Comentario del Mensaje del 25 de Julio de 2013
desde Medjugorje, Bosnia-Herzegovina y reflexión del P. Padre Manuel Hernández Morales

Medjugorje Gospa
 

“Queridos hijos! Con alegría en el corazón, a todos los invito a vivir su fe y a testimoniarla con el corazón y el ejemplo en todas sus manifestaciones. Hijitos, decídanse por estar lejos del pecado y de las tentaciones, y que en vuestros corazones estén la alegría y el amor por la santidad. Yo, hijitos, los amo y los acompaño con mi intercesión ante el Altísimo. Gracias por haber respondido a mi llamado. ”

 
 

El Papa Francisco acaba de decirle a los jóvenes en Brasil: “Mantengan la esperanza, déjense sorprender por Dios, vivan la alegría.”En este mes de Julio en su mensaje habitual del día 25, la Madre del cielo, nos habla con “alegría” en el corazón; y es que la alegría, como todos sabemos, no viene de fuera, sino que brota de dentro. Y es que María, es la llena de gracia, la llena de Dios, la bendita entre todas las mujeres. Para nuestra madre santísima es una satisfacción, es un gozo, el dirigirse a nosotros, sus hijos, ¿para qué? Ella lo especifica claramente: “para invitarnos a vivir nuestra fe”. Esa fe que recibimos en el Bautismo, y que no basta con tenerla, sino que es necesario vivirla, cuidarla alimentarla: No todo el que diga: ¡Señor, Señor! entrará en el Reino de los cielos, sino aquel que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos”. Pero añade:”y testimoniarla con el corazón y el ejemplo.”

Cuando la fe es auténtica, y no se busca racionalizarla, es como un fuego que se siente en el corazón, y que quiere quemar, devorar, alcanzar, tocar a cada persona, a cada alma, para decirle: “ Dios te ama”, ámalo tú también. Y ese testimonio, no se expresa solo en los momentos cultuales, como la oración, la Santa Misa, la lectura de la palabra de Dios, sino como dice nuestra madre del cielo, en todo nuestro entorno, social, familiar, laboral, lúdico. Es como la respiración que no se puede suspender, pues nos quedaríamos descerebrados. Una persona sin fe, como hemos dicho en otras reflexiones, es un muerto que camina, que deambula sin rumbo fijo, es un corcho en el mar, que se mueve al vaivén de las olas. El ejemplo es el mejor medio pastoral para ganar a las almas. Lo empleó Jesús que es nuestro modelo de pastoral y predicación:”Comenzó a hacer y a enseñar, “según nos dice el Evangelio. Lo que predicaba lo avalaba con sus hechos, con su vida. Cuando hablaba de la pobreza, la había vivido primero, y lo mismo dígase, de la humildad, de la obediencia, de la caridad..Con todo cariño, la Gospa, nos llama “hijitos”, y a esos hijos tan queridos que somos cada uno nos dice:
Que estemos lejos del pecado y de las tentaciones., pues pecado y alegría son contradictorios. El pecado nunca producirá “alegría,” sino todo lo contrario, tristeza, amargura, desesperación. Recordemos las palabras de San Agustín, cuando le dice al Señor después de su conversión: “Nos hiciste, Señor, para Ti, e inquieto e inseguro está nuestro corazón, hasta que no te encuentre a Ti.
En el Padrenuestro, Jesús nos dice que pidamos, no caer en la tentación. Los tres enemigos de nuestra alma, están sin descanso atacándonos por si logran hacernos caer. El demonio no duerme, no tiene vacaciones. ¡Y que todavía, haya personas, dentro de la misma Iglesia, que no crean en los demonios! Esa es precisamente la mayor victoria que el maligno está consiguiendo: Que no crean en él. Por si alguno duda, le recomiendo que lea el Evangelio detenidamente, para que vea las veces que Jesús nombra al demonio, al padre de la mentira.
Cuando existe esa lucha por no dejarnos llevar de las tentaciones, y por consiguiente, no pecar, entonces sí que reinan en las almas, la alegría y el amor por la santidad. Santidad y alegría dicen relación. Si hay santidad hay alegría, y si hay alegría es porque hay santidad.
Y termino con las tres ideas del final del mensaje: La Virgen nos ama, nos acompaña e intercede por nosotros ante el
Padre, ante su Hijo y ante su esposo el Espíritu Santo.
“Que el Señor les bendiga y proteja; que el Señor, les muestre su rostro y tenga misericordia de vosotros; que el Señor les
mire benignamente y les conceda la paz. Amén.

Padre Manuel Hernández Morales

 
 
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