Reflexión del Mensaje de la Santísima Virgen María Reina de la Paz

Por el Fr. Jozo Zovko

Enero 2007

"!Queridos hijos¡: Pongan la Sagrada Escritura en un lugar visible en su familia y léanla. Así conocerán la oración con el corazón y sus pensamientos estarán en Dios. No olviden que son pasajeros como una flor de campo, que se ve de lejos, pero desaparece en un instante. Hijitos, dondequiera que vayan, dejen un signo de bondad y amor, y Dios los bendecirá con la abundancia de su bendición. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!"

 
 

¡Mi querida familia de oración!

Una vez más, la Reina de la Paz nos llama con mucha energía a leer y a conservar la Sagrada Escritura en un lugar visible en nuestra familia. A través de la Biblia, Dios dice una sola Palabra - Su Unigénita Palabra - a través de la cual El se revela a Sí mismo, como nos dice en el libro de Hebreos. Y el Concilio Vaticano II nos alienta enseñándonos: "La palabra de Dios, que es fuerza de Dios para la salvación del que cree, se encuentra y despliega su fuerza de modo privilegiado en el Nuevo Testamento. Estos escritos nos ofrecen la verdad definitiva de la Revelación divina. Su objeto central es Jesucristo, el Hijo de Dios encarnado, sus obras, sus enseñanzas, su pasión y su glorificación, así como los comienzos de su Iglesia bajo la acción del Espíritu Santo." Después invita a todos los creyentes a la lectura y la meditación de la Palabra de Dios.

Los Santos de nuestra Iglesia se alimentaron de la Palabra viva y vivieron de ella. Así Santa Cesárea, la Joven, nos enseña que "No hay ninguna doctrina que sea mejor, más preciosa y más espléndida que el texto del evangelio. Ved y retened lo que nuestro Señor y Maestro, Cristo, ha enseñado mediante sus palabras y realizado mediante sus obras."

Santa Teresa del Niño Jesús: "Es sobre todo el Evangelio lo Que me ocupa durante mis oraciones; en él encuentro todo lo que es necesario a mi pobre alma. En él descubro siempre nuevas luces, sentidos escondidos y misteriosos."

San Jerónimo enseñaba que "Desconocer las Escrituras es desconocer a Cristo." También lo enseña el Concilio Vaticano II: "La Iglesia siempre ha venerado la Sagrada Escritura, como lo ha hecho con el Cuerpo de Cristo, aquellas y éste alimentan y rigen toda la vida cristiana.

Es tanta la eficacia que radica en la palabra de Dios, que es, en verdad, apoyo y vigor de la Iglesia, y fortaleza de la fe para sus hijos, alimento del alma, fuente pura y perenne de la vida espiritual."

Hugo de San Víctor nos enseña que "Toda la Escritura divina es un libro y este libro es Cristo, porque toda la Escritura divina habla de Cristo, y toda la Escritura divina se cumple en Cristo."

El Santo Padre Benedicto XVI, anunció para octubre del año 2008,un Sínodo de Obispos en el Vaticano cuyo tema será: "La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia". Destacó que la Iglesia y la Palabra de Dios están unidas inseparablemente. La Iglesia tiene que rejuvenecerse -renovarse, y la Palabra de Dios, que nunca envejece ni se agota, es el mejor medio para conseguir ese objetivo. "La lectura asidua de la sagrada Escritura acompañada por la oración realiza el coloquio íntimo en el que, leyendo, se escucha a Dios que habla y, orando, se le responde con confiada apertura del corazón. Si esta práctica se promueve eficazmente, producirá en la Iglesia una nueva primavera espiritual.", dijo el Santo Padre. Cuando leemos la Palabra de Dios, el Espíritu y la vida de Dios entran y actúan cada vez más poderosamente en nosotros. La lectura de la Palabra de Dios es uno de los fundamentos de la vida espiritual. Si ese fundamento está ausente, tu vida estará apoyada sobre pies de barro, será débil, ineficaz, infértil.

La Virgen ha intercedido en varias ocasiones para que la Biblia tenga un lugar visible en nuestro hogar. Ese es nuestro altar familiar. En nuestra sala de estar, lugar en que la familia de hoy se reúne, descansa, conversa, mira televisión, hay que realizar un nuevo proyecto.

Nuestra familia cristiana debe tener un altar en torno del Cual la familia se reunirá diariamente para escuchar comunitariamente la palabra de Dios y orar en familia. En esa pequeña mesita en la sala de estar, pon primeramente al Señor Crucificado.

La Cruz es maestra de amor de la cual nació nuestra familia como Sacramento. ¡Ella nos enseña constantemente lo que es el amor! Dar la vida por los demás, sacrificarse por los demás. Perdonar a todos, y especialmente a los enemigos. Responder como el Maestro al Padre: "Padre mío, ¡hágase tu voluntad!" (Cfr. Mt 26,42). Al pie de la Cruz pon a la Madre, una imagen o estatua de la Santísima Virgen. "He ahí tu Madre" (Cfr. Jn 19,26) es el mensaje que permanece a través de toda la historia y del futuro, y se enlaza a cada uno de nosotros.

Hay que tomar a la Madre como alguien propio, porque sin Ella No podemos vencer al astuto enemigo. De esa forma tu familia encontrará el camino más fácil para llegar a Dios. Luego, pon en el altar tu Biblia familiar. La Palabra viva de Dios. Todas las veces que la tomes del altar familiar, escucharás la voz del Padre como la escucharon los discípulos en el Tabor: "¡Este es mi Hijo amado en quien me he complacido!" (Mt 3,17). Después de veinticinco años y siete meses, tenemos solamente dos mensajes que poderosamente enfatizan el llamado y el programa - ¡Hacerlo todos los días! Es rezar el Rosario cada día, juntos, con el corazón, y leer la Palabra de Dios. Pon en el altar el rosario familiar que es tomado por el orante que dirige la oración y que después de la oración lo vuelve a poner en el altar familiar. Después, pon un recipiente con agua bendita y al menos una vez por mes, bendecir con ella tu hogar y a tu familia.

Nosotros lo hacemos regularmente cada sábado. Luego, puedes colocar en el altar tu devocionario y una vela que encenderemos cuando leamos la Palabra de Dios, porque ella es la luz en el camino de nuestra fe. Tu altar familiar y esa reunión diaria en torno del altar es una importante forma de culto familiar. En breve tiempo, toda la familia sentirá cómo de ese rincón surge una fuerza que mantendrá la paz y la unidad en la familia. Ese signo queda después también después de tu muerte, como un signo para tus hijos que lo tendrán como una experiencia inolvidable y una fuente de seguridad.

Siempre podrán decirse a sí mismos: sabemos de dónde mis padres pudieron obtener la fuerza y encontrar la paz. Sabemos cómo hoy podemos salir adelante. Siguiendo los pasos de nuestros padres.

La Biblia en los Proverbios dice: "Hijo mío, presta atención A mis palabras, inclina tu oído a mis razones; que no se aparten de tus ojos, guárdalas en medio de tu corazón. Porque son vida para los que las hallan, y salud para todo su cuerpo." (Cfr. Prov 4,20). Si leo y guardo en mi corazón la Palabra de Dios, como la Virgen lo ha hecho, podré conocer también la oración con el corazón. No solamente los pensamientos de Dios y Su Palabra estarán en mi corazón, sino que también mis pensamientos estarán en Dios - me enseña la Reina de la Paz. No hay nada más sublime en este mundo que la hermosa experiencia de estar completamente inmerso en la Palabra de Dios y nutrirse de ella. Esa es la verdadera santidad de la vida. Iluminado de esa forma, el hombre llega a ser sabio y no olvida nunca que es como una flor de campo que florece y así se vuelve maravillosa y visible, pero sólo por breve tiempo. Cuando el viento sopla, ella desaparece. Los profetas y los apóstoles nos enseñan acerca esa transitoriedad, y que el tiempo no puede ser detenido. Aunque no podamos detener el tiempo, podemos dejar signos en él, frutos en la vida, y de una manera concreta, nos dice María: "Dondequiera que vayan, dejen signos de bondad y de amor."

Esos signos son imperecederos e inmortales, esa es la Fecundidad de los santos en este tiempo. Las obras de bondad y amor no mueren. Ellas son inmortales y llevan el sello divino. Esas obras testimonian de nosotros y para nosotros. Este tiempo es un desafío especialmente para nosotros y para nuestra misión, teniendo que vivir los mensajes de la Virgen en la vida cotidiana, en el sufrimiento, y en el apostolado, con los signos de gracia que los acompañan.

Este mes oraremos por las siguientes intenciones:

1.Por las familias cristianas, a fin de que sean una escuela en la cual se educan a las generaciones que luego dejan signos de bondad y amor. Por la renovación de oración familiar del Rosario y de la Sagrada Escritura.

2. Por la renovación de las comunidades religiosas que han sido llamadas, como el Samaritano misericordioso, a dejar día tras día signos de bondad y amor. Por nosotros, para que podamos en particular percibir en nuestro camino de vida a todos aquellos que han sido heridos por la droga, el alcohol, la inmoralidad, y cualquier otra adicción, y que podamos acudir en ayuda de ellos.

3. Por las intenciones del Santo Padre Benedicto XVI, por la paz y la unidad de los cristianos y de la Iglesia. Para que sea un solo rebaño,con un solo Pastor.

¡Queridos míos!

Nadie puede hablar a sus hijos tan tierna y cálidamente como una madre. Este mensaje en particular, es una expresión de todo el cuidado y el amor maternales. Oro y ayuno por todos ustedes, recordándolos a todos en el sacrificio de la Santa Misa.

Los saluda afectuosamente,
Fr. Jozo Zovko O.F.M
Siroki Brijeg, 31.01.2007

 

 
 
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