En Memoria del 25˚ Aniversario de los Eventos en Medjugorje

por el Dr. Tomislav Pervan, OFM

Durante los últimos veinticinco años, Medjugorje ha sido noticia de actualidad en el escenario mundial. Hoy cuenta con celosos defensores; sin embargo, tiene igualmente oponentes feroces. No es probable que las líneas del frente opositor busquen pactar la paz en un futuro cercano. Los defensores visitan incansablemente Medjugorje convencidos que la voz auténtica del Cielo es el punto de partida, esto es, la aparición de la Gospa—Nuestra Señora, mientras que  los opositores persisten en su feroz oposición y buscan elementos de contención que rodean el escenario de los eventos.

Entre tanto, el flujo diario y siempre creciente de peregrinos al lugar nos impide permanecer indiferentes. Los hechos y las cifras hablan por sí mismos. El número de peregrinos es siempre mayor. Vienen de todos los rincones del mundo y son de todos los colores de piel y de todas las naciones y nacionalidades. Mientras que otros lugares de peregrinación viven una disminución en los peregrinos y las peregrinaciones a pesar de toda la publicidad, [en Medjugorje] la cantidad de peregrinos y fieles de todos los idiomas se incrementa continuamente. Como fenómeno, Medjugorje no cuenta con una maquinaria de mercadotecnia: los individuos difunden su fama boca a boca, por medio de su testimonio y su experiencia personal.

Por un lado, los sacerdotes que trabajan en Medjugorje están abrumados por su trabajo diario y sienten que son exprimidos hasta el límite de sus capacidades físicas. Enfrentan innumerables peticiones para dar consejería personal, confesiones interminables y evangelización constante. Por el otro, enfrentan también la sospecha de que se mueven al filo de la heterodoxia. La crítica incesante hacia ellos, de que están patrocinando algo que es contrario a la Iglesia, es decir, apariciones inexistentes etc. Nosotros, por nuestra parte, no podemos dejar de hablar, ni de dar testimonio de aquello que hemos escuchado o visto o de lo que experimentamos diariamente con nuestros sentidos (cf. Hechos 4,20). Por lo tanto, invitamos a todos a que vengan y vean. Fueron muchos los obispos que tenían sus dudas; sin embargo, después de varias horas de oír confesiones, cambiaron de parecer y las dudas se desvanecieron.

La voz de la consciencia nos impone la obligación de asistir a quienes están sumidos en la miseria y vienen aquí. Deseamos estar en armonía con la Iglesia hasta el final y no pecar contra el Magisterio de la Iglesia y su práctica. Mientras tanto, las acusaciones y los reproches lastiman. Muy frecuentemente, surgen preguntas como: ¿Qué necesidad tenemos de todo esto? ¿Acaso no hubiéramos podido ser como cualquier otra parroquia, esto es, llevar a cabo los programas pastorales ya conocidos dentro de las normas usuales de la Iglesia y los Evangelios? ¿Quién cocinó este guisado, de tal manera que hasta el día de hoy, el río de peregrinos no se ha secado, sino, por el contrario, continúa creciendo cada vez más y es más dinámico?

Por esta razón, como amigo y participante de estos eventos desde su comienzo en 1981, emito una consideración de lo que debe hacerse para cambiar la situación presente y escapar de la postura atrincherada de la negación persistente, de la disputa constante o, de hecho, de la indiferencia y el silencio por parte de los medios de la Iglesia, todo esto mientras continúa el flujo de miles de peregrinos a este lugar. Es obvio que todas las negaciones, las disputas y el silencio no han ganado la aceptación de los fieles. Entre tanto, los círculos eclesiales continúan sordos y la prohibición contra esta actividad de los fieles persiste del lado de los medios.

Es la voz interior de la consciencia y la experiencia de fe lo que motiva a los fieles. Estoy convencido que el mismo Espíritu Santo es el iniciador de todos estos eventos. Aún más, estoy convencido que, después de que han transcurrido veinticinco años, el principio de locus theologicus (la postura teológica), de acuerdo a la noción del sensus fidelium (entendiendo la parte de los fieles) y el consensus fidelium (unanimidad de los fieles), se aplica como un signo de aceptación por los documentos de Vaticano II y pos Vaticano II, así como por las afirmaciones de los Papas posteriores al Concilio. Aquí están ocurriendo cosas que leemos en los Hechos de los Apóstoles. Estoy convencido que la Iglesia está siendo congregada en este lugar desde los cuatro vientos y desde cualquier rincón de la tierra en el único Reino como lo que sucedió en Jerusalén en Pentecostés. En este lugar, vemos reflejada a la Iglesia universal, a la Iglesia Católica en miniatura.

Es en este sentido, que creo que la instrucción de la Congregación para la Doctrina de la Fe, titulada Criterio para Juzgar y Discernir Revelaciones y Apariciones, fechada el 27 de Febrero de 1978 y firmada por el entonces Prefecto, el Cardenal Franjo Seper, debiera servir como el vade mecum –esto es, el compañero constante, el manual– al emitir un juicio y tomar una decisión sobre Medjugorje y el fenómeno Medjugorje. El texto no ha perdido un ápice de actualidad y valor hasta el día de hoy. Puede aplicarse plenamente a los eventos de Medjugorje con todas sus implicaciones. Los eventos de Medjugorje pueden examinarse a su luz, desde el punto de vista positivo o negativo, con todos los argumentos en pro y en contra.

En sus instrucciones, la Congregación para la Doctrina de la Fe a tres niveles o grados las  normas a aplicar ante presuntas apariciones.
Los videntes deben ser examinados para determinar si, posiblemente, se trata de una cuestión de visiones auto inventadas. Posteriormente, todos los mensajes deben ser reunidos, examinados y considerados tomando en cuenta el grado de escolaridad de cada uno de los videntes. El estado mental y físico de los videntes debe ser examinado concienzudamente, así como su integridad moral. Todo lo que sea explicable desde el punto de vista puramente humano debe ser tomado en consideración; con todo, en la misma línea todo lo que no pueda explicarse en términos puramente humanos y con la ayuda de los medios científicos o sicológicos contemporáneos y que, al final, no tenga una causa dentro del poder humano, también debe ser considerado.

Terminada la primera fase, si el asunto no se ha extinguido por sí mismo, si no se ha detenido o ha caído en el olvido, entra en juego el principio ad experimentum (por el propósito del experimento). Al mismo tiempo, naturalmente, debe subrayarse que la aplicación de este principio de ninguna manera sugiere ni reconoce la autenticidad de las presuntas apariciones. Simplemente canaliza los eventos dentro de la rutina apropiada y sana de la Iglesia: las prácticas en relación a la oración, las devociones, los sacramentos, el crecimiento espiritual continuo y la santidad.

Cuando ha transcurrido un período razonable de la fase ad experimentum y a la luz de las experiencias, especialmente después de una investigación minuciosa de los frutos producidos por las presuntas apariciones y las prácticas devocionales que las rodean, debe darse un juicio competente de los eventos si las circunstancias lo demandan.

Con respecto al primer punto, todo se reduce a una simple conclusión: Hasta el día de hoy, en toda la historia de la Iglesia, ninguna aparición mariana había sido investigada tan intensa y extensivamente (de 1984 a 2005) por parte de numerosos expertos internacionales, calificados e independientes en los campos de la medicina y la sicología, o cuyas investigaciones y sus resultados correspondieran y se complementaran respectivamente. Todos los expertos han concluido que los sujetos investigados son individuos sanos espiritual, sicológica y físicamente. Se encontró que no estaban bajo el influjo de alucinaciones, ni estaban sujetos a confabulaciones, autosugestión, histeria, hipnosis o cualquier otra pérdida de la consciencia, engaño, sugestión o inducción externa de ninguna clase. De ahí que sea irresponsable proclamar públicamente que se trata de mentirosos o inventores de visiones y mensajes falsos.

Muchos expertos en los campos de la medicina, la psicología y la parapsicología se han ocupado de los videntes de Medjugorje. Ellos no han logrado descubrir cualquier clase de desviación patológica conforme a la norma en sus vidas. Los expertos científicos son capaces de alcanzar el límite pleno de sus exámenes. Sin embargo, una vez que han arribado a ese límite, su habilidad para dar explicaciones termina. Son capaces de discernir qué pertenece o no a la medicina y la patología y qué debe excluirse desde una perspectiva médico psicológica. Los expertos lo han hecho así y han dejado tras de sí un reporte de sus descubrimientos. Por ello y por honestidad intelectual, nosotros, los que respetamos la verdad, debemos tomar en cuenta y con seriedad  sus investigaciones y juicios en relación al fenómeno de Medjugorje.

Las pruebas convergentes en favor de la autenticidad del fenómeno de Medjugorje son perceptibles, si se consideran los experimentos teológicos, sociológicos y científicos llevados a cabo sobre los videntes por parte de equipos de expertos franceses, italianos y austríacos desde 1984 hasta 2005. De acuerdo al teólogo y mariólogo René Laurentin, quien ha publicado obras de valor capital –17 libros– sobre Lourdes y ha investigado a fondo las apariciones en Medjugorje, éstas dan evidencia de ser más poderosas en cuanto a su autenticidad que aquellas en Lourdes, a las cuales la Iglesia otorgó su aprobación formal.

Conforme a las enseñanzas de San Ignacio sobre el discernimiento de espíritus, es posible determinar si las causas de éstas u otras manifestaciones similares puede determinarse son puramente humanas, divinas o diabólicas. Los efectos deben ser juzgados siempre por su causa. En todo lo que ha tenido lugar en Medjugorje hay que preguntarse, cuál sería la causa o dónde se hallan las raíces de la causa para su comienzo. Si tomamos en cuenta los primeros días de los eventos que ocurrieron en Bijakovici en Junio y Julio de 1981, los expertos que examinaron a fondo a los videntes concluyeron que ellos habían tenido alguna clase de experiencia fundamental o clave, un encuentro inicial que los colocó en el centro de algo que ellos no podían imaginar ni anticipar, algo en contra de su voluntad o inclinaciones, algo que ellos difícilmente eran capaces de predecir.

La ciencia como tal no puede confirmar ni negar si la Gospa se aparece o no (tal como tampoco podría sido capaz de utilizar instrumentos científicos para registrar la Resurrección de Cristo, si hubieran estado presentes al lado de los soldados romanos frente al sepulcro de Jesús). Lo único que la ciencia puede decir después de veinticinco años es que los videntes están física y psicológicamente sanos y que tuvieron una experiencia profundamente asentada y de largo alcance, la cual continúa afectándolos hasta el día de hoy, una experiencia que es imposible de deducir a partir de sus biografías. Todo esto, para los videntes, es un tesoro sagrado. Por esa razón hay que excluir una causa puramente humana y, en el mismo tenor, que la causa sea diabólica puesto que el Demonio es incapaz de producir buenos frutos que sean constantes y tan duraderos.

Una vez que han transcurrido veinticinco años, lo correcto sería emprender una revisión sine ira et studio (sin rencor y [con] atención diligente), tanto por parte la Iglesia local como de la Iglesia universal, en cuanto a los frutos que ha producido y continúa produciendo por medio de las apariciones de María, haciendo a un lado cualquier suposición y perjuicio ideológicos. Visto como un todo desde el punto de vista puramente estadístico, cerca de unos cincuenta mil sacerdotes han pasado por Medjugorje, cientos de obispos, cardenales y millones y millones de fieles. La Iglesia Una Sancta et Catholica  (la Iglesia Una santa y Católica) en miniatura se hace presente cada día aquí. Si se encontrara algo herético, cismático o contrario al Magisterio de la Iglesia, la Iglesia estaría obligada a tomar medidas contra tal abuso. Y esto no ha sucedido hasta ahora. Por eso, un período experimental de quince años desde el Pronunciamiento de Zadar en 1991, es tiempo suficiente para permitirnos concluir que en Medjugorje no tiene lugar desviación alguna de las enseñanzas de la Iglesia y su práctica. La Liturgia y las devociones que se celebran en el lugar son plenamente cristológicas, marianas, eucarísticas, sacramentales y en total armonía con las directrices de la Iglesia.

No se puede afirmar que los frutos particulares de Medjugorje son los de una oración intensa y la administración de los sacramentos. Hacerlo crearía un circulus vitiosus (círculo vicioso): hay otros lugares en el mundo donde la oración y los sacramentos son una práctica fija; sin embargo, lo que falta ahí es la eficacia en los efectos que sí son atribuibles a Medjugorje. Resulta claro que la oración y los sacramentos producen frutos copiosos para la Iglesia entera alrededor del mundo; no obstante, ¿de dónde y por qué tantas personas vienen precisamente a Medjugorje? ¿Por qué vienen a este lugar remoto y tienen una experiencia concreta de Dios y Su gracia, se convierten, aprenden a orar y por consiguiente, llevan los frutos de Medjugorje a sus casas, dan testimonio de lo que han experimentado y se convierten en misioneros? Simplemente es imposible separar las afirmaciones de los videntes respecto a las apariciones de los frutos de las apariciones que vemos en la Iglesia.

El consenso fidei et fidelium puede verse en el hecho que el pueblo de Dios, la Iglesia, está representado a todos niveles, esto es, todas las clases sociales, todos los pueblos y todas las razas se hacen presentes en Medjugorje y el hecho que la vida de la Iglesia se sustente por todo esto mediante testimonios, culto divino, servicio sincero, caridad (martyria, liturgia, et diakonia) y por el hecho que todos crezcan en santidad.

Medjugorje es un fenómeno mundial. Sus frutos pueden verse en todas partes del mundo. En esencia, Medjugorje es un movimiento de laicos, un movimiento de fieles laicos, cargado de espiritualidad, devoción y sinceridad hacia Nuestro Señor y Nuestra Señora. Los mismos videntes son personas laicas ordinarias y, como tales, tienen mayor capacidad y disponibilidad para conmover los corazones de gente común y corriente que se identifica fácilmente con ellos.

Medjugorje es un movimiento de paz y una peregrinación, en la medida que tanta gente viene aquí en busca de paz interior. Es también un movimiento de renovación dentro de la Iglesia—Ecclesia semper reformada (la Iglesia siempre renovada), así como un movimiento humanitario, puesto que ha construido obras de caridad y samaritanas impresionantes, como lo expresa claramente Lumen Gentium (Vaticano II, Luz de las Naciones): “Estos carismas, tanto los extraordinarios como los más sencillos y comunes, por el hecho de que son muy conformes y útiles a las necesidades de la Iglesia, hay que recibirlos con agradecimiento y consuelo.” (LG 2,12) Por su parte, Apostolicam Actuositatem (Actividad Apostólica) afirma más explícitamente: “De la recepción de estos carismas, incluso de los más sencillos, procede a cada uno de los creyentes el derecho y la obligación de ejercitarlos para bien de los hombres y edificación de la Iglesia, ya en la Iglesia misma, ya en el mundo, en la libertad del Espíritu Santo ‘que sopla donde quiere’ (Jn., 3,)...” (AA 3,3).

Transcurrido un cuarto de siglo, puede afirmarse que Medjugorje es un carisma profético—una revelación profética que llama a la conversión. Estos carismas pueden encontrarse en todos los fenómenos similares en la Iglesia. Las revelaciones y apariciones proféticas tienen que ver con un imperativo bajo el ímpetu del Espíritu Santo, sobre cómo hay que comportarse aquí y ahora y lo que el Pueblo de Dios debe hacer en una situación específica. Por consiguiente, la Iglesia no debe permanecer indiferente ante un fenómeno así. Está obligada a investigar dicho imperativo con apertura y, en congruencia, actuar si reconoce la Voluntad de Dios en dicho fenómeno. Es obvio que la Iglesia orante (Ecclesia orans) ha reconocido la Voluntad de Dios y la presencia de María en esta instancia, sobre la cual dijo nuestro amado Juan Pablo II en su homilía en Zadar (!) tres años antes, en la fiesta de María, la Madre de la Iglesia (Lunes de Pentecostés de 2003). En esa ocasión, el entonces Papa mencionó específicamente el arriba citado sensus fidei fidelium (el entendimiento de la fe de los fieles).

Si, como es el caso con beatificaciones y canonizaciones ordinarias, el proceso comienza en la Iglesia local y, luego de un intervalo apropiado de tiempo, la investigación y las conclusiones basadas en los elementos ofrecidos en favor de la beatificación o canonización, el asunto es turnado a Roma, creo que también sería lo apropiado en este caso. Después de todo lo que ha sido investigado a nivel local, todo el expediente del fenómeno Medjugorje debería ser transferido al dicasterio romano correspondiente, especialmente tomando en cuenta que este suceso ha rebasado los límites de la Iglesia local y se ha extendido hasta abarcar la Iglesia entera. Incontables grupos de oración alrededor del mundo entero han surgido a causa de los eventos en Medjugorje. Ostentan la marca de autenticidad y veracidad. El fenómeno entero está atrapado en el ser mismo de la Iglesia y, como tal, tiene más peso que una beatificación de alguno de los elegidos de Dios. Si, como en el caso de una beatificación, se pregunta al Pueblo de Dios sobre su aprobación, ¿por qué no habríamos de hacerlo así también en este caso, especialmente a la luz de la presencia eficaz de María en lugares específicos (Juan Pablo II en Zadar) y a la luz de la experiencia personal y los milagros que los individuos han experimentado precisamente aquí en Medjugorje?

A lo largo de la historia de la Salvación, Dios ha establecido comunicación con Sus criaturas a través de apariciones. Esta forma de comunicación es especialmente apropiada para la estructura psíquico espiritual del hombre: abarca los sentidos del hombre, especialmente su vista y su escucha. El fenómeno Medjugorje puede explicarse de esta manera u otra; sin embargo, la honestidad intelectual demanda que todo este asunto nos comprometa a la luz de la revelación, el misticismo, las experiencias sobrenaturales y muchas otras experiencias similares en otros casos y, para tal efecto, en otras confesiones.

Si Dios verdaderamente ha hablado a través de la historia, ¿por qué nosotros estaríamos exentos de una manera así de comunicación, en la cual el Espíritu Santo se sirve de apariciones por el bien de las muchas necesidades del mundo contemporáneo? Mientras más grande sea la miseria en el mundo, mucho más grande será la necesidad de la voz y la comunicación de Dios. Por tanto, podríamos bien concluir como lo hizo Pablo: “No extingáis el Espíritu; no despreciéis las profecías; examinadlo todo y quedaos con lo bueno...” (1 Tes 5,19-21)

Medjugorje, Julio 13 de 2006.
Fra Tomislav Pervan OFM
Párroco de Medjugorje de 1982 a 1988
y Provincial de los Franciscanos (OFM) en
Hercegovina de 1994 a 2001.

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