Por sus frutos los conoceréis...

Frutos de Medjugorje son las incontables conversiones que atestiguan tantos y tantos confesores que han pasado por allí. Frutos del mismo árbol de la gracia son las resurrecciones de tantos jóvenes y adultos que estaban muertos por la droga, y frutos son los millones de personas que han aprendido a orar y ayunar con el corazón, que hacen su camino de fe en la espiritualidad que la Reina de la Paz les propone.

Ateos que se convierten, enfermos del cuerpo y del alma que son sanados y todos los que escuchan y responden al llamado de reconciliación con Dios y entre los hombres, ese que hace descender la gracia sobre los corazones, todos estos son frutos tangibles que nadie – que juzgue con honestidad–podría llegar a negar.

Medjugorje demuestra ser mucho más que un lugar de peregrinaciones porque allí la Virgen se aparece. Es, ante todo, la manifestación de la gracia a partir de donde una vida se transforma y no vuelve a ser la de antes. A Medjugorje, si se es mínimamente disponible, se va y no se vuelve igual.

Frutos de Medjugorje son las incontables conversiones que atestiguan tantos y tantos confesores que han pasado por allí. Frutos del mismo árbol de la gracia son las resurrecciones de tantos jóvenes y adultos que estaban muertos por la droga, y frutos son los millones de personas que han aprendido a orar y ayunar con el corazón, que hacen su camino de fe en la espiritualidad que la Reina de la Paz les propone.

Ateos que se convierten, enfermos del cuerpo y del alma que son sanados y todos los que escuchan y responden al llamado de reconciliación con Dios y entre los hombres, ese que hace descender la gracia sobre los corazones, todos estos son frutos tangibles que nadie – que juzgue con honestidad– podría llegar a negar. Y es en Medjugorje que está la raíz del árbol que irradia sus frutos por todo el mundo. Pero hay algunos de esos frutos, quizás los más fragantes, los de aroma particularmente muy agradable a Dios, que se los puede descubrir mismo en Medjugorje: son las comunidades que han nacido o que crecen en aquella tierra fértil de la gracia. Dos de ellas –“Reina de la Paz, todos tuyos, a Jesús por María” y “Oasis de la Paz”– nacieron como respuesta directa a las invitaciones de la Gospa. Las otras, “Las Bienaventuranzas”, comunidad de vida consagrada y “Cenacolo”, la cual está dedicada a trabajar por la recuperación de tóxicodependientes, recibieron renovadas fuerzas en esta tierra bendita. A continuación ofrecemos algunos encuentros con tres de estas comunidades. La primera es la del nombre largo que abreviaremos como “Kraljice Mira”—fundada por el P. Tomislav Vlasic. Esta comunidad está aislada del resto de Medjugorje y desarrolla su vida en lo oculto del silencio que más conviene a su carisma contemplativo.

En palabras de Fra Lino: “La comunidad nació a raíz de las apariciones a los seis niños y el P. Tomislav Vlasic, ofm es el guía espiritual y es una comunidad contemplativa.

“Los hermanos o hermanas tienen los tres votos (pobreza, castidad, obediencia) más el de ser almas víctimas u ofrecidas, según la intención del Corazón Inmaculado de María.

“Debo precisar que este llamado a ofrecerse como alma víctima es una vocación que no ocurre porque un buen día alguien se levanta una mañana y quiere serlo, sino que es un llamado que Dios –desde la eternidad– pone en el alma de la persona. Cuando ésta siente dentro de sí un fuego devorador, es entonces que responde porque reconoce que allí está su vida. “ La ofrenda de la vida no es algo triste. Todo aquello que viene auténticamente de Dios es Amor. Y el Amor implica siempre la plenitud de la alegría. Sólo en la plenitud del amor y de la alegría es posible responder al llamado, y vivirlo, llevándolo a su total cumplimiento. Jesús y María son los modelos...

“El camino es aquel que el Señor indica en el Evangelio. Es el camino de la cruz... Para nosotros es claro que lo importante no es la cruz sino el encuentro con Dios en la oración comunitaria y personal, que para nosotros es fuente de vida. La ofrenda de sí es la experiencia más plena que pueda tenerse.

“Esta ofrenda se realiza... se renueva... todos los días, en el momento mismo de la Eucaristía. La Santa Misa es el centro de nuestra jornada. Y el momento más importante, el de la consagración, en que Jesús renueva Su ofrecimiento al Padre. Es entonces que el sacerdote toma entre sus manos, junto a Jesús, el ofrecimiento de cada hermano y hermana y la presenta al Padre, a través del Corazón Inmaculado... en unión con Jesús, que se ofrece al Padre. “ Por ello, para nosotros Jesús gu"gn"egpvtq0 Es Jesús quien toma esa ofrenda y la presenta al Padre, y nos lleva a Él con Él.... Lo más importante es ser puros, para que ese ofrecimiento sea agradable a Dios, como reparación por los pecados del mundo. Si no somos inocentes, si no nos esforzamos por ser puros, no podemos ofrecernos por los pecados del mundo, sino que debemos ofrecernos por nuestros propios pecados... Cuanto más nos volvemos, como Jesús, “corderos inocentes”, tanto más nuestra ofrenda será válida, profunda, agradable al Padre. Es por esto que nuestro camino no es de sufrimiento sino de belleza. Es un camino de cruz donde a cada paso la cruz es vencida y cada vez resurgimos de ella. Por esto, la cruz, para nosotros, es una grada que nos lleva siempre a la resurrección.... Y este es un camino diario que se vive en la jornada, en las pequeñas cosas... Como lo vivía María... De la misma manera, nuestra jornada es de adoración contínua frente al Santísimo Sacramento.

“Hacemos vida contemplativa con trabajo manual. Cultivamos la armonía entre el alma y el cuerpo. Por supuesto que a distintas horas del día rezamos el Santo Rosario y compartimos la lectura bíblica. “ Vivimos de la Providencia. En la Comunidad se cultiva el silencio y el hablar con el Señor. Estamos llamados a dar una respuesta continua, adentrarnos en el camino del silencio.

“Para nosotros, Jesús es la persona más importante, porque Él es Dios como Pastor, como Maestro, como Amigo, como Esposo, como Señor. Su Palabra es importante, porque es la Palabra de Dios y como tal la adoramos, como María la adoraba. La Palabra del Maestro que da sentido y luz a nuestra vida. Que ilumina nuestros pasos y los dirige hacia el Paraíso. Es Palabra que nutre, que reposa, que ilumina, que da fuerza y coraje, que recrea porque es de Dios. Nuestra tarea, entonces, es que cada vez más esta Palabra venga a nuestros cuerpos, a nuestras almas, nuestros corazones. “ Esta Palabra de Dios es un misterio vivo. Es aquel misterio que crea aquello que dice. Nuestro gozo íntimo es permitir que esta Palabra penetre nuestro corazón, que pueda visitar cada parte donde está la luz, donde está la tiniebla dentro nuestro, donde hay lágrimas, esperanzas, alegrías. Que esta Palabra pueda transformarse en canto, reinar en nosotros— hacerse vida. Hacemos como María que escuchaba la Palabra, que escuchaba a Jesús y todo lo que de Él se decía y en el silencio la custodiaba. Y permitía que esta Palabra viniese engendrada.” Comunità Cenacolo. Esta comunidad se dedica a la recuperación de jóvenes atrapados por las drogas. Dejemos que hable Sor Elvira, su fundadora.

“La Comunità Cenacolo, nacida en Italia en 1983, inició este camino de salvación, y se ha extendido no sólo en Italia sino en el exterior y espera abrazar al mundo entero. Acoge a los jóvenes, pidiéndoles buena voluntad, en una comunidad que por principio quiere demostrar que el poder de la oración, del Amor de Dios por nosotros es tan fuerte y evidente, que la hace rechazar cualquier tipo de ayuda monetaria de las instituciones públicas. Nuestra comunidad quiere vivir de la Providencia, que es también sinónimo de provisoriedad, de esencialidad...

“Lo esencial es aquello que necesitamos y que el Señor no nos ha hecho faltar jamás. Nosotros, como Comunità Cenacolo “Campo di vita”, estamos aquí en Medjugorje desde hace ya muchos años y esta realidad toma, en particular, la vida de nuestros jóvenes que viven, entre ellos, una comunión maravillosa que se vuelve “escándalo” para los no creyentes. Chicos que vienen de todas partes del mundo y juntos viven la belleza de renacer. Una comunidad en la que hay italianos, serbios, croatas, franceses, ingleses y de todas las religiones.

“Pero, nosotros no miramos la religión, nosotros recibimos y abrazamos al hombre herido y lacerado por la tribulación de un mundo pagano, de un mundo que no ofrece más el amor de Dios sino sus propios intereses, sus propios engaños.

“Aquí vemos cómo se realiza la presencia profunda de María. La vemos actuar en una forma palpable, visible, en los corazones de los muchachos que saben –porque aprenden de Ella– amarse, compartir, ayudarse de un modo verdadero, atento, tierno, exigente y capaz de recurrir – con ternura infinita– a esa Madre que siempre está atenta a cada una de sus necesidades. Los chicos de aquí tienen una particular devoción a María, una que se transforma en alegría, de servicio, de acogimiento.

“Estos jóvenes han renacido por medio de la cruz de Cristo. Son jóvenes que, desde sus casas o desde la calle, han llegado a una comunidad que les propone la fe, la búsqueda del amor de Dios –por el que son liberados de la droga, sanados de cualquier dependencia–, pero, por sobre todo, salvados para siempre. Nosotros apuntamos a la salvación, a la salvación del hombre en su integridad, en su armonía...

“Y para lograr esta maravillosa armonía es que ellos se dirigen a Jesús. Y le cantan, y lo alaban. Alaban a Dios con voces de jóvenes que han conseguido una vida nueva, una vida interior que sólo Jesús, único Salvador del hombre, ha podido lograr... Estos jóvenes no son enfermos psíquicos o enfermos físicos, pero sí enfermos en el alma, en la conciencia, y se restauran en el encuentro de cada día en la oración.

“Nuestra comunidad propone como terapia primaria e incondicionada la sanación que viene de la oración. La oración es nuestro destino, nuestra hambre, nuestra fuente que sacia la sed de nuestras expectativas. Los jóvenes de hoy están en la búsqueda de algo que pueda saciar sus vidas. Esa fuente que infunda en ellos la alegría de la vida, la vida por los otros.

Y bien, nuestra comunidad tuvo este valor, de proponerles a los jóvenes perdidos, solos, tristes, abandonados a sí mismos, el freno de la oración. Y así, de rodillas delante de la Eucaristía, reencuentran esa dimensión humana, cristiana, espiritual, eterna, que sólo Jesús puede suscitar dentro nuestro. Son drogadictos"o wgtvqu"{ "tguwekvcf qu"por el amor de la Cruz... Nuestra comunidad propone la cruz por medio del sacrificio cotidiano. Entonces, la oración se vuelve medio eficaz que nos ayuda a superar la cruz de cada día. “ Que a todos los que les llegue estas palabras: tengan la esperanza que se puede salir de cualquier droga, porque el poder de la oración logra ponernos en comunicación con Aquel que nos trae la completa alegría, la felicidad plena.”

Oasis de la Paz. Comunidad querida por la misma Reina de la Paz nacida a la sombra de Medjugorje. Es una Comunidad contemplativa de hermanos y hermanas, célibes, entre los cuales hay sacerdotes, todos viviendo en comunidad residencial. Comparten juntos una vida consagrada, sencilla, de oración, de trabajo, de estudio, consagrados al Señor por medio de María, con votos de pobreza, castidad, obediencia y sobre todo con el peculiar voto de “ser paz” en la Iglesia y el mundo. El P. Gianni Sgreva, sacerdote pasionista, es su fundador y responsable. P. Gianni: “Si la paz es un don, en-tonces es fruto de la oración. Por ello consideramos el ministerio de la intercesión como la primera característica fun-damental. Se intercede como lo hizo Abraham por Sodoma y Gomorra, como Moisés por la victoria de los hebreos sobre los amalecitas. Se intercede por la Paz dentro de la Iglesia y por la Paz del hombre en el mundo.

“ A mí me parece que cuando la Virgen habla de oración, no habla de ello como un agregado episódico o periférico, sino que habla en términos de primado que también incluye, al menos entre nosotros, el primado en el tiempo que se le da a Dios. Tenemos así la educación en la oración que damos como santificación del tiempo, como respeto del primado absoluto de Dios.

“ La norma evangélica que seguimos es la del pasaje de Mateo 6,24-34 que la Virgen, en Medjugorje, nos ha pedido que meditemos y vivamos cotidianamente. “No se afanen... Busquen primero el Reino de Dios y su justicia y el resto vendrá por añadidura.”

“ La fe y el abandono lo sentimos como las bases de una vida sobria y simple... Queremos inspirarnos en las comunidades cristianas primitivas, donde de la oración venía luego una socialidad nueva en el compartir bienes espirituales y materiales—¡por supuesto que no para capitalizarlos comunitariamente!

“ Todo aquello que en la Comunidad y en la persona va más allá de lo estrictamente necesario es eliminado y traducido en caridad... Experimentamos la posibilidad de hacer de la pobreza un compartir con los más pobres. Nuestra propia hospitalidad es ejercida de manera totalmente gratuita. No poseemos cuentas en bancos. Rechazamos cualquier seguridad confiada al dinero. El Señor, en el Evangelio, nos pide que vivamos la jornada. Si dejásemos este principio de la pobreza absoluta sería el fin de la Comunidad de la Virgen.

“ En cuanto a la comunión, aquello que vuelve sereno el estar juntos hombres y mujeres, es la presencia contínua de la Eucaristía. Para nosotros, la Adoración Eucarística es en función de la intercesión, pero es también un gran don que nos asegura constantemente la pureza de las relaciones entre hermanos y hermanas. Verdaderamente nuestra casa es un gran tabernáculo y nosotros vivimos bajo el mismo techo que la Eucaristía.

“ Nos importa mucho que haya silencio.... Quitado el silencio –como tantas veces lo ha dicho el P. Tomislav– no se logra orar... Es el “humus”de la contemplación. La oración es necesaria para la vida interior. Y la vida interior es presupuesto de santidad. Por lo tanto, el silencio, en último análisis, está en orden a la santidad. Y ¡el Espíritu es centinela del silencio!”

– Justo Antonio Lofeudo
Buenos Aires, Argentina

 
 

Testimonio de Ex-Drogadictos

Testimonio de Jeffrey

Me llamo Jeffrey y nací dentro de una familia católica, en una pequeña ciudad al norte de Indiana. Contrariamente a lo que suele creerse, que todos los adictos a la droga provienen de familias de escasos recursos, puedo decir que a mí nunca me faltó nada a lo largo de mi niñez. Puede ser que incluso tuviera demasiado.

No obstante, aunque siempre proveyeron para mí en el plano material, nunca recibí nada en el plano espiritual. Ciertamente, como familia asistíamos a la iglesia los domingos, pero no lo hacíamos para celebrar nuestra fe; íbamos más bien para ser vistos, porque todos los buenos católicos van a la iglesia. Nunca hablamos en casa de lo que significa seguir a Jesucristo, ser un cristiano o amar la verdad. Así que desde un principio algo faltó en mi vida y un gran vacío comenzó a crecer en mi interior. Al mismo tiempo, mis padres se divorciaron cuando yo era todavía niño, lo cual me hizo sentirme muy solo y abandonado. Pasé el resto de mi vida tratando de llenar ese vacío y hacer algo con todas mis heridas. Desafortunadamente, siempre me volví al mundo en busca de consuelo. Hice todo lo que el mundo me decía que debía hacer para ser feliz y fui presa fácil de todo lo que ofrecen la sociedad, los medios y la presión de los amigos en cuanto a música, ropa, drogas, sexo, codicia, egoísmo, soberbia etc. Finalmente alcancé todo lo que el mundo podía ofrecerme, un grado universitario, una carrera, una casa, cualquier cosa que se pueda imaginar, pero yo seguía sintiéndome absolutamente vacío. Fue entonces cuando el uso de drogas, en las cuales me inicié a los diecisiete años, se salió de control y lo mismo ocurrió con mi vida. Había perdido toda esperanza y no le encontraba sentido a nada. Me había convertido en un fatalista y ya no me importaba si vivía o moría. Entonces viví una conversión una noche cuando estuve a punto de morir y clamé a Dios. Por gracia Suya, supe de esta Comunidad. Ahora, dos años y medio después, puedo decir con toda verdad que me siento finalmente realizado a través de Jesucristo. Ha sido un largo camino y he enfrentado muchas dificultades, pero he aprendido que de esto se trata la vida, de superar los momentos difíciles y de aprender cómo llevar mi cruz sin importar cuán pesada pueda parecer, teniendo a Jesucristo y Su Palabra como mi ejemplo y fortaleza. Esto es lo que esta Comunidad me ha dado, el don más grande de todos, el don de la fe.

La Comunidad me ha brindado la oportunidad de encontrar a Jesucristo diariamente en un ambiente seguro, sin distraerme con todas las tentaciones del mundo. Me ha dado la habilidad de aprender del Evangelio y aplicarlo en mi vida en situaciones cotidianas. Hoy, trato de vivir en la verdad y escuchar mi consciencia. Ahora, en retrospectiva, me doy cuenta que yo estaba peligrosamente perdido y que las drogas nada tuvieron que ver con ello. Las drogas simplemente fueron una consecuencia de los síntomas de un problema mucho más hondo. Aun me queda un camino muy largo por recorrer y soy consciente que mi caminar en la fe nunca será fácil, pero a pesar de esto mi conversión continúa. Hoy me siento abrazado y seguro en los brazos de María y puedo ver las cosas en mi vida con mucha mayor claridad a la luz de Cristo. Gracias a Dios, ya no busco refugio en la música, las mujeres ni las drogas, sino que ahora me refugio en el Rosario, en la verdad y en la cruz.

Testimonio de Bake Fisher

Mi nombre es Bake Fisher. Tengo 29 años y soy afortunado por provenir de una familia amorosa que me ha apoyado en mi camino dentro de la Comunidad. Tengo igualmente la bendición de contar con una madre que siempre ha orado por mí en los momentos más difíciles y nunca se dio por vencida. Nada me hizo falta mientras crecía. Mis padres fueron muy cariñosos, muy comprensivos, pero yo estaba muy herido en mi interior y cargaba un sentimiento de vacío, de oscuridad. Mi familia lo intentó todo: desde ayuda profesional hasta cambiarme de escuelas, pero nada pareció funcionar. A lo largo de mis estudios de secundaria me sentí siempre muy triste. Buscaba la aprobación de los demás y en poco tiempo caí en las drogas. Muy pronto me percaté que ese vacío desparecía con las drogas y así podía “encuadrar” con los demás chicos.

Comencé a rebelarme y a no aceptar nada que mis padres dijeran. Hice a un lado a todos los que se preocupaban por mí. Esto continuó hasta que cumplí los veinte años. Las drogas me dejaron vacío y lleno de miedo. Estaba totalmente apartado de Dios. Mi madre había estado en Medjugorje muchas veces. Ella siempre me contaba acerca de la Comunidad y de lo felices que eran los chicos y cómo podía verse la alegría en sus ojos. Yo había agotado todas las opciones, así que decidí hacer la prueba y entré. Al principio, todo me pareció muy difícil e inmediatamente me percaté de lo cerrado que estaba. Los chicos que ya llevaban algunos años en la Comunidad fueron muy pacientes conmigo. Así comencé a abrirme y también a confiar en ellos.

Después de seis meses, ¡aprendí que las drogas no eran mi mayor problema! ¡Era yo! Tenía un carácter lleno de miedo, lleno de soberbia. Aprendí que ése era mi vacío, los oscuros sentimientos que tenía cuando era más joven. Comencé a entregarle estas cosas a Dios en la Adoración y a pedir Su ayuda cada mañana. Le pedía a Jesús la fortaleza y la voluntad de seguir adelante. Entonces, después de algún tiempo, el miedo y la ansiedad comenzaron a desaparecer y por fin pude ver una pequeña luz. Inicié una relación con el Señor y vi que Él era el único que podía ayudarme. Puse toda mi confianza en Él y me desprendí absolutamente de todo. Éste fue un gran paso para mí, porque en el pasado nunca había confiado en nadie.

Más tarde tuve la oportunidad de vivir en una casa de la Comunidad en Italia, la cual se ubica junto a un convento. Las Hermanas formaron parte importante de nuestras vidas. Fue ahí que crecí más y fue ahí que aprendí a sacrificarme y a saber amar. Las Hermanas eran muy estrictas, ¡era como si pudieran ver hasta la más mínima falta que uno cometiera! Diariamente, Sor Virginia me buscaba y me decía veinte cosas sobre mí, y me resultaba muy difícil aceptar la verdad. Me di cuenta que todavía era egoísta y que aún tenía dificultades para desprenderme de mi viejo yo. Después de casi un año en Italia, comencé a pensar menos en mí mismo y más en quienes me rodeaban. Éste es el regalo más grande que las Hermanas pudieron hacerme jamás. ¡Al final, vi cuánto me amaban ellas y que finalmente pude decir que entendía lo que es el amor!

Poco tiempo después, tuve que enfrentar mi primera dificultad real. A mi madre le diagnosticaron cáncer y volví a casa durante un mes para permanecer a su lado. Comencé a orar y a confiar en Dios. Esto es algo que nunca había podido hacer en el pasado. Estaba asustado y a veces quería salir corriendo y escaparme de esos sentimientos, pero inmediatamente volvía a la oración y continué mi camino en la Comunidad de Florida.

En este tiempo difícil, reconocí que antes hubiera vuelto a las drogas para ahuyentar todos esos miedos y preocupaciones. Ahora soy capaz de superar cualquier dificultad con la ayuda de Jesús. La Comunidad me ha devuelto la vida. Dios me ha dado la fortaleza para encarar cualquier situación, buena o mala, y entregársela al Señor. Ahora estoy feliz de vivir en Fllorida y tener un grupo de amigos en quienes puedo confiar, donde puedo percibir cuáles son mis dificultades y examinarlas con ayuda y apoyo. Veo que la vida sencilla que llevamos es muy gratificante. Finalmente he recuperado el sentido de mi vida. ¡Gracias, Sor Elvira, por la oportunidad de reencontrar mi vida y por la oportunidad de servir a otros!

Testimonio de Dan

Mi nombre es Dan. Tengo veintiséis años y he vivido en la Comunidad durante tres años y medio. Ingresé a la Comunidad destruido, física y espiritualmente. Nunca tuve realmente fe y rara vez asistí a Misa. Crecí solo con mi papá porque mis padres se divorciaron cuando yo tenía apenas tres años. Mi papá fue un gran padre, muy amoroso, pero cuando era chico estuve mucho tiempo solo. Mi papá trabajaba muchísimo y muy pronto yo emprendí el camino equivocado. Comencé a perseguir los placeres mundandos, desde chicas hasta drogas, lo que finalmente me llevó a prisión. A los veintidós años me condenaron a ir a la carcel y a mí realmente no me importó mucho si vivía o moría. Sentía que ya no tenía esperanza.

Al ingresar a la Comunidad, batallé mucho conmigo mismo y con los problemas que me trajeron aquí. Lentamente comencé a abrir los ojos, después a abir mi boca y comencé a orar. Al principio confiaba muy poco en Dios y en mis oraciones, pero con el tiempo comencé a ver los frutos de dichas oraciones. Lentamente comencé a creer, por primera vez, en alguien y comencé a sentir una gran alegría. Me sentí feliz de estar vivo de nuevo y de formar parte de esta gran familia que es la Comunitá Cenacolo. Hoy puedo ver la obra de Dios en mi vida y en las vidas de muchos otros. A través de la Eucaristía y de la confianza en Dios, me siento más fuerte que nunca y ya no tengo miedo de encarar mis dificultades. Siento como si auténticamente hubiera vuelto a nacer y le doy gracias a Jesús por mi nueva vida y Su presencia en ella.

(Estos testimonios fueron publicados en el boletín de la Comunidad Cenáculo de San Lorenzo, San Agustín, Florida. Agradecemos su autorización para traducirlos al español y reproducirlos.)

 
 
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