samuel, di a tu corazón: “Este es el tiempo para mi alma.” De esa forma, continúa revisando en orden Sus mensajes, acéptalos resueltamente y di a tu corazón: “Este es el tiempo para mi alma.”

Nos sentimos felices porque la Madre está con nosotros. Nos sentimos felices porque nos espera, dondequiera que vayamos a su encuentro. Sabemos que nos ama inconmensurablemente. Ese amor infinito ayuda a curar nuestra inmadurez y nos ayuda a madurar en el amor hacia la Virgen, Dios, la Iglesia y hacia el prójimo. Madre, sé cuán grande es tu amor. Me da vergüenza compararlo con lo visible y medible, porque tu amor es inconmensurable. Madre, gracias por tanto amor.

  Este mes oraremos por las siguientes intenciones:

  1.  Por una buena acogida de nuestro Encuentro Anual y por su éxito. Por el crecimiento de nuestra fraternidad de oración y por un compromiso diario más profundo en el movimiento de la Virgen, y por una participación con todo el corazón.
  2. Por las vocaciones espirituales y religiosas. Para que el Señor nos dé nuevas santas y fervorosas vocaciones sacerdotales y religiosas. No olvidemos que la renovación del mundo comienza en el corazón de los sacerdotes y de los religiosos.
  3. Por todos los religiosos y sacerdotes que vienen a Medjugorje a abrirse a la Virgen y a sus mensajes. Pedimos especialmente por todos los enfermos en el cuerpo y en el espíritu, a fin de que puedan encontrar consuelo y salud.

Queridos hermanas y hermanos míos, al observar la naturaleza en este tiempo de primavera, eso me inspira a desear que nuestra comunidad pueda crecer y florecer como un jardín elegido por la Virgen. Que podamos dar frutos en la perseverancia. Oro por todos ustedes y a todos los encomiendo a la Reina de la Paz.

Los saluda fraternalmente, 
Fr. Jozo Zovko O.F.M 
Siroki Brijeg, 27.04.2007

 
 
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