¿Entrar en Combate?
"¡¡No Aquí, Donde Reina La Virgen!!"

Lugar santo en Bosnia ofrece paz a los peregrinos, pero en las cercanías campea una terrible guerra civil.

Por Tony Horwitz
Reportero del equipo del Wall Street Journal

MEDJUGORJE, Bosnia-Hercegovina. El duelo de artillería comienza a mitad de la Misa, justo antes de que se aparezca la Virgen.

Arrodillados en el suelo del coro de una iglesia católica, un joven hombre y una joven mujer de pronto interrumpen su oración. Con los ojos abiertos y moviendo los labios sin que sus palabras sean audibles, ambos hablan con una figura que sólo ellos ven. El estruendo de los cañones se oye a la distancia. Después de un momento, ambos reanudan su oración, acompañados por los peregrinos que han venido aquí para atestiguar la aparición de María.

Al abandonar la iglesia, el peregrino Michael Paulson se frota las rodillas y los disparos se desatan de nuevo en las colinas. "He pasado por una cirugía de corazón abierto, apendicitis, extirpación la vesícula, una operación de columna, una arteria carótida obstruida, una angioplastía y voy por el segundo marcapasos", dice este hombre jubilado de Gary, Indiana. "¿Cree usted que me asustan unos cuantos disparos?".

Peregrinos, Progreso

Cuando una guerra estalla en países extranjeros, los norteamericanos son a menudo los primeros en cancelar sus planes de viaje. Pero en la Bosnia desgarrada por la guerra, la fe ha probado ser más fuerte que el miedo. Unos cuantos peregrinos siguen visitando Medjugorje: para ver y hablar con los videntes y escuchar de ellos el divino mensaje que es totalmente contrario a las matanzas y luchas que hay alrededor.

"María está tratando de decirnos que necesitamos vivir en armonía", dice Esther Oakley, trabajadora de un hospital del lejano Rockaway, N.Y., "nunca me he sentido tan llena de paz como aquí".

La fama de Medjugorje se remonta a 1981, cuando dos chicas adolescentes escalaron una rocosa colina en las afueras de la aldea para fumar un cigarrillo. Al descender, dijeron, María se apareció en el cielo. Cuatro jóvenes más también verían a la Virgen más tarde. Desde entonces, cerca de 15 millones de personas se han sumado a las multitudes que han visitado esta aldea montañosa, haciendo de ella, junto con Lourdes en Francia y Fátima en Portugal, uno de los sitios de peregrinación más visitados en el mundo.

Medjugorje, que alguna vez fue una atrasada población rural, pronto vio florecer una serie de llamativos restaurantes de pizza, quioscos de hot-dogs, puestos de cambio de moneda y tiendas de suvenires que ofrecen de todo, desde anillos en forma de crucifijo hasta rompecabezas con imágenes de la Virgen sobe una nube. "La atmósfera estaba impregnada de las palabras de María," recuerda Verónica Kolanco, enfermera de Tampa, Florida, quien vino aquí por primera vez en 1990. "En aquel entonces, pasé la mayoría del tiempo comprando rosarios".

Ella regresó este otoño y encontró que muchas tiendas habían cerrado y el estado de ánimo era, pues, más celestial. En lugar de autobuses repletos de visitantes -muchos de ellos en busca de curiosidades- ahora sólo hay creyentes auténticos. Un hombre de Tasmania vestido de monje en un hábito café, se llama a sí mismo "esclavo de María". Una mujer belga de aspecto descuidado afirma: "Hice un voto de pobreza y castidad aquí hace un año y no lo he abandonado".

Los combates, tan solo a 10 millas de distancia, ha infundido en sus oraciones una urgencia especial. "Es una guerra bastante satánica," dice el Sr. Kolanco, quien trajo medicamentos desde un hospital en Tampa. "Con la limpieza étnica y todo eso, uno se pregunta si los serbios estarán poseídos. Quizá nuestras oraciones ayuden a cambiar esto."

La guerra también ha traído alivio a los videntes de la aldea. Marija Pavlovic habla diariamente con la Virgen, precisamente a las 6:40 p.m. El día 25 de cada mes, recibe un mensaje especial de María, el cual transcribe y comparte, aún transmitiéndolo por fax a la iglesia cuando está en otro lugar.

Este don provocaba que fuera muy buscada por los peregrinos extranjeros. Más allá de la Grace Tourist Agency, se ubica la sencilla casa que la Srita. Pavlovic comparte con sus padres. "Las multitudes solían despertarme cantando el 'Ave, Ave María' bajo mi ventana", dice riendo. "Algunas veces tenía ganas de echarles un cubetazo de agua en sus cabezas".

Ahora, interrumpida al hacer el aseo del sábado, la Srita. Pavlovic se alegra de conversar con los escasos visitantes, hablando de política y también de religión. Es una joven poco pretenciosa de 27 años, en pantalones azules de mezclilla y sudadera, que defiende las mismas teorías de conspiración que sostienen sus vecinos croatas. "Los serbios son apoyados por los masones", insiste enojada, "y los musulmanes son agentes de los terroristas religiosos árabes".

Pero estas predisposiciones se esfuman cada tarde, cuando platica en croata con una mujer que se aparece sobre una nube. "La Virgen es más sabia que nosotros," dice. "Para Ella no existen ni serbios ni croatas. Ella dice que Satanás está presente en todos los bandos que combaten en esta guerra".

En la Bosnia manchada de sangre, esta imparcialidad es sorprendente. Por otro lado, la guerra ha incrementado la fama de Medjugorje como un oasis de paz y misterio. En un momento dado, el frente de guerra estuvo a tan solo tres millas de distancia, tan cerca que la Misa de Pascual fue celebrada en un sótano resguardado con costales de arena. Los aviones y la artillería destruían las aldeas vecinas. Pero sólo seis morteros cayeron en Medjugorje. Los muertos: una vaca, un pollo y un perro.

El único ataque aéreo sobre la aldea terminó con unas cuantas bombas que explotaron sin causar daños. Esto dio origen a una historia fantástica, considerada como evangelio tanto por los residentes locales como por los peregrinos. Cuando los pilotos serbios sobrevolaban la aldea, cuenta la historia, su pantalla de radar quedó en blanco y aparecieron unas nubes bajas. En una versión se dice, que un piloto se impresionó tanto, que saltó en paracaídas del avión y desertó para unirse a los croatas.

Dragan Kozina, alcalde de la aldea y comandante militar, dice que estas historias son infundadas. Pero hay otro milagro que le impresiona: de 150 hombres de la aldea que han ido a la guerra, dos han sido levemente heridos y ninguno ha sido muerto. "Hay que creer que tenemos mucha suerte," dice, "o bien que alguien nos está protegiendo".

Para el jubilado de Indiana, el Sr. Paulson, es un pequeño milagro el solo hecho de estar aquí. El único lugar de Europa que el anciano de 71 años ha visitado es Normandía, a bordo de un avión que aterrizó en el Día "D", en 1944. Esta vez, él pasó dos días en aviones, autobuses y taxis sólo para aterrizar en medio de una guerra nuevamente. "Parece que la gente en Europa siempre está peleando," dice este peregrino de barba blanca, mirando hacia las colinas e ingiriendo pastillas para su enfermedad del corazón.

El Sr. Paulson, un antiguo oficial a cargo de jóvenes en libertad condicional, ha venido aquí con su propia visión. El quiere transportar pequeñas piedras de Medjugorje a Indiana, donde espera que los asistentes a la Misa adquieran una piedra mediante un donativo, mitad del cual será para su iglesia y la otra mitad para una fundación no lucrativa. El Sr. Paulson pretende usar este dinero para construir una Ciudad de Niñas, para jóvenes con problemas, cerca de la Ciudad de Niños en Omaha, Nebraska.

Finalmente, él espera construir un centro similar en la antigua Yugoslavia. "Podría ser una forma para que la gente comience a convivir una con otra en paz otra vez".

Esta pasión por la reconciliación le viene de una experiencia personal. Como hijo de inmigrantes croatas, el Sr. Paulson afirma que su mejor amigo en la juventud era serbio. "Mis padres nunca hablaron de serbios y croatas," dice. "Todos éramos simplemente yugoslavos".

Ahora, hospedado en una casa de campesinos donde los peregrinos suelen quedarse, el Sr. Paulson está tratando de poner en forma su oxidado croata. Sentado frente a una mesa servida abundantemente con sopa, pollo, papas y col, él comienza a cenar declarando: "Esta guerra es una demencia".

Los anfitriones del Sr. Paulson sonríen amablemente y le ofrecen un vaso de brandy de ciruela, muy popular en la región. "No bebo", dice él disculpándose. "Estoy tomando medicamentos".

Esto provoca risas al igual que su álbum de fotos. Está lleno de instantáneas del Sr. Paulson vestido de Santa Claus, cuando actuó como voluntario en una pista de patines en Gary. El imita el "jo, jo, jo" de Santa Claus, charla sobre los Chicago Bulls (basketbolistas muy populares que enloquecen a los croatas) y sobre sus bisnietos. Para cuando concluye la cena, uno de los hijos de la familia ha accedido a ayudarle a recoger piedras de los campos vecinos.

El Sr. Paulson no está seguro de ver que su sueño se haga realidad. No puede quedarse mucho tiempo porque no dispone de tarjetas de crédito y sólo tiene $1,000 dólares en efectivo. Aún cuando su salud lo permitiera, no será fácil regresar aquí. Su único ingreso consiste en un cheque del seguro social y una pequeña pensión gubernamental. Pero el Sr. Paulson afirma que su misión no es más difícil que la de otros peregrinos que oran por la paz en medio de la guerra.

"Si uno quiere mover montañas," dice él, tomando otra píldora, "hay que hacerlo piedra por piedra".

The Wall Street Journal Lunes 9 de Noviembre de 1992.

 
 
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