Mons. Jesus A. Cabrera, Obispo de Alaminos,Filipinas, en visita a Medjugorje

Mons. Jesús A. Cabrera, obispo de Alaminos, Filipinas, visitó de manera privada Medjugorje del 15 al 17 de octubre de 2003.
Vino a Europa de Roma a fin de presenciar la beatificación de Madre Teresa. Acerca de sus impresiones dijo:

“Me he enterado de Medjugorje leyendo revistas y a través de los testimonios de personas que estuvieron en este lugar. En una iglesia de mi diócesis, se encuentra también la estatua de la Virgen de Medjugorje. Ya tenemos la estatua, por tanto, ¡Medjugorje es muy conocido entre nosotros!
Me gustaría narrarles una historia muy interesante. Pienso que sucedió en 1990.

Un grupo de filipinos llegó a Medjugorje. Aquí viene gente que tiene dinero, gente rica. El sacerdote que venía con ellos había sido invitado gratuitamente, tal como ahora. Subió al monte y le preguntó a la Virgen: “¿Solamente los ricos pueden venir a Medjugorje? ¿Y qué sucede con los pobres?’ Entonces oyó clara y fuertemente lo que la Virgen le respondió: “¡Yo voy hacia ellos, yo estoy con ellos!’ ¡Me sentí muy feliz cuando escuché eso! ¡La Virgen va hacia ellos! ¡Existe una gracia para los que vienen a este lugar, pero la Virgen va personalmente a los pobres!

La posición oficial de la Iglesia filipina es la misma posición que tiene Roma. Medjugorje no ha sido oficialmente reconocido por Roma. Pienso que en este lugar mucha gente ha sido estimulada a tener una mejor vida. La Iglesia no prohíbe a nadie venir a este lugar y muchos filipinos vienen. Vemos buenos frutos, vemos como Medjugorje influye en los que han estado aquí. No existe una posición oficial. Todo eso es correcto mientras permanezca dentro de un marco razonable… Yo me siento muy feliz cuando veo que la gente ora más, recibe la Santa Comunión con mayor frecuencia, viene más a la Santa Misa y se confiesa con mayor frecuencia, llega a ser mejor… Pienso que eso es obra de la Virgen. Eso significa mucho. ¿Quizás deberíamos esperar algún milagro espectacular a fin de que la Iglesia reconozca a Medjugorje? Sin embargo ya existen muchos, muchos milagros, muchas gracias que suceden en la vida de las personas. Solamente el hecho de que la gente llega a estar más cerca de Dios – es una señal.

Como sacerdote, como obispo, me considero un sacerdote de María. Hago el trabajo de María. Como sacerdote, como obispo, es necesario conducir a las personas a Jesús y llevar a Jesús a las personas. Mientras más viva en mí el espíritu de María, entonces seré más capaz de cumplir mi misión como sacerdote y como obispo. Aquí personalmente me siento muy, muy feliz. En la mañana temprano, mientras los míos aún dormían, fui solo al Monte de las Apariciones. Hacía mucho frío. No sabía qué camino tomar por lo que le pedí a la Virgen que me mostrara el camino. En camino del Monte de las Apariciones perdí mi pañuelo, pero encontré una flor. ¡Esa era la única flor en el camino! La cogí y cuando llegué a la estatua estaba entusiasmado como un niño pequeño. Dije: “¡Virgen, tengo una flor para ti!’ Al orar sentí una paz muy profunda. La Virgen me hizo comprender que se siente muy feliz por que estaba allí. Oré por toda la gente, especialmente por los peregrinos de mi grupo. Ellos también se sienten muy felices en este lugar. Después de la Santa Misa, todos fuimos juntos al monte y fue maravilloso orar en comunidad. Los más jóvenes ayudaban a los más ancianos a subir… Esa es la imagen de nuestra vida aquí en la Tierra: debemos ayudarnos los unos a los otros. Cuando llegamos a la cima y vimos la estatua de la Virgen, fue realmente maravilloso.

Los mensajes de este lugar son muy, muy actuales y dirigidos a todos nosotros. Siempre he visto a la Virgen como una enviada especial de Jesús. Ella desea que todos nosotros, verdaderamente todos, seamos santos. Por eso realiza esfuerzos especiales a fin de llegar a nosotros, de ayudarnos, de recordarnos lo que debemos hacer y cómo llegar al Reino. Ese es un signo de su gran amor hacia todos nosotros. También es una prueba de que la Virgen se ocupa activamente de nosotros y que trabaja por nuestro bien. Ella desea que todos nos sintamos realmente felices y que tengamos una paz verdadera. Es necesario que escuchemos los mensajes, los leamos y los pongamos en práctica. El salmo de hoy nos dice: “¡Si hoy escuchan su voz, no endurezcan su corazón!’ ¡Que vuestro corazón esté abierto a los mensajes y los apliquen en la vida!

Yo obro como un instrumento de la Virgen. Se ha aparecido en muchas ocasiones en diversos lugares. El mensaje que Ella da proviene de Dios mismo. Nos dice que oremos y oremos. Que pongamos a Dios en el primer lugar y en el lugar más importante de nuestra vida. Por eso debemos convertirnos y volcar el corazón, la mente y toda nuestra vida hacia Dios. Nuestro corazón está a menudo atado a las cosas materiales como el dinero, el poder y similares. La Virgen nos dice que pongamos más atención a lo que nos dice Su Hijo. La Santa Misa, la Santa Comunión, la Santa Confesión… Que nos ocupemos más de los demás, que hagamos sacrificios, que hagamos obras de caridad hacia los demás. Si hemos de cumplir mejor los mensajes y si hemos de amar a Dios y los unos a los otros, creo que experimentaremos la verdadera paz entre nosotros, cualquiera sea nuestra proveniencia, ya que nuestros corazones estarán abiertos, ya que nos aceptaremos y nos ayudaremos los unos a los otros. Así comprenderemos que, a fin de cuentas, todos somos una sola familia, una gran familia, compuesta de hermanos y hermanas. Somos una familia y tenemos a un Padre. Cuán maravilloso es cuando oramos con sinceridad y decimos: “¡Padre nuestro!’ entonces comprendemos que cada hombre es nuestro hermano y hermana que amamos. Eso es lo que la Virgen desea… El fruto de la misión de la Virgen somos todos nosotros: que nos convirtamos en una familia, una Iglesia. Me siento como en casa, como si la Virgen me hubiera dicho: ¡Esta es tu casa!

 
 
Imprimir esta pagina