La Historia de la Conversión de Hilda Campan

Los Primeros Frutos de Medjugorje en Curazao
Por Mary-Sue  Eck, Medjugorje Magazine

Fue en Diciembre de 1994, mientras pasaba algún tiempo en Atlanta, Georgia, EU, que vi una librería que no conocía, aunque había estado en Atlanta varias veces y había recorrido ese centro comercial en innumerables ocasiones. Decidí visitar St. Mary’s Book & Gift Store y ver qué podía encontrar. Fue la primeras de muchas visitas.

Ahora pienso que debe haber sido la Santísima Virgen quien me invitó a pasar, porque en el momento que entré a la tienda llamó mi atención una hermosa fotografía de Nuestra Señora, Reina de la Paz. [Era una fotografía del rostro de la estatua de Tihaljina, la cual jugaría finalmente un papel importante en mi futuro y en el de mi familia]. Desde entonces me “enamoré” de Nuestra Señora. Había oído hablar de las apariciones de la Virgen María en Medjugorje y creía en ellas, pero no había prestado atención a los mensajes y tampoco había leído algún libro sobre los eventos. Lo primero que aprendí fue que la hermosa fotografía que me dio la bienvenida estaba relacionada con la aparición en Medjugorje. Después, en la sección dedicada a Medjugorje, encontré los libros de Wayne Weible. Compre “El Mensaje” y “La Misión” y estaba ansiosa por comenzar a leerlos. No pude dejarlos, los leí uno después del otro. El mensaje de Nuestra Señora me conmovió muchísimo. Lloré bastante, pero también me emocionó saber más sobre la aparición, sobre Nuestra Señora y sobre mi fe. Comencé a conocer a Jesús más y más cada día.

Mis padres me habían bautizado en la Iglesia Católica y asistí a escuelas católicas. También había participado en encuentros de oración carismáticos. Con todo, en esa etapa de mi vida, sólo iba a Misa en ocasiones especiales. No practicaba mi fe regularmente y tampoco estaba haciendo nada para conocerla mejor o profundizar en ella.

Se abría ahora un nuevo mundo delante de mí. Comencé a leer todo lo que caía en mis manos y no sólo acerca de Medjugorje, también leí sobre las vidas de los santos y libros sobre mi recién descubierta fe católica. Debo contarles algo acerca de mi madre, Carmen. Ella siempre se aseguró que mis dos hermanas y yo lleváramos puesta una medalla, una estampita bendita o un librito de oraciones. Cuando empacaba mi maleta para mi viaje a Atlanta, ella me pidió que llevara conmigo unos libros de oraciones, por si acaso me sentía sola o no tenía nada qué hacer. Yo no quería herir sus sentimientos, así que los empaqué, pero tampoco tenía intenciones de leerlos.

Sin embargo, ahora que sabía que la Virgen nos pedía rezar el Rosario, comencé a leer los libros de oraciones. Quería rezar pero no sabía cómo. Nunca aprendí cómo rezar el Rosario.

Había incluido un libro del Padre Albert Shamon: “Nuestra Señora en Medjugorje nos enseña a orar”, el cual me había dado la tía Babsie Bleasdell, de Trinidad, en 19990. En el interior de la cubierta había escrito: “A mi queridísima Hilda, con amor y oraciones, de la Tía Babsie. Que el amor de María, recién descubierto, te llene de gozo y te ayude a encontrar el propósito de Dios para tu vida. Octubre de 1990, Fiesta del Santo Rosario.”

También encontré un pequeño y antiguo folleto en holandés sobre cómo rezar el Rosario. Así que estaba de camino.

Aprendí sobre las otras cuatro “piedritas” además de la oración y el Rosario, las cuales nos enseña nuestra Madre Santísima: confesión, Santa Misa, lectura de la Biblia y ayuno. ¡Vaya, todavía tenía mucho qué aprender!

Todavía recuerdo esa primera confesión, después de no haberme confesado durante más de 20 años. Recuerdo haber me confesado tan solo dos o tres veces en mi vida anterior. Pregunté a qué hora confesaban en una parroquia en particular y me enteré que las confesiones eran de tres a cinco los sábados por la tarde. Era el 29 de de Marzo, cumpleaños de mi papá. Llegué a la iglesia exactamente a las tres. No obstante, pasó más de una hora antes de que me atreviera a entrar en el confesionario. Estaba tan asustada que simplemente me quedé ahí llorando. Finalmente, me dije que o entraba o me iba porque estaba yo provocando todo un espectáculo.

Entré al confesionario. Para mi sorpresa, me pude sentar junto al sacerdote. Después de saludarme, el sacerdote me preguntó cuándo me había confesado por última vez. Titubeante, le dije que debía haber sido hace 20 años o más. Me quedé de una pieza cuando él me abrazó y me dio la bienvenida por regresar a la Iglesia. Si antes de entrar a confesarme había llorado bastante, cuando el sacerdote me abrazó me puse a sollozar en serio. Hablamos por largo tiempo y cuando salí me sentí muy feliz, muy aliviada. Qué tonta había sido al tener miedo.

Otro evento más ocurrió durante mi estancia en Atlanta que vale la pena mencionar. Al asistir a Misa una tarde, sentí la urgencia de ir a una parroquia en particular que quedaba a unos 30 o 45 minutos de ahí. a la entrada de la iglesia encontré unos 10 ejemplares de un boletín llamado “Reina de la Paz”, los cuales estaban colocados en una mesa pequeña. Eran publicados por el Centro de Paz de Pittsburgh. Eran gratuitos y me llevé algunos. Parecían muy interesantes y yo quería tener ejemplares adicionales para cuando volviera a casa en Curazao.

De regreso al apartamento donde estaba viviendo, comencé a leer y no dormí en toda la noche, leyendo los artículos una y otra vez. Hablaban de diferentes apariciones y de los mensajes urgentes de la Santísima Virgen que llevaba ya varios años dándolos. ¿Por qué no sabíamos nada de ellos?, me pregunté.

De nuevo, lloré muchísimo. Luego decidí que yo ayudaría a Nuestra Señora a difundir sus mensajes. Mis viajes a la librería se multiplicaron. Necesitaba tanto material como fuera posible antes de volver a casa.

Regresé totalmente incendiada por Nuestra Señora y quería difundir los mensajes de Medjugorje y decir lo que estaba sucediendo allá a todos los que quisieran oírlo. Comencé por mandar a traducir los artículos a nuestro idioma, Papiamento. Luego los fotocopié y los distribuí entre diversos grupos de oración. Como miembro de la Fundación San Vicente de Paul, informé a otros de los miembros sobre lo que estaba pasando en Medjugorje. Nuestro trabajo en la fundación consiste en ayudar a los necesitados, no sólo materialmente sino también espiritualmente. Sugerí que volvieran a la devoción a la Santísima Virgen. Todos estuvieron de acuerdo sin dudarlo un instante.

A partir de ese día, se imprimieron muchos volantes. El más exitoso fue el de cómo rezar el Rosario. Fuimos a todas las escuelas primarias católicas y distribuimos ese folleto sobre el Rosario, en idioma papiamento. En total, repartimos 20,000 folletos y a partir de ese año, miles y miles más han sido imprimidos y distribuidos. Hasta el día de hoy la gente viene y nos pide el folleto.

También organizamos un concurso para los alumnos de las escuelas primarias católicas, durante el mes de Mayo. Pedimos a los niños que escribieran una oración, un poema o una historia breve sobre la Santísima Virgen o en su honor. La reacción fue estupenda. Un sacerdote que trabajaba en escuelas católicas comentaría después, que nunca había visto una reacción tan positiva y de tal magnitud a un proyecto organizado fuera de las escuelas.

Ir a Medjugorje era una prioridad en mi lista. Sentía que ya conocía Medjugorje a través de todos los libros y revistas que había leído y las diferentes Conferencias Marianas a las que había asistido en Miami, Pittsburgh y Notre Dame. Me faltaba tiempo para escuchar a los diversos conferencistas en esos eventos marianos. También encontré ahí a toda una nueva familia. Incluso llegué a conocer a las personas sobre las que había leído o que habían escrito los libros que leía. Me emocionó muchísimo conocer al Padre Albert Shamon, al Padre Stephen Barham, a Wayne Weible y a Rita Klaus en persona.

Incluso volé a Puerto Rico cuando supe que el Padre Jozo daría una plática en esa isla. Después de eso, me sentí verdaderamente parte de la enorme familia mariana. Cuando llamé a los organizadores de la gira del Padre Jozo, ellos me ofrecieron recogerme en el aeropuerto y hacer los arreglos para mi estancia. Yo no conocía a nadie en Puerto Rico, pero a través de Nuestra Señora, nos convertimos en una enorme familia.
En una de esas conferencias, me suscribí a Medjugorje Magazine y al boletín de Wayne Weible. En ese boletín vi un anuncio para una peregrinación que él llevaría a Medjugorje y de pronto sentí deseos de ir. En la revista encontré un anuncio sobre los programas televisivos de Sor Emmanuel, los cuales se podían conseguir si uno quería transmitirlos en la televisora local.
Yo no tenía experiencia con programas de TV ni sabía cómo hacer para transmitirlos, pero tan solo la idea de poder compartir con otros lo que estaba ocurriendo en Medjugorje al igual que los mensajes de Nuestra Señora fue suficiente para empujarme a hacerlo. Le escribí a Denis Nolan una carta contándole sobre mi conversión y sobre mi interés en los programas de tv. No conocía a Sor Emmanuel ni la había oído hablar jamás, pero el hecho que ella quisiera compartir su experiencia de Medjugorje con el mundo entero me hablaron bastante. La carta a Denis Nolan la escribí en Agosto de 1996.

Me inscribí para participar en la peregrinación a Medjugorje de Noviembre de 1996. Estaba muy emocionada mientras se acercaba el tiempo de mi partida. Pero también me sentía desilusionada por no haber recibido noticias de Denis Nolan en todos esos meses. Finalmente pensé, ¿por qué habría él de escribirme? Soy tan solo una persona en el Caribe y no tengo una gran empresa que me respalde.

Mi peregrinación a Medjugorje fue una experiencia maravillosa. El grupo era bastante grande: unas 200 personas. Para la mayoría de nosotras, era nuestro primer viaje a Medjugorje. Las charlas de los sacerdotes, los videntes y Wayne Weible fueron todas muy conmovedoras. El grupo se había repartido en diversas casas y los peregrinos con los que yo estaba alojada se convirtieron en una familia unida desde el principio. Hacía mucho frío y estaba lloviendo mucho en Medjugorje en ese tiempo. Pero cada tarde, ocho o diez de nosotros nos congregábamos alrededor de las velas junto a la Iglesia para rezar el Rosario. Posteriormente íbamos por chocolate caliente y compartíamos cada uno cómo nos habíamos enterado sobre los sucesos de Medjugorje y cómo habían cambiado nuestras vidas.

La parte más difícil del viaje llegó cuando tuvimos que decir adiós. No queríamos irnos de Medjugorje y tampoco queríamos separarnos unos de otros. Recuerdo muy claramente el momento cuando nació en mi corazón el deseo de traer gente de Curazao a Medjugorje. Al mismo tiempo, me di cuenta que era un sueño imposible y que éste sería mi primer y mi último viaje a Medjugorje. Poco sabía que éste era el plan de Nuestra Señora, no el mío y sus planes siempre fructifican.

De regreso en Curazao me percaté que yo había cambiado aun más. Ya no me satisfacía mi trabajo, el cual anteriormente había sido mi “todo” desde siempre. A menudo trabajaba hasta 16 horas al día. Me llevaba el trabajo a casa y laboraba incluso los domingos y los días festivos. No tenía nada contra trabajar tanto, pero no había tiempo en mi vida para Dios. Así que decidí renunciar a mi trabajo y dedicarme de tiempo completo a ser instrumento de Nuestra Señora.

No fue fácil el primer año. Ni por un minuto lamenté haber tomado esta decisión, pero me costaba trabajo explicárselo a otros, que no entendían el por qué de la misma.
Un día, después de nuestra peregrinación, a finales de Noviembre de 1996, recibí una carta de Denis Nolan en la cual me decía lo emocionado que estaba de enviarme los programas de tv. Imaginen mi propia emoción cuando me llegaron los primeros siete programas. Denis había incluido la primera cinta en VHS y yo la observé una y otra vez. Estaba reviviendo mi peregrinación a Medjugorje y al verla lloré bastante. Cuatro meses después, el 19 de Marzo de 1997, día de San José, el primer programa fue transmitido al aire.

Recibimos muchas reacciones, muchas preguntas. Una fue: “¿Por qué no entrevistan a personas de Curazao que ya estuvieron en Medjugorje?” Eran sólo unas cuantas personas que habían ido allá, pero ellas estaban dispuestas a compartir su experiencia por televisión. Ese programa fue un gran éxito y fue el comienzo de nuestros propios programas que, junto con los de Sor Emmanuel, habían sido transmitidos semanalmente en dos estaciones televisoras locales.

Junto con una amiga, Enid, y el camarógrafo de Nuestra Señora (el mote que damos a nuestro camarógrafo) viajamos a Medjugorje en Septiembre de 1997 para asistir a una conferencia organizada por el Florida Center for Peace. Filmamos todas las charlas que dieron los sacerdotes, los videntes, así como los testimonios que los peregrinos compartieron con nosotros. El plato fuerte fue nuestra entrevista con Sor Emmanuel. Aunque ya los conocía desde principios de ese año a través de la Conferencia Mariana en Notre Dame, no habíamos tenido tiempo de charlar. Después de la entrevista con ella en Medjugorje, nos sentíamos como niñas pequeñas que acababan de recibir un regalo maravilloso.

La parte chistosa de este viaje fue cuando el tripié de la cámara no llegó. Usamos un tripié recién inventado con tres botellas de plástico vacías, con un pedazo de madera en el cuello. Funcionó.

El deseo que había nacido en mi primera peregrinación, de traer más gente de Curazao a Medjugorje, se hizo realidad en Julio de 1998 cuando un grupo de 42 personas, la mayoría de ellas jóvenes, viajaron conmigo a Medjugorje para participar en el Congreso de la Juventud. En 1999, un grupo de tamaño similar, esta vez todavía con más jóvenes, viajó a esta aldea bendita. Fueron numerosos los hermosos testimonios. Viajamos una tercera vez, durante Semana Santa en Abril de 2000, con un grupo más pequeña. Semana Santa es un tiempo especial para estar en Medjugorje y cada uno de nosotros fue tocado de manera particular.

El fruto de mi conversión, el más me llega al corazón, es lo que ocurrió con mi padre. Después de ver cómo Medjugorje había cambiado mi vida completamente, él decidió combinar un viaje de negocios a Francfort con una visita a Medjugorje. Fue totalmente solo y regresó como una persona completamente diferente. Quería llevar la isla entera de Curazao a Medjugorje. Al darse cuenta que esto era imposible, sintió la inspiración de traer a Medjugorje a Curazao. El resultado es una enorme Cruz, una Capilla un jardín del Rosario y una casa de huéspedes y retiros. El proyecto, llamado SERU DI ORASHON, es un lugar de oración y es también nuestra respuesta al llamado urgente de Nuestra Señora en Medjugorje. Mi padre a veces bromea y dice: “Construí esto para darle a Hilda algo qué hacer.” Medjugorje significaba tanto para él. “Fui allá en 1997 y me impresionó profundamente la atmósfera de paz del lugar”, dice él. “Cualquiera que llega allá vive la misma experiencia. No es cuestión de ver a Nuestra Señora, es la paz que no se encuentra en ningún otro lugar. Hay algo que es imposible explicar. Y fue entonces que entendí con claridad que debía colocar una Cruz en mi terreno. La verdad es que yo tenía en mente una Cruz pequeña. Pero después pensé en algo más grande, más grandioso.”

Mi padre enfrentó diversas reacciones a esta construcción, pero poco le importó. El se ríe cuando te dice: “Algunas personas piensan que me volví loco. Otras reaccionan con entusiasmo; yo creo que es mi tarea construir esto. El Señor me ha dado los medios para llevarlo a cabo. Cada quien recibe los medios necesarios para su tarea. En mi caso, es el dinero. El dinero siempre me ha llegado casi por sí mismo. Un carpintero que puede construir algo que yo no puedo, recibe otros medios del Señor. Pero no perdamos de vista esto: nada es nuestro. En efecto, tan solo nos ha sido prestado. No podremos llevarlo con nosotros. Quien tiene dinero y sólo se compra residencias enormes y automóviles finos y yates, no está siguiendo el camino correcto.”

Algunos dieron a mi padre una roca de Medjugorje. El la colocó en el lugar donde estaban construyendo la Cruz. No sabíamos que la Cruz está de pie justamente en el centro de la isla. Este monumento ha sido edificado bajo la custodia de la Iglesia Católica, de tal modo que no sea calificado como una secta.

Durante su caminata diaria a la colina, mi padre afirma que camina “de la mano con Dios.” Si ustedes pudieran atestiguar la felicidad que lo inunda en esos momentos, estarían de acuerdo con él.

Oramos para que muchas personas puedan venir aquí de más allá de las playas de nuestra pequeña isla. Invitamos a nuestra familia mariana de los Estados Unidos y de alrededor del mundo a unirse con nosotros aquí para un retiro. También pueden contemplar algunas horas de natación en nuestras múltiples y hermosas playas. A la gente le encanta montar a caballo alrededor de la isla para conocer el paisaje maravilloso.
Guardo hermosos recuerdos de mi rezo del Rosario con Larry y Mary Sue Eck, mientras viajábamos en automóvil una noche. Escríbanles si están interesados en hacer un retiro aquí en inglés o  español. Ellos hablan con otros acerca de estos planes. Qué maravilloso sería compartir con cada uno de ustedes las decenas del Rosario.

 
 
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